El capítulo
marítimo de la economía de la Guerra de España
1. UNA
GUERRA, SEIS CONTIENDAS
En toda contienda importante, y la Guerra Civil española
lo fue, existe una movilización sencillamente colosal de
hombres, de recursos y de imaginación, por parte de los
bandos implicados. Incluso quienes, en el caso español,
intentaron refugiarse en lo que llamó Salvador de
Madariaga la Tercera España, la que se articulaba en
torno a las ideas de Giner de los Ríos, acabaron por
militar con fuerza, salvo rarísimas excepciones, en uno
u otro de los dos bandos. Lo cierto es que en la Guerra
Civil española existió un enorme esfuerzo bélico,
quizás el mayor de nuestra historia al compararlo con
nuestro Producto Interior Bruto, y en el que, de modo
consciente, participaron desde los adolescentes a los
ancianos, y tanto los hombres como las mujeres.
Como consecuencia, aparecieron, violentísimas además,
seis contiendas que se solapan y entrecruzan las unas con
las otras. Por supuesto, una es la tradicional lucha en
los frentes. En el caso de la guerra civil española, es
quizá la mejor conocida, al poder disponer de
monografías tan brillantes como la de Fr. Luis María de
Lojendio,O.S.B., Guerra y neutralidad de España
(1936-1945), incluida en la Historia Universal dirigida
por Walter Goetz (Espasa Calpe, 1968), o como la
aportación de Manuel Aznar, Historia militar de la
guerra de España (Ediciones Idea, 1940), seguidas de
innumerables obras, algunas tan fundamentales como la de
Ramón Salas Larrazábal, Historia del Ejército Popular
de la República (Editora Nacional, 1973).
Existe una segunda contienda que, en general, es
complemento de la anterior, la de la guerra en el aire.
También existe sobre ella bibliografía, dentro de la
que ocupa un puesto central el libro de Jesús Salas
Larrazábal, La guerra de España desde el aire. Dos
ejércitos y sus cazas frente a frente (Ariel, 1969), sin
olvidar los Cuadernos de Guerra (1936-1939) de Alfredo
Kindelán (Plus Ultra).
La tercera contienda, que empieza a ser cada vez mejor
conocida, es la de servicios de información, unidos a
veces a grupos de acción que, precisamente en España,
comenzaron a denominarse quintas columnas. Desde el viejo
libro de José Bertrán y Musitu Experiencias de los
servicios de Información del Nordeste de España
(S.l.F.N.E.) durante la guerra (Espasa Calpe, 1940), que
con gente catalana y con gran eficacia creó en las
primeras campañas del Norte una red aceptablemente
eficaz, hasta documentos acerca del alto espionaje de la
KGB, se dispone de trabajos muchas veces apasionantes.
La cuarta es la de los órganos de propaganda en toda su
amplitud. A veces se mezclaba lo artístico y la
atención a los combatientes, bien en campañas
dramáticas -recordemos en el bando nacional el poco
estudiado TAC (Teatro Artístico de Campaña)- bien en
publicaciones periódicas para lo que basta consultar las
colecciones de El Mono Azul, de Vértice o de La
Ametralladora. Incluso afectaba a la literatura juvenil,
como sucedió con Pelayos y con Flechas. El número de
personas movilizadas fue enorme. Tuvo una importancia
grande su proyección en el exterior, a través de
Congresos, de reuniones, de giras de conferenciantes, muy
especialmente en Hispanoamérica, con publicaciones
periódicas relacionadas con estos servicios. Sabemos de
ella mucho porque movilizó a gentes de la pluma que no
callaron ni disimularon sus participaciones, aunque en
algunas ocasiones esto se escribiese desde el agobio y
quizás el remordimiento, en uno y otro lado. Nunca se
concluye la recopilación de estas actividades. En el
verano de 2001 localicé uno de esos raros: se titula
Trilogía sobre el alma de España. Conferencias
celebradas en el Teatro Odeón de Buenos Aires por la
O.M. Española de Beneficencia. Octubre-noviembre 1937
(Buenos Aires, 1940). Los textos son del Marqués de
Foronda, el Conde de Guadalhorce, Carlos Promines,
Eduardo Marquina y Monseñor Franceschi.
La quinta contienda fue la económica. Todo lo publicado
hasta ahora debe pasar por la revisión de los últimos
trabajos de José Angel Sánchez Asiaín -destacaría su
ensayo Economía y finanzas en la Guerra Civil española
(1936-1939) (Real Academia de la Historia, 1999)- a cuya
capacidad investigadora debemos ya aclaraciones
fundamentales sobre la financiación de los servicios de
información del bando nacional, o sobre la guerra entre
la peseta republicana y la peseta nacional, o acerca de
contiendas tan violentas y concretas como la que tuvo
lugar en la sucursal londinense del Banco de Bilbao. Esta
guerra económica tiene un complemento científico y
tecnológico que, en el caso concreto de España, no
llegó entonces a tener la importancia que hoy hubiera
tenido. No pasó más allá del Servicio de Guerra
Química del bando nacional, por ejemplo, y se refiere a
planteamientos científicos y tecnológicos capaces de
crear un tal desequilibrio con el enemigo, que el
vencedor, al final del conflicto, resultase obligado.
