Razón Española, nº 115; Titulo

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Homenaje a Gonzalo Fernández de la Mora, nº114

Por J.M. González Páramo

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LA FELICIDAD EN G. FERNANDEZ DE LA MORA Y MON

En 1953, en «El Pueblo Gallego» (diario regional donde empezaron Assía, Cunqueiro, etc) apareció titulado un artículo «Rumores de escándalo» promotor de una algarabía política. Se agotó, se pagó el sobreprecio, se envió a Madrid, a «ABC», a la oposición y a los adictos a Franco. El grupo ABC invitó al autor, la cohorte de Girón no le «cortó la cabeza» gracias a Ruiz Jiménez. Torcuato, GFM, Amezúa, J. María Ruiz Gallardón, etc. con sus damas dieron una cena deliciosa. Gonzalo, advertido por J.M. Castroviejo, del «talento y el futuro del autor» le escribió congratulándose de que hubiese quienes en provincias pretendían lavar la «costra de mediocridad».

Al día siguiente, tras cita en Santa Cruz, donde me presentó a J.L.V. Dodero (menos Dodero y Amezúa todos estaban en la veintena, 27 años GMF y 24 el autor). Después presentó a GMF electoralmente en Galicia. Lo visitó en Poio. Con el artículo «Buenos camiños y malos consejos» le enfadó por apoyar a Manuel Fraga. En gabinete, tras el despacho de ministros, hablaron de ventajas y desventajas para el futuro. Creo que las discrepancias, cuando dos han captado los atisbos y los resplandores recíprocos, nunca se evaporan o envenenan la cordialidad y la admiración.

Entre los hombres más sabios y cultos del XX y XXI está Gonzalo Fernández de la Mora en esa Tertulia del Más Allá misterioso. Maeztu, Ortega, Zubiri, Laín, Benavente, M. Pidal, M. Pelayo, Cajal, Cela, Miguel Hernández, J. Guillén,…Aquí, Julián Marías, M. Fraga y otros esperan cita. Los epónimos sobreviven en sus creaciones. No «creía» Gonzalo que los vencidos perdonasen. Ha finalizado, apenas, el tiempo nefasto, los años horribles. Díez del Corral en «El Rapto» piensa en la conciliación de Toynbee y Jaspers: La prosperidad es para el montaje del Juicio Final. Este siglo ha sido pródigo en santos, mártires, héroes, artistas y sabios entre los cuales está «quien no tenía virtud» para unirse a Rodó, a L. Amo y semejantes. Era acogimiento, aguijón, simpatía, gentileza, ingenio, fascinación y sensibilidad hacia la lacería de la guerra. Sus libros traducidos y reeditados en los idiomas cultos son un palacio interior de ideas: «el Estado ideal era casi tan contradictorio como el círculo cuadrado». Describió, analítico, los crepúsculos de las ideologías, se preocupó por la relación del azaroso genoma y la felicidad.

En Ortega y el 98 tomó la creación de «una obra de gran calibre». Ante la caótica historia de las formas políticas creyó, como F. Silva, que su test de ellas está en la eficacia. Como Ortega consideró a Maeztu como «el hombre más culto de su tiempo», y restaurador como su maestro Menéndez Pelayo. Gonzalo era íntimo de P. Embid. El homenaje a él rendido en 1995, 60 de las mejores firmas le ofrecieron creatividades prácticas y bergsonianas. Desde S. Verdaguer, Wilhelmsen, Molnar, hasta Robles Piquer, D. Negro y Buela (el estudioso del postmodernismo) redondearon, con estilo, el homenaje.

En el 2000 me admitió en público que la racionalidad debe contar como dato, lo «fáctico, lo que es» aunque no debiera ser. La ciencia y el saber son reduccionistas. Leí su «Quiebra de la razón de Estado», a la que hay que sustituir por la «razón de humanidad», mítica hoy, posible mañana. El patriotismo no nace del rencor, como acuidad de Max Scheller, mana del amor a la patria, sus paisajes, sus valores, y se «subsume y sublima en el amor a los hombres».

Los libros penúltimos -el último «El buho de Minerva»… está inédito- «El hombre en desazón» (el hombre no es una síntesis de perfecciones), ¿el deber ser está en el ser? ¿La sed óntica crea ansias de divinidad? Sobre la felicidad analiza tres sabios orientales, ocho griegos, doce romanos, ocho patrísticos, veintiuno modernos -y talla una joya sobre la aflicción y la dicha. Cierto que el genoma es clave (no determina), las predisposiciones, el cociente intelectual. Creo que una inteligencia corriente se dilata y crece con un esfuerzo fuera de lo común, en un entorno adecuado.

Gonzalo deja 23 libros reeditados, 160 estudios y 26 opúsculos y prólogos, reeditados y en versiones lusas, inglesas y francesas.

¡Ah!, yo, el culpable de aquel artículo que nos unió, me vería honrradísimo si en este volumen se publicasen las 14 páginas del Epílogo sobre la felicidad para Jóvenes del libro «Sobre la felicidad». Gonzalo, como éste su minúsculo amigo, estaba preocupado por nuestros sucesores de 18 a 30 años. ¿Qué esconde el mundo postmoderno a nuestros hijos y nietos?, ¿El rapto de Europa fue fecundo?, ¿Europa, en valores, es Europa?, ¿Puede el pensamiento débil al socialismo de las luces? ¿El rechazo total de la modernidad (Fernández de la Mora, Steukers, Tarchi…) está fundado?, ¿Qué grado de alegría y felicidad hemos alcanzado?

Ni la zubiriana fatiga del Absoluto, ni la impenetrabilidad orteguiana del alma humana, ni la «ceguera estimativa» probada de la palabra «progreso»; ni la pugnacidad kantiana y real por los valores son un anticipo de lo indispensable, excitante e inventor. Los jóvenes, si no ponen en juego «sus dones» para «otros», si no asumen la realidad para ser ellos mismos, si no inspiran afectos y admiraciones, si carecen de «otros significativos» (acogedores aunque fallen), están desarmados. El relativismo, la infracción de los preceptos de la Ley Natural, el vértigo inductor de exultación…; si no cuidan el espíritu que lleva al éxtasis, la alegría y la creatividad; si caen en la trampa de olvidar el autodominio, la metanoia, la catársis (cambio radical, pureza). Malo, poco bueno puede destilarse de Epicuro y el hedonismo cirenaico. El estímulo permanente que para mí es Gonzalo, no implica que respecto a España sea más ortodoxo que él. Es una observación escrupulosa sobre la cual sobrenada el cariño y la limpia amistad que nos unió en vida y, después, nos unirá.

Por J.M. González Páramo



 

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