LIBROS: El genio
de Occidente
Rougier,
Louis: El genio de Occidente, Unión Editorial, Mádrid,
2001. 259 págs.
No hace muchos meses, y a propósito de los atentados del
11 de septiembre, un líder político europeo proclamaba
su convicción sobre la superioridad de Occidente. La
proclama, ciertamente simplificadora, levantó ampollas y
despertó pústulas, pero no dejaba de constatar una
evidencia: la forma más compleja, rica y profunda de
civilización que ha conocido hasta hoy el género humano
no ha nacido en otro lugar sino en el espacio de la
cultura occidental. ¿Por qué? Esa es la pregunta que
contesta Louis Rougier en El genio de Occidente.
El francés Louis Rougier (1898-1982), filósofo,
epistemólogo e historiador de las religiones, tuvo a lo
largo de su extensa vida dos pasiones: averiguar el lazo
que une pensamiento con ciencia y defender el
conocimiento como expresión máxima de la condición
humana. Formado en el empirismo lógico del Círculo de
Viena y en la gran tradición liberal europea, sus
aportaciones al mundo del pensamiento han sido muchas,
pero hay una que le valió muchos admiradores y, a la
vez, innumerables censuras: debelar el carácter
propiamente supersticioso de las utopías políticas y
científicas, y especialmente del marxismo (véase su Del
paraíso a la utopía, en Fondo de Cultura Económica).
Inversamente, Rougier se hizo paladín de la tradición
cultural europea de cuño grecorromano, y en esa fuente
bebe El genio de Occidente, un libro que expone de manera
sistemática y diacrónica los grandes hitos que han ido
dando forma a nuestra civilización: el racionalismo
griego, el inicio de la ciencia teórica, el nacimiento
de la democracia clásica, la aparición de la ciencia
ética, el orden romano, el papel de la esclavitud en las
civilizaciones antiguas, la revolución social del
cristianismo, el renacimiento, las sucesivas revoluciones
científica, económica, industrial y política, la idea
de progreso, el despegue de Occidente
Todo ello
expuesto con una encantadora combinación de erudición y
anchas dotes divulgativas.
La editora de este libro, Unión Editorial, es una casa
estrictamente liberal, e incluso, a juzgar por algunas de
sus obras, ultraliberal. Quizá por eso presenta a Louis
Rougier como un bastión del liberalismo político, sin
más matices. Pero Rougier fue mucho más que eso.
Liberal, en efecto, pero no al estilo anglosajón, sino
al estilo continental. Y dotado, por tanto, de un sentido
de la realidad que le hacía huir de compromisos más o
menos mitológicos como ese del «estado de naturaleza»,
suerte de utopía primitiva del liberalismo, cuya última
versión es la «posición originaria» que predica
Rawls. Conocemos bien en qué consiste esa «posición»:
el individuo aislado y libérrimo que ante todo calcula
su mejor interés. Pero la realidad antropológica no es
esa, sino la del sujeto-persona incardinado en una
comunidad y cuya libertad individual nunca deja de
plantearse como relación a la vez polémica e
imprescindible con sus prójimos. Para captar la
importancia del matiz basta pensar en la función que una
y otra corriente otorgan al Estado: máquina abominable
que debe ser destruida en el liberalismo anglosajón más
radical, entidad política instrumental puesta al
servicio del bien común en el liberalismo continental
más clásico. Aquí Rougier se da la mano con Aron y,
sin duda, con divulgadores avezados como Revel. Pero hay
más en Rougier, porque este mismo pensador alentó los
primeros pasos de iniciativas tan alejadas de la
escolástica liberal como la «nueva derecha» de Alain
de Benoist. Sin duda porque el viejo liberalismo, a
diferencia del nuevo, ignoraba el significado de la
palabra «sectarismo».
El genio de Occidente es un libro que hay que leer. Las
interpretaciones de Rougier sobre materias como la
aportación de la religión católica son discutibles -no
podían no serlo en un entusiasta defensor del empirismo
lógico-, pero su dibujo general de los logros de la
civilización es tan fascinante como ajustado a la
realidad. Nuestro gran mérito, a fin de cuentas, ha
consistido en saber encajar libertad, orden y
conocimiento. Hoy, tal vez, es justamente eso lo que se
halla en peligro. Y lo que nos invita a reconquistar El
genio de Occidente.
J.L. Núñez
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