Heidegger:
filosofía y polítíca
El día
26 de Mayo de 1976 fallecía en Messkireh, su lugar de
nacimiento, uno de los filósofos más influyentes del
siglo XX, Martín Heidegger. Con motivo del
vigésimoquinto aniversario de su muerte, se vuelve a
plantear su colaboración efectiva con el régimen
nacionalsocialista y la posibilidad de aceptar el
filosofar sólo como algo politizado, como pionero o como
acompañante en la lucha ideológica.
La referencia del filosofar a la política es algo que
les ha sido impuesto por la época a los filósofos
relevantes del siglo XX. En ellos se muestra la
referencia del filosofar a las tendencias políticas, el
ser empujado a reflexionar sobre la esencia y las formas
de la cosa pública. El filosofar europeo de la primera
mitad del siglo XX, no sólo tenían una tendencia de
crítica de la época en un sentido vago, sino que
expresamente se refería a la política: Jaspers
filosofó de forma moralizante tratando de hacer oír su
voz en la ciencia, la religión y la política; Lukacs no
sólo puso la filosofía al servicio del marxismo sino
que también se situó en medio de las contiendas
políticas; Popper contrapuso el racionalismo crítico a
los «enemigos de la sociedad abierta» y aspiró a una
modificación de la situación tradicional; Sartre son su
talante comprometido de agitación reaccionó con las
formas más radicales de la protesta en contra de lo
existente.
El compromiso político fácticamente asumido por los
filósofos plantea la cuestión de saber de qué manera
la filosofía tiene que relacionarse con la política si
desea asumirla razonablemente. Tanto Platón como San
Agustín, tanto Spinoza como Rousseau, tanto Hegel como
Marx, trataron de justificar o rechazar la situación
política existente.
En la primera mirada a la obra de Heidegger observamos
que él no elaboró ninguna filosofía política, pero
que, sin embargo, dentro de las diferentes fases de su
pensamiento fue siempre un filósofo políticamente
comprometido. Sus trabajos están impregnados de
manifestaciones políticas relevantes: de alusiones a
acontecimientos y tendencias, de polémicas y reiteradas
prédicas en contra de los fenómenos de decadencia de su
tiempo y, a partir de una determinada época, de intentos
de definir la relación entre filosofía y política.
Ser y tiempo fue entendida en todas partes, en 1927, como
un llamamiento al individuo a fin de que reflexiones
sobre sí mismo y se sitúe sobre sí mismo, en una
época de decadencia. En Sein und Zeit no sólo se
contrapone la existencia «auténtica» de cada cual al
«uno» y de la forma de ser del «uno» se dice que
constituye la «opinión pública», sino que también la
realización de la existencia propia de cada cual es
referido al acontecer abarcante de la comunidad que
Heidegger llama «pueblo». Para el Heidegger de la
década de los treinta del siglo XX, el «pueblo» es la
forma como el ser-ahí es centro de la historia en
nuestra época. La política es sólo política del
pueblo que es un pueblo entre otros.
Heidegger intentó concebir a la poesía y al arte, al
pensamiento, a la política, como las formas decisivas de
hacer que acontezca la verdad de manera obligatoria para
una comunidad histórica de personas. La obra poética y
la obra de arte, la obra del pensamiento, la obra del
Estado, eran para él las formas decisivas en las que la
verdad se instalaba. Lo realmente excitante para
Heidegger eran las visiones metafísicas que iban unidas
a las transformaciones políticas. Para él, la época,
del totalitarismo es la época final de la metafísica;
el intento de la metafísicas, es decir, del clásico
pensamiento europeo, de coger la totalidad del ente
recurriendo a sus fundamentos, se ha convertido en
concepción del mundo, que se hace una imagen del mundo
en su totalidad y, sobre todo, una imagen del hombre.
En Heidegger no es posible encontrar ningún punto de
partida fime para la solución de los problemas que
representan la dimensión política del filosofar. El
pensamiento de Heidegger puede converger con las
cuestiones candentes de su tiempo, al experimentar aquél
la verdad del ser como un esquema que crea vinculaciones,
alcanzando la dimensión en la que se forma la
responsabilidad, es decir, la dimensión de lo ético y
de lo político. El pensamiento de Heidegger tiene que
ser captado allí donde ofrece análisis concretos y, con
la realización de tales análisis concretos, opone en
discusión la esencia de la filosofía. Para Heidegger,
la filosofía implica una movilidad libre en el
pensamiento y los planteamientos, es un acto creador que
disuelve las imágenes del mundo y las ideología. Cuando
el filosofar trata de discutir cuestiones vinculadas con
la conformación de la «civilización mundial» penetra
en una dimensión «política» en el más amplio sentido
de la palabra.
El tradicional problema de theoria y praxis, Heidegger
trata de esquivarlo procurando determinar de una nueva
manera las constelaciones de theoria, praxis, poiesis. Al
llegar la filosofía a la dimensión política, la
autodistinción con respecto a lo político en sentido
estricto se transforma en tarea de la filosofía
política al alcanzar ella, por sí misma, la dimensión
polític , práctica. Heidegger ha analizado demasiado
poco la referencia de su filosofía a la dimensión
política y ha dado pocos pasos legítimos en el ámbito
de lo político.
Aun cuando Heidegger reaccionaba ante acontecimientos
políticos, la imaginación filosófica fue la que
dirigió su reacción y su acción, siendo aquella
imaginación filosófica la que transformó el escenario
político en un horizonte de filosofía de la historia,
en el que se interpretaba su interioridad imaginaria de
los acontecimientos. La filosofía hedeggeriana
proporciona fabulosas imágenes ralativas al horizonte
lejano de la historia del ser y magnificas impresiones
próximas en relación con existencialidades como la
angustia o el aburrimiento. El problema radica en la
distancia media donde su objetivo no se centra y donde se
ubica la razón de lo pólitico.
A pesar de todo, no podemos dejar de relatar a los
veinticinco años de su muerte la permanencia y la
vigencia del pensamiento heideggeriano que ha marcado la
filosofía contemporánea y que, en los albores del nuevo
siglo, se sigue dejando sentir entre los filósofos de
aquellas corrientes habitualmente influídas por él :
fenomenología, hermeneútica, filosofía de la
diferencia, postmodernismo, etc.
Luis Sánchez de Movellán
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