Reconstrucción
de Santander
Tuve
noticia del incendio de Santander cuando -febrero de
1941- aún no había terminado el Bachiller, en un
colegio aragonés de escolapios. En la posguerra
española -difícil, pero esperanzada-, y en plena
entreguerra mundial, la catástrofe fue suceso y prueba
de fuego para la reconstrucción nacional.
Joaquín Reguera Sevilla, registrador, gobernador civil,
había escrito el libro La reconstrucción de Santander
(1950). Había llamado la atención la ayuda que la
institución registral había prestado a la
reconstrucción de Santander. No se había publicado la
reforma hipotecaria de 1944, hoy vigente; ni se tenían
los instrumentos operativos legales de las modernas
leyes, de expropiación forzosa, o del suelo. Pero el
sistema registral de 1861, con las modificaciones de
comienzo de siglo y en la II República, que se
respetaron y cumplieron, permitieron una sólida
seguridad jurídica inmobiliaria, la conexión de las
antiguas fincas con las nuevas parcelaciones,
anticipándose a los actuales proyectos de
«compensación» urbanística, acompañados con el
crédito hipotecario.
Acaba de aparecer el libro Febrero 1941. El incendio de
Santander (2001), de José Luis Casado Soto, con una
extensa colaboración de autores y de documentalistas
gráficos. Varias películas han podido servir de apoyo a
esta obra, a los sesenta años del incendio. En este
libro destacan los siguientes puntos:
El Informe del arquitecto Pedro Muguruza ratifica la
conexión de los planes parcelarios con el Registro de la
Propiedad, como base de la reconstrucción de Santander.
También la presentacióin e hilación histórica del
incendio de 1941, en situación de la ciudad, como
«corte» veraniega y ciudad industrial.
El caudal grafico, en esta época previa al incendio,
explica los esfuerzos y ayudas. Así, la presencia en un
mitin de José Antonio, y la participación numerosa de
jóvenes falangistas en los primeros auxilios y
asistencias humanitarias. Esta parte histórica es rica
por sí misma, y constituye una síntesis para entender
los efectos del desastre de 1941 y su reacción ante el
futuro. Y en tal orden de cosas, me permito apuntar
algún aspecto:
- El Palacio de la Magdalena, como donación de la ciudad
de Santander a Alfonso XIII, había sido incautado por la
República. Allí se celebrarían en cambio los primeros
cursos de la Universidad Menéndez Pelayo, promovidos y
guiados por Fernando de los Ríos, Recasens Siches y
Gumersindo Azcárate, lo que pudo suponer una
ambientación ideológica cántabra afín a la
República. El palacio se convirtió en fortín, al
comienzo de la guerra, y luego en baluarte.
- En el verano de 1936 se estaba celebrando paralelamente
un curso sobre marxismo, promovido por el grupo de
católicos de don Angel Herrera, a través de lo que
llamaron «Casa del Consiliario». Monseñor Tarancón, a
primeros de julio, cambió un viaje a Santander por
Galicia; pero a monseñor don Pedro Altabella y a don
Casimiro Morcillo, que eran asesores religiosos, los
milicianos fueron a buscarles al hotel, en el Sardinero,
donde se hospedaban.La existencia de libros sobre
comunismo despistó a los que les perseguían. Luego,
unos monos azules facilitados por los jóvenes de Acción
Católica, permitieron su marcha en tren hasta Bilbao, y
en carguero de hierro, alcanzar Francia. Don Pedro
Altabella sería embajador eclesiástico en el Vaticano,
y don Casimiro, presidente de la Conferencia Episcopal
Española, y consejero del Reino, después de haber
pasado por Bilbao, como obispo.
- ¿Por qué en Santander no prosperó el Alzamiento?
Pudo ser un error de Mola, derivado de una no completa
información. Desde luego, Casado y Rojo ya apuntan a los
militares, retirados por Azaña, que se acercaron a
Santander, pero que una vez allí, se vieron no
utilizados o sorprendidos. Y que pasaron al
barco-prisión «Alfonso Pérez». También la influencia
de los dirigentes del curso de la Magdalena, de signo
republicano-izquierdista, que, además, fueron hábiles
en la búsqueda de su propio exilio, desde Santander.
- No se ha profundizado, al menos no se alude en el
citado libro al papel que el Cuartel de la Remonta pudo
tener como enlace con el Regimiento de Santoña, que
habría de ser la fuerza principal de los nacionales.
Estaba destinado en la Remonta, un oficial veterinario,
izquierdista-marxista, con preparación intelectual, que
en su ciudad natal -Daroca, Zaragoza- ponía en brete a
otro convecino, ilustre y preparado, como era Navarro
Rubio.
El libro de José Luis Casado Soto merece ser leído para
desvelar el esfuerzo para una reconstrucción de la bella
ciudad de Santander.
Jesús López-Medel y Bello
|