Revisión de la economía española en
los años 40
I. INTRODUCCION
El panorama de España entre los años 1940 y 1950 que
presentan casi todos los historiadores de la economía es
desolador. Paris Eguilaz (1), el economista que más ha
estudiado este período, define la década como «una
recuperación lenta y difícil», Pedro Schwartz (2)
escribe: «de 1940 a l950 los españoles trabajaron más,
produjeron la misma cantidad física global menos
eficazmente, vivieron mucho peor, sufrieron fluctuaciones
de precios, y comerciaron mucho menos con el extranjero,
que durante la República». Carreras (3) «sitúa el
principal elemento del atraso industrial de España, bien
sea ... en el primer tercio del siglo XIX, bien sea en un
pasado mucho más reciente de lo que se suele reconocer:
del estallido de la guerra civil al final de la
autarquía. He aquí la noche de la industrialización
española». Para Julio Alcaide (4) «fueron los duros
años de la posguerra, de la reconstrucción de las zonas
devastadas, del aislamiento internacional y de la
política de autarquía económica». Prados de la
Escosura (5) escoge una frase similar a la de París
Eguilaz: «lenta recuperación económica bajo la
autarquía», en tanto que Juan Velarde (6) resume el
período como: «la larga crisis de la economía de
guerra, del aislamiento internacional y del
intervencionismo».
Sin embargo, hay numerosos indicios de que dichas
valoraciones sobre el desarrollo de la economía
española durante la década de los cuarenta pudieran ser
pesimistas. El dato más claro procede de las cifras de
bienestar físico: entre 1940 y 1950 la mortalidad
infantil (7) se redujo en un 41% y la esperanza de vida
pasó de 50 años a 62, mejoras que transforman España,
como se ve en la Tabla I-1 . Pero existen otros
indicadores, como la producción de electricidad (+91%),
el número de estudiantes universitarios (+37%) o de
bachillerato (+41%), o los teléfonos instalados (+99%),
que sin ser tan espectaculares como los anteriores son
incompatibles con una economía estancada.
A la vista de la discrepancia entre estos indicadores y
las opiniones citadas, presento una nueva estimación del
desarrollo del Producto Interior Bruto de España entre
los años 1929 y l962.
Tabla
I-1. Esperanza de vida al nacer y mortalidad
infantil en España (8)
|
| Esperanza
de vida al nacer |
Mortalidad
infantil |
| Años |
Valor al inicio
de la década (años) |
Variación en la
década (años) |
| 1900 |
34,8 |
6,9 |
| 1910 |
41,7 |
-0,5 |
| 1920 |
41,2 |
8,8 |
| 1930 |
50,0 |
0,1 |
| 1940 |
50,1 |
12 |
| 1950 |
62,1 |
7,8 |
| 1960 |
69,9 |
2,5 |
| 1970 |
72,4 |
|
|
| Valor al inicio
de la década (tanto por mil) |
Variación en la
década (%) |
| 185,9 |
-20% |
| 149,3 |
+11% |
| 165,0 |
-29% |
| 117,1 |
-7% |
| 108,7 |
-41% |
| 64,2 |
-45% |
| 35,3 |
-41% |
| 20,8 |
|
|
|
Entre los años 1929 y 1958
dicha estimación se basa en el trabajo citado de Prados,
que responde a un esfuerzo monumental del autor, pero
cuyas cifras para la década de los 40 son mejorables.
Prados necesita utilizar indicadores que abarquen desde
1958 hasta mediados del siglo XIX, y que en algunos casos
son inadecuados para épocas acerca de las cuales existe
más información. A partir de 1958, Prados ya no realiza
una estimación detallada sector a sector, sino que se
remite a los datos de la Contabilidad Nacional con
correcciones. Por ello, entre 1958 y 1960 me basaré en
los resultados de Schwartz, para realizar entre 1960 y
1962 un engarce con la serie de Prados.
En primer lugar, analizaremos las estimaciones
disponibles sobre la década de los 40; a continuación,
presentaremos las nuevas series para los sectores
agrario, secundario y de servicios; que agregaremos en
tercer lugar para presentar la nueva estimación
integrada de la serie de 1929 a 1962; finalmente daremos
una perspectiva del desarrollo de España respecto a
Europa en el siglo XX, para dar paso a la conclusión.
II. Estimaciones actuales
Las estimaciones más relevantes sobre el volumen de la
renta española en los años cuarenta se resumen en la
Tabla Il-l, ordenadas cronológicamente.
Tabla
II-1. Estimaciones de la renta española entre
1935 y 1960
|
| Años |
CEN(9) MPtas de
1953 |
Schwartz MPtas
de 1958 |
Carreras(10)
1913=1.000 |
Naredo(11) Mptas
de 1958 |
Prado 1958=100 |
Alcaide(12)
MPtas de 1986) |
| 1935 |
208.580 |
|
125,32 |
2.563.700 |
66,22 |
6.377.691 |
| 1940 |
149.176 |
291.970 |
93,34 |
2.307.300 |
57,63 |
5.309.102 |
| 1950 |
180.822 |
335.810 |
110,87 |
3.340.500 |
64,29 |
6.480.037 |
| 1960 |
321.905 |
579.780 |
|
|
98,93 |
10.479.253 |
|
En la tabla II-2 se presenta la
variación en la renta española propuesta por los
autores citados, y que se deduce de la Tabla II-l. La
fila número 2 representa el tanto por ciento de renta
perdido en la guerra, en tanto que las dos últimas filas
definen la tasa anual acumulativa de crecimiento dada por
dichos autores para las décadas de los años 40 y 50,
respectivamente.
Las disparidades que presenta la tabla II-2 son muy
importantes; la caída entre 1935 y 1940 varía desde el
28% que propone el CEN hasta el 10% de Naredo; el
crecimiento anual de la década de los años 40 varía
entre el mínimo del 1.1% obtenido por Prados y el
máximo del 3.8% propuesto por Naredo, en tanto que el
acuerdo sobre la década de los 50 es mucho mayor, siendo
Prados quien presenta nuevamente la estimación inferior,
un 4.4% anual, y el CEN quien define la tasa más alta:
el 5.9%.
Tabla
II-2. Variación de la renta española entre 1935
y 1960
|
| Años |
CEN |
Schwartz |
Carreras |
Naredo |
Prado |
Alcaide |
| 1935-40 |
-28% |
|
-26% |
-10% |
-13% |
-17% |
| 1940-50 (Tasa
anual) |
1,9 |
1,4 |
1,7 |
3,8 |
1,1 |
2,0 |
| 1950-60 (Tasa
anual) |
5,9 |
|
|
5,6 |
4,4 |
4,9 |
|
Pueden detectarse dos tendencias
en las estimaciones: las pérdidas debidas a la guerra
han decrecido claramente con el paso del tiempo, pasando
de cifras en el entomo del 27% en las primeras
estimaciones hasta cifras que rondan el 13% en las tres
últimas, y lo mismo ha sucedido con las tasas de
crecimiento de la década de los 50, que han decrecido
suavemente, desde un 5.7% en las dos primeras
estimaciones hasta el entorno del 4.7% en las dos
últimas. Para la década de los 40 no se aprecia una
tendencia definida en las estimaciones, que son
erráticas» con un valor medio de todas ellas del 2.0%,
y del 2.3% para las tres últimas.
III. Sector agrario
La estimación más detallada del crecimiento del sector
agrario en los años 40 es la realizada por Prados. Es
muy similar a las estimaciones precedentes (la del
Servicio de Estadística del Ministerio de Agricultura en
particular), ya que todas ellas se apoyan en la misma
información de base: las series de producción bruta
publicadas por el Ministerio de Agricultura y recogidas
en los Anuarios Estadísticos del INE. No es nuestro
objetivo depurar la metodología (13) utilizada por
Prados en la citada estimación, que es de alta calidad,
sino revisar las series de producción física sobre las
que se apoya. Dichas series presentan dos problemas
básicos: por una parte, la dificultad de su enlace con
las series de preguerra y, por otro, la ocultación de
producción que tuvo lugar durante los años del
racionamiento.
