¿Desvertebración
moral?
Ortega
y Gasset influyó con aquel famoso artículo «Delenda
est Monarquia» para traer la República en 1931, de
cuyas Cortes sería diputado con Marañón, Ayala,
Recanses Siches, y otros, a través de la Agrupación al
Servicio de la República. No mucho después, escribió
otro sonado artículo, «No es esto, no es esto». Y
comenzó su alejamiento, hasta que en 1936, estando en
Madrid, se exilió por miedo a los propios republicanos.
Como le ocurrió a Recanses Siches, desde París (algo de
esto he contado en el libro «Ortega y Gasset en el
pensamiento jurídico contemporáneo»).
Cuando J. L. Abellán se pregunta por qué el cambio
radical de Ortega acerca de la República, responde
-según su punto de vista, que coincide con el de mis
conversaciones con Recasens en Méjico- «Ortega se va
desentendiendo del régimen que tanto había contribuido
a traer, fundamentalmente por dos cuestiones: el tema de
los estatutos de autonomía y por la cuestión escolar.»
Lo primero -comentamos nosotros-, porque se podría
llegar a la desvertebración política de España. Lo
segundo, porque la reforma educativa podría afectar a la
desvertebración moral de la sociedad española. Y
Ortega, que en el Congreso de los Diputados manifestó en
alguna ocasión que no era católico, tomó posición
frente al tratamiento dado a las congregaciones
religiosas dedicadas a la enseñanza, y a la
desaparición de la educación católica.
Estamos hoy en otras condiciones sociopolíticas. Pero el
vuelco que se ha dado en nuestra sociedad va por parecido
camino. En materia de educación, sigue la tensión entre
la enseñanza no estatal y la estatal. No hay manera de
que los políticos en el poder o en la oposición se
decidan a cumplir el mandato constitucional sobre el
derecho de los padres a una formación integral según
sus opciones. Autonomías gobernadas por la derecha
actúan como si no lo fueran respecto de temas como las
parejas de hecho, la adopción de hijos por homosexuales,
la píldora abortiva, o bien no se inician en los
conciertos escolares desde la enseñanza infantil. En
definitiva, los principios del humanismo cristiano no se
ven ni en los medios de comunicación, ni en las calles,
ni en las medidas de dignificacióin moral de la
juventud, de apoyo a las familias, etc.
¿Estamos en riesgo de desvertebración moral de la
sociedad? Los pilares de aquélla son la juventud y la
familia. En esto podrá haber variantes, según las
autonomías, y acaso por eso no se dé la sensación de
un cerco al Estado. Pronto puede ser tarde. No hay que
ponerse tristes, sino realistas. En todo caso, valientes,
porque si se erosionan las raíces éticas de una
sociedad se caerá en una desvertebración moral, que
alcance a otros órdenes de la vida.
Jesús López Medel
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