LIBROS: Memorias
II. Los pasos contados
Vizcaíno
Casas, Fernando: Memorias II. Los pasos contados, ed.
Planeta, Barcelona, 339 págs.
Un libro de memorias sólo puede ser éxito editorial
cuando, además de contener la historia, bien contada, de
una vida, ofrece, bien contada también, el orteguiano
elemento que compone la figura completa del ser humano:
la circunstancia.
Interesa la vida personal, desde la infancia, de un
hombre como Fernando Vizcaíno Casas. Pero teniendo en
cuenta que ese niño que fue y es, universitario que fue,
y es periodista, abogado, novelista, ensayista que hoy
es, ese triunfador, ha vivido un período histórico que
para él empieza con la monarquía y la dictadura de
Primo de Rivera -de la que naturalmente no puede
conservar memoria que no sea de chupete y poco más-, la
República, la Guerra con la desdicha añadida de la
Revolución roja en Valencia, la Liberación, la Era de
Franco y todo lo que ha sucedido en el mundo a lo largo
de esa parte del siglo XX que él vivió. La
circunstancia del autor es pues rica y variada y -dado
que nada de lo humano le es ajeno- esa circunstancia suya
contiene, además de la segunda guerra mundial y la bomba
de Hirosima, a Sara
Montiel, en sus primeras nupcias, las autopistas de
peaje, el boom del turismo, el 600, Manolete, Tono,
Isabel Vigiola, el puente aéreo, Mingote, el cine de
romanos y el de destape, la Casa Militar del
Generalísimo, «La Codorniz», la desmembración de
España que dicen los políticos que nos hemos dado con
una Constitución que llevaba amparadas entre sus
páginas el hacha y la serpiente del separatismo
carnicero y sus aliados, y Ponesa, una señorita
(entonces las chicas eran señoritas) gallega de hermosa
figura y notables ojos, que le ha dado tres hijos de los
que habla con ternura y orgullo, la Agencia Efe, Franco,
Franco, Franco, y todo esto que vino después y que tanto
material le ha proporcionado para sus novelas tan bien
acogidas por los españoles, convertidos inmediatamente
en admiradores, y tan hostilmente tratadas por la envidia
nacional y por los prevaricadores de la cultura; la
izquierda rencorosa y enemiga del éxito de quien no se
somete a la disciplina, durísima pero bien retribuida,
marcada por el poder cultural, invadido y sometido.
Este libro de Vizcaíno es una crónica extensa de
nuestro tiempo; de lo sucedido en la España de nuestro
tiempo. Y, sin embargo, narra casi exclusivamente,
acontecimientos, sucedidos y anécdotas que él mismo ha
vivido: estaba en todas partes.
Existe un notable antecedente de estos dos tomos (Mi vida
I y Mi vida II), el libro Un año menos. Es el diario,
las memorias, de un solo año, el de 1978. Lo que
cualquiera podría despachar en tres folios, al autor le
dio para un tomo. Recuerdo mi impresión; se lo dije:
«Lo he leído con la lengua fuera.» Es el relato de una
vida intensa desde la mañana a la madrugada: todo un
libro perfectamente justificado. Se vendieron decenas de
miles de ejemplares, porque era, además, la historia de
todos nosotros.
Pues bien; he leído Memorias 2 también con la lengua
fuera. Vizcaíno abre el corazón, su casa y su familia;
más alegrías, preocupaciones; triunfos y decepciones;
no se envanece de sus indudables y bien contrastados
éxitos jurídicos que hacen de él uno de los mas
importantes abogados especializados en el Derecho del
Trabajo: laboralistas se les diría con el tiempo. En esa
especialidad lucieron sus primeras habilidades políticas
abogados socialistas y comunistas que hoy son personajes
opulentos, influyentes y hasta históricos. No así
Vizcaíno, que siempre ha visto la política como
observador y comentarista irónico, lejano al poder que
nunca le atrajo. Tampoco alardea de sus triunfos
literarios y, además, acepta con paciente modestia los
resultados de sus efímeros logros teatrales, premiados
siempre con aplausos y elogios, pero tocados
prematuramente de una suerte de maleficio que no le
abruma ni le produce resentimiento. Vizcaíno es un
triunfador; pero sus memorias no son las de un
triunfador, sino las de un hombre fecundo, leal y
pródigo en elogios. Parece como si quisiera saldar en
él todas las deudas de simpatía con quienes tuvo buena
relación; incluso con quienes, simplemente, le cayeron
bien o reconoció en ellos algún mérito; y hasta
algunos que le hicieron faenas que otros no olvidan y
Fernando recuerda con sonriente indulgencia. La ira se la
reserva -eso dice, ya veremos- para el futuro.
Tiempo de mentiras, tergiversaciones, biografias
trucadas, pasados silenciados, y presentes forjados en
influyentes capillas. son sus memorias, las de sólo un
hombre y un nombre, pero en el índice onomástico
aparece (aparecemos, gracias) más de mil.
Llega el lector con Vizcaíno Casas hasta el año 1975.
Cuando terminó el tomo I, en el que narra los primeros
venticinco años de su vida, él «no era -dice ahora-
competencia molesta para los bellacos ni pieza apetecida
para ser cazada». Después empezaron los éxitos y
contra ellos se aprestaron las escopetas de la envidia de
quienes él llama «pajarracos depredadores». Vizcaíno
-que ha sido tan amable con todo el mundo y pasa por alto
agravios- promete ahora «apostrofar y denunciar a los
miserables» en el próximo III tomo.
Según esto, si el primero y el segundo tomo son
divertidos e informativos -y hasta regocijantes- el
tercero llevará el mérito añadido de la sátira y el
flagelo con que responderá a sus enemigos. Enemigos sin
causa, pues él nunca hizo daño ni atentó contra la
buena fama o los bienes de quienes lo atacan. Piensa
desenmascararlos. Un incentivo más para sus lectores.
Angel Palomino
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