La sexta contienda fue la desarrollada en el mar.
Constituye, en buena medida, más un complemento de la
guerra económica que de la lucha en los frentes. Por
supuesto que, como he intentado demostrar en otro
trabajo1, la guerra en los frentes tuvo, mirada desde la
conducción del Ejército Nacional, una evidente
orientación hacia planteamientos ligados a la economía,
pero en lo que se refiere al papel de la Marina Nacional
esto resulta aun más claro, por lo que es necesario
introducir este elemento para entender lo sucedido.
Quienes primero plantearon esto de modo global fueron
Rafael González Echegaray en su espléndido libro La
marina mercante y el tráfico marítimo durante la Guerra
civil (San Martín, 1977) y más brevemente, Ricardo de
la Cierva en 1939. Agonía y victoria. (El Protocolo 277)
(Planeta, 1989)2. También había recogido algunas
noticias el libro de Juan Cervera Valderrama, Memorias de
guerra (Editora Nacional, 1968). Otras aportaciones que
me habían ampliado las informaciones en este sentido
habían sido el libro del almirante Francisco Moreno, La
guerra en el mar 1936-1939 (AHR, 1959) y también, los de
sir Peter Gretton, El factor olvidado (San Martín,
1984); Michael Alpert, La guerra civil española en el
mar (Siglo XXI de España, 1987); Ricardo Cerezo, Armada
española. Siglo XX, en el volumen sobre su actuación en
la Guerra Civil, y algo en el de Manuel D. Benavides, La
escuadra la mandan los cabos (Luz sobre España, México,
1944). Pero ahora es cuando todo ha pasado a quedar
definitivamente claro.
2. MARINA ESPAÑOLA Y DESARROLLO ECONOMICO
Conviene comenzar por señalar que, como demostró Román
Perpiñá Grau desde su primera versión para el
Weltwirtschaftliches Archiv en 1935 y la inicial edición
en castellano del mismo ensayo, bajo el titulo de De
Economía Hispana (Labor, 1936), la vida económica
española depende, en lo esencial, del exterior. Si éste
aporta en abundancia bienes y servicios o financiación,
el crecimiento es seguro; y viceversa. Esto es, el corte,
por ejemplo, del comercio exterior o de los envios de
capital del exterior, provoca depresión. Por lo que se
refiere a las mercancías, buena parte de su tráfico con
los mercados extranjeros se desarrolla por vía
marítima. Como señalaba Ramón Tamames en la primera
edición de su Estructura Económica de España (Sociedad
de Estudios y Publicaciones, 1960), «aproximadamente el
97% del peso de nuestras importaciones totales entra por
vía portuaria... Con las exportaciones sucede casi lo
mismo: el 91% sale por mar». En la vigésima cuarta
edición de la misma obra (Alianza, 2000) se lee «que
alrededor de un 90% del volumen de importaciones y el 70%
de las exportaciones entran o salen de España por vía
marítima». Por lo tanto, quien controle el mar, en una
situación bélica que implique a España, tiene mucho
ganado para estrangular, o para impulsar nuestra
economía y, con ello, la capacidad bélica de España.
En un artículo que publiqué en ABC el 26 de febrero de
1986, titulado El documento del almirante Carrero
subrayé cómo el comprender esto había sido decisivo
para que Luis Carrero Blanco, con un dictamen,
contribuyese de modo importante a evitar nuestra
participación en la II Guerra Mundial.
Las noticias que ahora podemos ya encuadrar
definitivamente se deben a la obra de los vicealmirantes
Fernando Moreno de Alborán y de Reyna y Salvador Moreno
de Alborán y de Reyna, «La Guerra silenciosa y
silenciada. Historia de la campaña naval durante la
guerra de 1936-39, que lleva el largo subtítulo de El
relato riguroso y exhaustivo de la campaña naval durante
la guerra de España de 1936 a 1939 basada en las
memorias completas del almirante D. Francisco Moreno y
Fernández, marqués de Alborán, en documentos oficiales
de ambos contendientes y en testimonios v declaraciones
-a menudo apasionantes y en su mayor parte inéditos- de
sus más destacados protagonistas3 (1998). Dejo a un
lado, porque no me compete, el asunto de las Memorias del
almirante Francisco Moreno, mutiladas, retrasadas y
censuradas (págs. 19-29, I), pero no puedo por menos de
manifestar mi asombro de que este libro en cuatro
volúmenes casi no se haya comentado, a pesar de que,
como señala en el Prólogo el contraalmirante Leopoldo
Boado, la figura central de esta obra, el almirante
Francisco Moreno, quien ostentó el mando de la Flota
Nacional primero y, después, la Jefatura de las Fuerzas
de Tierra, Mar y Aire del Bloqueo del Mediterráneo,
logró «el dominio del mar ante fuerzas muy
superiores». Eso convierte, indudablemente, «al
almirante (Francisco Moreno) en la figura más destacada
de nuestro Almirantazgo durante el siglo que ahora
agoniza» (pág. 11, I).