Analizaremos en primer lugar el volumen de ocultación de
las series. Este problema es conocido y existe un amplio
consenso, cualitativo, sobre la existencia del mismo,
aunque no sobre su amplitud. Dice Carlos Barciela (14):
«Ciertamente, esto es sobradamente conocido, los datos
estadísticos de los años 40 relativos a producciones,
superficies, rendimientos y precios de una amplia gama de
productos agrarios aparecieron en los anuarios
correspondientes fuertemente infravalorados». Dicha
infravaloración era la consecuencia natural de un
mercado regulado en el que los agricultores declaraban
únicamente una parte de su producción, y se reservaban
el resto para venderlo en el mercado libre, lo que en
aquellos años se llamaba «estraperlo».
A pesar de estar convencidos de que dicha
infravaloración existe, a la hora de realizar las
estimaciones del producto agrario en dichos años,
ningún autor corrige los datos de dichos anuarios. Con
el fin de estimar la infravaloración, nos centraremos en
la figura III-l, que presenta las cifras de Prados del
Valor Añadido Bruto (VAB en adelante) Agrario entre 1940
y 1958. El año de 1951 representa un salto cualitativo
respecto a 1950: un 26% de incremento, muy similar al que
ofrece la serie del INE que es de un 27%. Este incremento
es el resultado directo de la eliminación del
racionamiento, que se inició el 1° de abril de 1950 y
se amplió en los meses sucesivos. Según Naredo:
«cuando la política económica dio un paso importante
en la liberalización del mercado interno aboliendo el
racionamiento, la estimación del Consejo Nacional
registra un incremento insólito en la Historia de los
países, que dudamos haya tenido realidad, siendo
posiblemente el efecto de un cierto ajuste ente las
producciones reales y las recogidas en las
estadísticas».
Figura III-1. VAB Agrario en 1940-58
$$$
Por ocultación, el VAB Agrario de 1950
estaba claramente infravalorado. ¿Pero cuánto, y desde
cuándo? Barciela estima que el volumen de trigo
consumido llegó a ser el doble de lo que reflejan las
estadísticas. Aunque esta cifra no puede extenderse a
todo el sector agrario, sugiere que el volumen podría
ser claramente significativo. Si analizamos las cifras de
incremento del VAB Agrario de Prados, vemos que tras la
ligera flexión de 1941, la producción agraria crece de
modo continuado hasta la cosecha de 1944; decrece de modo
marcado con la cosecha catastrófica de 1945; y tras una
ligera recuperación en 1946-47, permanece esencialmente
estancada en los niveles de l940-41 hasta 1950. Si
comparamos esta pauta con el comportamiento de la
mortalidad infantil en estos años, que en los niveles de
consumo de los años 40 en España depende básicamente
de la alimentación, podemos ver en la Tabla III-l que
entre 1940 y 1944 dicha mortalidad baja un 14%, mientras
que entre 1944 y 1950 baja un 33%, es decir, a un ritmo
anual doble. Podemos concluir que el comportamiento del
VAB Agrario de 1940 a 1944 es razonable, en tanto que la
disminución del mismo entre 1944 y 1950 es incompatible
con el acusado descenso de la mortalidad infantil. En
consecuencia, distribuiremos el «salto» del VAB Agrario
de 1950-51 entre los años 1945 al 1950 de modo
proporcional. El resultado se muestra en la figura III-
1, que elimina la discontinuidad de los años 1950-51 y
presenta un perfil plausible.
Tabla
III-l. Mortalidad infantil y VAB agrario, 1940-58
|
| Años |
Años Incremento
del VAB Agrario (Prados) |
Variación de la
Mortalidad Infantil |
| 1940-44 |
+1 1% |
-14% |
| 1944-50 |
-13% |
-33% |
|
El segundo problema de las
series es su engarce con las series de preguerra. En este
punto no existe un claro consenso, dado que hay autores
que consideran que las series de preguerra están
sobrevaloradas, como Naredo, en tanto que otros las
consideran ajustadas a la realidad. Para nuestro
análisis nos basaremos en el VAB Agrario per capita
propuesto por Prados, que se representa en la figura
III-2.
Figura III-2. VAB Agrario de Prados per capita, 1900-75
$$$$$$
En mi opinión, el índice de VAB Agrario per capita
propuesto por Prados no es incompatible con la
información de contexto disponible:
a) De acuerdo con el índice agrario de Prados, la
producción agrícola per capita posterior a la guerra no
habría alcanzado el nivel de los mejores años de
preguerra (1909, 1927, 1929, 1932) hasta las cosechas
excepcionales de 1962-63, tras lo que volvería a caer
por debajo del nivel de preguerra, que no superaría de
modo continuo hasta 1971, es decir, 60 años después de
1909 y casi 40 años después de 1932. Sin embargo, el
nivel de desarrollo agrícola de l962 y no digamos de
1971 es incomparable con el de cualquier año de
preguerra. Por ejemplo, el volumen de utilización de
abonos nitrogenados de 1962 multiplica el de 1935 por 3,
y el de 1971 lo multiplica por 6. Cualquier otro índice
de contexto que se utilizara, como el de mecanización
agraria o el volumen de regadíos arrojaría resultados
similares (15).
b) La balanza comercial agraria en los años 60 fue
positiva, es decir, exportábamos más de lo que
importábamos. En consecuencia, la producción superaba
el consumo, y si el consumo en 1970 fuera superior al de
los años 30, sería una señal clara de que la
producción era asimismo superior. Los datos de consumo
alimenticio de los años 60 y 70 no admiten comparación
con los de los años 30, por no hablar de la diferencia
que los separa de la alimentación en 1909. Podemos citar
como ejemplo el descenso en el consumo de pan, que entre
1952 (primer año en que la encuesta de consumo está
disponible) y 1970 (año en que de acuerdo con el índice
de Prados la producción agraria por persona era inferior
a la de 1932) desciende de 122 kg por año y por
habitante a 76.2 kg, es decir, una caída de 46 kg en 18
años. Por el contrario, el consumo de pan en 1935 fue de
140 kg por capita y año, es decir, casi el doble que en
1970, como se refleja en la figura III-3, y la velocidad
de descenso de su consumo fue de tan solo 8 kg en los
mismos 18 años (de 1917 a 1935). Dado que el pan es un
bien «inferior», una disminución en su consumo
significa que fue substituido por otros alimentos de
mayor calidad, como verdura, carne, etc. Hay que concluir
que el consumo alimenticio per capita en 1960 y 1970 fue
muy superior, en valor económico, al de los años 30 y
en consecuencia, la producción por habitante tuvo que
ser asimismo superior.
Figura III-3. Consumo de harina por habitante en España,
1900-1970 (16)
$$$$
c) Prados presenta datos que ponen de relieve una mejora
cualitativa en la producción agrícola en el periodo
posterior a la guerra, dado que la proporción de la
producción animal respecto a la vegetal aumenta de modo
claro: la parte de producción animal respecto al total
de la producción agraria pasa del 28,8% en 1929/33 al
31,6% en 1950 y al 37.7% en 1960/64 (mejora del 31%).
Este aumento de la proporción de la producción animal
implica que la dieta promedio de la población mejoró,
lo que no es posible sin una mejora de la producción per
capita (al ser la balanza agraria positiva).
Por ello, tanto desde la vertiente del consumo como desde
la vertiente de los datos de contexto de la producción,
podemos concluir que la producción agrícola per capita
en los años 1960 y 1970 fue claramente superior a la de
los años 30, contrariamente a lo que señalan el índice
de Prados y las series de producción fisica. ¿Pero
desde cuándo y en qué volumen? Para contestar a esta
pregunta, tenemos los datos siguientes: 1) Sabemos por
Prados que ya en 1950 la proporción de producción
animal superaba el valor de 1929/33, 2) Sabemos
igualmente, por la figura III-2, que el consumo de pan en
1952 era no solo inferior al de 1935, sino que la
velocidad de descenso de dicho consumo era muy superior a
la de los años de preguerra 3) El año de 1952 fue el
primero del siglo XX en que la exportación de trigo
superó a la importación, señal clara de que el
descenso en el consumo de pan no se debía a dificultades
de suministro sino a falta de demanda por saturación.
