LIBROS: Giovanni Gentile e la Rsi. Morte «necesaria» di un filosofo. Presentación de A. James Gregor nº 108 Razón Española

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LIBROS: Giovanni Gentile e la Rsi. Morte «necesaria» di un filosofo. Presentación de A. James Gregor. nº 108

Comentarios de Jerónimo Molina al libro de Alessandro Campi.

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LIBROS: Giovanni Gentile e la Rsi. Morte «necesaria» di un filosofo. Presentación de A. James Gregor

Campi, Alessandro: Giovanni Gentile e la Rsi. Morte «necesaria» di un filosofo. Presentación de A. James Gregor, ed. Quaderni Terziaria, Milán, 2001, 152 págs.



Italia constituye hoy un buen ejemplo de espíritu de independencia. Su salud intelectual, dadas las circunstancias de la cultura europea, es envidiable. Ello se debe, entre otras razones de índole política -«mani pulite», descrédito de los viejos partidos del consenso (el régimen del «consociativismo» diseccionado por Gianfranco Miglio)-, a la renovación académica y científica que se ha operado durante el último cuarto del siglo XX. Atrás han quedado Francia o Alemania. El caso español presenta algunas peculiaridades sorprendentes, pues no habiéndose acomodado la inteligencia española de la II postguerra mundial a las formas elementales del pensamiento uniforme, en las últimas décadas se han abandonado posiciones científicamente dignas, allanándose muchos (especialmente los universitarios de carrera) a la presión del consenso, cuyo gran pecado en el plano intelectual ha sido el adanismo.

Este libro de Campi permite decantar algunas consideraciones sobre las condiciones en las que pudo imponerse en Europa una cultura política de la postguerra. Por un lado, expone con gran claridad las razones, tanto subjetivas como objetivas o generales, del compromiso del filósofo Giovanni Gentile, asesinado por los comunistas el 15 de abril de 1944, con la República social italiana. Entre las primeras, señala Campi las acusaciones de traición de antifascistas y fascistas, su peculiar concepción de la misión del intelectual (en su último artículo, publicado en «Civiltà Fascista», manifestó por enésima vez su rechazo del «sofisma de los prudentes»); y en fin, su coherencia histórica y filosófica, que le impidió apartarse del fascismo en la hora decisiva, entendiendo que eso desacreditaba radicalmente a quien había visto en este movimiento la culminación del Risorgimento. En cuanto a las motivaciones objetivas, compartidas por muchos italianos, el autor menciona el sentido de la amistad y la lealtad hacia la persona de Mussolini; el rechazo del armisticio del 8 de septiembre, por lo que suponía de pérdida de la dignidad y del honor nacional empeñado en la palabra dada a Alemania (testimonio de esas horas trágicas son, por cierto, unas páginas extraordinarias de Ismael Herráiz, Italia fuera de combate), y por último, la motivación patriótica que le impulsó a buscar una conciliación entre los italianos que se enfrentaron en guerra civil.

Campi piensa que la muerte de Gentile fue necesaria: Gentile, en su opinión, tenía que morir asesinado. ¿Por qué? Había, un gran interés inglés -aunque no sólo inglés- por quitar de enmedio a los personajes más significados del fascismo italiano, con lo que se imposibilitaría el simulacro de un proceso penal. «Gentile, explica el autor, fue asesinado según una idea europea continental del derecho de la guerra, concepción realista, humana y alejada de cualquier moralismo que después de un conflicto armado sólo puede admitir dos salidas para el enemigo: el perdón o la venganza (...), pero no la aberración jurídica de un tribunal penal de guerra compuesto únicamente por los vencedores» (pág. 128-9). Había también otros intereses que concurrieron en la muerte sacrificial de Gentile. Y es en este punto en el que la necesidad del asesinato parece convertirse en recurso utilitario del plan de Togliatti para nacionalizar el comunismo italiano y conquistar la hegemonía cultural. Para ello resultaron imperativas la eliminación física de Gentile y la aniquilación intelectual y moral de Croce. Así podría pasarse de la fase cultural gentiliana-croceana a la marxista-gramsciana.

Si el clima español de independencia intelectual lo permitiera, convendría también en España recordar, como hace Campi para Italia, sine ira ac studio, algunas muertes intelectuales y no pocos silencios inmorales. En todo ello, que bien poco tiene que ver con la épica de las fundaciones políticas (como ha demostrado Antonio García Trevijano en otro contexto), se sustentan los últimos años de vida española. Algunas de esas muertes útiles obligarán a una nueva generación de universitarios españoles desayunados de historia a mirar con justicia el pasado reciente.



Jerónimo Molina



 

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