3. EL ESPARTAQUISMO MARINERO
Un economista al contemplar esta obra, auténticamente
deslumbradora, se topa, en primer lugar, con la cuestión
que se podría denominar del «espartaquismo en la
Marina»4, o sea el amotinamiento por motivos sociales,
nunca rigurosamente relacionados con (un programa) de
reivindicaciones ligadas a un programa político
mínimamente realizable. El más famoso de estos
alzamientos, que dio lugar además a la curiosa comunidad
actual de la isla de Pitcairn, fue el motín de la
«Bounty», el cual tenía una motivación económica
relacionada con el árbol del pan5. No hubo marina de
guerra importante que haya escapado de este
espartaquismo. En el cine ha quedado para siempre la
magistral película de Einsenstein, «El acorazado
Potemkin» y, en la historia, lo ocurrido en 1921 con los
amotinados del «Sebastopol» que también se conoció
como «el asunto de los marineros de Kronstadt». Lenin,
ante este alzamiento espartaquista de la flota del
Báltico, incluso pensó en la conveniencia del
hundimiento de toda ella. No puede olvidarse tampoco el
alzamiento en Kiel de la marinería alemana al concluir
la I Guerra Mundial, en las sangrientas jornadas que
transcurren del 1 al 4 de noviembre de 1918,
fundamentales para el triunfo de esa extraordinariamente
compleja revolución socialista alemana que intentó
capitalizar el grupo Espartaco. Tampoco se pueden dejar a
un lado los sucesos de Portsmouth y el amotinamiento en
la Armada británica dentro del malestar económico que
existía en Gran Bretaña en el periodo que transcurre
entre el final de la I Guerra Mundial y la Gran
Depresión, sobre todo en relación con los intentos de
Churchill de retornar al patrón oro y la famosa huelga
de los mineros de carbón. El 8 de septiembre de 1936
estalló un serio alzamiento de la marinería, de tipo
antisalazarista en un buque de guerra en Lisboa.
Tiene, pues, interés, tratar de entender en esa clave la
violenta reacción de la marinería española contra la
oficialidad en las jornadas que siguen inmediatamente al
18 de julio de 1936. Se exponen en esta obra siguiendo,
fundamentalmente, el «expediente Colomina» Se dan así
noticias de «los antecedentes previos» y de los sucesos
en forma de motines, desobediencias, choques, que
tuvieron lugar en esas fechas en buques y bases
nacionales (págs. 25-27, 58-100, 387-491 y 757-760, I).
Ha llegado la hora de incorporar todo eso a la historia
social española, y borrar, de una vez, eso de que
trataban de defender la legalidad constitucional. Sería
una equivocación no tener en cuenta estas realidades
como una especie de apéndice a la historia de nuestros
movimientos sociales, aunque, desgraciadamente, como
dicen Salvador y Fernando Moreno de Alborán, «no se
llegó a efectuar, a sugerencia de las autoridades de la
Armada, ningún trabajo oficial que recogiese los
antecedentes previos a los motines en los buques y bases
navales», agregando que «esta política de inhibición
hacia el esclarecimiento de la verdad histórica condujo
también, por extensión, a la renuncia a establecer
contacto con algunos oficiales de Marina que vivieron en
el exilio... Estos contactos pudieron y debieron haberse
hecho en secreto, si entonces no se querían divulgar
acontecimientos recientes. Pero era una obligación
contar para el futuro con estas revelaciones» (págs.
25-26,I).
4. LOS PRIMEROS PASOS DE LA CONTIENDA
Nada más comenzar la contienda, el Gobierno republicano
se dio cuenta de la trascendencia del bloqueo del
tráfico dirigido al enemigo. A partir de un decreto de
la Presidencia de la República Gaceta de Madrid de 24 de
julio de 1936 se declaraba zona de guerra a las costas
del protectorado de Marruecos. Después, esto se amplió
sucesivamente, hasta alcanzar grandes dimensiones en el
Decreto de 7 de agosto de 1936. Como se señala en esta
obra (pág. 503,I), «la finalidad del decreto estaba
clara. Si los buques extranjeros respetaban la
proclamación, quedarían vacíos todos los puertos en
poder de los nacionales, los cuales no dispondrían de
medios para sostener la guerra». Por tanto, el primer
éxito de la Armada Nacional fue lograr que no fuese
posible este bloqueo, por lo que ni el gobierno
británico, ni el norteamericano aceptaron esa
declaración, amparándose en el principio de derecho
internacional de que «el bloqueo legal ha de ser
efectivo para ser vinculante». Diferente a esto fue el
Acuerdo de No Intervención, relacionado con el envío de
tropas y pertrechos bélicos a ambos combatientes, que
entró en vigor el 27 de agosto de 1936.