Podemos deducir que la producción agraria por persona en
1952 era como mínimo igual a la de preguerra, y muy
probablemente dicha equiparación tuvo lugar bastante
antes, dada la velocidad de descenso en el consumo de pan
que se registra ya en 1952.
En consecuencia, deducimos que las series de producción
física agrarias previas y posteriores a la Guerra no
están correctamente engarzadas, bien siendo los valores
oficiales anteriores a 1935 superiores a los reales, bien
los de los años 1950 inferiores. Dado que la encuesta de
consumo en los años 50 coincide muy sustancialmente con
los datos de consumo calculados a partir de las series de
producción, concluimos que las series anteriores a 1935
deben modificarse a la baja, de modo que la media del VAB
Agrario per capita de los años 1950-60 coincida con el
VAB Agrario per capita del año más alto de la
República, que es 1932. Esta corrección es la más
ligera posible compatible con la coherencia de los datos
de contexto, y equivale a disminuir el VAB Agrario de
1935 en un 6,8%. Según esta hipótesis, la produccion
agraria promedio de los años 1940-45 fue un 4% inferior
a la de los años 1934-35, en tanto que la de los años
1945-50 fue un 6% superior. ¿Son razonables estas
cifras? Para obtener una respuesta, vamos a analizar tres
argumentos que se presentan con frecuencia como pruebas
del bajo nivel de producción agraria de la España de
los 40: el consumo de abonos químicos, las importaciones
de trigo de la Argentina en los años 1947-48, y el
mantenimiento del racionamiento hasta 1951.
La utilización de abonos químicos, que es un buen
indicio del nivel de desarrollo de la agricultura, se
presenta en la tabla III-2. El nivel de utilización de
abonos del año 1935 se aIcanza entre los años 1945 y
1950, sin que las estadísticas ofrezcan datos para los
años intermedios, y siendo el nivel de 1950 un 38%
superior al de 1935. Una interpolación lineal sugiere
que el nivel de abonado químico de 1935 se alcanzó en
1947-48. Teniendo en cuenta que en los años 40 el
volumen de mano de obra agrícola fue superior al de la
década de los 30, lo que podría compensar un menor
aporte de abonos hasta el entorno de 1947-48, podemos
concluir que es verosímil que la producción agraria en
los años 1945-50 fuera un 6% superior a la de la
República, como resulta del nuevo índice.
Tabla
III-2. Utilización de abonos, años 1935-55 (17)
|
| Años |
Abonos
nitrogenados (Tm) |
Nitrógeno
equivalente (Tm) |
Abonos
fosfóricos (Tm) |
Fósforo (P2O5)
equivalente (Tm) |
Potasio (K2O)
equivalente (Tm) |
l Abono total
(Tm) |
| 1935 |
632.246 |
101.1591 |
607.924 |
109.426 |
|
210.585 |
| 1945 |
|
11.373 |
81.203 |
30.719 |
123 295 |
|
| 1950 |
|
86.931 |
|
151.558 |
52.268 |
290.757 |
| 1955 |
|
178.826 |
|
224.073 |
54.607 |
457.506 |
|
La importación de trigo
argentino en los años 1947-48 fue percibida en su
momento como una salvación de la escasez que se
avecinaba, y parece por lo tanto incompatible con una
producción agraria por habitante similar (un 1% inferior
de acuerdo con el nuevo índice) al quinquenio
republicano. Sin embargo, los datos oficiales reflejan
que la importación de trigo en los dos años referidos
fue de tan sólo un 10% de la producción (18),
proporción que podemos reducir a un valor real del 7%
(ocultación de un 40% de la produccion). Este volumen de
importación es similar a la desviación típica en el
consumo de harina durante el quinquenio de la República
(6%), y equivale a las oscilaciones naturales de las
cosechas de la época, con efectos prácticos reducidos.
El Protocolo Franco-Perón tuvo relevancia desde un punto
de vista psicológico, pero apenas desde la perspectiva
del abastecimiento alimenticio.
En cuanto al racionamiento, ¿por qué se creó éste y
se mantuvo hasta 1951 si la producción agraria por
persona fue similar a la de la República desde mediados
de los años 40? La respuesta es que la producción
promedio por habitante del primer quinquenio de los 40
fue un 9% inferior a la de 1931-35, lo que explica la
relativa escasez de aquellos años y la necesidad de
acudir a medidas excepcionales como el racionamiento para
proteger a la población económicamente menos
favorecida. Que los poderes públicos fueran reacios a
levantar el racionamiento no puede sorprender cuando las
estadísticas oficiales señalaban en 1950 una
producción agrícola por habitante un 39% inferior a la
de 1932 (19), ya que si dichas cifras hubieran sido
correctas la desaparicion de la cartilla hubiera
significado una verdadera catástrofe. Precisamente la
mejor prueba de que las series de producción física
agraria previas a 1951 no son fiables es que la
supresión del racionamiento no provocó el
desabastecimiento que hubiera sido inevitable si dichas
cifras hubieran sido fidedignas.
El nuevo índice de producción agraria propuesto indica
que el VAB agrario aumentó un 21% entre 1940 y 1950, en
tanto que Prados propone un aumento nulo en dicha
década. Si lo comparamos con el crecimiento de la
población activa en el sector, que fue del 12%,
obtenemos un aumento de la productividad del 0.8% anual,
dato muy modesto al partirse de productividades muy bajas
en 1940, pero que entra dentro de lo posible.
En resumen, el nuevo índice proporciona un nivel de
verosimilitud mayor que las series preexistentes y, pese
a la dificultad de conseguir datos fiables en el sector
agrario, proporciona una imagen cualitativamente fiel del
desarrollo del mismo entre los años 1929 y 1958.
IV. Sector industrial y construcción
Prados elabora un índice agregado del sector industrial
y de la construcción, en el que nos basaremos
introduciendo algunos cambios. El índice del sector
industrial de Prados es notablemente más completo que
las estimaciones precedentes, entre las que destaca la de
Carreras, en su obra citada. A pesar de esta superior
elaboración, el índice de Prados muestra un incremento
del VAB Industrial de tan solo un 24% entre 1940 y 1950,
y permanece en este último año todavía un 12% por
debajo del máximo de preguerra. Estas cifras no son
compatibles con otros datos disponibles, como el aumento
de la población activa industrial o el propio
crecimiento de las series más contrastadas de
producción física.
La población activa industrial crece un 35% (20) entre
1940 y 1950, y por lo tanto, si ambos datos fueran
correctos, tendríamos que aceptar una disminución de la
productividad de la mano de obra industrial del 9% en la
década, dato dudoso si tenemos en cuenta que la
productividad en 1940 fue a su vez muy baja, un 20%
inferior a la del año 1930, y es dificil pensar que
pudiera seguir descendiendo una vez restablecida la paz.
¿A qué se debe que los datos de Prados para el
desarrollo industrial de la década de los 40 sean los
más bajos publicados, al mismo nivel que los de
Schwartz, realizados con una metodología mucho más
sencilla? Los motivos principales son los siguientes: l)
El peso del subsector eléctrico respecto a la totalidad
del sector industrial es el más bajo considerado hasta
la fecha, del orden de la mitad que el utilizado por
Carreras (10.71%), lo cual es muy relevante porque la
industria eléctrica tuvo un enorme desarrollo en
aquellos años; 2) Prados utiliza los pesos del VAB
Industrial de 1958 para ponderar los subsectores
industriales durante la década de los 40, lo que tiende
a subestimar el crecimiento.
A continuación se propone cómo resolver estos sesgos.
En primer lugar, Prados estima el peso del sector
eléctrico en base a las tablas input-output de 1958, lo
cual es razonable para 1958, pero no para 1929 y los
años intermedios. En este aspecto las estimaciones de
Carreras son más verosímiles, ya que da un peso a dicho
subsector del 10.26% en 1929, mucho más ajustado a la
realidad, lo que aconseja utilizar las series de Carreras
entre 1929 y 1958 en lugar de las de Prados. Para los
años 1936-39 utilizaré los datos de Prados, dado que
Carreras no los incorpora. En segundo lugar, no parece
óptimo ponderar la industria de 1940 con los pesos de
1958, cuando tanto el volumen como la estructura
industrial de la España de 1940 estaban mucho más
próximos a los de 1929 que a los de 1958. A pesar de
esta mayor cercanía entre 1940 y 1929, utilizaré un
índice neutral, en este caso la media geométrica de los
índices con base 1929 y 1958 de Carreras (denominados
IPIES29 e IPIES58) para el período 1929-1958.
