EN LA MUERTE DE
GONZALO FERNANDEZ DE LA MORA
Filósofo,
ensayista, escritor, ex-ministro, un hombre culto en el
más amplio y noble sentido del término. Gonzalo
Fernández de la Mora ha fallecido en Madrid el 10 de
febrero de 2002, dos meses antes de cumplir los 78 años
de edad.
Tuve el privilegio de colaborar en el libro homenaje
«Razonalismo» que la Fundación Balmes publicó en 1994
en tributo del maestro. También salieron varios
artículos míos en «Razón Española» siempre a
petición de Don Gonzalo que, además, contestaba
puntualmente a todas las cartas (en una de ellas, me
recomendaba el título de «La derecha del siglo XXI»
para mi libro de 1994, con preferencia al proyectado
«Liberal Conservador»). Me prestó libros para la
realización de algunos de mis ensayos, y me hizo el
honor de acudir, en septiembre de 1998, a la
presentación de mi «Políticamente incorrecto», en la
Biblioteca Nacional (Luis Alberto de Cuenca y Aleix Vidal
Quadras fueron los presentadores del evento).
Ahora guardo sus tarjetas como un recuerdo si cabe más
emotivo. Y vienen a la mente aquellas conversaciones con
ese gran editor que fue Francisco Vega (fallecido en
octubre de 2001) en las que planeábamos (pero nunca
llegamos a poner en práctica) ofrecer a don Gonzalo la
edición en libro de sus glosas sobre el razonalismo,
todo un tratado de antropología y filosofía para el
mundo contemporáneo.
Su producción literaria es inmensa y abarca desde la
filosofía humana y profunda de El hombre en desazón,
hasta la brillantez de El Estado de obras o el clásico
El crepúsculo de las ideologías, por no hablar de
Ortega y el 98 o La envidia igualitaria. El legado de su
vida resplandece en las páginas de su libro de memorias
Río Arriba» (con testimonios esenciales de su época,
de su etapa ministerial, su visión de Franco o los años
duros de la fundación de Alianza Popular, hoy Partido
Popular) y el de su obra en los miles de páginas de sus
ensayos o en la revista «Razón Española», su último
gran empeño intelectual.
Fiel a sus principios, brillante pensador, eficaz
ministro de Obras Públicas (contradiciendo, por una vez,
el conocido aserto de que el buen intelectual es un mal
gestor), la muerte de Fernández de la Mora deja un poco
más huérfana a la cultura española y occidental del
último siglo. Esa desazón que tan bien describió
Gonzalo en su penúltimo ensayo, embarga ahora a quienes
de uno u otro modo se han acercado a su obra. Pero ésta
permanece y se verá, sin duda, agrandada con el paso del
tiempo.
El futuro es ahora la lectura, la reflexión, el
análisis de un legado rico que se antoja todo un regalo
para cuantos posean la curiosidad fascinante del
pensamiento.
Por Fernando Alonso Barahona
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