Razón Española, nº 109; ¿Desvertebración moral?

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¿Desvertebración moral?

Por J. López Medel

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¿Desvertebración moral?

Ortega y Gasset influyó con aquel famoso artículo «Delenda est Monarquia» para traer la República en 1931, de cuyas Cortes sería diputado con Marañón, Ayala, Recanses Siches, y otros, a través de la Agrupación al Servicio de la República. No mucho después, escribió otro sonado artículo, «No es esto, no es esto». Y comenzó su alejamiento, hasta que en 1936, estando en Madrid, se exilió por miedo a los propios republicanos. Como le ocurrió a Recanses Siches, desde París (algo de esto he contado en el libro «Ortega y Gasset en el pensamiento jurídico contemporáneo»).

Cuando J. L. Abellán se pregunta por qué el cambio radical de Ortega acerca de la República, responde -según su punto de vista, que coincide con el de mis conversaciones con Recasens en Méjico- «Ortega se va desentendiendo del régimen que tanto había contribuido a traer, fundamentalmente por dos cuestiones: el tema de los estatutos de autonomía y por la cuestión escolar.» Lo primero -comentamos nosotros-, porque se podría llegar a la desvertebración política de España. Lo segundo, porque la reforma educativa podría afectar a la desvertebración moral de la sociedad española. Y Ortega, que en el Congreso de los Diputados manifestó en alguna ocasión que no era católico, tomó posición frente al tratamiento dado a las congregaciones religiosas dedicadas a la enseñanza, y a la desaparición de la educación católica.

Estamos hoy en otras condiciones sociopolíticas. Pero el vuelco que se ha dado en nuestra sociedad va por parecido camino. En materia de educación, sigue la tensión entre la enseñanza no estatal y la estatal. No hay manera de que los políticos en el poder o en la oposición se decidan a cumplir el mandato constitucional sobre el derecho de los padres a una formación integral según sus opciones. Autonomías gobernadas por la derecha actúan como si no lo fueran respecto de temas como las parejas de hecho, la adopción de hijos por homosexuales, la píldora abortiva, o bien no se inician en los conciertos escolares desde la enseñanza infantil. En definitiva, los principios del humanismo cristiano no se ven ni en los medios de comunicación, ni en las calles, ni en las medidas de dignificacióin moral de la juventud, de apoyo a las familias, etc.

¿Estamos en riesgo de desvertebración moral de la sociedad? Los pilares de aquélla son la juventud y la familia. En esto podrá haber variantes, según las autonomías, y acaso por eso no se dé la sensación de un cerco al Estado. Pronto puede ser tarde. No hay que ponerse tristes, sino realistas. En todo caso, valientes, porque si se erosionan las raíces éticas de una sociedad se caerá en una desvertebración moral, que alcance a otros órdenes de la vida.



Jesús López Medel



 

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