Razón Española, nº 112; La política

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La política

Por Francisco Javier Peñalba

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La política

Retirada de Aznar. El último fin de semana de enero, el Partido Popular celebró su décimocuarto congreso. Al principio, parecía que se limitaba a un espectáculo vacío montado en torno al gran líder que había conseguido llevar a los sucesores de AP al Gobierno. Pero el discurso de José María Aznar fue realmente interesante. Reafirmó su intención de no volver a presentarse a la presidencia del Gobierno y luego enunció una serie de ideas que dicen las personas sin privilegios en los bares, las emisoras de radio y los foros de internet: la educación básica produce analfabetos, quien inmigre a España debe obedecer las leyes y no aguardar un trato especial, la situación demográfica es una catástrofe, no hay equidistancia entre la vida y la muerte. Con la confirmación de que en 2003 habrá un nuevo candidato del PP a la presidencia del Gobierno, la situación de Aznar se equipara a la de un presidente reelegido de EE.UU., que dedica sus dos últimos años de administración a desbrozar el camino a su sucesor y a preparar su lugar en la historia. Puede gobernar sin presiones electorales ni dudas sobre su imagen y parece estar dispuesto a ello. El PP se convertiría así en el único partido que arrumba el dogmatismo ideológico y promueve algunas políticas de sentido común. Por el momento, el Ministerio de Educación anuncia una reválida en el bachillerato y el de Interior nuevas medidas contra la delincuencia, gran parte de ella causada por inmigrantes.



Marruecos. La tensión con nuestro vecino del sur, ése con el que según la frase tópica y mendaz «estamos condenados a entendernos», se mantiene. El gobierno español concedió a Repsol el permiso para buscar petróleo en el mar en una zona que ha reclamado como propia Marruecos. Además comienza a hablarse en las cancillerías de una nueva propuesta para el Sáhara, que supondría la división del territorio entre los marroquíes y los saharauis. Mientras tanto, la prensa amarilla marroquí insulta a los españoles y les acusa de racistas con los emigrantes (cabe preguntarse si no se trata peor al marroquí en su propia patria cuando debe arriesgar la vida para llegar a España). A mediados de febrero, el corresponsal de la cadena Cope apareció asesinado en su casa en Rabat.



Concierto vasco. Entró en vigor el 1 de enero la prórroga decidida por el Gobierno y aprobada por las Cortes y, pese a lo que sostenían los nacionalistas y sus tribunos de opinión en Madrid, no ha pasado nada. Ni insumisión fiscal , ni hundimiento de la economía, ni manifestaciones en las calles. El mantenimiento de la normalidad debe servir para disipar todos los miedos a una hipotética ulsterización de la comunidad vasca ante las medidas que se tomen en defensa de la libertad de las personas y la unidad de España. Este nuevo sentimiento de seguridad es tanto más necesario cuanto en los próximos meses el mundo nacionalista, ya unido, prosiga la aplicación de su plan separatista.

Boda real en Holanda. Desde la Revolución francesa, las Monarquías han ido perdiendo todos sus atributos. Sólo les quedaba el prestigio y el honor, y los están despilfarrando, ya sean reinantes o exiliados. El heredero del archiduque Otto de Habsburgo presenta un programa de televisión en Austria. Los jefes de las casas italiana y griega acuden a llorar a los tribunales para que al primero se le permita regresar a su país y al segundo se le devuelvan unos ahorrillos. No es que los monarcas, supuestos portadores de una legitimidad y unas tradiciones que muchos veíamos con respeto, se hayan integrado en el sistema que las ha arrumbado en el desván de la historia, sino que sus hijos, los príncipes herederos, sean los payasos de los revolucionarios. Después de la boda del príncipe Haakon noruego con una mujer, parte de cuya anatomía ya hemos visto; se celebró el sábado 2 de febrero la del príncipe heredero de Holanda, Guillermo de Orange. En este caso, la novia, la argentina Máxima Zorreguieta, tiene mucho mejores antecedentes.

El caso de Guillermo tiene otros elementos que lo diferencian de los devaneos del príncipe Carlos y del príncipe Haakon, aunque coincide en que unas personas privilegiadas se consideran irresponsables. Quienes más altos están en la jerarquía social menos deberes pretenden tener. ¡Qué paradoja tan moderna!

Veamos primero a Máxima, una chica de educación y fe católica según ha declarado ella misma. La boda se celebró por el rito de la secta reformada holandesa, con dispensa para la contrayente otorgada por el arzobispo de Rotterdam. Los hijos que tengan se educarán en la misma secta, confesión de la furibundamente anticatólica casa de Orange. He aquí una de las respuestas que reciben los esfuerzos ecuménicos del papa Juan Pablo II.