Los resultados se presentan en la tabla IV-l, y arrojan
un incremento del VAB Industrial del 34% entre 1940 y
1950, lo que corresponde a una mejora nula de la
productividad del factor trabajo en la década, muy baja
pero no inverosímil. El nivel de 1950 equivale a un
incremento del 3% respecto al año más alto de
preguerra, que es 1930, lo cual parece escaso a la vista
de la evolución de los principales índices, pero entra
dentro de !o posible.
Tabla
IV-1. Crecimiento del VAB Industrial en España,
1900-1958
|
| Años |
Prados |
Nuevo Indice |
| 1920-30 |
54% |
57% |
| 1930-35 |
-11% |
-10% |
| 1935-40 |
-22% |
-14% |
| 1940-50 |
27% |
34% |
| 1950-58 |
84% |
94% |
|
El índice del sector de la
construcción que propone Prados se basa en la
agregación de tres subíndices, el más relevante de los
cuales, que corresponde a la construcción residcncial,
sc elabora teniendo en cuenta la variación en el número
de viviendas entrc años censales. Los datos entre años
censales se obtienen por interpolación entre los años
extremos a crecimiento constante. Este índice no parece
apropiado para un periodo inmediatamente anterior o
posterior a una guerra, ya que tanto la destrucción como
la restauración de viviendas no aparecen recogidas en el
mismo. Por consiguiente se propone la elaboración de un
nuevo índice entre 1929 y 1950 del subsector de
construcción residencial, basado en el consumo de
cemento: Para ello ajustamos el consumo de cemento con el
índice de Prados entre 1950 y 1958, cuando las
reconstrucciones debidas a la guerra se estiman
finalizadas, y dicho ajuste se extrapola hacia atrás
hasta 1929 (21). A partir de 1950 utilizo el índice de
construcción residencial de Prados. El resultado
obtenido se integra con los Indices de los restantes
subsectores de acuerdo con los datos de Prados, y los
crecimientos del nuevo índice de la construcción se
presentan en la tabla IV-2. El nuevo índice muestra una
caída de la actividad más ligera tanto en los años de
la República como durante la guerra, así como una
recuperación más suave durante los años 40. Asimismo,
el crecimiento del nuevo índice entre 1940 y 1950 es tan
solo del 16%, lo que parece bajo para un periodo de
reconstrucción.
Tabla
IV-2. Crecimiento del sector de la construcción,
1920-58
|
| Años |
Prados |
Nuevo Indice |
| 1920-30 |
137% |
156% |
| 1930-35 |
-32% |
-11% |
| 1935-40 |
-26% |
0% |
| 1940-50 |
39% |
16% |
| 1950-58 |
91% |
91% |
|
Lo más destacable del nuevo
índice es que la actividad del sector de la
construcción en 1940 era ya igual a la del año 1935, o
lo que es lo mismo, la recuperación del nivel de
preguerra es inmediata. Este cálculo es, en mi opinión,
más bien pesimista, ya que el consumo de cemento en 1940
fue un 17% superior al de 1935 y, por lo tanto, es
probable que la actividad en 1940 fuera claramente
superior a la de 1935.
V. Sector servicios
La nueva estimación del sector servicios se basa, como
los índices anteriores, en la obra citada de Prados,
quien divide el sector servicios en 8 subsectores, que
son: educación y sanidad, Administración Pública,
comercio, alquiler de viviendas, banca y seguros,
transporte y comunicaciones, profesiones liberales y
servicio doméstico. Considero correctas, y por lo tanto
utilizo sin modificación, las series de alquiler de
viviendas y banca y seguros, así como la ponderación
calculada por Prados para cada uno de los subsectores.
Los cambios introducidos son los siguientes:
1. Para la generación de las series entre los años base
de 1929 y 1958, se utilizarán las medias geométricas de
los índices basados en las ponderaciones de los años
extremos, es decir, la media geométrica de los índices
con pesos de 1958 y 1929 para los años 1929-58.
2. Prados calcula la serie de educación y sanidad
tomando como base los gastos de educación primaria de la
Administración publicados por Comín (22) deflactados
por un indice de precios al por mayor, al que da peso 1,
el número de estudiantes de bachillerato, al que da peso
2, y el número de estudiantes universitarios, al que da
peso 3. Lo más adecuado sería substituir el estimador
de enseñanza primaria por el número de alumnos de
primaria, pero Prados prefiere no hacerlo debido a la
inconsistencia de dicha serie, lo que es correcto. Sin
embargo, es preferible seleccionar otro indicador de la
enseñanza primaria que no requiera la utilización de
deflactores, dado que, como señala Naredo es bien
conocido que los sueldos de los funcionarios, que
componen la mayor parte de la rúbrica de los gastos de
enseñanza, crecieron mucho menos que la inflación
durante la década de los 40. En consecuencia, he
construido una nueva serie, utilizando como indicador del
número de alumnos de primaria el número de maestros (23),
que es un dato fiable. A dicho estimador de alumnos en
ensenanza primaria sumamos los alumnos de Bachillerato
con peso 2, y los alumnos universitarios con peso 4. El
nuevo índice muestra un crecimiento del 17% entre 1940 y
1950 y del 34% entre 1950 y 1958, más verosímil que el
de Prados, que presenta un crecimiento del 4% entre 1940
y 1950 (recordemos que el número de estudiantes de
bachillerato aumentó en un 41%, y el de universitarios
en un 37%), y de un 135% entre 1950 y 1958, que
probablemente no fue tan elevado.
3. Para la serie de Administración Pública, Prados
utiliza los datos de gastos de personal de las
Administraciones Públicas dados por Comín, deflactados
por un índice de precios al consumo. Este cálculo
adolece de la misma carencia señalada en el caso de la
serie de enseñanza, a saber, que los sueldos de los
funcionarios no tienen por qué crecer de modo armónico
con la inflación y, de hecho, es muy probable que
crecieran mucho menos en la década de los 40 que los
precios. En consecuencia, procede elaborar un índice que
no dependa, en la medida de lo posible, de los datos de
gastos corrientes. Para el periodo 1920-1940, dado que
existen datos censales del número de funcionarios, asumo
la hipótesis de que los gastos corrientes de las
Administraciones son función lineal del número de
funcionarios, interpolando a crecimiento constante entre
los años censales. El fuerte crecimiento en el número
de militares entre el Censo de 1930 y el de 1940 se
distribuye linealmente entre 1936 y 1939, aproximación
que no toma en consideración la Ley Azaña. Para la
década de los 40, es necesario utilizar los datos de
gastos corrientes, al no existir otro indicador, y por lo
tanto debemos seleccionar un índice de inflación.
Naredo propone utilizar un deflactor de 2.0 entre los
años 40 y 50 para los sueldos de los funcionarios, en
tanto que Prados utiliza un valor de 2.83. Los datos
disponibles no permiten hacer un cálculo preciso de este
deflactor, pero las dos estimaciones que he realizado
indican que el valor real es muy similar a la cifra de
Naredo: si dividimos los gastos en enseñanza primaria
dados por Comín entre 1940 y 1950 por el número de
maestros (24), el deflactor obtenido es de 2.28; y si
dividimos los gastos de la Guardia Civil y de la
Policía, asimismo de Comín, entre el número de dichos
funcionarios (obtenido en los Censos), el deflactor es de
1.83. Dado que el valor del deflactor obtenido a través
del sueldo de los maestros está disponible para todos
los años ente 1940 y 1950, en tanto que el deflactor de
las fuerzas de seguridad sólo existe para los años
censales, he preferido utilizar el primero para los años
1940-50, pero corrigiéndolo de forma que el deflactor
total de la década sea la semisuma de ambos, es decir,
2.05. Para los años 1950-58 he utilizado la serie de
Prados, ya que a partir de 1952 los salarios de los
funcionarios siguen aproximadamente el índice de
inflación, de acuerdo con Naredo. Los crecimientos que
señala el nuevo índice aparecen en la Tabla V-l
adjunta, y puede observarse que la mayor discrepancia con
Prados aparece en los años 1930-40; Prados estima que
casi todo el crecimiento del gasto tuvo lugar durante la
República, en tanto que el nuevo índice refleja que el
aumento del gasto público tuvo lugar fundamentalmente
durante la guerra, como consecuencia del crecimiento de
los efectivos militares. También existe una discrepancia
durante la década de los 40, en que el nuevo índice
muestra un comportamiento estable (aumento del 3%), en
tanto que Prados propone una disminución del 24%.
