Razón Española, nº 115; FERNANDEZ DE LA MORA EN EL ENTORNO POLITICO DE SU TIEMPO

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Homenaje a Gonzalo Fernández de la Mora, nº114

Por José F. Acedo Castilla

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FERNANDEZ DE LA MORA EN EL ENTORNO POLITICO DE SU TIEMPO

El 10 de febrero último, cuando su imaginación todavía vigorosa, dirigida por el saber y la experiencia, prometía aún sazonados frutos, se nos fue para siempre Gonzalo Fernández de la Mora, uno de los más grandes intelectuales de nuestra época, un pensador de unos saberes vastísimos, que nos ha dejado en veintidós libros y cerca de once mil páginas en folletos, revistas, estudios y artículos de periódicos, las lí-neas maestras de su pensamiento.

Nacido en Barcelona el 30 de abril de 1924, al terminar sus primeros estudios, en la Universidad de Madrid comenzó a estudiar Derecho y Filosofía y Letras (rama de Filosofía pura), y obtuvo brillantemente las dos licenciaturas con premio extraordinario en 1945. Dos años después ingresa mediante oposición en la carrera diplomática, cuando sólo tenía veintitrés años de edad.

En la Universidad se inició su vocación política, adscribiéndose a la Juventud Monárquica, donde desarrolló una gran actividad, siendo detenido durante 72 horas por arrojar unas octavillas monárquicas en el cine Callao de Madrid; más tarde, en 1946, fue multado gubernativamente con la entonces exorbitante cantidad de 25.000 ptas. Cuando los herederos de Acción Española decidieron continuar sus actividades, le encargaron inaugurarlas con una conferencia que versó sobre «La Unidad Europea». Y años después asistió en Estoril al entierro del Infante don Alfonso, muerto a consecuencia de un azaroso accidente, cuando jugaba con su hermano con una pistola, siendo uno de los que a hombros sacaron de su casa el cadáver del Príncipe. Con tal motivo visitó por primera vez al Conde de Barcelona.

Para Fernández de la Mora, las posibilidades de que don Juan pudiera llegar al trono de España, dependían fundamentalmente de dos factores: la resolución del pleito dinástico con la rama carlista y el entendimiento con Franco.

En cuanto a lo primero, el momento parecía propicio. Después de varias reuniones en provincias, el 1 de Diciembre de 1957, tuvo lugar en Madrid una Asamblea de personalidades tradicionalistas de toda España, en la que se acordó requerir a don Juan para que, de manera fehaciente, manifestara si aceptaba o no los principios señalados por don Alfonso Carlos como necesarios para la sucesión legítima de su dinastía.

En cumplimiento de dicho acuerdo, el 20 de diciembre de este año, una representación presidida por José María Arauz de Robles se trasladó a Estoril, siendo recibida en uno de los salones de Villa Giralda por don Juan, quien tenía a su derecha a su esposa doña María y a su izquierda a su hija la Infanta Pilar.

Luis Arellano, exdiputado a Cortes por Navarra y presidente que fue de las Juventudes Tradicionalistas de España, leyó el acta de la reunión de Madrid, y formuló el requerimiento de aceptación de los cinco principios fundamentales del Tradicionalismo.

Don Juan contestó aceptando dichos principios mediante la lectura de un documento firmado, sellado y rubricado que entregó al final. Presidió un almuerzo sentándose entre Arauz de Robles y Fernández de la Mora, y al final, tocado con la boina roja de los carlistas, pronunció unas palabras que cerró con los tres gritos de ¡Viva España! ¡Viva el Requeté! ¡Viva la Tradición!