Pronto se observó que la Marina Nacional lograba
bloquear, rápidamente, de manera efectiva, los puertos
de la zona norte republicana, aislándola así por mar.
Para ello se actuó con gran decisión (págs. 544-545,
I) gracias al acorazado «España», al crucero
«Almirante Cervera» y al pequeño «Velasco», más 19
«bous» de las flotillas basadas en Ribadeo y Pasajes.
El cañoneo, el 20 de agosto de 1936 por el «Almirante
Cervera» del «Arriluce» que, procedente de Valencia y
con material de guerra se dirigía a Gijón, inició ese
firme bloqueo (pág. 504, I). Que se enviase armamento
ligero desde Málaga para Bilbao, adonde llegará el 24
de agosto de 1936, a bordo de los submarinos «C-3» y
«C-4» tras un viaje de cuatro días, muestra hasta qué
punto, casi de inmediato, había pasado a ser eficaz el
bloqueo (pág. 552, I). Que el almirante de la Flota
republicana, Buiza, que se había trasladado del
Mediterráneo al Cantábrico para tratar de detener el
derrumbamiento de la zona norte republicana, solicitase
del ministro de Marina y Aire, Indalecio Prieto, retornar
a la base de Cartagena, aduciendo «escasez de
petróleo» (pág. 848, II), es una prueba más de las
consecuencias, instantáneas casi, del bloqueo marítimo
impuesto por la Armada Nacional. Había sido este
traslado de la Flota republicana al Cantábrico, por otro
lado, un error estratégico mayúsculo de Prieto, porque
así permitió en aquellos momentos iniciales el control
del Estrecho de Gibraltar por la Marina Nacional, a
cambio de frenar momentáneamente la ofensiva sobre parte
de Guipúzcoa. Tal equivocación probablemente se debió
a la obsesión de Prieto, un asturiano formado en Bilbao,
en relación con lo que podía suceder con la industria
del Norte. Parece ser que su convicción -ésta sí que
no era disparatada- era que si se perdía el Norte,
Franco era el forzoso vencedor. Lo que en cambio no
percibió es que eso no se frenaba con el envío de la
Flota y, además, todo empeoraba si se perdía el
Estrecho.
A partir de ese momento se interrumpió prácticamente el
tráfico de mercancías entre el Cantábrico y el
Mediterráneo republicanos. Como indican Fernando y
Salvador Moreno de Alborán, «la cifra de barcos que
habían logrado cruzar... (el Estrecho) en 1936,
disminuyó drásticamente. A pesar de la facilidad de
pasar inadvertidos,sobre todo,de noche, enmascarados en
el intenso tráflco, muy pocos -cinco buques, los
«Esles», «Guernica», «Elcano», «Lealtad» y
«Darro»- lograron eludir la vigilancia nacional»
(pág. 1.472, III).
A partir de entonces se desarrolló una relación curiosa
de tensión y afecto entre la Armada Nacional y la Marina
británica. Desde el «Hood», la marinería inglesa
alzaba «sarcásticamente el puño cerrado» procurando
además dificultar la labor de bloqueo de la Marina
nacional. Simultáneamente, según el vicealmirante sir
Peter Gretton, en su obra citada, El factor olvidado, era
clara la simpatía de la oficialidad por la Marina
Nacional porque, aunque sus componentes eran «los
rebeldes», representaban «la ley, orden y seguridad
para los ciudadanos británicos», mientras que las
autoridades republicanas «estaban desorganizadas, con
frecuencia dominados por las turbas y sin mostrar ningún
sentimiento de compasión». Se produjo en todo esto un
cambio tras la caída de Vizcaya en poder del Ejército
nacional. Pero previamente la flota británica apoyó un
intenso tráfico de mercantes de su país con puertos de
la zona republicana. Actuó en este sentido su marina de
guerra, que protegió también la llegada de mercantes de
otras naciones, sobre todo de Francia y Grecia.
