Razón Española, nº 109; El síndrome progresista

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El síndrome progresista

Por Noé de Callar

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El síndrome progresista

Bruce Miller, uno de los más eminentes neurólogos norteamericanos, catedrático de la Universidad de California, ha presentado una comunicación científica al Congreso que, convocado por la Academia Americana de Neurología, se ha celebrado recientemente en Filadelfia. su investigación se apoya en el estudio de 72 casos de la enfermedad de Pick, un grave proceso degenerativo del sistema nervioso.

Miller ha demostrado que dicha enfermedad produce, entre otros efectos, un cambio de personalidad hacia tipos que generalmente se consideran como "progresistas". Se trata de pacientes de talante conservador y tradicional que, como consecuencia de una degeneración neurológica, cambian totalmente de comportamiento: se adhieren a asociaciones radicales, visten ropas deshilachadas, se decoran con abalorios extravagantes, y adoptan posiciones políticas izquierdistas, incluso extremadas. Una paciente llegó a propugnar que se expulsara del planeta a todo ciudadano derechista.

Parece, pues, que el progresismo es consecuencia de un proceso neurodegenerativo, de una enfermedad somática que empieza trastornando la personalidad y puede desembocar en diversas formas de demencia. De este modo, obtiene confirmación clínica una observación muy común, la de que los comportamientos de ciertos "progresistas" no solo son grotescos, sino que resultan imposibles de justificar desde el sentido común, adolecen de irracionalidad.

Hace tiempo que los psicólogos relacionaron la personalidad izquierdista con el resentimiento, o sea, con el repudio de los valores y la exaltación de contravalores. Ahora la etiología psíquica se complementa con una explicación anatómica: El progresismo respondería a una dolencia del tipo del Alzheimer, en este caso, a una descomposición del cortex en la parte derecha del lóbulo frontal.

Por encima de la parafernalia progresista, que en gran parte es un retórica, el análisis de las raíces teóricas resulta altamente revelador. La lectura del clásico manual de N. L. Bujarin El materialismo histórico (1921) que ha sido el fundamento de millares de libros, tesis y artículos, o del escolar Manual del marxismo leninismo (1945) de O. Kusiner, que ha sido un catecismo tácito o expreso de millones de izquierdistas, y se compara tales esquemas doctrinales con sus resultados, parcialmente recogidos en el dramático Libro negro del comunismo (1997), se llega a la conclusión de que tales construcciones ideológicas sólo son explicables como síntomas de insania mental, autógena en unos, inducida en otros. La lógica, la sociología y la neurología de B. Miller convergen.

Cuando la medicina descubra un tratamiento adecuado, es probable que desaparezca en los promotores la anomalía progresista y se imponga la normalidad en las sociedades humanas. Las cabelleras teñidas de verde, los andrajos caros, los collares astrosos, las bufandas en verano, el lenguaje soez, el libertinaje sexual, la protesta permanente, las actitudes pseudorevolucionarias, el permisivismo moral, la contracultura, etc. serán síntomas que aconsejarán un tratamiento no político o doctrinal, sino estrictamente médico.

Si el autodesplome del socialismo real ha significado la unificación socioeconómica de la Humanidad en torno al modelo de iniciativa privada y de mercado libre, es posible que la cura del síndrome progresista unifique en sentido conservador y más racional las actitudes humanas. Sería la globalización del talante político.



Noé de Callar



 

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