Pero ¿qué hará la católica Máxima si en su condición de princesa o de reina tiene que inaugurar una clínica en la que se practique la eutanasia, crimen tan legal en Holanda como el aborto? ¿Negarse?, ¿Renun-ciar? Cada día comprendo más esas historias que se nos han contado para mostrarnos la intolerancia de la Iglesia, en que un cura desaconsejaba el matrimonio a un hombre o una mujer por el peligro para la salvación de su alma.

La guapa Máxima no sólo está dispuesta a adecuar a su amor los deberes que le impone su fe, sino también a prescindir de los debidos a su familia. Un sector eclesiástico y político de la liberal Holanda se ha sentido ofendido porque el padre de Máxima, Jorge Zorreguieta, fuera ministro de Agricultura a las órdenes del dictador Jorge Videla entre 1979 y 1981. Los delicados sentimientos democráticos de los holandeses, que no se conmovieron ante las tiranías comunistas que opri-mían a media Europa y entre cuyo pueblo los nazis reclutaron una división de las SS, hicieron a Máxima culpable de los presuntos delitos contra la Humanidad perpetrados por su progenitor y le exigieron una prueba de democratismo. La enamorada jovencita aceptó y tuvo que disculpar a su padre. A éste, además, se le pidió una explicación y la inasistencia a la boda de su hija, quien tragó con semejante desprecio. El Gobierno holandés encargó una investigación a un historiador sobre el conocimiento que tenía Zorreguieta de las desapariciones. Se le absolvió por falta de pruebas. ¡Y esta sociedad se atreve a reprochar a los españoles la Inquisición! ¿Cómo un pueblo que ha abolido la moral puede condenar un comportamiento personal?

En una carta publicada en «La Nación» el 31 de marzo de 2001, Zorreguieta dijo lo siguiente: «La situación en la Argentina en marzo de 1976 era de caos económico, social y político durante el gobierno de Isabel Perón. Hubo coincidencia en los partidos políticos, sindicatos obreros, entidades empresariales y la opinión pública en general para que las Fuerzas Armadas pusieran orden en el país y así poder llegar a una democracia estable y pacífica.» Además, añadió, «a partir de 1969 se desarrolló en forma creciente la acción subversiva con actos terroristas, toma de cuarteles militares, comisarías y pueblos en la provincia de Tucumán, fundamentalmente por parte de las agrupaciones de Montoneros y del Ejército Revolucionario del Pueblo. La lucha contra la subversión por parte de las Fuerzas Armadas comenzó antes de 1976 por orden de la presidente constitucional Isabel Perón». Y recordó la aceptación de las Juntas militares por los gobiernos occidentales, incluido el holandés. Sin embargo, cedió a la presión al declarar: «Creo en la democracia y en los derechos del hombre, principios en los que he educado a mis hijos y que sustento firmemente. En resumen, actué de buena fe arriesgando mi vida y la de de mi familia para llevar a cabo un trabajo específico en el área de agricultura y que no tuvo ninguna relación con la represión que se llevaba a cabo entonces.»

Sin duda, el mayor modelo de esta historia es la esposa de Zorreguieta, quien, estando libre de mancha, a los ojos de los demócratas, no asistió a la boda y permaneció con su marido. El deber antes que los sentimientos.



Ataques a la Iglesia. Quien dude de que está en marcha una campaña contra la Iglesia, por favor, que deje de leer estas líneas. Los hechos se suceden con una llamativa periodicidad y se hinchan y manipulan a fin de crear un ambiente hostil a lo católico. Profesoras de religión que se casan por lo civil con divorciados y son despedidas, renuncia de los sacerdotes vascos a celebrar misas o responsos por los asesinados por ETA, implicación de varias instituciones eclesiásticas en la estafa de Gescartera, un cura expone en dos revistas su homosexualidad y afirma que no respeta el celibato, otro cura es detenido por posesión de pornografía infantil. Estos dos últimos asuntos sirven, además, para comparar las varas de medir de los obispos. El obispo de Huelva no aplicó ninguna sanción contra el sacerdote rosa cuando éste reveló sus preferencias sexuales en una revista local en verano y sólo lo hizo meses más tarde, cuando se enteró toda España. El obispo de Coria-Cáceres corrió a visitar a su cura encarcelado por coleccionar pornografía. A los escándalos que crean los citados sacerdotes, se une la actitud de sus obispos. De sus actos deducimos que uno es partidario de que el tiempo solucione el problema y el otro corre a amparar a su subordinado sin tratar de reparar el daño a las víctimas. Ambos olvidan sus deberes de protección para con los fieles. ¿Que barbaridades no habrán cometido los dos curitas en el altar, el púlpito, el confesionario y la catequesis? Los obispos deberían comportarse como verdaderos pastores y atender las denuncias y protestas de los laicos, en vez de funcionar como burócratas. Es preferible una parroquia sin sacerdote a una parroquia destruida por un malvado. Otro episodio de esta campaña es la última película del director comunista Costa Gavras Amen, que se basa en las calumnias de complicidad del Vaticano con el exterminio de los judíos en la Segunda Guerra Mundial



Francisco Javier Peñalba



 

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