Como demostración de su eficacia, con gran celeridad la
escasa Armada Nacional consiguió el dominio del mar
frente a «la casi totalidad de la Escuadra» y el 85%
del registro bruto de los barcos mercantes españoles,
que estaban en poder del Gobierno republicano. Por eso en
este libro se ha de escribir que «resulta dificil
comprender cómo no supieron -los partidarios del
Gobierno republicano- asegurar el dominio del mar y ganar
la guerra» (pág. 510, I). De modo sistemático, a
partir de ahí, se describe cómo logró el dominio del
mar la Marina Nacional.
5. DE TRIUNFO EN TRIUNFO
Su primera presa fue la del vapor «Alejandro», de 345
toneladas, por el «Almirante Cervera», en los primeros
días de agosto de 1936. La última, el mercante inglés
«Stanpato» (pág. 3.264, IV, 2ª parte). Como
consecuencia pasó a alterarse totalmente la situación
de la marina mercante vinculada al bando nacional. Al
comienzo de la Guerra Civil, éste controlaba «tan sólo
el 15% del tonelaje mercante español... Además, el
pabellón de los sublevados no estaba reconocido
internacionalmente. De continuar así, el colapso
económico de la zona nacional y el agotamiento de sus
recursos bélicos era cuestión de pocas semanas» (pág.
1.468, III). De ahí lo importante de la ayuda,
mancomunada, de las Marinas de guerra y mercante, de
Alemania e Italia, aparte de la ventaja de disponer del
flanqueo de Portugal. González Echegaray aporta sobre
esto datos esenciales. Pues bien, al finalizar 1937,
entre capturas y entregas voluntarias, «los nacionales
habían recuperado el 50% del tonelaje existente al
comienzo de la guerra», aparte de las capturas, sobre
todo de buques soviéticos y griegos, que fueron
declaradas «buenas presas» y que engrosaron la marina
mercante española en la serie inicial de los
«Castillos» que, después, dieron origen a la Empresa
Nacional Elcano (pág. 1.469, III).
Otro resultado del dominio del Atlántico por la Armada
Nacional fue que, desde abril de 1937, hubo líneas
regulares marítimas entre Galicia, Andalucía y
Canarias. El puerto de Santa Cruz de Tenerife pasó a
tener una importancia enorme. Recibía los crudos de
Texaco -cuyo apoyo fue esencial- y desde él, con
petroleros españoles o de la propia Texaco, los
productos refinados llegaban a la península.
En relación con todo lo dicho, muchísima importancia
tuvo, tras la reorganización por decreto de diciembre de
1938, del Alto Tribunal de Presas, de la publicación de
«listas negras» de buques y navieras que negociaban con
el gobierno republicano. El impacto fue notable. Incluso
«varias compañías aseguraron que sus barcos no
tocarían puertos españoles que no estuvieran bajo la
jurisdicción del general Franco» (pág. 1.579, LV, 1a
parte).
Pero falta por señalar algo que fue casi decisivo. Tras
el éxito del aislamiento del Norte republicano, preludio
de su derrumbamiento a lo largo de 1937, el combate naval
del Mar de Alborán -o si se prefiere, de cabo Espartel-
el 29 de septiembre de 1936, tuvo un significado muy
superior al del hundimiento por el «Canarias» del
«Almirante Ferrándiz». Supuso esta victoria el
levantamiento del bloqueo de las comunicaciones del sur
de la España peninsular nacional con Canarias y
Marruecos. Como se recoge en esta obra (pág. 803,II ),
al plegarse la flota republicana, a partir de ahí, a una
estrategia defensiva, «ignoró reiteradamente el primer
objetivo de toda guerra naval: la destrucción de la
flota enemiga». Desde entonces, las actividades de la
marina de guerra nacional consistieron, esencialmente, en
cortar los suministros dirigidos por vía marítima al
bando republicano. La acción de la flota republicana
pronto pasó a centrarse en la protección de los
«mercantes cargados con material de guerra soviético en
la última etapa de su derrota», que se situaba entre
las aguas jurisdiccionales francesas de Argelia y la
costa española» (ibidem). Así la «Flota nacional pudo
penetrar con mayor profundidad en el Mediterráneo para
lograr una adecuada interceptación, aparte del
mantenimiento seguro de la línea de convoyes
Cádiz-Palma de Mallorca, tarea en la que se perdería al
«Baleares», aunque los convoyes siguieron funcionando
con normalidad».
Una ayuda notable se recibió con la ocupación de la
costa sur de Andalucía, desde Estepona a Motril, en
enero y febrero de 1937 (págs. 1.477-1.544, III). En
octubre de 1937 el Gobierno de Burgos declaró el bloqueo
de todas las costas enemigas. Naturalmente para esto fue
preciso que «jamás (se eludiese).... el encuentro con
la Flota roja» (pág. 876, II).
