LIBROS:
Fundamentalismos enmascarados
Otero
Novas, José Manuel: Fundamentalismos enmascarados, ed.
Ariel, Barcelona, 2001, 408 págs.
El autor fue Ministro de la Presidencia con Adolfo
Suárez que pasa a las crónicas por ser el inventor del
más agarbanzado principio constituyente de la Historia
universal; "Para todos café". Fue premiado con
un ducado por este hallazgo que dió lugar al funesto
Estado de las autonomías, liquidador de la unidad
nacional. Desde que Otero Novas se retiró de la
política, ha escrito libros, y este es el tercero; no
son ni teóricos, ni históricos, sino políticos puesto
que en ellos el autor expresa sus opiniones acerca de lo
que ahora debería hacerse desde el gobierno.
En esta obra se denuncia y repudia los fundamentalismos,
entendidos como "cualquier tipo de coacción,
legítima o ilegítima, física o psicológica para
lograr la aplicación de las ideas en que se cree".
Por si hubiera alguna duda acerca de la interpretación
de su definición, el autor declara: "Yo soy
contrario a cualquier tipo de coacción". Esta tesis
produce perplejidad porque lo que distingue al Derecho de
la moral es que aquél es coactivo. Sin coacción no hay
Derecho, y es difícil imaginar una sociedad civilizada
sin él. No se puede ser contrario a la coacción
legítima sin pronunciarse por la anarquía. El punto de
partida de esta obra resulta, pues, problemático, y para
entenderla razonablemente hay que interpretarla de modo
laxo, no literal.
Lo que, a fin de cuentas, se puede aceptar de la
posición de Otero no es la condena de la coacción, sino
de la violencia ilegítima, en lo cual están de acuerdo
todos los espíritus sensatos.
Como tesis paralela al repudio de la violencia, el autor
condena los extremismos, pero no se define este concepto
tan utilizado en política como descalificación del
adversario. No cabe condenar algo tan extremado como la
certeza; tampoco la consecuencia con las propias
creencias. Se suele afirmar que, en política, lo no
extremista es el centrismo. Ahora bien ¿cuál es el
centro entre la verdad y la mentira, entre el vicio y la
virtud, entre el teísmo y el ateísmo? Cabe "partir
las diferencias" en una transacción mercantil de
regateo, no en el campo de los conocimientos científicos
que son los más nobles y propios de la especie humana.
El autor aplica el criterio, más prudencial que
"intermedio", al poder judicial (niega la
ingerencia en actos acometidos en otros países), a los
soberanos (no a la ingerencia en política interior
extranjera); al mercado (no imposición del librecambismo
a otros países); al neoliberalismo (un cierto
proteccionismo es necesario); a las empresas (la
concentración no es un bien en sí); a la libertad de
circulación (la inmigración ilimitada es imposible); a
la globalización (el europeísmo es optativo); a la
religión (lo inquisitorial es condenable); a la forma de
gobierno (democracia no es necesariamente partitocracia,
ni despotismo de las mayorías). En la mayoría de estos
análisis concretos, el autor tiene razón porque no
aplica el centrismo, sino la prudencia, el viejo
principio "De nada demasiado".
De vez en cuando, quizás preocupado por que lo motejen
de reaccionario, el autor se torna fundamentalista y
escribe: "considero que defender la democracia es
algo por lo que puede merecer la pena llegar al
sacrificio de la vida", lo que sería una especie de
guerra santa, no por Mahoma sino por Rousseau.
Lo más sólido de este libro no son los primeros
principios, sino la crítica de los excesos concretos. Es
entonces cuando el autor resulta "políticamente
incorrecto" y, consecuentemente, crítico, novador y
oportuno.
A. Maestro
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