Razón Española, nº 115; EL HOMBRE COMO DECEPCION

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Homenaje a Gonzalo Fernández de la Mora, nº114

Por Angel Palomino

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EL HOMBRE COMO DECEPCION

«Dios se arrepintió de haber hecho al hombre». Gen. VI, 6



Con esta cita desasosegante abre GFM al lector su libro «El hombre en desazón». En cubierta, la obra de Miguel Angel Buonarroti Muchacho meditando. No es una imagen efectista como El Pensador de Rodin, que semeja la figura de un actor: un mimo que teatraliza el gesto de hombre pensativo. Nadie adopta esa postura para pensar; sí, para posar, para conseguir esa fotografía en la que una mano sirve de apoyo al mentón o acompaña a la mejilla levemente inclinada y con ello se sugiere que él es un sujeto que piensa mucho.

En el muchacho de Miguel Angel no hay serenidad ni armonía; se aplasta sobre sí mismo; medita como abrumado, como preguntándose qué pasa y por qué pasa lo que pasa: un personaje desazonado. Desazonado estaba GFM cuando lo escribió. Pero él sabía por qué; no es un libro de preguntas sino de respuestas. Y lo sabía cuando decidió que, al abrirlo, nos golpease con esa tremenda cita del Génesis: «Dios se arrepintió».

¿Cabe el arrepentimiento en Dios? Dios es perfecto, la Suma Sabiduría. Pero el Génesis es un libro revelado y el pensador entiende que a Dios le descontenta el comportamiento de su criatura, del ser concebido para reinar en esta parte minúscula de la Creación que es el planeta Tierra y todo lo que en él habita. Y sucede que él mismo, GFM, está descontento del hombre, asombrado y con frecuencia irritado ante lo que, desde sus atalayas de universitario, jurista, estudioso de la Filosofía, pensador, diplomático y formador de diplomáticos, académico, crítico literario, periodista, ministro, gobernante en un momento desaliñado de la historia de España, la trampa de la Transición, en contacto siempre con ejemplares humanos influyentes, poderosos, fuertes, débiles, bienintencionados, desleales por naturaleza; también con gente modesta, con creyentes modestos y ateos sin pretensiones, con falsos profetas y mediocres ambiciosos: con el hombre, desdichado ser nunca satisfecho. Así se confirma la verdad del proyecto de Dios; decidió crear al hombre a su imagen y semejanza; y no le gustaba. Sucede que el hombre está en desazón porque no se gusta a sí mismo; que el hombre es mal para el hombre; que nunca llega a la satisfacción plena.

Esta es, en 1998, la desazón que analiza GFM, la que contempla en derredor años después de manifestar su propia desazón, y su ira contenida: en 1986 («Los errores del Cambio») y en 1995 (sus Memorias, «Río arriba»). Testimonios esclarecedores; palabras que iluminan fenómenos tan, en apariencia, inexplicables, como el que una ciudad caribeña pueda ser arrasada por el huracán y la riada nacidos de un aleteo de mariposa en el Mar de la China. O como la Transición.

En «Los errores del Cambio» da la fórmula fría y cartesiana del aparente piloto del desastre que tiene a España amenazada de desaparición. Pregunta Fernández de la Mora a Torcuato Fernández Miranda cómo ha maniobrado con tanto empeño para poder decir a los periodistas «Le llevo al Rey lo que me ha pedido» (una terna en la que se incluye el nombre de Adolfo Suárez, quien realizaría el trabajo oscuro, el papel de villano en la operación «de la ley a la ley»). El mismo Fernández Miranda le había confiado que Suárez «le inspiraba escasa confianza gestora y ninguna estima académica» (1). Y así era. Pero Su Majestad sentía mucha simpatía por aquel político joven y atractivo; lo conoció en la sierra segoviana a la que acudía frecuentemente en sus años de príncipe, cuando Suárez era gobemador civil de la provincia. A F. Miranda le pareció un excelente candidato precisamente por su falta de preparación política y académica:

- Este hará lo que yo le mande -concluyó.

El plan de acción -la fórmula fría y cartesiana-, se lo comunicó posteriormente, tras una cena, en casa de un amigo común: Fue más que confidencia; más que política; habló «con solemnidad de profeta»: «A la derecha no hace falta darle nada y aún se le puede quitar la parcela de poder que tiene; al centro se le da inmediatamente todo el poder; y a la izquierda se le ofrece la posibilidad próxima de gobernar». La ingeniería maquiavélica se basaba en simple lógica binaria de ordenador: «La derecha no puede hacerse republicana; y a las otras dos se les exige que renuncien al republicanismo y acaten al Rey a pesar de que lo nombró Franco. En suma, el cambio político a cambio de la aceptación de la Monarquía» (2).

Desde «Los Errores del cambio», GFM llega -y nos lleva- al análisis de la desazón del hombre, el ser a quien mejor conocemos: «el primitivo podrá dudar acerca de la identidad de un mineral o de una planta, pero jamás de un hombre, incluso podrá determinar inmediatamente su raza y su tribu». Y nos entrega esa larga meditación serena y luminosa con la figura de un muchacho en el que el talento de Miguel Angel ha prescindido de la belleza fisica del David o de la grandeza imponente del Moisés, para reflejar el desasosiego del hombre: nuestro desasosiego.

No nos faltan motivos: fueron colaboradores de Adolfo Suárez el cardenal Tarancón en el control de la jerarquía eclesiástica, y el general Gutiérrez Mellado en el de las Fuerzas Armadas. Ninguno de los dos bien vistos por los suyos. «En suma, el general Gutiérrez Mellado y el cardenal Tarancón, con sus correspondientes equipos, hubiesen sido las candidaturas menos votadas por los militares y los católicos españoles.» Pagaron con sus propios desasosiegos: «hicieron mutis por el foro una vez que representaron sus respectivos papeles»3 Sus biografías tuvieron crepúsculos melancólicos, finales desafortunados.

Por Angel Palomino



 

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