LIBROS: El
escudo de Arquíloco
Aranzadi,
Juan: El escudo de Arquíloco, vol I, La sangre vasca,
ed. MT, Madrid 2001, 706 págs.
El autor es un vizcaíno nacido en 1949 que confiesa
haber sido simpatizante de Eta y del marxismo; pero que
ahora se opone a toda violencia, incluida la etarra. Es
más, niega que haya ideal alguno por el que se deba
morir; antes huir, según el verso de Arquíloco, poeta
censurado como cobarde por tantos griegos. También se
declara de vuelta de toda ideología.
En este voluminoso tomo, que es el primero de una
importante obra de millar y medio de páginas, hay muy
diversos y escasamente conexos materiales. Es, en parte,
una glosa de otro libro anterior de Aranzadi, Milenarismo
vasco (2000), muy discutido. Es también una
justificación política del autor, salpicada de
confesiones autobiográficas. Es, además, una breve
historia crítica de la etnología vasquista, y una
crítica del terror etarra. Y es, en fin, una toma de
posición ante el mundo de la segunda postguerra mundial
y ante la España actual. Todo ello exornado de glosas,
excursos y numerosas citas de muy varia lección.
Lo dominante en estas páginas no es lo erudito y
académico, sino lo subjetivo y político. En esta
coyuntura vasca, que se ha denominado «dictadura del
miedo», es meritorio que un vizcaino se enfrente con la
mitología de la sangre y del populismo autóctonos. Y es
también meritorio que cuando los medios de comunicación
han declarado tabú a la monarquía, un escritor se
atreva a opinar libremente sobre la institución y las
personas reales. Por ejemplo: «Hay una gigantesca
mixtificación histórica que presenta como generosa,
abnegada y sabia lucha por la democracia lo que no era
sino la múltiple estrategia de los Borbones para
recuperar el trono, y su maquiavélica disposición a
aliarse con el diablo para ello» (pág. 544). «Hay
quien piensa que la monarquía, mejor dicho, este rey ha
sido muy útil para consolidar la democracia; lo
indudable es que el rey es superfluo, un lujo simbólico
mucho más caro que los totem habituales» (pág. 550).
Finalmente, el autor cree que, como en Italia y Grecia,
el rey «amenaza con arrastrar la corona en su caída»
(pág. 613).
Este volumen, muy personal y polémico, es, además, muy
heterogéneo y asistemático. Hay que acumular no pocas
energías para afrontarlo.
J. L. Núñez
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