Razón Española, nº 113; El oro de Moscú, sí existió

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El oro de Moscú, sí existió

Por Angel Maestro

Carta colectiva del Episcopado español a los obispos del mundo entero (1 de julio de 1937) indice Crónica: La política

El oro de Moscú, sí existió

1. Los archivos Mitrojin. En numerosas ocasiones se han acuñado frases tópicas, pero con frecuencia y fuera de la repetición manida , algunas de las mismas han correspondido a la realidad. Los servicios de propaganda del Antiguo Régimen utilizaban frecuentemente la referencia al "oro de Moscú" para poder explicar a la opinión pública la procedencia de los recursos económicos que permitían al partido comunista ser de forma destacadísima la principal y casi única oposición activa al Régimen del 18 de Julio. El partido socialista y tantos "opositores" surgidos posteriormente, bien socialistas, bien nacionalistas, ejercían una labor casi meramente simbólica, sin peligrosidad alguna para el Régimen; además los eficaces servicios de información con medios enormemente más pobres, paupérrimos en comparación con los existentes hoy, se encontraban sumamente infiltrados en esos grupos de oposición; incluso algunos de sus dirigentes eran colaboradores encubiertos, por lo que el control de los movimientos de los mismos era sumamente amplio y su peligrosidad, no digamos ya la de los grupos "democrático- burgueses", era prácticamente nula para el sistema. Tampoco el partido comunista representaba una peligrosidad evidente, ni llegaría a suponer nunca un peligro de derrocamiento del régimen, pero sí era con enorme diferencia el más activo y combatiente en la oposición al mismo.

De forma especial en las postrimerías del Antiguo Régimen y tratando de ironizar respecto a lo que sus servicios de propaganda habían aireado profusamente respecto al origen soviético de los fondos del partido, los medios de la izquierda y particularmente los afines al partido comunista y los militantes de base del mismo, afiliados a grupos sindicales funcionando en forma de correa de transmisión, más la amplia gama de simpatizantes, repetían de modo monótono, lo del oro moscovita. Frase utilizada con profusión cuando se preguntaba por la procedencia del dinero necesario para mover el aparato de propaganda, la organización de disturbios, de huelgas, las frecuentes algaradas, y el movimiento frecuente de protestas en medios universitarios; asimismo periodistas afines, entonces haciendo protesta contínua de ser opositores que luchaban por la democracia, pero posteriormente cuando ya no existía peligro alguno, miembros confesos y orgullosos de su pertenencia al partido comunista.

Cuando algo que parecía imposible, el hundimiento de la Unión Soviética, se convirtió en una realidad, han podido conocerse diferentes aspectos de la proyección exterior, de la necesidad de expansión internacional indisolublemente unida a la esencia misma del marxismo-leninismo. No en la medida que numerosos investigadores anhelaban, pues entre 1991-1992 si bien pudieron conocerse diversas facetas que asombraron más a los propios rusos que a los expertos extranjeros, tampoco se produjeron revelaciones espectaculares, pero sí en alguna medida, aunque siempre estuvieron bien controladas. Mas desde esas fechas, los archivos han vuelto a cerrarse.

Pero en el comienzo del siglo XXI sí han podido conocerse unas revelaciones sumamente significativas. Se trata de las contenidas en los archivos Mitrojin que han causado sensación en varios países europeos y en los Estados Unidos. Lamentablemente en España, como ha ocurrido con tantas revelaciones sensacionales sobre la Unión Soviética y sobre el movimiento comunista internacional, han pasado con un silencio casi total
ninguna de las grandes editoriales lo ha traducido y publicado-, que sólo ha sido muy ligeramente roto por los comentarios pasajeros y sin demasiado relieve de algún corresponsal. ¿A qué causas podemos atribuir este silencio. Posiblemente a dos: La primera a las carencias de la formación cultural de la mayoría de los medios informativos españoles. La segunda al dominio abrumador de la izquierda gramsciana en la cultura española, que silencia tan eficazmente todo aquello que suponga demérito del marxismo-leninismo.

