Razón Española, nº 112; LIBROS: Memorias II. Los pasos contados

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LIBROS: Memorias II. Los pasos contados. nº 112

Comentarios de Angel Palomino al libro de J. F. Vicaíno Casas.

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LIBROS: Memorias II. Los pasos contados

Vizcaíno Casas, Fernando: Memorias II. Los pasos contados, ed. Planeta, Barcelona, 339 págs.



Un libro de memorias sólo puede ser éxito editorial cuando, además de contener la historia, bien contada, de una vida, ofrece, bien contada también, el orteguiano elemento que compone la figura completa del ser humano: la circunstancia.

Interesa la vida personal, desde la infancia, de un hombre como Fernando Vizcaíno Casas. Pero teniendo en cuenta que ese niño que fue y es, universitario que fue, y es periodista, abogado, novelista, ensayista que hoy es, ese triunfador, ha vivido un período histórico que para él empieza con la monarquía y la dictadura de Primo de Rivera -de la que naturalmente no puede conservar memoria que no sea de chupete y poco más-, la República, la Guerra con la desdicha añadida de la Revolución roja en Valencia, la Liberación, la Era de Franco y todo lo que ha sucedido en el mundo a lo largo de esa parte del siglo XX que él vivió. La circunstancia del autor es pues rica y variada y -dado que nada de lo humano le es ajeno- esa circunstancia suya contiene, además de la segunda guerra mundial y la bomba de Hirosima, a Sara
Montiel, en sus primeras nupcias, las autopistas de peaje, el boom del turismo, el 600, Manolete, Tono, Isabel Vigiola, el puente aéreo, Mingote, el cine de romanos y el de destape, la Casa Militar del Generalísimo, «La Codorniz», la desmembración de España que dicen los políticos que nos hemos dado con una Constitución que llevaba amparadas entre sus páginas el hacha y la serpiente del separatismo carnicero y sus aliados, y Ponesa, una señorita (entonces las chicas eran señoritas) gallega de hermosa figura y notables ojos, que le ha dado tres hijos de los que habla con ternura y orgullo, la Agencia Efe, Franco, Franco, Franco, y todo esto que vino después y que tanto material le ha proporcionado para sus novelas tan bien acogidas por los españoles, convertidos inmediatamente en admiradores, y tan hostilmente tratadas por la envidia nacional y por los prevaricadores de la cultura; la izquierda rencorosa y enemiga del éxito de quien no se somete a la disciplina, durísima pero bien retribuida, marcada por el poder cultural, invadido y sometido.

Este libro de Vizcaíno es una crónica extensa de nuestro tiempo; de lo sucedido en la España de nuestro tiempo. Y, sin embargo, narra casi exclusivamente, acontecimientos, sucedidos y anécdotas que él mismo ha vivido: estaba en todas partes.

Existe un notable antecedente de estos dos tomos (Mi vida I y Mi vida II), el libro Un año menos. Es el diario, las memorias, de un solo año, el de 1978. Lo que cualquiera podría despachar en tres folios, al autor le dio para un tomo. Recuerdo mi impresión; se lo dije: «Lo he leído con la lengua fuera.» Es el relato de una vida intensa desde la mañana a la madrugada: todo un libro perfectamente justificado. Se vendieron decenas de miles de ejemplares, porque era, además, la historia de todos nosotros.

Pues bien; he leído Memorias 2 también con la lengua fuera. Vizcaíno abre el corazón, su casa y su familia; más alegrías, preocupaciones; triunfos y decepciones; no se envanece de sus indudables y bien contrastados éxitos jurídicos que hacen de él uno de los mas importantes abogados especializados en el Derecho del Trabajo: laboralistas se les diría con el tiempo. En esa especialidad lucieron sus primeras habilidades políticas abogados socialistas y comunistas que hoy son personajes opulentos, influyentes y hasta históricos. No así Vizcaíno, que siempre ha visto la política como observador y comentarista irónico, lejano al poder que nunca le atrajo. Tampoco alardea de sus triunfos literarios y, además, acepta con paciente modestia los resultados de sus efímeros logros teatrales, premiados siempre con aplausos y elogios, pero tocados prematuramente de una suerte de maleficio que no le abruma ni le produce resentimiento. Vizcaíno es un triunfador; pero sus memorias no son las de un triunfador, sino las de un hombre fecundo, leal y pródigo en elogios. Parece como si quisiera saldar en él todas las deudas de simpatía con quienes tuvo buena relación; incluso con quienes, simplemente, le cayeron bien o reconoció en ellos algún mérito; y hasta algunos que le hicieron faenas que otros no olvidan y Fernando recuerda con sonriente indulgencia. La ira se la reserva -eso dice, ya veremos- para el futuro.

Tiempo de mentiras, tergiversaciones, biografias trucadas, pasados silenciados, y presentes forjados en influyentes capillas. son sus memorias, las de sólo un hombre y un nombre, pero en el índice onomástico aparece (aparecemos, gracias) más de mil.

Llega el lector con Vizcaíno Casas hasta el año 1975. Cuando terminó el tomo I, en el que narra los primeros venticinco años de su vida, él «no era -dice ahora- competencia molesta para los bellacos ni pieza apetecida para ser cazada». Después empezaron los éxitos y contra ellos se aprestaron las escopetas de la envidia de quienes él llama «pajarracos depredadores». Vizcaíno -que ha sido tan amable con todo el mundo y pasa por alto agravios- promete ahora «apostrofar y denunciar a los miserables» en el próximo III tomo.

Según esto, si el primero y el segundo tomo son divertidos e informativos -y hasta regocijantes- el tercero llevará el mérito añadido de la sátira y el flagelo con que responderá a sus enemigos. Enemigos sin causa, pues él nunca hizo daño ni atentó contra la buena fama o los bienes de quienes lo atacan. Piensa desenmascararlos. Un incentivo más para sus lectores.



Angel Palomino



 

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