LIBROS: La
identidad humana
Jáuregui,
José Antonio: La identidad humana, Ed. Martínez Roca,
Barcelona, 2001, 364 págs.
Al antropólogo José Antonio Jáuregui, navarro,
discípulo de Evans-Pritchard y de Madariaga, le conoció
el gran público gracias a sus programas de televisión,
en aquella vieja televisión pública que no tenía que
competir con las cadenas privadas, y que, en
consecuencia, podía permitirse programas de divulgación
del conocimiento como Las reglas del juego. Lo último
que el gran público ha sabido sobre Jáuregui es que la
Universidad Complutensa le cerró la cátedra Jean Monnet
sin dar más explicaciones. Pero ni la vieja tele
pública ni la reciente cacicada universitaria son más
que dos anécdotas en la trayectoria intelectual de un
autor singular, dotado de una prosa caudalosa y
gratamente preocupado por explicar siempre las cosas de
modo que el lector las pueda entender. No es poco mérito
en un antropólogo. Y más todavía si el asunto del que
habla es algo tan complejo como la identidad.
Identidad: hay pocas palabras que despierten, hoy, tanta
controversia. Continuamente se habla de identidad
nacional, identidad cultural, identidad sexual, y
cualquier conflicto se explica como «crisis de
identidad». Pero, ¿qué es la identidad? Paul Ricoeur
decía que la identidad actuaba en dos direcciones: una
dirección idem que es la identidad como elemento que nos
identifica con el prójimo -somos idénticos, somos lo
mismo-, y otra dirección ipse que es la identidad como
elemento que nos singulariza -el carné de identidad, lo
que me hace yo mismo-. Jáuregui, sin tomar pie
explícitamente en esa distinción, sigue un camino
semejante cuando dibuja la identidad como una gradación
sucesiva de círculos concéntricos. El círculo mayor es
el de la humanidad zoológica, donde el cuerpo actúa
como bandera humana. En torno a él se despliegan
fórmulas de conocimiento y reconocimiento que son
comunes a todos los pueblos del orbe: los besos, el
llanto, la mímica
Sobre esas herramientas comunes,
y a medida que se profundiza en lo humano, van
apareciendo nuevas instancias de identidad: el amor, la
familia, la ética, la técnica, las personas
Todas
esas instancias nos asemejan a otros humanos y, al mismo
tiempo, nos diferencian del prójimo.
Por así decirlo, la identidad humana es un repertorio
casi inagotable de variaciones sobre el mismo tema: somos
lo mismo (idem), pero a la vez somos nosotros mismos
(ipse). Una buena lección para quienes aspirarían a
construir mundos cerrados sobre una identidad considerada
como un absoluto; pero también para quienes desearían
construir un mundo absolutamente abierto donde toda
identidad hubiera sido exterminada. Simplificando: ni
abertzalismo, ni mundialismo. La identidad nos asemeja y
nos diferencia al mismo tiempo. En último extremo, ese
es el complejo e imprescindible patrimonio de la
humanidad.
J.L. Núñez
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