Razón Española, nº 112; Salleron y el socialismo

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Salleron y el socialismo

Por Pedro Brunsó Ayats

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Salleron y el socialismo

Jean d'Ormesson definía a Mitterrand al día siguiente de su muerte como «un diable d'homme», es decir, «de droite, catholique, nationaliste, marxiste, socialiste, européen et laïc» (1) («Le Figaro», 9-X-96). En 1976 era socialista. ACADI (Association des cadres dirigeants de l'Industrie pour le progrés social et économique) le había invitado (26-IV-76) a exponer su punto de vista -como secretario general del Partido- sobre «El socialismo en la sociedad industrial», ante los dirigentes de la economía francesa. El 30 de septiembre del mismo año, Salleron, a petición de la citada Asociación, exponía a los mismos cuadros dirigentes, su punto de vista sobre el socialismo de Mitterrand.

Salleron, amigo íntimo de Bernanos, del primer Maritain y del cardenal Daniélou, durante toda su larga vida -a diferencia de Mitterrand- había sido sólo católico, un católico íntegro, ciertamente. Gonzalo Fernández de la Mora tuvo la sagacidad de traerlo a la tribuna del Ateneo, por los años sesenta, en los cursos de conferencias junto con las más destacadas figuras de la inteligencia europea. Jurista y economista, fue definido por Gustave Thibon como «el pensador más clarividente y más desconocido del siglo XX».

1. Salleron empieza analizar el socialismo de Mitterrand partiendo de la premisa fundamental de que, aunque tiene algo de positivo, es, ante todo, negativo. Es el anticapitalismo por antonomasia. El socialismo ataca las estructuras de la economía capitalista porque no puede existir si no es en simbiosis con el capitalismo. Nace con él, vive con él y muere con él. El capitalismo da significación al socialismo, y no a la inversa.

El socialismo francés mitterandiano sería el anti-capitalismo mejor para la sociedad francesa en una situación y en un momento determinados. A través de la planificación y, en especial, de la nacionalización, el poder político socialista llegaría a imponerse, por fin, al poder económico del capitalismo. Mitterrand consideraba necesario «que la colectividad nacional se hiciera dueña de un cierto número de polos dominantes, en primer lugar, del crédito».

Pero cuando la moneda y las finanzas pertenecen en su totalidad al poder político, no hay libertad económica. La apropiación pública del crédito no es socialismo, es comunismo. Si el crédito es nacionalizado, es absolutamente inútil nacionalizar otras empresas. Mitterrand pretendía, con las nacionalizaciones, poner un muro frente al capitalismo internacional, pero ignoraba que la nacionalización es una fórmula jurídica que por sí misma tiende al debilitamiento del poder económico sin reforzar el poder político. En esta situación, el poder político nacional se convierte en más dependiente todavía del poder económico multinacional...

2. Junto a la nacionalización, la segunda idea directriz del socialismo de Mitterrand era la autogestión, definida como «la reconciliación entre el socialismo y el individuo». «No entiendo -decía Salleron- por qué un jefe de empresa es inamovible, mientras que un alcalde está sometido a la reelección cada seis años. Imagino una sociedad en la que algún día existirá una democracia económica comparable a la democracia política...» Antes que Mitterrand, el señor Bloch-Lainé había planteado ya la cuestión: «¿Por qué la empresa es más alérgica que el municipio o la nación a la esencia de la democracia?»

La base jurídica de la organización económica es la propiedad, mientras que la base jurídica de la organización política es la elección. Asimilar la empresa al municipio o a la nación es querer hacer pasar el poder económico al poder político. Someter la empresa al régimen electoral es abolir la autonomía de la actividad económica y nacionaliazar, en definitiva, la economía entera. Pero Mitterrand se adhirió al mito de la autogestión sabiendo que era una fórmula irrealizable (conocía bien la experiencia fallida de Yugoslavia), simplemente por razones estratégicas para desmarcarse del comunismo.

3. ¿En dónde radicaba, pues, la fuerza del socialismo de Mitterrand que le llevaría al triunfo de mayo de 1981? El socialismo se había convertido en la única palabra que vehiculaba una imagen de un orden social más justo que el orden establecido. La «intelligentzia» socialista había convencido a la opinión pública de que el régimen capitalista era injusto y, por lo tanto, debía ser reemplazado por su contrario, el socialismo. La conciencia de la verdad del socialismo se hallaba difusa entre la masa y las élites, en especial, las políticas. Como en las revoluciones de 1789 y 1917, el triunfo socialista sería posible gracias a la concienciación previa de la clase dirigente. El socialismo marchaba «en el sentido de la Historia», y su llegada era inevitable.... ¡gracias a la propaganda mediática!

Marx afirmaba que el comunismo podía resumirse en una sola idea: la abolición de la propiedad privada. El socialismo de Mitterrand se hallaba de acuerdo con el comunismo de Marchais en este punto esencial. Sólo que el comunismo de Marchais era lógico, mientras que el socialismo de Mitterrand no.

4. En 1947, Louis Salleron publicaba Six études sur la propriété collective. Este libro fue saludado por la crítica especializada como «una de las diez obras más importantes de la primera mitad del siglo XX». El subtítulo era bien significativo: «Au-delà des nationalisations.» Lo contrario del capitalismo no es el comunismo, sino el propietarismo. Marx (y Mitterrand) no llegaron a comprender nunca que el problema no estaba en el régimen económico (el capitalismo), sino en el régimen jurídico (la propiedad). Era necesario reformar el régimen jurídico de la propiedad para transformar el régimen económico del capitalismo».

Lo que Ricardo había sido para el capitalismo, Marx para el socialismo y Keynes para el laborismo..., lo será Salleron para el propietarismo. Su fórmula de «propiedad colectiva privada» está ciertamente «au-delà des nationalisations», pero también en una dimensión alejada de las privatizaciones de tipo liberal.

Six études sur la propriété collective ha sobrevivido a las nacionalizaciones socialistas y sobrevivirá a las privatizaciones liberales. Su aplicación debería convertirse en uno de los objetivos más importantes de la política económica del siglo XXI.



Pedro Brunsó Ayats

1 En Mitterrand el término «laïc» tiene una connotación netamente masónica. Cfr. Setzepfandt, D.: François Mitterrand, grand architecte de l’Univers. Ed. Faits et Documents. París, 1995; y Bonnal, N.: Mitterrand, le grand initié, Ed. Claire Vigne, París, 1995.



 

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