EL PRIMER
ESTUDIO CIENTIFICO DE LA FILOSOFIA POLITICA DE GONZALO
FERNANDEZ DE LA MORA (1924-2002)
Valoro
la recensión como la célula madre del discurso
científico propio de las humanidades, pues todo trabajo
humanístico, por original que se plantee, para tenerse
en pie, ha de asumir inevitablemente algunas decenas,
cuando no centenas, de recensiones de otros trabajos ya
elaborados sobre el asunto que desenvuelve, u otros
próximos. Gonzalo Fernández de la Mora no sólo no
desdeñó ese género literario menor en tamaño pero
grande en sustancia, sino que lo cultivó amorosamente,
publicando a lo largo de su vida muchas y excelentes.
Entiendo por eso que le ha de gustar ver aparecer una
recensión entre los trabajos que le dedicamos sus amigos
y admiradores en esta corona fúnebre tejida en su honor
por Razón Española. Se trata del libro El razonalismo
político de Gonzalo Fernández de la Mora y Mon (Madrid,
Universidad Complutense, 2002, 456 folios), cuyo autor es
don Luis Sánchez de Movellán.
Don Luis Sánchez de Movellán de la Riva (Madrid
1.05.1955) es un abogado en ejercicio, miembro del
Colegio de Madrid, que tiene a sus espaldas, además de
esa experiencia jurídica indispensable para entender el
derecho y la política que es la abogacía, la noticia
teórica, necesaria para entenderlos bien, que
proporcionan una dedicación asidua a la enseñanza y la
investigación de la filosofia del derecho. Esta última
consta en unas docenas de artículos y comunicaciones
publicadas dentro y fuera de España desde 1992 hasta la
fecha. El libro sobre el razonalismo que comento es su
primer estudio largo, pero la firmeza con que desenvuelve
el discurso revela que no se trata de una primera
investigación, y que la etapa de los titubeos y las
divagaciones ya fue superada. Y también refleja la buena
dirección del Prof. Negro Pavón, director de la tesis.
El estudio expone la filosofía morana al hilo de cinco
tópicos. El primero de ellos es una biografia que cuenta
el camino que condujo a Fernández de la Mora desde la
balbuciente infancia del logos a la serena senectud del
razonalismo. El guía espiritual de esta parte es Jorge
Manrique según el lema «nuestras vidas son los ríos
que van a dar en la mar, que es el morir». El segundo
tópico abordado es la gestación del nuevo sistema
filosófico denominado razonalismo. El autor considera
ese pensamiento una aventura intelectual promovida por la
incitadora catarsis del logos. El conductor de esta parte
es Cicerón, según el lema domina omnium et regina
ratio. El tercer tópico que desarrolla Sánchez de
Movellán es el núcleo de la teoría razonalista del
Estado elaborada por Fernández de la Mora. Esta se
produce al final del agrio proceso que GFM mueve contra
el Estado moderno, en cuyo trámite desmitifica la razón
de Estado, y en consecuencia proclama el Estado de
razón, abandona el idealismo estático, y adopta el
empirismo cinético. Dentro de este apartado, que es el
sustantivo del estudio, se analizan por separado tres
grandes tesis del razonalismo morano: la tesis elitista
de que la oligarquía es la forma trascendental de
gobierno; la tesis europeísta de la compatibilidad entre
la monarquía nacional y el superestado eurocrático, y
la tesis realista de la naturalidad de la desigualdad y
de la génesis del igualitarismo en la envidia y el
resentimiento. El conductor moral de esta parte es
Jesucristo, según el lema «ex fructu arbor
agnoscitur». El cuarto gran tópico morano que analiza
Sánchez de Movellán es la teoría razonalista de la
representación política, donde a redropelo de lo
políticamente correcto después de 1945, Fernández de
la Mora defiende la supremacía de la representación
orgánica organizada corporativamente, sobre la
representación inorgánica organizada
partitocráticamente. El maestro director de este
capítulo es Burke, de acuerdo con el lema «la tiranía
de una multitud es una tiranía multiplicada». El quinto
y último tópico morano que ha estudiado Sánchez de
Movellán es el de la ideología. En él se analiza la
decadencia de las ideologías existentes en el siglo XX
heredadas del siglo XIX, y se pronostica tras ese
crepúsculo el alborear de un pensamiento distinto, no
ideológico y alienante, sino razonalista e
individualizador, es decir conservador de la esencia de
la tradición de la filosofia perenne vertida por nuevos
cauces expresivos desconocidos. El guía es aquí Ortega
con su sentencia «los ismos son los dogales de seda con
que tanto los pensadores como los pueblos suelen
estrangularse».
El Dr Sánchez de Movellán induce de su ajustada
descripción de las ideas políticas moranas una amplia
serie de conclusiones puntuales de las cuales deseo
destacar las tres que a mí me parecen más llamativas.
Primera. Sánchez de Movellán retrata a Gonzalo
Fernández de la Mora como un pensador insuficientemente
conocido en el ámbito universitario, pese a ser un gran
teórico español de la política; y atribuye esa
injusticia principalmente al hecho de ser un intelectual
independiente de las escuelas, amante de los tópicos
políticamente incorrectos, y de los retos intelectuales
problemáticos; pero también, a otras causas, y
singularmente, a su hispanismo castizo, tan contrario a
la ventolera nacionalista imperante en España; a su
erudición deslumbrante, tan cegadora para los poco
ilustrados españoles hodiernos; y también a la
extensión de su obra: alrededor de catorce mil páginas
publicadas y otras mil inéditas. Comparto el
diagnóstico con dos leves matices. Uno, Fernández de la
Mora ha sido preterido en la universidad española, pero
no en la academia o en el ateneo. Dos, la oscuridad de su
teoría razonalista es también motivo que ahuyenta a
lectores inc!uso especialistas. La serie de los
editoriales de «Razón Española» es de lectura dura y
comprensión ardua.
Segunda. Sánchez de Movellán subraya la correspondencia
ente vida y pensamiento de Fernández de la Mora, o sea,
su honestidad intelectual. El hecho es patente para
todos. La valoración, para mí, dudosa. Con su no a la
Constitución de 1978 optó conscientemente por el
ostracismo político. Mantuvo enhiesta su teoría, aun
sacrificando sus intereses personales en el campo de la
praxis. Pero privó a la España democrática de un
administrador y gestor de primerísima categoría que
podía haber hecho mucho bien a la patria. Lo primero
merece encomio, pero lo segundo no.
Tercera. La conclusión principal que mantiene en su
libro Sánchez de Movellán es que Fernández de la Mora
construyó con su razonalismo político un nuevo
movimiento filosófico netamente español que sintetiza,
conserva y subsume la observación científica realista,
la tradición intelectual heredada, y la finalidad
práctica de asentar la política en el orden moral y la
eficacia económica. Si la novedad se entiende en sentido
débil (pues existen los precedentes de Ortega y Gasset y
Recaséns Siches), la tesis, aunque es discutible, se
mantiene en principio. Es de esperar que la mentada
discusión, que aún no se ha producido, se produzca. El
camino ya lo ha abierto un profesor de filosofia del
derecho (que no ha tocado el pensamiento jurídico
estricto aquí). Ahora, si los filósofos de la política
españoles no recorren el camino abierto por el doctor
Sánchez de Movellán, incurrirán en responsabilidad.
Por Francisco Puy
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