Tabla
V-l. Crecimiento del gasto corriente de las
Administraciones Públicas
|
| Años |
Prados |
Nuevo Indice |
| 1930-35 |
46% |
2% |
| 1935-40 |
14% |
48% |
| 1940-50 |
-24% |
3% |
| 1950-58 |
90% |
86% |
|
4. El índice de comercio utilizado por Prados es una
suma ponderada y filtrada de los valores del producto
bruto industrial, agrario y de la importación de bienes.
He mantenido dicho índice, utilizando los nuevos valores
obtenidos para la producción agraria e industrial. Los
valores de importaciones proceden de Tena (25).
5. Para el índice de transporte y comunicaciones utilizo
la serie completa de Prados, con la excepción del
índice de transporte terrestre entre 1940 y 1950. Entre
1911 v 1950 Prados crea un índice que es la media
geométrica del stock de vehículos y de la longitud de
carreteras. En mi opinión este índice es poco adecuado
para los años 40, ya que en dichos años el transporte
se vio muy limitado por la disponibilidad de combustible,
que fue un factor mucho más significativo que la
longitud de carreteras. En consecuencia, entre 1940 y
1950 he sustituido el índice de transporte terrestre de
Prados por un índice que refleja el consumo de
combustible por carretera (26). En la tabla IV-l se
muestra el comportamiento de este índice v se compara
con el de Prados.
Tabla
V-l. Índice de transporte por carretera
1940-1950
|
| Años |
Indice Prado |
Nuevo Indice |
| 1940 |
50,85 |
22,94 |
| 1941 |
46,22 |
16,81 |
| 1942 |
43,47 |
6,40 |
| 1943 |
42,58 |
12,75 |
| 1944 |
41,57 |
9,92 |
| 1945 |
39,41 |
13,84 |
| 1946 |
36,53 |
21,75 |
| 1947 |
33,69 |
33,05 |
| 1948 |
32,69 |
25,13 |
| 1949 |
34,63 |
34,61 |
| 1950 |
35 82 |
35,82 |
|
El nuevo índice muestra una
caída entre los años 1941 y 45, en consonancia con los
problemas de abastecimiento generados por la Guerra
Mundial, y un incremento del 56% ente 1940 y 1950, valor
elevado pero posible al desaparecer las restricciones de
abastecimiento, en tanto que el índice de Prados señala
una caída del 30% entre ambos años, dato incompatible
con un incremento del 49% en el consumo de combustible.
El índice completo de transporte y comunicaciones se
reconstruye en base a los datos de Prados, incluyendo en
los mismos el nuevo índice de transporte terrestre.
6. Tanto para el índice de las profesiones liberales
como para el del servicio doméstico, Prados se apoya en
las series censales disponibles del número de personas
en dichos sectores, e interpola entre años censales a
crecimiento constante. Mi nuevo índice es
conceptualmente idéntico al de Prados, pero los
resultados obtenidos son distintos, ya que Prados realiza
algunas extrapolaciones en la década de los años 30 que
no he seguido.
El nuevo índice desarrollado para el sector servicios
completo se muestra en la figura V-2, junto al índice de
Prados. Las diferencias principales son las siguientes:
1) El nuevo índice muestra un incremento nulo ente los
años 1929 y 1935, en tanto que Prados, tras un ligero
estancamiento entre 1929 y 1931 muestra entre l931 y l935
un crecimiento similar al de los años l921-1929. 2) La
caída debida a la guerra es mucho más suave en el nuevo
índice, en gran parte porque considera el aumento de
gasto corriente del Estado, que Prados no incorpora. 3)
El comportamiento entre 1938 y l945 es similar. 4) Entre
1945 y 1955 los índices difieren considerablemente, con
el nuevo índice mostrando una pauta de crecimiento
regular, en tanto que Prados propone un ligero descenso
entre 1945 y 1950, y un fuerte crecimiento entre 1950 y
1955 .
El nuevo índice muestra que el nivel absoluto máximo de
preguerra se alcanza ya en 1942 como, por otra parte,
señalan casi todos los indicadores, desde el número de
estudiantes a la actividad bancaria pasando por el
número de profesionales liberales o de funcionarios, en
tanto que Prados retrasa dicha equiparación hasta el
año 1945, en que la actividad bancaria era ya un 76%
superior a la de 1935. Como verificación adicional, la
población del sector servicios aumentó un 29% entre
1935 y 1950 (Naredo), a comparar con el aumento del 27%
del nuevo índice, lo que implica un crecimiento de la
productividad del sector prácticamente nula, y es
verosímil.
VI. Producto Interior Bruto
El Producto Interior Bruto entre 1929 y 1958 se obtiene a
partir de la agregación de los índices anteriores, que
representan la evolución de los diversos sectores
económicos Para realizar la agregación, Prados pondera
los tres sectores analizados (agrario y pesquero,
industrial y construcción, y servicios) con los pesos
que tienen en la Contabilidad Nacional de 1958. Como en
ocasiones anteriores, para el nuevo índice hubiera sido
deseable utilizar la media geométrica de las series
ponderadas con los pesos de cada sector en 1958 y 1929,
pero en este caso no dispongo de estimación para el año
1929, y por lo tanto seguiré a Prados utilizando los
pesos de 1958.
Para los años 1958-62, no he podido realizar un estudio
desglosado sector a sector como entre 1929 y 1958, ya que
Prados únicamente extiende su análisis hasta 1958, como
ya he señalado. Sin embargo, según las cifras de
crecimiento oficial del PIB en 101 años, para 1959 y
1960 están claramente subestimadas, en palabras de
Schwartz: «Mi estimación ... no muestra una caída
absoluta del PIB en 1959-1960. ... No sé cómo llegaron
los estadísticos del Consejo Nacional de Economía y del
Instituto Nacional de Estadística a descubrir una caída
absoluta del producto, pero tal caída no aparece en las
cifras de base». En efecto, la estimación oficial del
crecimiento del PIB (27) entre 1958 y 1959 muestra un
descenso de 11.836 Mptas de 1958 (-2.1%), que casi en su
totalidad proceden del subsector comercio, que baja
11.140 Mptas, un 18%. Este brutal descenso del comercio
es dificil de entender, dado que tanto el sector primario
como el industrial y las importaciones aumentaron en
dicho año y, como es lógico, tuvieron que
comercializarse, salvo que queramos admitir un aumento
considerable de stocks que nada parece sugerir. La
subestimación oficial del crecimiento en los años
1959-60 se confirma por la cifra de crecimiento del PIB
en el bienio 1960-62, que fue del 22%, la más alta de la
Historia de España, y que en mi opinión incorpora parte
del crecimiento subestimado en los años 1959-60. Por lo
tanto, tomaremos como crecimiento de los años 1959 y
1960 la estimación de Schwartz (3.9% en 1959 y 3.2% en
1960), que se apoya en la evolución de las series de
producción física, y restaremos de los crecimientos del
bienio 1961-62 una cifra equivalente, de modo que el PIB
de 1962 coincida con la serie dc Prados.
La evolución del Producto Interior Bruto estimado entre
1929 y 1962 se muestra en la tabla VI-l, donde aparecen
los índices sectoriales del sector primario (agricultura
y pesca), del sector secundario (industria y
construcción), y sector servicios, junto con el PIB al
coste de los factores, todos ellos con índice 100 en
1958. En la figura VI-l se representan conjuntamente las
estimaciones de Prados y del Nuevo Indice sobre la
evolución del PIB entre 1929 y 1962, para permitir una
comparación detallada. En la tabla VI-2 aparece la nueva
estimación en perspectiva con las precedentes, ya
analizadas en nuestro apartado II. En la segunda línea
se presenta la caída de producción debida a la guerra,
y en las dos líneas últimas aparece el crecimiento
anual en cada una de las décadas de los años 40 y 50.
