Razón Española, nº 112; Ideología y política

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Ideología y política

Por E. Montes

Araquistaín y su democracia orgánica indice Los inéditos de Fernández-Carvajal

Ideología y política*

Yendo en Florencia por la orilla izquierda del Arno, se ve un jardín antiguo que asoma la generosidad de sus ramas sobre un muro silencioso. Dándole la vuelta al jardín, sorprende un palacio que tiene la suprema elegancia del pudor, pues esconde sus riquezas, se esconde él mismo. Al fondo del patio noble, el escudo gentilicio, obra de Lucas della Robbia, con la mitad de sus armas laminadas. Todo buen conocedor de la historia florentina lee en ese escudo mucha historia. En fin, esa orilla del río se llama Lugarno Serrestori. El Palacio le ha dado nombre. Y los cuarteles desfigurados de ese escudo son los de los Pazzi, que tras la famosa conjura, fueron por los Medicis condenados a esa afrenta.

Algunas veces, en tiempos de la vieja condesa Adela Serrestori, me hospedaron en ese palacio, en el cuarto que había tenido José Bonaparte. Ahora, ocurrió algo mejor. Los propietarios de ese palacio, los actuales condes de Serrestori, me convidaron a una de sus casas «de campagna» en ¡San Michele in Percusina! ¿Dice algo este nombre? Bueno, pues ya diré.

Hay allí un palacete dieciochesco como una sonata. Pero dentro de la misma «villa», a espaldas del palacete, una casa medio señorial, medio de labranza -casi diría un «pazo»-, una casa antigua, sin énfasis, señorialmente rústica: la de Nicolás Maquiavelo. Era aquélla a donde, cuando perdía el poder, se retiraban a jugar con los mozos de la aldea y luego, a la noche, revistiéndose de sus ropas áulicas y curiales, a comentar las Décadas de Tito Livio. Ahí tuvieron la gentileza de hospedarme en el propio cuarto donde se conserva la cama del autor de El Príncipe.

Yo no había leído el Crepúsculo de las ideologías, de Gonzalo Fernández de la Mora. Cuando hace semanas lo recibí, en el mismo momento de abrirlo, un hispanista me lo pidió prestado, llevándoselo a Calabria y tardando mucho en reintegrármelo. Como me lo devolvió al partir yo para Florencia, me lo llevé a fin de leerlo en el tren. Y no lo leí durante el viaje, sino en San Michele in Percusina, o sea, en la propia casa de Maquiavelo, frente a las viñas de Chianti. Y allí se me presentó meridiana esta verdad: el libro es el único capítulo que desde hace mucho tiempo se le ha añadido al Príncipe.

La esencia de Maquiavelo es ésta: la política es una obra de arte, una técnica. Y la esencia de El crepúsculo de las ideologías es que la política es arte puro, porque es, y debe ser, técnica purísima. Maquiavelo desprendió a la política de la moral, que era en lo que, erróneamente, la hacía consistir Aristóteles. Ahora, Fernández de la Mora la desprende de las ideologías a las que, erróneamente, se la estaba vinculando desde la Enciclopedia.



Eugenio Montes

Texto fechado en Roma, 25 de Julio de 1965, Festividad de Santiago



 

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