Razón Española, nº 110; LIBROS: Introducción a la doctrina social de la Iglesia

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LIBROS: Introducción a la doctrina social de la Iglesia. nº 110

Comentarios de A. Landa al libro de J. L. Gutiérrez García .

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LIBROS: Introducción a la doctrina social de la Iglesia

Gutiérrez García, José Luis: Introducción a la doctrina social de la Iglesia, ed. Ariel, Barcelona 2001, 520 págs.



José Luis Gutiérrez fue entre 1975 y 1989 director de la Biblioteca de Autores Cristianos, que inició su andadura con una nueva traducción directa de la Biblia (1944) por E. Nácar y E. Colunga y que pronto ofreció la Biblia vulgata latina y, más tarde, otra traducción directa, la de Cantera. La BAC es la más importante realización editorial de la Iglesia española con aportaciones monumentales como la Suma teológica del aquinatense o las Obras completas de San Agustín, ambas con doble texto e introducciones críticas. Ha superado el medio millar de volúmenes si bien en los últimos tiempos ha perdido apoyos externos, ha decaido su ritmo y ha dejado que numerosos títulos se agoten y resulten de difícil adquisición. Un síntoma de la nueva situación es que esta obra de Gutiérrez lleva el sello de una excelente editorial privada no confesional.

En esta exposición de la doctrina social de la Iglesia, a pesar de su relativa extensión, el autor se ciñe a lo esencial, pero incorpora todos los textos pontificios disponibles hasta el año 2000 lo que le permite exponer la evolución homogénea de la doctrina en términos más completos que los de cuantos le precedieron en la tarea, en nuestra patria y en el extranjero.

El Principio de subsidiaridad es el que informa toda la doctrina y que dice así:«Es necesario que la autoridad suprema de Estado deje a las asociaciones inferiores resolver aquellos asuntos y cuestiones de importancia menor, en las cuales de otra manera se desgastaría notablemente; de esta forma se logrará que el Estado lleve a cabo con mayor soltura todas aquellas actividades que son de su exclusiva competencia por ser el Estado el único que puede realizarlas vigilando, urgiendo, castigando según el caso requiere la necesidad social exige». Este texto capital procede de la encíclica Quadragesimo anno dada por Pío XI en 1931.

Estrechamente ligado al Principio de subsidiaridad está el Principio de organicidad que entiende la sociedad como una estructura piramidal de cuerpos intermedios, cada uno con su jerarquía y funciones, desde la familia hasta las grandes corporaciones. Esta doctrina también fue recogida en la citada encíclica y tenía amplios precedentes. Entre los representantes teóricos más significativos del organicismo cristiano figuran en España Enrique Gil Robles y Angel Herrera, y en esos fundamentos se apoya la democracia orgánica que tuvo defensores entre los llamados krausistas, los hegelianos y los socialistas gremialistas británicos. Ese fue el modelo del Estado español durante la era de Franco. Frente a la masa amorfa y atomizada de individuos que permite la manipulación totalitaria o mayoritaria de los gobernados, el organicismo defiende unos ciudadanos vertebrados en cuerpos intermedios y defensores de intereses específicos.

El autor aborda una amplia temática que incluye cuestiones tan debatidas como la confesionalidad, la democracia o los sindicatos. También la crítica del capitalismo de Estado y del liberalismo. Son temas en los que la Iglesia ha adoptado siempre posiciones moderadas y racionales.

Finalmente, el autor afronta la cuestión fundamental, la de si el Derecho es una ordenación de razón o la consecuencia de la voluntad del legislador. La Iglesia siempre ha sostenido lo primero y jamás ha incurrido en el voluntarismo o el positivismo jurídicos en que han caído tantos regímenes modernos que identifican el Derecho con el voto de la mayoría, lo cual está dando lugar a aberraciones como el aborto libre.

De todos los pontífices ha sido Pío XII quien en sus casi veinte años de pontificado ha contribuido más a la moderna formulación de la doctrina social de la Iglesia con un centenar y medio de documentos.

Esta es una obra rigurosa y prudente, que recoge lo esencial sin talante polémico, pero sin temor ni complejos de inferioridad. Es un libro imprescindible para el católico, y extraordinariamente útil para el sociólogo y el politólogo porque quintaesencia una tradición filosófica que se remonta a Aristóteles. Las constantes referencias permiten el inmediato acceso a los textos oficiales. En suma, una introducción excelente.



A. Landa



 

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