LIBROS: Informe
sobre la televisión . El invento maligno
Esparza,
José Javier: Informe sobre la televisión. El invento
maligno, ed. Criterio Libros, Madrid 2001. 204 páginas.
José Javier Esparza es uno de los más destacados
jóvenes valores intelectuales en la España de hoy.
Autor de varias obras de altura, y director de la revista
de pensamiento «Hespérides», también ejerce
diariamente la crítica de televisión en las cabeceras
periodísticas del Grupo Correo y a través de la agencia
Colpisa. Probablemente hoy sea la primera figura de la
crítica televisiva, ya que sus artículos diarios
rebasan el simple comentario de la actualidad,
constituyendo verdaderas columnas de opinión.
Precisamente por esa preparación intelectual aborda un
tema de tan enorme trascendencia como es el de la
televisión con una perspectiva amplia, serena y
objetiva, pero también con ironía. Comenta Esparza como
una de las «vacas sagradas» del sistema, el académico
Cebrián refería que hoy un niño recibe más
información que la que podía obtener un monje del siglo
XII en toda su vida. El futbolista Anelka receptáculo
humano, según sus propias declaraciones, de un sin fin
cotidiano de mensajes electrónicos e informáticos de
todo tipo, resultaría entonces superior a un Santo
Tomás de Aquino. Tomás de Aquino, el pobre, se nos
mostraría según ese criterio como un personaje muy
limitado, alejado de la comunicación electrónica y sin
otro horizonte que los mamotretos de Aristóteles y
Boecio. Anelka, sigue con ironía Esparza, habría
recibido conforme a Cebrián, cuantitativamente hablando
más información que la de Santo Tomás en toda su vida.
Y sin embargo ¿qué clase de información han recibido
uno y otro? ¿Qué es preferible, la calidad o la
cantidad de esa información? Concluye Esparza: «lea
usted a los autores de la Edad Media, hable después con
el niño de Cebrián, y usted mismo hallará la
respuesta».
La influencia de la televisión sobre las masas es la
conformación según los programadores de los gustos y
deseos de esas masas. La anormalidad hecha normalidad, y
su consiguiente antítesis. Aberraciones de la más
reciente actualidad como el programa «Gran Hermano»,
donde no ya la alienación, sino la estupidez, la
chabacanería y la necedad son objeto de seguimiento por
enormes cantidades de espectadores. Los realizadores
esgrimen que nadie está forzado a participar ni a ver el
programa, a diferencia del Big Brother de Orwell, en
«1984». Pero entonces se hace realidad la Policía del
Pensamiento orwelliana: el sometimiento no por el miedo,
sino por la propia voluntad. El dominio no de los cuerpos
sino de las conciencias, produciendo el tirano más
peligroso, no el que ahoga la libertad, sino el que logra
que la libertad se confunda con la propia servidumbre.
Se trata con preocupación el peligro de que los niños
españoles en un futuro próximo se acerquen a los niños
estadounidenses, con sus seis horas diarias de promedio
frente al televisor, y no precisamente por un afán
culturizador o de simple evasión, sino de conformar esas
conciencias convirtiendo la anormalidad en normalidad. La
televisión, afirma Esparza, podía haber sido un
aceptable instrumento de ocio, pero hoy es innegable su
tendencia a proponer formas de ocio alienantes. Con toda
justeza expone que la televisión ha desbordado el
cometido concreto que el orden social le atribuía en
tanto que medio de comunicación, que la televisión ya
no se adapta al lugar que el orden social había
preparado para ella. En lenguaje coloquial? la
televisión se nos ha ido de las manos.
Nos encontramos ante una obra ciertamente importante que
enriquece no sólo el ya tan rico, variado e interesante
catálogo de la editorial Criterio sino que, dada la
trascendencia del tema, frente al que muy pocos pueden
abstraerse, desempeña un papel lamentablemente
fundamental en la conformación de la sociedad actual.
Las posibles esperanzas puestas en la proliferación de
cadenas televisivas como garantes de la libertad de
mercado se han convertido en un fiasco. Frente a los
deseos de libertad real, el hecho cierto es que estamos
asistiendo a un reparto concertado de oligopolios, como
demuestra nítidamente el autor con su preparación
intelectual y con agil pluma por una parte, y con el
dominio evidentísimo del tema por otra. Otro factor
sobre el que insistimos es el de la ironía, que asoma al
concluir la obra en unas ingeniosas consideraciones
finales.
Nos encontramos ante una de las cuatro o cinco obras de
lectura recomendada en este año.
A Maestro
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