El síndrome
progresista
Bruce
Miller, uno de los más eminentes neurólogos
norteamericanos, catedrático de la Universidad de
California, ha presentado una comunicación científica
al Congreso que, convocado por la Academia Americana de
Neurología, se ha celebrado recientemente en Filadelfia.
su investigación se apoya en el estudio de 72 casos de
la enfermedad de Pick, un grave proceso degenerativo del
sistema nervioso.
Miller ha demostrado que dicha enfermedad produce, entre
otros efectos, un cambio de personalidad hacia tipos que
generalmente se consideran como "progresistas".
Se trata de pacientes de talante conservador y
tradicional que, como consecuencia de una degeneración
neurológica, cambian totalmente de comportamiento: se
adhieren a asociaciones radicales, visten ropas
deshilachadas, se decoran con abalorios extravagantes, y
adoptan posiciones políticas izquierdistas, incluso
extremadas. Una paciente llegó a propugnar que se
expulsara del planeta a todo ciudadano derechista.
Parece, pues, que el progresismo es consecuencia de un
proceso neurodegenerativo, de una enfermedad somática
que empieza trastornando la personalidad y puede
desembocar en diversas formas de demencia. De este modo,
obtiene confirmación clínica una observación muy
común, la de que los comportamientos de ciertos
"progresistas" no solo son grotescos, sino que
resultan imposibles de justificar desde el sentido
común, adolecen de irracionalidad.
Hace tiempo que los psicólogos relacionaron la
personalidad izquierdista con el resentimiento, o sea,
con el repudio de los valores y la exaltación de
contravalores. Ahora la etiología psíquica se
complementa con una explicación anatómica: El
progresismo respondería a una dolencia del tipo del
Alzheimer, en este caso, a una descomposición del cortex
en la parte derecha del lóbulo frontal.
Por encima de la parafernalia progresista, que en gran
parte es un retórica, el análisis de las raíces
teóricas resulta altamente revelador. La lectura del
clásico manual de N. L. Bujarin El materialismo
histórico (1921) que ha sido el fundamento de millares
de libros, tesis y artículos, o del escolar Manual del
marxismo leninismo (1945) de O. Kusiner, que ha sido un
catecismo tácito o expreso de millones de izquierdistas,
y se compara tales esquemas doctrinales con sus
resultados, parcialmente recogidos en el dramático Libro
negro del comunismo (1997), se llega a la conclusión de
que tales construcciones ideológicas sólo son
explicables como síntomas de insania mental, autógena
en unos, inducida en otros. La lógica, la sociología y
la neurología de B. Miller convergen.
Cuando la medicina descubra un tratamiento adecuado, es
probable que desaparezca en los promotores la anomalía
progresista y se imponga la normalidad en las sociedades
humanas. Las cabelleras teñidas de verde, los andrajos
caros, los collares astrosos, las bufandas en verano, el
lenguaje soez, el libertinaje sexual, la protesta
permanente, las actitudes pseudorevolucionarias, el
permisivismo moral, la contracultura, etc. serán
síntomas que aconsejarán un tratamiento no político o
doctrinal, sino estrictamente médico.
Si el autodesplome del socialismo real ha significado la
unificación socioeconómica de la Humanidad en torno al
modelo de iniciativa privada y de mercado libre, es
posible que la cura del síndrome progresista unifique en
sentido conservador y más racional las actitudes
humanas. Sería la globalización del talante político.
Noé de Callar
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