Razón Española, nº 115; EL SENTIDO ESENCIAL DE UNA EXISTENCIA

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Homenaje a Gonzalo Fernández de la Mora, nº114

Por Luis Suárez Fernández

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EL SENTIDO ESENCIAL DE UNA EXISTENCIA

No cabe duda de que la trayectoria intelectual de Gonzalo Fernandez de la Mora nos ha influido a todos, incluyendo en el término a personas aparentemente alejadas de él; como una de las últimas remebranzas tengo presente la emoción con que, a la Academia de la Historia, a la que no pertenecía, entregó un donativo valioso. Muestra de su desinterés, de su amor por el saber. Desde muy joven, orientada su vida hacia la carrera diplomatica, que habría de darle muy enriquecedoras experiencias, dos rasgos, en su mente, destacaron por encima de otros, la racionalidad y el amor a España. No debe extrañarnos, por ende, que esas dos palabras apareciesen en el título de la revista a que, desde octubre de 1983, dio vida. Porque sin su presencia y abnegada dedicación, «Razon Española» no hubiera llegado a ser lo que fue: un mensaje sereno, libre y racional, acerca de la trayectoria hispana, de su pasado y, especialmente, de su proyección hacia el futuro.

Gonzalo pertenece a una generación, la mía, que no fue a la guerra pero sobre cuyos hombros recayó luego la responsabilidad de levantar la paz. Desde el primer momento, en sus escritos lo vemos, esa paz estaba concebida como un servicio a España que es, ante todo, patrimonio heredado al que es preciso dotar de nuevas dimensiones, enriquecer y transmitir. Orador de grandes cualidades y escritor certero y ecuánime, tuvo de este modo la oportunidad de comunicar su pensamiento. España es una Monarquía, y a ella brindó sus servicios, pero no desde la bobalicona servidumbre de quienes creen que las personas están por encima de la Institución sino, bien al contrario, de los que afirman que la Institución debe estar al servicio de todo eso que englobamos bajo el nombre de España. Le aguardaban, en este camino, profundas decepciones. Pero no debemos en modo alguno olvidar que el nombre de Fernández de la Mora se inscribe en esa estela de quienes hicieron posible la evolución de un Régimen sin las traumas violentas que muchos de los que ahora aplauden, entonces procuraban. ¿Qué no hubo gratitud? Gonzalo nos diría que no la necesitaba.

Espiritu liberal, en el sentido clásico español de esta palabra -abierto, afectuoso incluso para los adversarios, firme en el propósito de enseñar, explicar y convencer- nos ha dejado una copiosa obra literaria. A mí me gustaría destacar, por el efecto que tuvieron en mi propia formación, dos que constituyen pivotes del pensamiento político contemporáneo, El crepúsculo de las ideologías y La envidia igualitaria. Es cierto que la envidia es el gran vicio español. Cada país tiene el suyo. Y en los últimos tiempos se ha desplegado entre nosotros para hacer triunfar las mediocridades y apartar en cambio las mentes más valiosas, porque no halagan sino reprenden. Fue un gran descubrimiento apercibirse de que las postrimerías del siglo XX se caracterizaban por ese gran proceso histórico que llevaba a las ideologías a la muerte.

Las ideologías, sistemas cerrados que se presentaron a sí mismas como salvíficas, en especial idealismo, positivismo y marxismo, no condujeron, como habían prometido, a esa especie de «fin de la Historia» o meta que debe alcanzarse. Al contrario, sueños de la razon, engendraron monstruos. Por eso Gonzalo Fernández de la Mora puso todo su empeño, durante estos veinte últimos años, en reunir colaboradores en torno a las páginas de una revista cuyo protagonista debía ser el hombre. Con las dos características fundamentales que imprimen el signo de la cultura europea: racionalidad y libre albedrío. Pues no se trata de dar la razon a esta u otra opción, característica de toda ideologia, sino de «dar razón de lo que existe». Ni es tampoco la libertad una independencia irresponsable, sino la capacidad de elegir, adhiriendose de este modo a la verdad.

Tal es la herencia. Por ella me parecía imprescindible recoger, en pocas palabras, la gratitud que a su esfuerzo debemos los que, de un modo u otro, tratamos de colaborar en su empresa.

Por Luis Suárez Fernández



 

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