Ideología y
política*
Yendo
en Florencia por la orilla izquierda del Arno, se ve un
jardín antiguo que asoma la generosidad de sus ramas
sobre un muro silencioso. Dándole la vuelta al jardín,
sorprende un palacio que tiene la suprema elegancia del
pudor, pues esconde sus riquezas, se esconde él mismo.
Al fondo del patio noble, el escudo gentilicio, obra de
Lucas della Robbia, con la mitad de sus armas laminadas.
Todo buen conocedor de la historia florentina lee en ese
escudo mucha historia. En fin, esa orilla del río se
llama Lugarno Serrestori. El Palacio le ha dado nombre. Y
los cuarteles desfigurados de ese escudo son los de los
Pazzi, que tras la famosa conjura, fueron por los Medicis
condenados a esa afrenta.
Algunas veces, en tiempos de la vieja condesa Adela
Serrestori, me hospedaron en ese palacio, en el cuarto
que había tenido José Bonaparte. Ahora, ocurrió algo
mejor. Los propietarios de ese palacio, los actuales
condes de Serrestori, me convidaron a una de sus casas
«de campagna» en ¡San Michele in Percusina! ¿Dice
algo este nombre? Bueno, pues ya diré.
Hay allí un palacete dieciochesco como una sonata. Pero
dentro de la misma «villa», a espaldas del palacete,
una casa medio señorial, medio de labranza -casi diría
un «pazo»-, una casa antigua, sin énfasis,
señorialmente rústica: la de Nicolás Maquiavelo. Era
aquélla a donde, cuando perdía el poder, se retiraban a
jugar con los mozos de la aldea y luego, a la noche,
revistiéndose de sus ropas áulicas y curiales, a
comentar las Décadas de Tito Livio. Ahí tuvieron la
gentileza de hospedarme en el propio cuarto donde se
conserva la cama del autor de El Príncipe.
Yo no había leído el Crepúsculo de las ideologías, de
Gonzalo Fernández de la Mora. Cuando hace semanas lo
recibí, en el mismo momento de abrirlo, un hispanista me
lo pidió prestado, llevándoselo a Calabria y tardando
mucho en reintegrármelo. Como me lo devolvió al partir
yo para Florencia, me lo llevé a fin de leerlo en el
tren. Y no lo leí durante el viaje, sino en San Michele
in Percusina, o sea, en la propia casa de Maquiavelo,
frente a las viñas de Chianti. Y allí se me presentó
meridiana esta verdad: el libro es el único capítulo
que desde hace mucho tiempo se le ha añadido al
Príncipe.
La esencia de Maquiavelo es ésta: la política es una
obra de arte, una técnica. Y la esencia de El
crepúsculo de las ideologías es que la política es
arte puro, porque es, y debe ser, técnica purísima.
Maquiavelo desprendió a la política de la moral, que
era en lo que, erróneamente, la hacía consistir
Aristóteles. Ahora, Fernández de la Mora la desprende
de las ideologías a las que, erróneamente, se la estaba
vinculando desde la Enciclopedia.
Eugenio Montes
Texto
fechado en Roma, 25 de Julio de 1965, Festividad de
Santiago
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