No es posible olvidar en este bloqueo que la capacidad de
la Marina de guerra nacional aumentó con los
«submarinos legionarios», en realidad italianos con un
comandante adjunto español. Pero el gran golpe, casi
decisivo si se le examina desde un punto de vista
económico, fue el hundimiento por el «Canarias» del
buque soviético «Komsomol» el 14 de diciembre de 1936.
Se decidió bajo la exclusiva responsabilidad del
almirante Francisco Moreno. Con ese hundimiento, que la
Unión Soviética, en pleno esfuerzo de un país
subdesarrollado dentro de los Planes Quiquenales, no
podía literalmente soportar, se cortó la llegada de
mercantes soviéticos a España. La URSS era un país
pobre que no podía permitirse el lujo de perder activos.
Por eso la decisión del almirante Francisco Moreno, no
sólo eliminó «de raiz la afluencia de vapores rusos a
los puertos de Levante», sino que, «en lo sucesivo, los
rusos se limitarían a recalar en Marsella y esto con muy
poca frecuencia» (pág. 925 II), aparte de iniciar los
envíos soviéticos, ante el riesgo del Mediterráneo,
por otra derrota «más segura desde el Báltico a los
puertos franceses del Atlántico, para desde ellos
transportar la carga por ferrocarril a la frontera de
Port Bou». También existía otra ruta a los puertos
franceses del Golfo de León, desde donde se trasladaban
«a los puertos catalanes con barcos y motoveleros
españoles» (pág. 1.472, III). Todo esto era caro y
complicado. Por eso, al ser un tráfico inseguro,
disparó los fletes, con daño evidente para el erario
republicano. El hundimiento del «Komsomol», pues, fue
fundamental.
El combate naval del cabo Machichaco y el apresamiento
poco después del «Mar Cantábrico»6 más otras
destrucciones y presas, demostraron que la Armada
Nacional era capaz de actuar tanto en el Atlántico como
en el Mediterráneo (págs. 1.029-1.090 y 1.149, II). A
más de ello, buques corsarios de la Armada Nacional
pasaron a interceptar en el Mar del Norte la llegada de
material de guerra a bordo de buques mercantes con
pabellón extranjero, bien neutral o de conveniencia y,
por supuesto, continuar liquidando la marina mercante al
servicio de la República. En la página 1.387, II, se
indica que ésta se empleaba «en el comercio exterior
paseando la bandera tricolor por todos los mares excepto
los circundantes a la Península». Los mercantes armados
en corso del bando nacional pasaron a actuar, para
perturbarlo, por las aguas internacionales «del Mar del
Norte
se llegaba a la proximidad de la costa noruega, a la
altura de Bergen- y del Canal de la Mancha». El conocer
más a fondo esta cuestión es fundamental para
comprender de qué manera el dogal de la Marina de guerra
nacional estaba en acción ahorcando la economía de la
zona republicana (págs. 1.388-1.438, II). Por otro lado,
desde Palma de Mallorca, que pasó a habilitarse como
base de operaciones, ese mismo nudo corredizo estaba en
el canal de Malta que, junto con el de Sicilia, fue el
lugar de las mayores capturas.
En diciembre de 1939, el almirante Moreno se reunió con
el Generalísimo Franco. Le entregó una nota en la que,
entre otras cosas, pudo escribir con el énfasis que
suelen emplear los generales victoriosos, pero que
encubría algo que había sido decisivo para el triunfo
desde el punto de vista económico: «Nuestros buques
efectuaron un gran número de presas, siendo un orgullo
para mí el poder dar cuenta a V.E. que el enemigo no
apresó durante toda la campaña ni un solo vapor
nacional».
Juan Velarde Fuertes
Notas
1 Cfs.
Velarde Fuertes, J. La economía de guerra, en Razon
Española, enero-febrero 2001, tomo XXXVI, nº 105,
págs. 151-164
2 En las págs. 106-108
3 Gil Robles, E.: Tratado de Derecho Político. Imprenta
Salmantina, tomo II, Salamanca, 1902.
4 Vázquez de Mella, J.: Discurso en el Congreso de los
Diputados el 29 de noviembre de 1905. Obras Completas,
volumen I, pág. 120, Barcelona-Madrid, 1931.
5 Solana, M.: El tradicionalismo político español y la
ciencia hispana. Editorial Tradicionalista, pág.
257-258. Madrid, 1951.
6 Elías de Tejada, F.: La Monarquía Tradicional.
Ediciones Rialp, pág. 148. Madrid, 1954. 7 Ibidem, pág.
154-155.
8 Ferrer, M.: Antología de los Documentos Reales de la
Dinastia Carlista. Editorial Tradicionalista, pág. 107 .
Madrid, 1951.
9 Ibidem, pág. 109 y 114.
10 Donoso Cortés, J.: Ensayo sobre el Catolicismo. el
Liberalismo y el Socialismo. Obras escogidas, Compañía
lberoamericana de Publicaciones, S.A., volumen I, pág.
