LIBROS: Sobre la
realidad
Zubiri,
Xavier: Sobre la realidad, ed. Alianza, Madrid, 2001, 286
págs.
Desde el punto de vista filosófico, el siglo XX español
es muy superior a los dos anteriores porque presenta
cuatro nombres eminentes: Amor-Ruibal, D Ors, Ortega, y
Zubiri1. este último es el más abstracto y el que más
se ha concentrado en la ontologia. Dictó muchos cursos
(asistí a casi todos); pero fue bastante reacio a
publicar, y ese es el motivo de que una parte importante
de su obra impresa sea póstuma y no haya podido ser
objeto de una definitiva revisión por su autor. El libro
recién aparecido corresponde a un curso dictado a
finales de 1966. No es excepcional el caso de Zubiri pues
son muchos los grandes pensadores que dejaron inédita
una parte considerable de su producción.
El editor declara que en la transcripción revisada por
Zubiri ha suprimido expresiones aceptables en la docencia
oral, pero impropias de un texto escrito. Es un criterio
habitual y razonable que, en esta ocasión, se ha
aplicado insuficientemente. Sobran todavía numerosas
expresiones coloquiales, latiguillos, y hasta vocablos
tan impresentables eomo "impepinable"2. Pero,
en fin, esto afecta a la estética que no fue nunca
preocupación del Zubiri prosista.
El curso fue dictado tres años después de la aparición
del libro capital del filósofo Sobre la esencia (1963),
y es una justificación y desarrollo de la obra anterior
y una respuesta a algunas de las críticas formuladas por
quienes se tomaron el serio trabajo de estudiar la
teoría zubiriana de la esencia. El carácter repetitivo
y glosador de este curso es tan notorio que, en mi
opinión, Sobre la realidad no aporta nada
sustancialmente nuevo, salvo una explicación muy
abstracta, casi lógica más que ontológica, de lo que
el autor denomina orden trascendental.
En estas respuestas a sus críticos, el propósito
dominante de Zubiri es distinguir su pensamiento del
aristotélico y del escolástico, lo que logra en unos
casos y en otros no. Si bien las palabras suelen ser casi
siempre diferentes, la fecunda sombra del estagirita se
proyecta sobre todo el pensamiento occidental y muy
positiviamente sobre el zubiriano. No es un demérito,
sino una sabiduría. Ya en el siglo XVIII y
sistemáticamente en el XIX ciertos filósofos creyeron
que su misión era explicar la realidad desde cero y en
original contradicción con sus predecesores. Esta es una
de las causas del desprestigio del filosofar en un mundo
donde las ciencias crecen solidaria y acumulativamente, y
donde, por eso, el progreso es geométrico. Este es el
motivo de que muchos consideren que la filosofía es
refinado "divertimento", acrobacia de mentes
atléticas, no reducción de lo real a un sistema de
conceptos. Se les ha dado demasiados motivos para llegar
a un juicio tan negativo e injusto.
¿Qué destacar en este desarrollo de las tesis
zubirianas? En primer lugar, la insistencia en
desangelizar al hombre y presentarlo como
"inteligencia sentiente", es decir, como
vinculada a la sensibilidad. Ya dijeron los clásicos que
nada hay en la mente que, salvo ella misma, no provenga
de los sentidos. Pero Zubiri es más radical: no hay
inteligencia pura y desencarnada. Lo que he llamado el
"fisicismo''3 de Zubiri se manifiesta tambien en su
antropología. Aunque la formulación de la teoría es
sumamente abstracta, es pensada desde el hombre de carne
y hueso, no desde un supuesto espíritu puro.
En segundo lugar, el "realismo". Zubiri
protestaba de que se le definiera con etiquetas, y una de
las que le inquietaban era que se le calificara de
"realista". Pero no hay historia del
pensamiento sin filiaciones y clasificaciones. No cabe,
por ejemplo, un análisis de Aristóteles sin determinar
sus relaciones con el platonismo, ni tendría sentido
estudiar al aquinatense independientemente del
estagirita. Es realista el filósofo que cree que hay
cosas exteriores al hombre e independientes de él, que
no son sólo proyecciones de su mente. Entre estos figura
plenamente Zubiri quien, además, afirma que en toda
intelección sentiente hay "alteridad"4, es
decir, la impresión de que nuestras facultades estan
afectadas por algo exterior a ellas, el mundo real. Claro
que este realismo zubiriano no es ingenuo puesto que
nunca afirma que las intelecciones sentientes agoten la
realidad o la reflejen idénticamente. Incluso declara lo
contrario5. Zubiri nunca redactó una teoría del
conocimiento que temáticamente aclarase esta cuestión,
ni siquiera en su curso El hombre y la verdad. En el
conjunto de su obra Zubiri se manifiesta no sólo como un
filósofo realista, sino realísimo. No podía ser de
otro modo cuando se trata, como intentó Zubiri, de
reconstruir una metafísica a la altura de las ciencias
puras y aplicadas de la modernidad.
Este libro es de carácter menor, pero no innecesario ni
insignificante pues aclara puntos ambiguos de Sobre la
esencia y explicita tambien una personal interpretación
del sistema aristotélico-tomista que aclara distancias,
diferencias y aun contraposiciones.
Como en todos sus cursos, en éste el filósofo trata de
ser pedagógico, y no escasean los resúmenes, los
esquemas y las anticipadas enunciaciones de tesis. No es
un pensador oscuro, sino abstracto y técnico. Es inútil
aproximarse a él sin previa formación filosófica. Lo
mismo acontece con cualquier monografía biológica o
matemática. Zubiri escribe para filósofos, no para
aficionados; estaba en los antípodas del ensayismo
orsiano u orteguiano.
La inteligencia española, aunque lo ha estudiado6,
todavía no ha asimilado a Zubiri, ni siquiera le ha
hecho justicia esencial. La mayoría de las admiraciones
son inconsistentes y hueras. Dicho sea esto no como
acusación al filósofo, sino como acto de contricción
colectiva, como síntoma de la anemia conceptual que
padece la actual cultura española.
G. Fernández de la Mora
Notas
1 Vid., mi libro Filósofos españoles del siglo XX,
Madrid 1987.
2 Zubiri: Op. cit. pág. 63
3 El empirismo es metafísicamente
insostenible (Op. cit. págs. 169)
4 Op. cit. pág. 23
5 ¿Dónde está dicho que la esencia de las cosas
tenga que ser captable y aprehensible de una manera
exhaustiva por la mente humana (Op. cit. pág. 61).
6 Un benemérito ejemplo reciente de estudio crítico es
el de L. P. Wessell, La intelección primordial es o
protopreconcipiente o es ciega, en «Revista
agustiniana», núm. 128, mayo 2001, págs. 455-515.
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