Tabla
VI-1. Nuevo índice entre 1929 y 1962, base
100=1958
|
| Año |
|
AGR |
IND |
SERV |
PIB |
| 1929 |
|
80,59 |
48,27 |
52,04 |
57,34 |
| 1930 |
|
70,78 |
50,00 |
51,61 |
55,50 |
| 1931 |
|
76,17 |
44,90 |
50,70 |
54,55 |
| 1932 |
|
83,52 |
43,67 |
50,60 |
55,78 |
| 1933 |
|
75,76 |
43,10 |
52,51 |
54,54 |
| 1934 |
|
83,71 |
43,74 |
53,50 |
57,02 |
| 1935 |
|
82,66 |
44,95 |
52,04 |
56,62 |
| 1936 |
|
62,99 |
34,46 |
50,72 |
47,73 |
| 1937 |
|
66,19 |
29,43 |
47,90 |
45,51 |
| 1938 |
|
62,40 |
32,34 |
49,18 |
46,20 |
| 1939 |
|
70,38 |
35,43 |
51,56 |
50,14 |
| 1940 |
|
79,00 |
39,47 |
53,19 |
54,26 |
| 1941 |
|
76,32 |
34,18 |
53,24 |
53,18 |
| 1942 |
|
78,85 |
40,62 |
55,88 |
55,74 |
| 1943 |
|
82,53 |
41,21 |
58,09 |
57,71 |
| 1944 |
|
88,77 |
43,81 |
57,32 |
59,78 |
| 1945 |
|
74,77 |
41,99 |
60,16 |
57,02 |
|
|
|
| Año |
|
AGR |
IND |
SERV |
PIB |
| 1946 |
|
88,04 |
46,31 |
61,73 |
62,31 |
| 1947 |
|
90,95 |
46,72 |
65,39 |
64,62 |
| 1948 |
|
88,66 |
48,45 |
64,29 |
64,26 |
| 1949 |
|
92,21 |
46,89 |
66,95 |
65,61 |
| 1950 |
|
95,68 |
51,69 |
67,60 |
68,42 |
| 1951 |
|
99,49 |
54,47 |
70,46 |
71,47 |
| 1952 |
|
99,03 |
64,69 |
74,85 |
76,83 |
| 1953 |
|
93,66 |
65,50 |
78,31 |
77,28 |
| 1954 |
|
98,46 |
70,55 |
81,20 |
81,39 |
| 1955 |
|
95,87 |
77,13 |
83,77 |
84,20 |
| 1956 |
|
94,14 |
84,06 |
91,27 |
89,34 |
| 1957 |
|
101,40 |
91,20 |
96,09 |
95,57 |
| 1958 |
|
100,00 |
100,00 |
100,00 |
100,00 |
| 1959 |
|
|
|
|
103,39 |
| 1960 |
|
|
|
|
107,22 |
| 1961 |
|
|
|
|
115,38 |
| 1962 |
|
|
|
|
123,62 |
|
|
Los resultados más destacables del nuevo índice son los
siguientes:
* Entre 1929 y 1935 el nuevo índice muestra una ligera
caída del 1%, en tanto que Prados obtiene un nivel
plano. Probablemente ambas estimaciones entren dentro del
nivel de error que los datos actuales permiten.
Fig.VI-1. Producto Interior Bruto 1929-1958
$$$$
* La caída debida a la guerra en el nuevo índice es muy
inferior a las estimaciones precedentes, y quizás este
resultado sea el más significativo del presente estudio.
La caída máxima propuesta es del 20% en 1937, en tanto
que Prados obtiene un 26% en 1938. Este efecto procede en
buena parte de la toma en consideración del aumento en
los efectivos militares, que Prados no contempla. De modo
similar, en 1940 el nuevo índice señala una caída de
tan solo un 4% respecto a 1935, a comparar con el 10% de
la estimación más optimista hasta la fecha, que era la
de Naredo. En términos internacionales, la nueva
estimación es muy similar a la de Italia, que muestra un
descenso del 5.2% entre 1941 y 1948 como consecuencia de
la II Guerra Mundial, como señala Naredo, y es coherente
con el hecho de que ya en 1940 se mejoraron tanto el
nivel de producción de electricidad como la mortalidad
infantil previas a la guerra.
Tabla
VI-2. Estimaciones de la variación de la renta
en España, 1935-60
|
| Años |
CEN |
Schwartz |
Carreras |
Naredo |
Prado |
Alcaide |
Nuevo
Indice |
| 1935-40
(Tasa anual) |
-28% |
|
-26% |
-10% |
-13% |
-17% |
-4% |
| 1940-50
(Tasa anual) |
1,9 |
1,4 |
1,7 |
3,8 |
1,1 |
2,0 |
2,3 |
| 1950-60
(Tasa anual) |
5,9 |
5,6 |
|
4,7 |
4,4 |
4,9 |
4,6 |
|
* La recuperación postbélica
que muestra el nuevo índice es muy similar a la de
Naredo, ya que para ambos el nivel de 1929 se recupera en
1943 (4 años tras el final de nuestra guerra), pero
difiere bastante de los restantes autores. Este ritmo de
recuperación es muy similar al obtenido en otros países
europeos: Italia recuperó su nivel de preguerra en 1950
(28), es decir, 5 años tras el final de la guerra,
Francia en 1949 (4 años), en tanto que Alemania, que
resultó virtualmente destruida, lo consiguió en 1953,
es decir, a los 8 años de concluir el conflicto.
* El crecimiento del PIB en la década de los 40 obtenido
es del 2.3% anual, que coincide con la media de las tres
últimas estimaciones (Naredo, Prados y Alcaide). Es de
destacar que este crecimiento es similar al conseguido en
la década de los años veinte (2.7%), la más
floreciente del siglo hasta los años cincuenta.
* El resultado para los años 50 (crecimiento del 4.6%
anual) coincide asimismo con la media de las 2 últimas
estimaciones (Prados y Alcaide).
* Entre 1958 y 1962, el nuevo índice muestra una
desaceleración del crecimiento en 1959-60 (3.5% anual a
comparar con el 4.9% de los años 1950-58), y cifras algo
superiores al 7% anual en 1961-62, en tanto que Prados,
siguiendo los datos oficiales, propone un descenso en
1959, estabilidad en 1960 y cifras superiores al 11%
anual en el bienio 1961-62.
Figura VI-2. Estimaciones de la renta de España,
1960=100
$$$$
Con el fin de ofrecer una perspectiva más gráfica de
las distintas estimaciones, se presentan las mismas en la
figura VI-2, donde aparecen únicamente los años clave:
1935, 1940, 1950 y 1960 por mayor claridad. Los diversos
índices se han homogeneizado dando un valor 100 al año
1960, que es el mejor conocido. Dado que la estimación
de Carreras concluye en 1958, he completado su índice
hasta 1960 con la estimacion de Prados. En la figura
VI-2, puede verse que el nuevo índice ocupa una
posición intermedia respecto a las estimaciones previas,
tanto en 1950 como en 1940, en tanto que para 1935 la
estimación es «pesimista», a medio camino entre las de
Naredo y Alcaide. Las cifras de los diversos autores para
la España de 1935 difieren notablemente, ordenándose
las estimaciones de la siguiente manera, en función de
su visión «optimista» del año 1935: Carreras (78% del
nivel de 1960), Prados, CEN, Alcaide, Nuevo Indice y
Naredo (49% del nivel de 1960). La diferencia entre las
estimaciones límite para 1935 es del 61%, lo que es una
muestra del velo de incertidumbres que todavía cubre
nuestro pasado más reciente.
