LIBROS:
Supuestos y principios fundamentales de la
representación pública mixta
Sánchez
Marín, Angel Luis: Supuestos y principios fundamentales
de la representación pública mixta, ed. Septem, Oviedo,
2001, 130 págs.
Sánchez Marín, docente en la Universidad de Murcia y
discípulo de R. Fernández-Carvajal y de a. Montoro
Ballesteros, aborda en esta investigación, que es su
tesis doctoral leída el año 2000, el tema capital del
actual Derecho Público, la teoría y práctica de la
representación política.
Hasta la Revolución francesa todas las cámaras
respondían al principio de la representación orgánica
o de intereses ejercida por los mandatarios de los
cuerpos sociales intermedios. El gran doctrinario de esta
fórmula fue Althusio (1556-1617). A partir de dicha
Revolución y como reacción contra el antiguo régimen,
se fue imponiendo la representación inorgánica o
ideológica ejercida individualmente por los ciudadanos,
encauzados por los partidos políticos. El principal
teórico del inorganicismo fue Rousseau (1712-1778).
En España la cuestión se planteó al discutirse la
convocatoria de las Cortes de Cádiz. Entonces, frente a
los afrancesados inorganicistas, se manifestaron los que
defendían la representación orgánica como Jovellanos o
los autores del llamado Manifiesto de los Persas. En la
misma línea de la democracia orgánica se pronunciaron
los tradicionalistas, los llamados krausistas, y una
larga serie de doctrinarios, entre los que a mediados del
siglo XX destacaron E. Gil-Robles, R. de Maeztu, S. de
Madariaga y V. Pradera. Inspirado en esos doctrinarios,
Franco institucionalizó una democracia orgánica
mediante las Leyes Fundamentales. La II Restauración
abolió la democracia orgánica para implantar, en 1978,
la inorgánica con mayor radicalidad que en todo el
pasado nacional, incluida la II República. Cuando ese
cambio se llevó a cabo, los juristas italianos ya
habían denunciado que en su país la democracia
inorgánica había degenerado en «partitocracia» o
gobierno de las oligarquías de los partidos, como
previeron Pareto y otros grandes sociólogos que habían
estudiado las democracias europeas del período de
entreguerras.
Las partitocracias actuales adolecen de un evidente
déficit de representación: los partidos apenas tienen
afiliados y la mayor parte de la ciudadanía no se siente
representada por los oligarcas partitocráticos. Este es
el punto de partida de Sánchez Marín: «la
representación pública mediante el cauce exclusivo de
los partidos no consigue una sociedad integrada» (pág.
87); «el sistema de representación a través,
exclusivamente, de los partidos es a todas luces
insuficiente» (pág. 122). A una conclusión análoga
habían llegado liberales como Duguit, socialistas como
Cole y una pléyade de pensadores eminentes a la vista
del fracaso del modelo inorgánico dominante después de
la primera guerra mundial.
Lo que propone Sánchez Marín es un bicameralismo con
una cámara ideológica o inorgánica y otra de intereses
u orgánica, ambas con idénticas facultades y que en
sesión conjunta resolverían los casos de desacuerdo.
Frente a los publicitarios partitocráticos que pretenden
monopolizar la representación política, el autor afirma
con razón que «la ecuación representación
orgánica=Estado totalitario no es cierta y queda
demostrado, tanto teórica como empíricamente, que la
representación de naturaleza orgánica puede ser tan
democrática como la individual o ideológica» (pág.
112). Esta tesis es convincentemente argumentada a lo
largo de toda la obra.
Investigación muy sistemática y documentada, llevada a
cabo con un método objetivo que permite llegar a
conclusiones razonables, al margen de la habitual
politización ideológica. Esta investigación es una de
las aportaciones más realistas de la politología
española al capital tema de la representación
política.
G. Fernández de la Mora
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