51. Madrid, 1946.
11 Pradera, V.: El Estado Nuevo. 2ª Edición con
prólogo de José María Pemán. Cultura Española, pág.
146-148. Burgos, 1937 .
12 Donoso Cortés, J.. Carta al Director de la Revue des
deux mondes. Obras escogidas. C.I.A., volumen II, pág.
310.
13 Solana, M.: El Tradicionalismo Político Espanol y la
.... Obra cit., pág. 557.
14 Nocedal, R. Manifestación hecha en Burgos por la
prensa tradicionalista. Obras, tomo II, pág. 50-53.
Madrid, 1907.
15 Comellas, J. L.: Historia de España moderna v
Contemporánea. Ediciones Rialp, pág. 402. Madrid, 1967.
16 Ibidem, pág. 415 .
17 Foronda en sus Misceláneas, tras declarar "lo
honrosa que es la profesión del comercio", desata
un violentísimo ataque contra la nobleza estéril, sin
más talento o mérito que saber montar a caballo,
conducir una carroza y jugar con habilidad, y en las
Cartas sobre la policía, combate los monopolios, las
tasas, los abastos, y "otras leyes y costumbres
opuestas a la libertad mercantil".
18 Suárez Verdaguer, F.: La crisis politica del antiguo
Ré~imen en España. Ediciones Rialp, pág. 27. Madrid,
1958.
19 Juretschke, H.: Los Supuestos Históricos e
Ideológicos de las Cortes de Cádiz. Revista Nuestro
Tiempo, n.º 18, pág. 23. Madrid, diciembre de 1955.
20 López Amo, A.: La Monarquía de la Reforma Social.
Ediciones Rialp, pág. 270. Madrid, 1952.
21 Gil Munilla, O.: Historia de la Evolución Social
Española durante los siglos XIX y XX. pág. 12. Madrid,
1961.
22 Un extracto de los Discursos de Borrull e Inguanzo en
defensa de las Cortes tradicionales españolas, en En
Historia del Traddcionalismo Español de Ferrer, M.,
Tejera, D., y Acedo Castilla, F. Ediciones Trajano, pág.
169-178. Sevilla, 1941.
23 Melchor de Jovellanos, G.: Dictamen de 21 de Mayo de
1809 evacuando la consulta formulada por la Junta Central
sobre la forma de ejecutar la convocatoria a Cortes.
Sevilla. Obras B.A.E., tomo L, pág. 597. Madrid, 1858.
24 Suárez Verdaguer, F.: La Crisis Politica del ....
Obra cit., pág. 85.
25 Real Orden. Manifesto v Representación de los
Diputados de Fernando (Manifiesto de los Persas).
Recogido íntegramente en el tomo 1, apéndice documental
n.º 1, pág. 273-302 de la obra cit. Historia del
Tradicionalismo Español.
26 Elías de Tejada, F.: La Monarquía Tradicional, pag.
65-66.
27 Decreto de Valencia de 4 de mavo de 1814. Recogido
íntegramente por Ferrer, M., Tejera, D., y Acedo, J.F.,
en el apéndice n.º 2, pág. 303-306 del tomo I de la
obra cit. Historia del Tradicionalismo Espanol.
28 Elías de Tejada, F.: Obra cit. pag. 67.
29 Ferrer y Pons, M.: Las Leves Fundamentales de la
Monarquía española según fueron antiguamente v según
convienen que sean en la época actual. Volumen Il, pág.
99, 100, 115, 147-148 y 182-183. Barcelona, 1 843.
30 ¿Qué es el Carlismo?. Edición cuidada por Elías de
Tejada, F., Gambra, R., y Puy, F., Escelicer. Madrid,
1971 .
31 Conde de Rodezno: La Princesa de Beira y los hiios de
don Carlos. Editorial Voluntad, apéndice n.º 1, pág.
265. Madrid, 1928.
32 Carta a los Españoles de doña Maria Tetesa de
Barganza, Princesa de Beira. Badem, 25 de Septiembre de
1864, recogida por Ferrer, M., en pág 83 de la obra cit.
Antologia de Documentos....
33 Carta Manifesto al Infante don Alfonso. París, 20 de
Junio de 1869, recogida por el Conde de Rodezno en Carlos
VII, duque de Madrid. Espasa Calpe, S.A., 3.ª Edición,
pág. 104-112. Madrid, 1944.
34 Gil Robles, E.: Tratado de Derecho Político, Obra
cit., tomo II, pág. 59.
