GONZALO
FERNANDEZ DE LA MORA, LA «CIUDAD CATOLICA» Y «VERBO»
Intentar
aportar algo al número de «Razón Española» homenaje
a quien fue su fundador y director, que no sea
reiteración de lo que otros autores dirán mejor que yo,
me ha decidido a ocuparme de una cuestión, ciertamente
menor en su obra, pero que creo no exenta de cierto
interés: su colaboración con la «Ciudad Católica»
-agrupación de seglares para el estudio de la doctrina
social de la Iglesia en orden a su realización-, y con
«Verbo» -revista de formación y de acción cultural,
según el derecho natural y cristiano-, fundada en 1961,
por Eugenio Vegas Latapie y Juan Vallet de Goytisolo, su
actual director (1).
Dicha colaboración, aunque no muy extensa, expresa una
relación cordial de mutuo aprecio (2), no exenta de
discrepancias -ya sea con la línea de la revista, ya con
algunos colaboradores-, en las que se observa parte de lo
que une y separa a diversas corrientes
contrarrevolucionarias, que difieren entre sí y con la
autoproclamada empírica y defendida por nuestro autor,
bien por la cuestión filosófica y religiosa, bien por
adscribirse al carlismo, bien por el empleo de la
expresión «democracia orgánica».
Gonzalo Fernández de la Mora escribió en «Verbo» en
siete ocasiones; tres fueron réplica a artículos allí
publicados.
«Sobre el materialismo histórico» rebate y demuestra
mediante el análisis de los hechos, lo que sería la
conclusión del ensayo: la falsedad de la primacía de la
economía respecto al pensamiento, cuando lo cierto es
exactamente lo contrario (3). Se publicó con una nota
previa de la redacción en la que, compartiendo su
refutación del materialismo histórico, manifestaba sus
reservas respecto a prescindir de la metafísica, a la
expresión «logicismo histórico» desde cuya
perspectiva se escribía el artículo, a dos afirmaciones
antropológicas («el hombre no es, sino que se hace» y
«cada vida comienza desde cero»), y a la afirmación de
que las normas morales y jurídicas son creación de la
inteligencia, por cuanto ésta no hace sino descubrirlas
(4).
En «España y el fascismo» establecía esta
conclusión: «El Estado nacido el 18 de julio de 1936 y
reemplazado en 1978, no se explica ni como un fascismo ni
desde el fascismo; se explica desde el tradicionalismo
español, que en la edad contemporánea representan
Balmes, Donoso-Cortés, Menéndez-Pelayo, Mella y Maeztu
con su grupo de «Acción Española». Las raíces de
esta concepción de la sociedad y del Estado pasan por
los grandes juristas y pensadores españoles del siglo
XVI y se remontan a los teóricos castellanos
medievales» (5).
El artículo iba seguido de una pequeña nota de José
Antonio García de Cortázar, entonces director de Verbo,
en la que, a título personal, indicaba que no compartía
tal conclusión, sustancialmente, porque el régimen
había carecido de una auténtica representatividad
política, pero que dada la cuestión, abría las puertas
«discretamente» al debate (6).
Replicaron Rafael Gambra y Manuel de Santa Cruz. El
primero argumentaba su discrepancia con algunas
cuestiones, pero especialmente con su conclusión, pues,
a su juicio, sobre todo en su primera década, el
régimen no fue una realización del tradicionalismo
español (7). El segundo, con idéntica tesis,
prácticamente identificaba carlismo con tradicionalismo
(8).
A ambos escritores replicó Fernández de la Mora con una
nota en la que indicaba que se había errado el tiro,
porque, decía, «no me he referido al carlismo, sino a
la tradición política española», y no cabe «afirmar
seriamente que tradicionalismo sea sinónimo de
carlismo» (9).
Si Fernández de la Mora acertaba en su respuesta al
negar esa identificación -el carlismo no es sino una
especie del género pensamiento tradicional-, sin
embargo, no entraba en la cuestión de fondo planteada
por Gambra respecto a las objeciones que cabía hacer de
su tesis, no ya desde el carlismo, sino desde el
pensamiento tradicional. Ambos autores argumentaban
situados en planos distintos y de ahí la discrepancia.
El que el régimen de Franco no fuera propiamente
fascista y hubiera recibido con el paso de los años una
creciente influencia, aunque parcial, del pensamiento
tradicional, no permite, precisamente por ello, concluir
que encuentra su explicación desde el tradicionalismo
español, aunque éste tampoco le sea ajeno.
