El patriotismo
es preconstitucional
El
patriotismo es amor a la patria o lugar en que se ha
nacido. Ese lugar puede ser puntual, por ejemplo, un
caserio, o puede extenderse a territorios circundantes de
radio progresivamente dilatado. Hay la patria chica o
ciudad, la patria mediana o comarca, la patria grande o
nación, y la patria ecuménica. El cosmopolitismo era el
patriotismo de los estoicos.
El amor a la patria chica, es decir, a lo que se ha
vivido desde la niñez y evoca los orígenes y los años
de formación, es casi instintivo y brota de la
territorialidad característica de numerosas especies y,
desde luego, de la racional. Se ama la geografía, la
lengua y el folklore, y de ese amor se deduce una
solidaridad con las gentes que lo comparten. Lo común se
convierte en propio, y se sale en su defensa.
Allí donde la soberanía es asumida por la ciudad, como
en la Grecia clásica, el patriotismo se ciñe a la
«polis». Cuando Alejandro unifica el Peloponeso y su
entorno, aparece el helenismo o patriotismo griego que
deja su impronta desde la India a Sicilia, y aún más
lejos como muestra Ampurias cuyos mercaderes hablaban la
lengua de Platón. La configuración estatal crea
extensos ámbitos de egoismo colectivo y, entonces, el
patriotismo se extiende a ámbitos delimitados por
fronteras políticas. El patriotismo romano se vive en
Mérida como en Palmira, a miles de leguas de la Urbe.
En el curso de los siglos, el patriotismo nacional se va
esencializando en lo valioso común. Al patriotismo nada
grande del pasado nacional le es ajeno, y va
sublimándose y desnudándose de lo secundario. Un
patriota francés se enorgullece del guillotinado
Chénier y del revolucionario Bonaparte. El patriota
español se enorgullece del patriota Daoiz y del
afrancesado Goya. Durante los años stalinianos, el
patriotismo ruso implicaba culto a Pedro el Grande,
aunque el zar europeizante y el tirano antioccidental no
tuvieran nada ideológico en común.
Una de las tragedias de nuestro siglo XIX es que entonces
se fragua el sentimiento de «dos Españas» y,
consiguientemente, «dos patriotismos»: uno que a
través de Carlos V y Cortés enlaza con Séneca y
Trajano; y otro que, a través de los afrancesados,
enlaza con los numantinos y Prisciliano. Los mejores,
como Costa o Menéndez Pelayo amaban todo lo grande
español, fuera católico o hereje, tradicional o
innovador.
Claro que los patriotismos, sobre todo en caso de guerra,
se hipertrofian como en la famosa sentencia de Cánovas:
«Con la Patria se está con razón y sin razón». Tal
precepto no es admisible en su literalidad.
Cuando los norteamericanos derrotaron a Alemania en la II
guerra mundial no se limitaron a reducirla a escombros y
a confiscar sus bienes, sino que exigieron que aceptara
una culpabilidad colectiva y se avergonzara de su pasado,
del III Reich y también del II y del I. En el Este y en
el Oeste, Alemania perdía provincias, y el comunismo
pretendía desgermanizar medio país. Sin un suelo
cierto, con la Historia desvertebrada ¿dónde podía
anclarse el patriotismo alemán? En esa etapa dramática
apareció en unos pocos la idea de «patriotismo
constitucional» o amor a la Ley Fundamental promulgada
en la villa de Bonn cuando en 1948 la nación estaba
ocupada por los ejércitos vencedores. Tal patriotismo
constitucional nunca ha dejado de ser una curiosidad
retórica, sobre todo, después de la reunificación y de
que Alemania se convirtiera en la potencia rectora del
viejo mundo y catalizadora de la Unión Europea. El
patriota alemán se enorgullece de Goethe, Kant, Federico
de Prusia, Beethoven y del nacionalsocialista Heidegger.
Identificar hoy el patriotismo alemán con una supuesta
gran pasión hacia el «Grundgesetz» de 1948 sonaría a
sarcasmo bajo los replantados tilos berlineses
En España, algunos epígonos del socialismo alemán han
traducido lo del «patriotismo constitucional» ¿De la
Constitución vigente de 1978? En tal caso no podría
amarse el resto que es casi toda la historia de España
¿De todas las Constituciones escritas desde las Cortes
de Cádiz? En esa compleja colección hay materiales
varios como el Estatuto Real o la Ley de Sucesión.
¿Cómo puede vincularse el patriotismo a un código
reciente? Sería una operación raquitizadora, casi
nanométrica que volatiliza la España anterior a 1812,
por ejemplo, la de Cervantes, Calderón, y Velázquez.
¿Tomaríamos en serio a quien nos aconsejara: «Como su
señora madre resultaría hoy algo «carroza», concentre
usted su amor filial en aquella bufanda morada que le
regalaron cuando se jubiló, y prescinda de todo lo
demás, es decir, sea usted un hijo actualizado».
Esperpéntico.
En un país milenario, protagonista de la acción
histórica de mayor envergadura después de la
romanización (la europeización de América), algunos
pretenden reducir su esencia a la Constitución de 1978,
que es técnicamente la menos presentable del Derecho
público europeo y la que con las autonomías pone en muy
grave peligro la unidad nacional. Sería grotesco si no
fuera demencial. El patriotismo es anterior y superior a
cualquier Constitución.
Noé de Callar
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