Para la operación de aproximación a Franco, don Juan designó al historiador Jesús Pabón quien, entre otros, recabó una próxima colaboración de Fernández de la Mora, el que a este fin organizó la «Asociación de Amigos de Maeztu», donde con la ayuda del Marqués de Valdeiglesias y de Florentino Pérez Embid, reunió a un grupo de intelectuales de significación monárquica tradicional, organizó actos públicos y editó opúsculos, y en ABC, Informaciones y otros periódicos, publicó una docena de artículos, «polemizando con las actitudes republicanizantes o regencialistas». En la Biblioteca del Pensamiento Actual, recogió en un volumen una selección de los artículos que Maeztu escribió contra la segunda república, y colaboró en la redacción del artículo que el 11 de Junio de 1957 publicó el Conde de Ruiseñada, en ABC de Madrid, donde recogía la opinión de los Monárquicos que «nos mantenemos siempre en la línea del 18 de julio sin desviaciones de ninguna clase».

Pocos meses después de haber asumido Laureano López Rodó la Secretaría General Técnica de la Presidencia, le propuso a Gonzalo que, en absoluto secreto, colaborase con él en la redacción de los anteproyectos de los Principios del Movimiento, los que se promulgaron en 1958, y de la Ley Orgánica del Estado, que alcanzó rango constitucional el 29-VI-1967. «Aquellas dos leyes -como escribió-, fueron los dos pilares en que se apoyó el acuerdo de la instauración monárquica».

Finalizada su función en Atenas, donde fue nombrado Consejero del Embajador Luca de Tena -el cual había sido designado para representar a España en la boda de don Juan Carlos y Doña Sofía-, volvió a España incorporándose al Ministerio, donde desempeñó la Subsecretaría de Asuntos Exteriores (1-XI-1969), tras lo cual el 14 de abril de 1970, fue nombrado Ministro de Obras Públicas, cargo que ejerció hasta el asesinato de Carrero. El nombramiento de Arias -al que conocía-, le llevó al convencimiento de que la gestión de aquél sería funesta y que conduciría a la liquidación del Estado nacido de la victoria, lo que le movió a publicar su artículo «El error Berenguer» »(ABC, 9-V-1974), dado el paralelismo entre ambas situaciones. Su pronóstico, desgraciadamente se cumplió.

Nombrado ahora, director de la Escuela Diplomática -cargo no político sino profesional-, el 6 de abril de 1976, por votación mayoritaria fue elegido Consejero Nacional, y poco tiempo después, Presidente de la Unión Nacional Española (UNE), única Asociación en la que se conjuntaba Acción Española y Tradicionalismo. En la presentación ante el Rey de la Junta Directiva el 22 de febrero de 1977, pronunció unas palabras como portavoz del grupo, en las que entre otras cosas dijo: «Estamos especial y entrañablemente con la Corona, y rechazamos toda pretensión rupturista de una legitimidad que arranca del 18 de Julio y que ha sido consolidada por el mayor progreso de nuestra historia».

UNE, integrada en Alianza Popular, participó en las elecciones generales, siendo elegido diputado por Pontevedra en la primera legislatura. Pero, cuando el Comité Nacional de AP acoge la propuesta de Fraga, el recomendar el «sí» en el Referéndum constitucional, decidió apartarse de la política activa, anunciando que se proponía votar negativamente el proyecto de Constitución, porque incluía para él artículos inaceptables sobre la unidad nacional, la familia, la educación y el modelo económico. Y así lo hizo.

Desde entonces, sólo va a dedicarse al estudio y a las disertaciones en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, y a la dirección de «Razón Española», fundada por él y que merced a su titánico esfuerzo pudo ver publicados 111 números.

Todas estas ideas expuestas en apretada síntesis constituyen, a nuestro entender, los rasgos más salientes de la actividad política del hombre que acabamos de perder. Trabajador incansable en pro de un sistema de libertades concretas, con base en unos principios inmutables, dimanantes de nuestra «Constitución interna», puso al servicio de ellos su inteligencia clarísima, su entusiasta persistencia y su fecundo magisterio, en una época infectada de materialismo e hipocresía, en la que casi todo el mundo pule y afeita sus ideas por aquello del «qué dirán» y en la que cada cual limita su horizonte a su particular conveniencia.


Por José F. Acedo Castilla



 

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