Tema abierto a la polémica y a la investigación, sujeto
a múltiples matices, la redacción de la revista, ante
las llamadas recibidas a favor de una y otra tesis,
indicaba que no deseaba continuar la polémica y la daba
por terminada (10).
«Tradicionalismo y krausismo» fue su respuesta a un
artículo de Raimundo de Miguel (11), en el que éste
criticaba y rechazaba cualquier influencia del
organicismo krausista en el tradicional, como había
sustentado Fernández de la Mora (12). De Miguel
refutaba, respecto a pensadores carlistas, especialmente
Mella, más de lo que Fernández de la Mora había
afirmado y, en cambio, resbalaba sobre lo que éste
había sustentado, lo que permitió a Fernández de la
Mora rebatirle (13).
En «Brañas y la democracia orgánica» explicó que
Alfredo Brañas, tradicionalista destacado, fue defensor
de la democracia orgánica,y respecto a esa cuestión,
por influencia krausista (14).
En unas «Ilustraciones con recortes de periódico» (15)
sobre Eugenio Vegas, se había discrepado con Fernández
de la Mora respecto a la democracia orgánica, la
inviabilidad del modelo político y la utopía en Eugenio
Vegas. Con tal motivo, remitió unas «Puntualizaciones
sobre Eugenio Vegas» (16), que me cupo el honor de
responder (17), por lo que, obviamente, sin comentario
alguno, me limito a indicar la existencia de esta
polémica menor.
A las reuniones anuales de la «Ciudad Católica»
acudió como conferenciante en dos ocasiones, en 1982 en
Madrid y en 1990 en Poblet. En ambos casos para tratar
una cuestión que había analizado de modo maestro: la
democracia.
El tema general de la primera fue «¿Crisis en la
democracia?» (18), y participó en una «mesa redonda»
sobre «el futuro de la democracia» (19). En la de 1990,
sobre «La praxis democrática» (20), trató de las
«contradicciones de la partitocracia»; quintaesenció
sus conocidas tesis políticas, contenidas en La
partitocracia, en Del Estado ideal al Estado de razón, y
en referencia expresa a España, en El Estado de obras,
Los errores del cambio y en sus «escritos menores»,
pero de singular importancia, publicados durante la
transición (21).
Su análisis, demoledor, también era corrector: «La
democracia es una oligarquía arbitrada periódicamente
por un censo electoral de entidad variable»; la
partitocracia es aquella de su especie en la que «los
aparatos de los partidos monopolizan la elaboración de
las candidaturas y, por tanto, dictan la reducida lista
de personas que pueden ser votadas». Tras su crítica,
indicó algunas «graves contradicciones»,
«Oligarquización interna», «crisis de
independencia», «depauperización de la clase
política», «eclipse del decoro político»,
«expoliación del electorado», «degradación ética de
la sociedad», «reduccionismo ético»,
«instrumentalización del parlamentario», «la paradoja
del transfuguismo», «devaluación intelectual,
política, fiscal y legislativa de las cámaras»,
«irresponsabilidad del Gobierno», «politización de la
Administración» y «fusión de poderes». Finalmente,
propuso hasta quince «correctivos» para paliar sus
males, que, una vez más, no fueron atendidos por la
clase política (22).
Tal fue la pequeña historia de una colaboración
amistosa, basada, como ha escrito Ayuso, en «el acuerdo
fundamental en cuanto a la crítica de los sistemas
políticos «modernos» (23), que pese a divergencias,
fue posible debido a un mutuo respeto, al amor a la
verdad, al no hacer cuestión personal de las diferencias
de pensamiento ni de las críticas recíprocas y a un
común amor a España.
Por Estanislao Cantero
Notas
1 Cfr.
Vallet de Goytisolo, J., «Qué somos y cuál es nuestra
tarea», Verbo, núm. 151-152, enero-febrero 1977, pp.
29-50; E. Cantero, «¿Qué es la Ciudad Católica?»,
Verbo, núm. 235-236, mayo-junio 1985, pp. 529-543.
2 Además de los artículos de Fernández de la Mora,
Verbo saludó la aparición de la nueva revista (E.
Cantero, «Revistas: Razón Española», Verbo, núm.
219-220, noviembre-diciembre 1983, p. 1.275) y
conmoemoró su número cincuenta (Miguel Ayuso, «Una
empresa "razonalista"», Verbo, núm. 301-302,
enero-febrero 1992, pp. 22-223). Por su parte, Fernández
de la Mora me pidió un ensayo sobre el pensamiento
político de Vallet (E. Cantero, «Sociedad y Estado en
Vallet de Goytisolo», Razón Española, núm. 17,
mayo-junio 1986, pp. 279-310), y Ayuso, desde sus
acogedoras páginas, se refirió a nuestra labor (M.
