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La política El
otoño ha traído a España una crisis política de
intensidad desconocida. Desde hace 30 años, nuestra
nación sufre varias enfermedades; como a todo se
acostumbra la gente, incluso a vivir en campos de
concentración, las manifestaciones de los diferentes
males se soportan con resignación siempre que se sucedan
una tras otra. Sin embargo, ahora han coincidido varias a
la vez y eso nos ha revelado la fragilidad del régimen:
Marruecos, la agonía del ejército, y el separatismo
vasco. Nuestro
vecino del sur ha vuelto a demostrar que tenemos riesgos
más allá de nuestras fronteras. Mohamed VI llamó a
consultas a su embajador en España sin explicar las
razones. El ministro Piqué afirmó, con actitud de can
apaleado por un amo caprichoso, que el Gobierno español
«no ha hecho nada malo». Luego, nos enteramos que fue
una especie de castigo a España por no tragar con el
proyecto franco-marroquí de anexión del Sáhara. Así
agradece Mohamed VI los miles de millones que el pueblo
español ha transferido a su reino para el desarrollo. Antes,
el Ejército infundía respeto, confianza y otros
sentimientos propios de la institución; hoy, degradado,
da pena. El ministro Federico Trillo ha conseguido
superar a Eduardo Serra. En su lógica preocupación por
buscar reclutas (¿han probado a subir los sueldos y
asegurar una vía de ascenso a los voluntarios?) de la
manera que sea, incluso rebajando el coeficiente
intelectual, han conseguido que el 25% de los soldados
profesionales destinados en Ceuta y Melilla sean
musulmanes, muchos de ellos con la nacionalidad
marroquí. Eso sí, nos consuelan, son los más torpes,
es decir, los manipulables. A la vista del éxito en el
reclutamiento de hispanoamericanos, el Ministerio ha
suspendido este plan, que previamente había vendido como
la salvación del Ejército profesional. ¿Cuánto ha
costado? El PNV
sigue cubriendo etapas en su plan para alcanzar la
independencia. El lendakari Ibarretxe sostiene en el
Parlamento autonómico que el Estatuto de Guernica está
agotado porque el Gobierno de la nación no le transfiere
unas competencias a todas luces inconstitucionales. Se
trata de una excusa, como le replicó Mayor Oreja: no se
puede exigir un cumplimiento íntegro del texto legal
cuando, a la vez, se quiere rebasarlo. Los nacionalistas,
exultantes tras una victoria que no esperaban el 13 de
mayo, ya proclaman que el Estatuto no fue más que una
etapa, y para ellos no basta. Otro de los objetivos de la
transición, la acomodación de los separatistas dentro
de España, se muestra falso, 20 años después. Y es que
la realidad es muy terca. En las
ciudades de Madrid y Barcelona, la criminalidad es cada
vez mayor. Abundan desde los rateros a los asesinos por
encargo y la mayoría de estos delincuentes son
extranjeros ilegales. El PP usa su mayoría absoluta para
aprobar el Plan Hidrológico Nacional, pero no para
modificar el Código Belloch y la aberrante Ley del Menor
que permiten a criminales con más de 100 detenciones
seguir en la calle. La única medida ha sido establecer
la exigencia de visado para los colombianos. La
preocupación de la gente es tal que incluso el PSOE pide
medidas contra la delincuencia. En Barcelona los
empresarios turísticos afirman que el número de
visitantes está disminuyendo por esta razón, y en
Madrid los joyeros denuncian un atraco cada cuatro días.
¿Han pensado estos profesionales y empresarios en
declararse insumisos fiscales hasta que el Estado no
solucione este problema? Aplaudimos
la cuarta mayoría absoluta consecutiva de Fraga no
porque vaya a suponer una regeneración de los modos de
hacer política en la II Restauración, sino por su
carácter testimonial. Un ex ministro del Generalísimo
Franco, que no ha pedido perdón de nada y que habla de
Dios y de la familia en sus mítines, vence en las urnas.
Fraga es un dinosaurio político. La conclusión es que
no hace falta pagar viajes a los abuelitos estalinistas
de las Brigadas Internacionales para ganar unas
elecciones porque el pueblo, sea español o sólo
gallego, no es mayoritariamente de centro-izquierda, como
sostienen los sociólogos de salón. Al
menos acabemos con una buena noticia. Esta es la
aprobación por el Congreso de la Ley de Calidad
Universitaria que, entre otras ventajas, impone el
distrito único y un examen homologado para todos los
candidatos a docentes. Hasta ahora, las universidades
públicas disponían de un mercado cautivo, constituido
por los alumnos de su comunidad, los cuales, en su
mayoría, quedaban atados a su centro, y los
departamentos seleccionaban al profesorado en función
del nepotismo más que de la valía. Los rectores, que
pierden parte de sus poderes, han llamado a la rebelión
y, curiosamente, les han secundado los alumnos de extrema
izquierda. Uno de los rectores más vociferantes ha sido
el de la Carlos III, Peces Barba. Este propuso a sus
pares la desobediencia civil a una norma aprobada por las
Cortes, es decir, por la representación popular. ¿Qué
concepto de ley tendrá? Actitudes como la explicada nos
invitan a apoyar a la ministra de Educación, Pilar del
Castillo. A ver si ahora se atreve con la enseñanza
media. Prensa
Española, a punto de celebrar el centenario de su
fundación, ha desaparecido como empresa independiente,
incapaz de pervivir tres generaciones. Sus propietarios
vendieron el ABC y los otros escasos activos de la
empresa al Grupo Correo. De esta manera, el pluralismo se
reduce un poco más en los medios de comunicación. La
nueva sociedad, en la que a los antiguos accionistas de
ABC le corresponderá sólo un 21% tendrá la sede social
en Madrid y el domicilio fiscal en Bilbao, con lo que
cada lector financiará el sueldo del lendakari. En los
días siguientes, la alegría en «La Razón» era
enorme; la vinculación vasca es otro elemento que
debilita a su rival. Al frente de ABC sigue José Antonio
Zarzalejos, vástago de una familia franquista,
excolaborardor de la Prensa del Movimiento y quien apeó
el gentilicio «español» de la cabecera bilbaína El
Correo». |