35 Ibidem, pág. 53, 56 y 58.
36 Ibidem, pág. 29.
37 Ibidem, tomo I, pág. 406-407.
38 Ibidem, tomo I, pág. 416.
39 Ibidem, tomo II, pág. 710-713.
40 Ibidem, tomo II, pág. 679, 680 y 684.
41 Vázquez de Mella, J.: La Estructuración Or~ánica de
la Sociedad Politica, la desarrolló en diversos trabajos
y discursos, entre ellos en el Discurso en el Congreso de
los Diputados el 18 de Junio de 1907, en obra cit.,
volumen 10, pág. 155 y ss.; en el Discurso en Covadonga
el 26 de Octubre de 1916, obras cit., volumen XXVII; en
el Discurso en la Semana Regionalista de Santiago de
Compostela el 31 de Julio de 1918, obras cit., volumen
XXVII, pág. 218 y ss.; en el Discurso en el Teatro Real
de Madrid el 25 de mayo de 1920, obras cit., volumen II,
pág. 403 y ss.
42 Menéndez PelayoM.: Estudios v discursos de criticas
históricas y literarias. Edición Nacional. Obras
Completas. C.S.I.C. Tomo V, pág. 175. Santander, 1942.
43 Vázquez de Mella, J.: Discurso pronunciado en Bilbao
(Archanda) el 15 de Agosto de 1919. Obras Completas
citadas, volumen XV, pág. 315-378.
44 Ibidem. Discurso en el Con~reso de los Diputados el 29
de Febrero de 1808. Obra cit., volumen VIII, pág. 108.
45 Ibidem. La Monarquía Carltsta. Artículo en el
"Correo Español'' del 20 de Diciembre de 1889, en
obra cit., volumen XVI, pág. 131.
46 Manterola, V.: El espiritu carlista. págs. 7 y 8.
Madrid 1871.
47 Ibidem. Don Carlos o el Petróleo. Pág. 18. Madrid
1871.
48 Arauz de Robles, J. M.: Plan. Obra
Nacional-Corporativa. San Sebastián, 1937.
49 Aparisi y Guijarro, A.: Representación Politica en el
Libro del Pueblo. Obras Completas. Imprenta "La
Regeneración", tomo IV, pág. 422. 1877.
50 Fernández de la Mora, G.: Los Teóricos Izquierdistas
de la Democracia Orgánica. Editorial Plaza & Janes.
Barcelona, 1985, y en Neocorporativismo v Representación
Política, Razón Española n.º 16, pág. 150.
Marzo-Abril, 1986.
51 Pradera, V.: El Estado Nuevo. Obra cit.
52 Fernández de la Mora, G.: Los Teóricos lzquierdistas
... Obra cit., pág. 188.
53 Pemán, J.M.: Prólogo a la 2.ª Edición de El Estado
Nuevo de Pradera, obra cit., pág. 1 1-12.
55 Pradera V.: El Estado Nuevo. Obra cit., pág. 318-320.
55 Ibidem, pág. 322.
56 Elías de Tejada, F.: La Monarquía Tradicional. Obra
cit., pág. 130-131 y 133.
57 Elías de Tejada, F.: Las Españas. Formación
Histórica. Tradiciones Regionales. Editorial Ambos
Mundos, S.L.
58 lbidem. La Monarquía Tradicional. Obra cit., pág.
148.
59 Ibidem. Obra cit., pág. 171 in fine.
60 Ibidem, id, pág. 172.
61 lbidem, id, pág. 168 in fine y 169.
62 Fal Conde, M.: Bosquejo de la futura organización
política española inspirada en los Principios
Tradicionales. Representación elevada a su excelencia el
Jefe del Estado en Burgos el 10 de Marzo de 1939,
recogida en El Pensamiento Carlista sobre cuestiones de
actualidad. Artes gráficas. Buenos Aires.
63 Ibidem, id, pág. 63.
64 Ibidem, id, pág. 67.
65 Ibidem , id, pág. 72-73.
66 Ibidem, id, pág. 57.
67 Fernández de la Mora, G.: Vid: Los Teóricos
Izquierdistas de la Democracia Orgánica, obra citada en
la que amplía su trabajo anterior; Los Teóricos
socialistas de la Democracia Organica, en "Razón
Española", n.º 6, pág. 203; Neocorporativismo y
Representación política, en "Razón
Espanola", n.º 16, pág. 133; Herrera y la
Democracia Orgánica, en "Razón Española",
n.º 23, pág. 225; El Organicismo de Althusio, Revista
de Estudios Políticos n.º 7; El socialismo gremialista
de Cole, en "Razón Española", n.º 51, pág.
19; Jellinek y la Democracia Orgánica, en "Razón
Española", n.º 57, pág. 85; Calvo Sotelo v la
Democracia Orgánica, en "Razón Espanola",
n.º 51, pág. 63; Organicismo en la II República, en
"Razón Española" n.º 92, pág. 303; etc.
68 Ibidem. Neocorporativismo v Representacion..., Rev.
cit., n.º 16, pág. 157-1 58.
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