¿Quién es Mitrojin? Vassili Nikitich Mitrojin, coronel del Comité de Seguridad del Estado, KGB, hoy ciudadano británico, nacido en Rusia central en 1922, desempeñó una larga carrera en los "órganos especiales" de la Unión Soviética, desde 1948 en el MGB, que en 1954 cambiaba su denominación por la de KGB hasta el fín de la URSS. Mitrojin, captado por los servicios de inteligencia británicos, abandonó Rusia en los primeros años 90 cuando el KGB soviético había sido sustituido por los nuevos órganos especiales ya rusos, el FSB interior y el SVR exterior. Para escapar de los rigurosos controles de seguridad destinados a evitar fugas en el aparato de la seguridad del Estado, Mitrojin, dotado de una excelente memoria, memorizaba en una paciente labor datos de los numerosos expedientes secretos que tenazmente día a día transcribía en largas horas de trabajo en su domicilio. Aportaría una cantidad gigantesca de documentación relativa a las actividades soviéticas a escala mundial. Entre esa masa ingente de información figuraba la estrechísima dependencia de los partidos comunistas respecto a Moscú. Y naturalmente la financiación en gran medida de los mismos; pero como no podemos remontarnos a 1917 cuando ya desde el triunfo bolchevique de octubre, Lenin impulsaría la revolución a escala mundial, trataremos siquiera brevemente del PCE en su época más reciente. Aunque Mitrojin no dedica al mismo la enorme información dedicada a los mucho más importantes partidos comunistas francés e italiano, sí aporta datos de mucho interés.



2. El control soviético de los comunistas españoles. La extensa documentación aportada por Mitrojin demuestra de forma fehaciente la existencia cierta, sin ningún matiz irónico, del "oro de Moscú". Como en otros tópicos la realidad demuestra que Franco sí tenía razón. Destaca ya que desde 1936, producida la maniobra de unión entre las juventudes socialistas y comunistas bajo el mando de Santiago Carrillo, éste pasó a ser controlado no sólo por el aparato de la Internacional comunista, sino de los servicios de inteligencia soviéticos, en aquella época la NKVD. Concretamente bajo la supervisión de Iosif Grigulevitch, en nombre de código "Maks" y "Felipe", uno de los más importantes "ilegales" soviéticos, quien durante la guerra española participaría activamente en la purga de trotskystas en las Brigadas Internacionales, así como en acciones de sabotaje detrás de las líneas nacionales.

Grigulevitch se convertiría en"padrino laico" de S. Carrillo. Carrillo demostraría su ortodoxia estaliniana denunciando a su propio padre, socialista, Wenceslao Carrillo, manifestando textualmente :" Entre un comunista y un traidor no puede existir ninguna relación". Más tarde, naturalmente en plena desestalinización, renegaría del estalinismo afirmando que durante muchos años sólo una pequeña minoría conocía los excesos estalinianos.

En el exilio, y en 1960, Carrillo sería nombrado secretario general del PCE. En 1968 olfatea vientos de cambio y empieza a deslizarse hacia lo que sería conocido como eurocomunismo, y el comité ejecutivo del PCE se muestra hostil a la intervención soviética en Checoslovaquia. Los principales miembros con obediencia ciega a Moscú, Eduardo García y Agustín Gómez, así como Enrique Lister, son apartados del PCE en 1969 y 1970. Esto no sienta nada bien a un personaje tan poderoso como Boris Ponomarev, jefe del Departamento Internacional del Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética, bajo cuyo control se administraba la ayuda a los partidos comunistas de todo el mundo que no estaban disfrutando del poder, y en el caso español con la colaboración precisa del Departamento correspondiente a España del KGB, dentro de la estructura del ler Directorio Principal.

Se agrian poco a poco las relaciones, y a la muerte de Franco, Carrillo con la complicidad de personajes del Régimen, alguno en altísimo puesto, comienza a preparar la reaparición del PCE como partido legal, contando con la bien conocida colaboración del mediocre, pero gran oportunista, Adolfo Suarez. En 1976 y sin pedir la preceptiva autorización de Ponomarev, Carrillo abandona su cuartel general de París y entra secretamente en España. El 6 de diciembre, desde la sede central del KGB en Moscú, dirigido entonces por Yuri Vladimirovitch Andropov, concretamente desde el l.er Directorio Principal, y desde su departamento 5°
encargado entre otros de los asuntos de España-, se envía un comunicado urgente a la "residencia" -la residencia es la sede local del KGB en las embajadas soviéticas en el mundo- de Madrid, urgiéndola a averiguar si son ciertos los rumores según los cuales Carrillo se encontraba en España. El "residente" -máximo cargo del KGB en la embajada--informa de un encuentro secreto con personalidades del Régimen, y después del paripé de detención el 22 de diciembre, el "residente" en Madrid informa a Moscú de un encuentro secreto entre Carrillo y Suarez, bastante tiempo antes, por tanto, de la legalización del partido comunista español en abril de 1977.