VII. Situación de España en Europa
El indicador más utilizado para medir la posición de
España respecto la Europa más desarrollada es la renta
per capita relativa entre nuestra patria y el conjunto de
la UE. Este índice se utiliza incluso para evaluar la
relativa eficacia con la cual nuestros sucesivos
gobernantes han cumplido uno de sus fines básicos, a
saber, impulsar y conseguir el progreso económico. En mi
opinión, sin embargo, dicho indicador no mide
adecuadamente el éxito de la política económica, y
ello por un motivo evidente: imaginemos que unos
gobernantes, como los de la España de los años 40 y 50,
consiguieran reducir eficazmente la mortalidad general, y
como consecuencia de ello aumentara el número de
personas mayores de 65 años. Desde el punto de vista de
la evolución de la renta per capita, el índice
presentaría lo que es una mejora evidente como un
empeoramiento, al crecer el número de habitantes sin que
los mismos, al estar jubilados, aportaran renta alguna.
Lo mismo puede decirse de la natalidad: si en un periodo
histórico ésta disminuyera de modo brutal, como en
España en la actualidad, la renta per capita
aumentaría, al haber menos población infantil, sin que
ello representara éxito alguno, antes bien al contrario.
Por ello propongo utilizar como índice de nuestra
posición en Europa, y del mayor o menor éxito de la
política económica de los sucesivos gobernantes y de
las diferentes generaciones de españoles, no la renta
per capita, sino el volumen global de la producción
española, el PIB, medido respecto al PIB global de la
UE. Este indicador refleja de modo preciso la eficacia de
la actuación económica año a año, y no se ve sesgado
por otros efectos, como los ya citados de la natalidad o
la esperanza de vida.
Para definir la posición de la década de los años 40
dentro de la historia económica de España, en la figura
VII-l se presenta el volumen económico de España
comparado con el volumen medio de los once países de la
UE (29) para los cuales existen datos desde 1900. Un
valor de 100 significaría que el peso económico de
España sería igual al promedio de los once países
considerados; el nivel absoluto no es significativo, ya
que faltan precisamente los países menos desarrollados
(Grecia, Irlanda, Portugal) y Luxemburgo, y por lo tanto
si los incluyéramos dicho nivel absoluto aumentaría.
Por el contrario, las variaciones relativas son muy
representativas, y serían casi iguales si la
comparación se hiciese únicamente con los cuatro
grandes países europeos (Alemania, Francia, Gran
Bretaña e Italia).
Figura VII-l Peso económico de España
dentro de Europa en el siglo XX
La figura VII-l indica, en términos generales, que el
peso relativo de la economía española en relación a
Europa se ha mantenido (con la breve excepción de los
años comprendidos entre 1936 y 1941 en que dicho valor
descendió hasta el 50%) entre el 58% y el 77% de lo que
podríamos llamar el país «tipo» europeo, desde
principios del siglo XX hasta el llamado milagro
económico español de los años sesenta y primera mitad
de los setenta, en que dicho peso se elevó hasta muy
cerca del 100%, donde ha permanecido desde entonces, con
altibajos. Un análisis un poco más detallado revela las
siguientes pautas: Ligero descenso entre 1900 y 1905,
estabilidad entre 1905 y 1917, rápido ascenso de 10
puntos entre l9l7 y 1920 como consecuencia de la crisis
europea, mantenimiento entre 1920 y 1935, muy rápido
descenso de 18 puntos entre 1935 y 1937 causado por la
guerra española y la excepcional recuperación europea
tras la depresión de los años 1929-34, estabilidad
entre 1937 y 1939, fuerte ascenso de 26 puntos entre 1939
y 1946 debido a la recuperación postbélica española y
las destrucciones de la guerra mundial en el resto de
Europa, rápido descenso de 12 puntos entre 1947 y 1950
debido a la recuperación postbélica en el resto de
Europa, estabilidad entre 1950 y 1964, crecimiento
intenso y continuado de 30 puntos entre 1964 y 1975, y
estabilidad desde entonces. En resumen, la posición de
España en Europa a lo largo del siglo XX ha pasado desde
valores del orden del 65% del país tipo en 1900 hasta
valores del orden del 100% en 2000, lo que equivale a un
ascenso superior al 50%, relevante en términos
históricos, aunque lo más extraordinario haya sido que
la totalidad de dicho ascenso tuviera lugar en tan solo
11 años, los que van de 1964 a 1975. A pesar de que los
datos disponibles son únicamente indicativos, es muy
probable que el peso de España en Europa haya seguido
una senda descendente siglo a siglo desde el XVII hasta
el XIX, y en dicha perspectiva los resultados del siglo
XX cobran todo su valor.
El comportamiento de España entre los años 1950 y l960
requiere un análisis adicional. De acuerdo con los datos
de Maddison (que proceden de Prados en el caso de
España), nuestro país tuvo un desarrollo muy elevado en
la década de los 50, sólo superado dentro de la UE por
Alemania, Austria, Italia y Finlandia. ¿Cómo es posible
entonces que en la citada figura la posición de España
en Europa permanezca estable durante la década de los
50? La explicación es que los tres países derrotados,
Austria, Alemania e Italia, tuvieron una recuperación
postbélica excepcional, hasta el punto de que todos los
países restantes perdieron peso en Europa durante la
década citada. Al utilizar mi nuevo índice, la
situación no cambia, ya que el crecimiento global de la
década de los años 50 es igual en ambas estimaciones
(57%), aunque el perfil sea ligeramente diferente. En
resumen, aunque el peso de España en Europa no cambió
durante la década de los 50, nuestro desarrollo
económico fue superior al de la mayoría de los países
de la UE.
En lo que se refiere a los años 40, la década comienza
en un entorno de pobreza relativa excepcional,
consecuencia de la guerra. A lo largo del primer lustro
España supo aprovechar con eficacia su privilegiada
posición de país en paz, consiguiendo que en 1946 el
peso economico de nuestro país en Europa fuera el más
alto desde principios de siglo (y probablemente también
desde mucho antes) hasta entonces. Esta privilegiada
posición no pudo durar al producirse la recuperación
europea de posguerra, que nos llevó a una disminución
de nuestro peso relativo. En el conjunto de la década
España tuvo un ascenso relativo de 7 puntos, equivalente
al 12%.
Una pregunta que se formula con frecuencia y que
intentaremos responder es: ¿Tuvo nuestra guerra y la
posterior recuperación postbélica española un impacto
más doloroso que la europea? La asincronía entre la
guerra de España y la europea dificulta la realización
de una comparación directa de los efectos de ambos
conflictos bélicos sobre nuestra posición relativa en
Europa. Un indicador potencialmente válido de la misma
podría ser el cambio de nuestro peso relativo entre
1935, antes del inicio de ambas guerras, y 1950, cuando
ya se había producido la recuperación postbélica
europea (con la excepción de Alemania). El resultado de
este indicador es que en 1950 habíamos alcanzado tan
solo el 90% del nivel que teníamos en 1935, lo que
podría sugerir que la recuperación postbélica
española fue más lenta que la europea. Este no es el
caso, sin embargo, ya que la pérdida de posiciones
procede de la expansión excepcional de los países
europeos entre 1935 y 1939, que fue del 17%, como
consecuencia de la recuperación de la depresión de los
años 1929-34. Este excepcional crecimiento invalida
dicho indicador como medida del impacto de ambas guerras,
ya que corresponde a una expansión europea antes del
arranque de la II Guerra Mundial. En mi opinión, la
forma de contestar dicha pregunta es comparar el volumen
del PIB europeo y español un decenio después de
iniciarse los conflictos respectivos, cuando en ambos
casos la recuperación de los niveles de preguerra era ya
un hecho. De acuerdo con esta medida, en 1945 el PIB
español era 1% superior al de 1935, y el de los once
países europeos era en 1949 asimismo un 1% superior al
de 1939. Si dicha medida la prolongáramos un año más
(1946 en España y 1950 en Europa), el resultado
seguiría siendo análogo (crecimiento del 10% en España
y del 9% en Europa). Podemos concluir que los efectos de
las respectivas guerras y sus subsiguientes
recuperaciones fueron muy similares.
El hecho de que la posición relativa de España respecto
a Europa en 1950 fuera tan solo el 90% del valor que
tenía en 1935 ha sido probablemente el factor
desencadenante de la percepción catastrofista con que se
ha estimado la década de los 40 y que recogíamos al
inicio de este trabajo en las opiniones de algunos de
nuestros más destacados autores. Es importante señalar
que dicha pérdida relativa se debió al crecimiento
excepcional en Europa durante los años 1935-1939, al
concluir la depresión de los años 1929-34, y no a la
década de los 40, como creo haber demostrado.
