LIBROS: Historia
de Falange Española de las Jons
Rodríguez
Jiménez, José Luis: Historia de Falange Española de
las Jons, ed. Alianza, Madrid 2000, 552 págs.
El autor lleva años interesado en lo que impropia y
genéricamente denomina «fascismos». Ahora presenta una
historia de Falange desde su fundación hasta la
actualidad. Su fuente principal es la prensa periódica y
algún archivo, si bien los materiales inéditos
exhumados apenas tienen valor testimonial. El rastreo de
las hemerotecas le permite reproducir textos de R.
Serrano Suñer, A. Tovar, P. Laín, D. Ridruejo, y otros
donde queda a plena luz su antiliberalismo y su
antidemocratismo, así como sus simpatías pro alemanas.
La línea conductora de esta obra es la presión de los
autodenominados falangistas (casi todos de nuevo cuño)
para ocupar puestos políticos en concurrencia con las
otras familias del Movimiento: carlistas, monárquicos
dinásticos, católicos, etc. A lo largo de los años, el
grupo falangista no cesa de perder posiciones hasta
llegar a su casi completa desaparición.
La cuestión capital no es la de exponer las habituales
rivalidades entre aspirantes al poder, sino determinar
qué puntos programáticos de Falange no fueron
realizados. El ideario falangista, muy difuso en los
escritos del fundador, cifraba su principal
reivindicación en la justicia social. Pero los Gobiernos
de Franco, que fueron siempre de coalición, realizaron
la revolución social más enérgica de la historia de
España convirtiendo en clase media a la mayor parte del
proletariado, y estableciendo el Estado de bien-
estar. Luego, doce años de gobierno del Psoe no han
realizado una política más «socialista» que la de
Franco; al contrario, inauguraron una de las etapas más
capitalistas de nuestro país.
¿Cuál era, pues, la reivindicación pendiente de los
falangistas? Era la república. Siempre, se opusieron al
deseo de Franco de instaurar una monarquía en la persona
de don Juan Carlos de Borbón. El profesor Montero Díaz
dijo en una conferencia el 23 de marzo de 1944: «La
monarquía es la vía de acceso abierta a la tradición.
Por ese postigo entran, como en Italia, los ejércitos
enemigos». Este fue el punto de constante fricción y en
el que los falangistas fueron derrotados por Franco y
unos pocos monárquicos. En lo demás, salvo en el estilo
autoritario, sus criterios de justicia social se
impusieron.
Indirectamente, esta obra presenta un panorama de la
intelectualidad falangista: I. Agustí, J.M. Alfaro, M.
Almagro, J. Aparicio, J.L. Arrese, T. Borrás, M.
Cantarero, J.M. Castroviejo, A. Cunqueiro, A. de Foxá,
J. Fueyo, R. García-Serrano, A. García-Valdecasas, E.
Giménez-Caballero, M. Halcón, I. Herráiz, P. Laín, R.
Ledesma-Ramos, J.A. Maravall (el autor lo rebautiza como
José María), S. Montero, E. Montes, P. Mourlane, A.
Muñoz-Alonso, E. Neville, E. D'Ors, L. Panero, J.
Pemartín, D. Ridruejo, F. Ros, L. Rosales, R.
Sánchez-Mazas, L. Santa Marina, V. de la Serna, G.
Torrente-Ballester, A. Tovar, A. del Valle, J. Velarde,
L.F. Vivanco, F. Ximénez de Sandoval, o J.A. Zunzunegui,
entre otros muchos. Ningún partido actual podría
presentar un listado ni parecido. ¿Y si a este extracto
de nómina de falangistas se añadieran los de los
tradicionalistas, los católicos o los independientes?
Eso es lo que ahora los negadores de la evidencia
denominan «páramo cultural». Patético.
Los dos personajes peor librados son Serrano-Suñer y,
sobre todo, Ridruejo que, al fracasar en sus ambiciones
políticas, se pasó al bando «rojo».
El autor se pliega a la obsesiva consigna de la II
Restauración y da el obligado «palo a Franco», casi
siempre de modo gratuito y, en ocasiones, con supina
ignorancia de los documentados hechos. Es el caso de su
versión de la entrevista de Hendaya y de las relaciones
con el III Reich.
D. Arnedo
|