La fuente principal de la residencia madrileña del KGB en el seno del partido comunista español es un destacado miembro del Comité Central y del comité ejecutivo, equivalente al "politburó" soviético, Ignacio Gallego, cuyo nombre en clave para el KGB es "Kobo". Los fondos soviéticos para el PCE hasta marzo de 1976 eran dirigidos a través del partido comunista de Francia. Pero el 16 de marzo el "politburó" ordena al KGB ( orden n°. P-1/84) efectuar directamente los pagos a Ignacio Gallego. Parece ser que una parte de dichos fondos se destina a Gallego personalmente, y no al comité ejecutivo del PCE, para que pueda cultivar sus contactos. El 6 de diciembre de 1976 el "politburó" da su visto bueno (orden n° P 37 / 39-0P) al pago de 20.000 dólares a Gallego para la compra de un apartamento en Madrid. Gallego se guarda de criticar a Carrillo abiertamente, pero en privado no oculta sus críticas al secretario general, acusándole de representar un peligro para el partido comunista español y para el comunismo internacional.

A comienzos de 1977 Gallego se sirve de su mujer, en clave "Lora", para transmitir a la residencia del KGB en Madrid, el papel de Carrillo en un libro a aparecer conjuntamente con los dirigentes de los partidos comunistas francés e italiano sobre el eurocomunismo. La central moscovita del KGB se indigna por la situación en que se coloca a la URSS. Gallego informa al KGB de que el antaño periódico sindical "Pueblo", ahora entregado abiertamente a la izquierda, proyecta enviar un periodista a Moscú para entrevistar a algunos disidentes, y rápidamente la embajada rehusa el visado.

Carrillo piensa que una vez que el rey y Suarez han destruido el antiguo régimen e instaurado la partitocracia en España, el PCE será la fuerza dominante de la izquierda al estilo del partido comunista en Italia; pero otras fuerzas internacionales muy poderosas, y una vez purgado el partido socialista de Llopis y fuerzas del exterior, escogen a Felipe González como dirigente de la izquierda. En Moscú se contempla con satisfacción la vuelta para España de una estalinista senil, Dolores Ibarruri, "La pasionaria", quien no pierde ocasión de cantar las glorias de la Unión Soviética, poniendo en un brete a Carrillo. En 1978 la querella entre el PCE y el PCUS aumenta de tono, y el KGB continúa facilitando a Gallego 30.000 dólares anuales, aparte de los gastos extraordinarios, pero el residente del KGB en Madrid, Viktor Mijailovitch Filipov informa a Moscú que aunque Gallego sigue fielmente la línea impuesta por la residencia, no puede conseguir un resultado eficaz frente a Carrillo.

Posteriormente se produce la "debacle" continuada del PCE, su pérdida de influencia en la política española, Carrillo cede su puesto al joven Gerardo Iglesias, y el KGB imputa a Carrillo el desastre. Un miembro de la residencia de Madrid, con una cobertura habitual, en este caso la de corresponsal de la agencia de noticias Tass, Anatoli Krassikov, publica un libro abundando en el error del eurocomunismo. Nada menos que el ya citado miembro de la "nomenklatura" soviética, Boris Ponomarev, en un informe secreto de comienzos de 1983, afirma que en tanto Carrillo conserve su influencia el PCE permanecerá inmerso en una caída contínua. Por último, en enero de 1984, siendo presidente del KGB Viktor Chebrikov, Moscú financia con 50.000 dólares la creación por Gallego del PCPE
partido comunista de los pueblos de España-, parte integrante del "movimiento comunista internacional", según elogia "Pravda". Pero el PCPE no logrará, a pesar de los esfuerzos soviéticos, pasar de ser un grupúsculo escisionista. En 1986 los restos comunistas se fusionarán con dos partidos de izquierda más modestos para constituir "Izquierda Unida".

Como se desprende de forma nítida y evidente, el "oro de Moscú" no constituía una fantasía; por el contrario supuso una realidad irrefutable.



Angel Maestro



 

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