LIBROS:
1900-2000: Historia de un esfuerzo colectivo. Cómo
España superó el pesimismo y la pobreza
Velarde
Fuertes, Juan, Coord.: 1900-2000: Historia de un esfuerzo
colectivo. Cómo España superó el pesimismo y la
pobreza. Fundación BSCH. Planeta, Madrid, 2000, 2 vols.
1.551 págs.
Estamos ante uno de los mejores trabajos sobre la
historia económica de España. El profesor Velarde ha
conseguido un libro que más parece hecho por un solo
autor que por veinte colaboradores, todos primeras
figuras. No hay posibilidad de dar una idea de su
contenido; tendré que limitarme a hacer un breve
comentario de la aportación del profesor Velarde, que
contribuye a la obra con ocho capítulos. Mis excusas a
los demás colaboradores.
El capítulo III: la Economía de laRegencia, 1885-1902,
es francamente brillante. El profesor Velarde afirma que
toda la historia económica de España hasta 1969 se
fraguó en esos años, especialmente la política
proteccionista. El estudio de Cánovas como político y
como economista es precioso. Cánovas considera que el
librecambismo arruinaría a España y que hay que montar
una defensa arancelaria.
Entre 1900 y 1936 se producen tres etapas, que analiza
con brevedad y profundidad. La revolucióin desde arriba
que preconiza don Antonio Maura; surge un movimiento de
masas, el «marxismo», de notable trascendencia, que
desaparece por la oposición del rey Alfonso XIII. Una
gran ocasióin perdida. El nacionalismo económico se
robustece en las tres fases, especialmente con el arancel
Cambó de 1922. Se junta el nacionalismo con el
intervencionismo estatal, pese a los avisos del profesor
Keynes, que consideraba esta política harto peligrosa.
El fracaso de Cambó y su «catalanismo» nos llevaron
como solución transitoria a la dictadura de don Miguel
Primo de Rivera.
Como titula el capítulo con gracia el profesor Velarde:
Una dictadura keynesiana antes de la teoría general. El
rey retira su confianza al dictador y se entra velozmente
en la catástrofe final. No comenta nada de la
extraordinaria labor económica del dictador, como
gustaba llamarse, porque el profesor Velarde es el autor
de la mejor monografía en la materia.
Así, a trancas y a barrancas, se extinguió la
Monarquía y apareció la Segunda República, nació con
sangre y murió con sangre. Fue una segunda oportunidad
perdida, pues se la recibió con entusiasmo y esperanza
por gran parte del pueblo español.
El capítulo VIII: La economía de la guerra civil es de
una asombrosa concisión y brillantez. Alfonso Escámez,
el mecenas de la obra, lo plantea en muy breves líneas,
pág. 52: «Al concluir la contienda civil, el país
había quedado prácticamente arrasado. Estábamos
totalmente descapitalizados.» Toda la prodigiosa
economía de guerra, sin divisas, sin oro, sin reservas,
sin industria; solamente a base de una voluntad férrea,
de talento y de honradez se logró ganar la guerra,
cuando el movimiento insurreccional había fracasado, lo
que ya había pronosticado varias veces el General
Franco. Imposible tratar el conjunto. Comentaré con la
máxima brevedasd dos puntos: el caso Montana y la
autarquía. Del primero publicó un artículo el profesor
Velarde en la revista «De Economía», 1968. Es la
investigación que más me ha impresionado en mi vida. La
pugna entre Alemania, empeñada en apoderarse de la
minería española, y el Generalísimo, que, bajo cuerda,
llevaba la pelea, es algo digno de ser más conocido. Ni
siquiera cuando la batalla del Ebro cedió el
Generalísimo ante las amenazas alemanas y salvó nuestra
minería. Una historia partidista arrojó un tupido velo
y casi nadie ha oído hablar del caso Montana. Creo que
el asunto Montana y la conferencia de Hendaya son dos
momentos estelares en la vida del Caudillo.
El otro punto es la tan manoseada autarquía. El
nacionalismo económico es su fase previa, vigente desde
Cánovas hasta 1959. Cualquiera sabe que la autarquía no
existe. Ni siquiera una potencia gigantesca como los
Estados Unidos puede aspirar a ella. Las ideas del
general Franco en materia militar, económica y social
eran sencillas, profundas y de una claridad meridiana. Lo
malo de la palabra es que se emplea como ataque contra el
gobierno del Generalísimo, cuando en verdad era una
forma de supervivencia y jamás el propio Franco pensó
que podría prescindir del comercio exterior. Su giro en
1959, cuando ya era posible hacerlo, lo demuestra. Con el
plan de estabilización salimos al extranjero en forma
arrolladora. Ya era el momento oportuno. confundir los
hechos con la propaganda política no es propio de buenos
historiadores. En el libro que tengo el honor de reseñar
toda esta problemática está clara.
Por último, quería terminar con otro comentario al
capítulo XVI: Hacia la creación de un nuevo mercado
laboral. El nacionalismo económico, con su
cartelización y afán de ganancia, legítima pero
exagerada, crea graves tensiones sociales. El General
Franco extiende la política social y crea un mercado de
trabajo «sui generis», en el cual las decisiones no son
empresariales ni obreras, sino gubernativas. Criticar
este mercado de trabajo y los utilísimos sindicatos
verticales, olvidando que gracias a ellos España pasó
de ser un país pobre a convertirse en una potencia
mundial, es cerrar los ojos a la realidad o es una
ignorancia supina. En 1975 surge el problema: ¿se
mantiene el mercado laboral franquista o se pasa a un
mercado libre? La situación era delicada, pues frente a
un Estado capitalista los sindicatos eran marxistas. Bajo
la presión de los sindicatos se llega a una
«solución» ecléctica, ni lo uno ni lo otro. Se
pretende mantener todas las ventajas laborales de la era
de Franco y dar libertad total al obrero. Las
consecuencias eran de esperar: subida violenta de
salarios, hundimiento del comercio exterior, indisciplina
laboral, baja de la eficiencia y un paro creciente a gran
velocidad. Menos mal que el mundo laboral entendió la
situación y frenó. Los sindicatos causantes de este
fracaso económico, que algun momento amenazó con
volvernos al tercer mundo, se hundieron en su afiliación
y perdieron prestigio. La historia sindical de no perder
ni un puesto de trabajo generó el cierre de muchas
fábricas. Los sindicatos, en vez de defender al obrero,
lo atacaron. Yo mismo he visto cerrar fábricas por esta
pretensión absurda, cuando la crisis del petróleo de
1973 golpeaba duramente la economía mundial. Muchas
fábricas hubieran podido subsistir con un descenso
laboral, acorde con el mercado, de un 25 por 100. La
intransigencia sindical no lo permitó y todos los
trabajadores de la fábrica se fueron al paro. Siempre ha
sido mas fácil criticar, incluso al hacer una modesta
reseña, que construir. Cuando los sindicatos quisieron
meterse a empresarios los fracasos fueron colosales y
costaron miles de millones de pesetas. Recuérdese la PSV
de la UGT. La narración de toda esta problemática la
aborda el profesor Velarde con claridad, llamando a cada
cosa por su nombre.
Un libro que se convertirá en un clásico.
Joaquín Rodríguez Arzúa
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