Ayuso, «El lugar intelectual de Verbo», Razón
Española, núm. 22, marzo-abril 1987, pp. 205-216.
3 Fernández de la Mora, G., «Sobre el materialismo
histórico», Verbo, núm. 175-176, mayo-junio 1979 (pp.
553-569), p. 569.
4 Verbo, núm. 175-176, mayo-junio 1979, p. 552.
5 Fernández de la Mora, G., «España y el fascismo»,
Verbo, núm. 188, septiembre-octubre 1980 (pp. 991-1029),
pp. 1028-1029.
6 García de Cortázar y Sagarminaga, J. A.,
«Advertencia sobre el régimen tradicional», Verbo,
núm. 188, septiembre-octubre 1980, pp. 1031-1032.
7 Gambra, R., «Sobre la significación del régimen de
Franco», Verbo, ´núm. 189-190, noviembre-diciembre
1980 (pp. 1223-1230), p. 1228.
8 De Santa Cruz, M., «El tradicionalismo político y el
régimen que cronológicamente siguió al 18 de julio»,
Verbo, núm. 189-190, noviembre-diciembre 1980, pp.
1231-1237.
9 Fernández de la Mora, G., «Tradicionalismo y
carlismo». Respuesta de Gonzalo Fernández de la Mora a
Rafael Gambra y a Manuel de Santa Cruz, Verbo, núm.
191-192, enero -febrero 1981, pp. 262-265.
10 Cfr. Verbo, núm. 191-192, enero-febrero 1981, p. 265.
11 De Miguel, R., «El organicismo tradicionalista»,
Verbo, núm. 203-204, marzo-abril 1982, pp. 343-349.
12 Fernández de la Mora, G., «El organicismo
krausista», Revista de Estudios Políticos, julio 1981,
pp. 99-184.
13 Fernández de la Mora, G., «Tradicionalismo y
krausismo», Verbo, núm. 205-206, mayo-junio-julio 1982,
pp. 539-542.
14 Fernández de la Mora, G., «Brañas y la democracia
orgánica», Verbo, núm. 227-228,
julio-agosto-septiembre 1984, pp. 945-953.
15 Verbo, núm. 239-240, octubre-noviembre-diciembre 1985
(pp. 1208-1242), pp. 1230-1236.
16 Fernández de la Mora, G., «Puntualizaciones sobre
Eugenio Vegas», Verbo, núm. 243-244, marzo-abril 1986,
pp. 475-478.
17 Cantero, E., «Democracia orgánica, viabilidad del
modelo político y utopía en Eugenio Vegas Latapie.
Respuesta a Gonzalo Fernández de la Mora», Verbo, núm.
243-244, marzo-abril 1986, pp. 478-490.
18 VV. AA., ¿Crisis en la democracia?, Speiro, Madrid,
1984; Cfr. la reseña de Angel Maestro en «Razón
Española», núm. 19, septiembre-octubre 1986, pp.
251-252.
19 Los otros participantes fueron Rafael Gambra,
Francisco de Lucas y Federico Müggemburg, actuando de
moderador Enrique Zuleta. Aunque no dejó escrita su
intervención, según el cronista, el futuro que veía a
la democracia era «ir del partamentarismo al
presidencialismo, del multipartidismo al bipartidismo,
caminar hacia la democracia orgánica y hacia formas
centralizadas», M.ª Angeles Badía, «Crónica de la
XXI Reunión de Amigos de la Ciudad Católica», Verbo,
núm. 209-210, noviembre-diciembre 1982 (pp. 943-964), p.
963.
20 Cfr. La praxis democrática, número monográfico con
las conferencias de la reunión, Verbo, núm. 291-292,
enero-febrero 1991, 272 pp.
21 Cfr. Cantero, E., «Una visión de la transición»,
en Razonalismo. Homenaje a Fernández de la Mora.
Fundación Balmes, Madrid, 1985, pp. 403-420.
22 Fernández de la Mora, G., «Contradicciones de la
democracia», Verbo, núm. 291-292, enero-febrero 1991
(pp. 53-90); las citas en las pp. 56, 57, 72-86 y 88-90.
23 Ayuso, M., «In memorian, Gonzalo Fernández de la
Mora», Verbo, núm. 401-402, enero-febrero 2002 (pp.
15-19), p. 19.
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