IX. Conclusión
La década de los años 30 concluyó en España en un
contexto verdaderamente dificil, con valores de renta per
capita propios del siglo XIX, una economía parcialmente
destruida, graves dificultades de aprovisionamiento
exterior y amenaza de guerra mundial. A pesar de esta
situación de partida, la década de los años 40
presenta, contrariamente a lo que solía pensarse, un
balance claramente positivo: la mejora del bienestar
fisico más importante de nuestra reciente historia, un
crecimiento económico similar al de los años 20 y, tras
evitar la intervención en el conflicto europeo,
recuperar el peso económico de España en Europa y
situarlo en un valor equiparable al promedio del tercio
de siglo anterior a nuestra guerra.
G. Fernández de la Mora y Varela
NOTAS
1 París Eguilaz, H.: 50 años de
economía española, 1930-1980, ed. Sucs. J. Sánchez de
Ocaña y Cía, S.A., 1981.
2 Schwartz, P.: El producto interior bruto de
España de 1940 a 1960, Instituto de Estudios Fiscales,
1977.
3 Carreras, A.: La producción industrial española,
1842-1981: Construcción de un índice anual, en
«Revista de Historia Económica», año II, n.º
1-1984.4 Alcaide Inchausti, Distribución sectorial,
personal y factorial de la renta, en «España Economía:
Ante el Siglo XXI», ed. España Calpe, 1999.
5 Prados de la Escosura, L.: Spain Gross Domestic
Product, 1850-1993: Quantitative Conjectures, «Papeles
de Trabajo de la Universidad Carlos III, 95-05,1995.
6 Velarde Fuertes, J.: Dos siglos para converger con
Europa, en «Razón Española», núm. 110,
noviembre-diciembre 2001.
7 La mortalidad infantil depende poco de la medicina
y mucho de tres elementos que actúan uno tras otro en
las sucesivas etapas de desarrollo: la potabilización
del agua, el volumen de la alimentación y, en una
última etapa, la calidad de la dieta. Dado que estos
tres elementos están muy relacionados con el nivel de
vida, la elasticidad de la mortalidad infantil respecto
de la renta es muy alta, para algunos autores superior a
1 (lo que, para la década de los cuarenta sugiere
un incremento del nivel de vida cercano al 41%). Para una
buena revisióin, ver Frech III, H. E. and Miller, R.D.
Jr.: The productivity of Health Care and Pharmaceuticals:
An International Comparison Economics Departament,
University of California, Santa Bárbara, California,
1997.
8 Fuente: INE y laboración propia.
9 Consejo de Economía Nacional: La renta nacional
de España 1940-1964, Madrid, 1965.
10 Carreras, A.: Gasto nacional bruto y formación
de capital en España, 1849-1958: primer ensayo de
estimación en P. Martín Aceña y L. Prados de la
Escosura (eds.), La nueva Historia Económicaen España,
Madrid, Tecnos, 1985.
11 Naredo, J.M.: Crítica y revisión de las series
históricas de renta nacional de la postguerra,
«Información Comercial Española», n.º 698, 1991.
12 Alcaide Inchausti, J.: Distribución sectorial,
personal y factorial de la Renta, en «España Economía,
ante el siglo XXI», Espasa Calpe, 1999.
13 La metodología de Prados tiene un sesgo para los
años 1929-42, ya que utiliza para los mismos los precios
de 1930, en lugar de aplicar una media geométrica de los
años inicial y final, como hace para los restantes
períodos.
14 Barciela, C.: El sector agrario desde 1936, en
«Estadísticas Históricas de España», siglos XIX y
XX, Fundacióin Banco Exterior, 1989.
15 Para un breve análisis de las mejoras técnicas
de la agricultura española en 1960, ver Desarrollo
Económico de España. Informe del Banco Internacional de
Reconstrucción y Fomento, 1962.
16 Los datos de base proceden de la obra
Estadísticas Históricas de España, siglos XIX y XX,
Fundación Banco Exterior, 1989. Los cereales
panificables utilizados han sido el trigo y el centeno.
El consumo entre 1900 y 1935 se ha calculado como la suma
de producción más importación menos exportación, la
cosecha se ha repartido de modo proporcional entre el
año de la misma y el siguiente, y el factor de
conversión de cereal a harina ha sido de 0,72. Los datos
entre 1952 y 1970 son los de la encuesta de consumo de
productos alimenticios de la Secretaría General Técnica
del Ministerio de Agricultura, que se inicia en 1952, por
lo que no han podido presentarse los años 1936-1951.
17 Los datos de 1935 proceden de París Eguilaz, H.:
El desarrollo económico español 1906-1964, Madrid,
1965, y los de los restantes años de la obra citada de
Carlos Barciela. El factor de conversión de abono
nitrogenado en nitrógeno es de 0,16 y el de abono
fosfórico en P2O5 de 0,18.
18 La importación total (incluyendo no sólo el
trigo de Argentina) en 1947 fue de 299.968 Tm para una
producción oficial de 3.180.000 Tm., y de 333.179 Tm. en
1948, para una producción de 3.275.000 Tm.
19 En el Anuario Estadístico de 1951 se incluye una
recopilación de datos que cubre la primera mitad del
siglo XX. Al valorar la producción agrícola de 1949
(último año disponible), se le asigna un valor un 28%,
inferior al de 1932. En anuarios posteriores se indica
que la producción agrícola de 1950 fue un 1% inferior a
la de 1949, por lo que resulta una producción agrícola
oficial por habitante en 1950 un 39% inferior a la de
1932. Hay que recordar que la decisión de suprimir el
racionamiento se tom´ò antes de conocer la cosecha de
1951, que en todo caso aparece en las estadísticas con
un valor per cápita un 18% inferior al de 1932.
20 Nicolau, R.: La población, en Estadísticas
Históricas de España, siglo XIX-XX, Fundacióin Banco
Exterior, 1989.
21 El ajuste obtenido es bueno, con R2=0,992; nuevo
índice = 0,7896*Cemento+19,64, siendo Cemento el índice
de producción de cemento Portland, con 1958=100.
22 Comín, F.: El sector público, en Estadísticas
Históricas de España, siglos XIX y XX, Fundación Banco
Exterior, 1989.
23 El número de maestros procede de los Anuarios
del INE. El indicador de enseñanza primaria se ha
construido transformando el número de maestros en
alumnos promediando el número de alumnos por maestro de
los años extremos, 1929 y 1958.
24 El número de maestros aparece referido al año
escolar, en tanto que el presupuesto se construye sobre
el año natural. para ajustar ambos, asigno 4 meses del
año escolar al año de inicio del curso, y los ocho
meses restantes al año de terminación del mismo.
25 Tena, A.: Comercio Exterior, en «Estadísticas
Históricas de España, siglos XIX y XX, Fundación Banco
Exterior, 1989.
26 El indicador de consumo de combustible obtenido
es la suma del gasoil destinado a «otros usos» y de la
gasolina auto destinada asimismo a «otros usos»,
afectada esta última de un factor de 0,5, procedentes
ambos de los Anuarios del INE. El ajuste se ha realizado
con los datos de transporte de carretera de Prados entre
1950 y 1958, y el resultado obtenido es: Nuevo índice de
transporte terrestre=0,0834*Indicador de
combustible-3,563, con R2=0,993.
27 Instituto de Estudios Fiscales: La Contabilidad
Nacional de España, años 1954 a 1964, Madrid, 1969.
28 Maddison, A.: Monitoring the World Economy,
1820-1992, OCDE, 1995.
29 Estos países son: Austria, Bélgica, Dinamarca,
Finlandia, Francia, Alemania, Holanda, Suecia y Gran
Bretaña. Los datos utilizados proceden de la obra citada
de Maddison, con la excepción del nuevo índice de
Producto Interior Bruto de España entre 1929 y 1962, que
procede de este estudio. Para los años anteriores a 1929
y posteriores a 1962 en España se han utilizado asimismo
los datos de Maddison, engarzando la nueva serie.
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