Razón Española, nº 108; Independencia a plazos

pag. principal Razón Española

Independencia a plazos

Por Javier Nagore Yárnoz

Las autonomías reinventan el Ini indice Las represiones

Independencia a plazos

En los comienzos de la llamada transición -palabra a la que juicio de muchos sobran letras-, un periodista ilustre, Ramón Sierra y Bustamante, Director que fue del «Diario Vasco», calificó a ETA y al PNV como partidarios, de la independencia del País Vasco, respectivamente, «al contado» y «a plazos». Los hechos van confirmando tal apreciación. Las ambigüedades de la Constitución de 1978 respecto a la unidad nacional, los va-cíos constitucionales, debidos a una técnica imprecisa y confusa en aras del consenso, están llevando a gran número de españoles a desesperar sobre el fin de nuestra Patria, tal como se concibió durante siglos. Ahora, en trance de federalismo, anárquico e independentista, se halla en trámite de desunión. Su unidad apenas se defiende, incluso por los partidos políticos autodenominados «constitucionalistas», siempre en vías de consensuar con los «independentistas» «a plazos» los propios principios constitucionales; pese a que unos los votaron y los otros, sin votarlos, los admitieron en su día.

Un breve repaso a lo sucedido en las elecciones del 13 de mayo lleva a unas probables consecuencias.

El tácito consenso entre los partidos comenzó con la campaña electoral. Fue una campaña proindependentista del PNV, EA y sus afines, tolerada por PP y PSOE, y financiado por todos los españoles a través de un Gobierno españolista con mayoría absoluta. Ciertamente, todos financiamos con impuestos unas elecciones en la que el triunfo de la coalición PNV-EA ha sido el fruto de la campaña proindependentista; es decir, contra la unidad constitucional de España.

Subrayó César Alonso de los Ríos (16 de mayo) cómo ya no tienen excusa alguna los españoles que, a estas alturas, se nieguen a admitir la aspiración real de los nacionalistas vasco de la independencia. «Dejando a un lado -dice- a aquellos que les resulta indiferente la cuestión ya que carecen de la más mínima conciencia española o son tan inconscientes de los peligros que supondría la separación de una parte del territorio nacional, son muchos los que se niegan a plantearse el problema por miedo a las respuestas que éste debería tener por parte del Estado y por parte de la ciudadanía. Prefieren pensar que se trata de una mera ensoñación o de una forma de chantar que jamás nadie se atrevería a plantear en serio. Durante años venimos oyendo decir a muchos constitucionalistas que la reivindicación independentista es respetable si no viene acompañada de la violencia. ¿Siguen manteniendo esta tesis después de las elecciones vascas del 13 de mayo?» La respuesta es afirmativa. Aznar declaró a raíz de las elecciones: «En España se puede defender lo que se quiera. Ha habido partidos que se han presentado a las elecciones defendiendo el soberanismo o la independencia. A mí no me gusta, pero es legítimo» («Diario de Navarra», 18 de mayo).

El proceso de una independencia a plazos, querida por las que han ganado las elecciones, bien pudiera desarrollarse así:

En una primera fase el Parlamento Vasco plantea la autodeterminación=soberanía=independencia de «Euskadi» y acuerda el sí.

La segunda fase puede ser la de «Navarra, Euskadi da» (Navarra es Euscadi), a través de un referéndum autodeterminativo consentido por el Gobierno y los otros partidos políticos en aras de una paz «democrática». En tal fase, la confusa Disposición Transitoria 4.º de la Constitución -que supuso un contrafuero para Navarra- puede también jugar su papel. Después, la bendición de una tal «política» constitucionalista por PNV, EA, IU con apoyos puntuales de catalanistas y «polanquistas». Y como nadie parece hacer una política españolista eficaz, se produce la partición de la Patria.

Política eficaz, digo, pues hasta ahora los partidos han teorizado sobre la Constitución, pero no la han puesto en práctica. Cuando lo intentan, el nacionalismo independentista reacciona, toda vez que antepone la independencia a todo. Un conocido columnista resume así este proceso: «Quieren segregarse de España en unas condiciones o en otras, y esas condiciones es lo único que consideran discutible. Y eso es el producto natural y previsible de veinticinco años de cesiones, paciencia y complacencia en una terca y progresiva política de educación de los jóvenes y de incitación de los adultos. La enseñanza, la propaganda y el terror han dado sus frutos malignos, y esos frutos son los que han ganado las elecciones del 13 de mayo. Un pedazo de la carne de España se encuentra herido y desgarrado» (J. Capmany, 16.V)

¿Seguirán otras fases «consentidas» para que otras tierras de España se desgarren de la Patria común? No es una pregunta inútil.

¿Qué dicen algunos de los consagrados principios constitucionales en estos puntos? Veámoslo:



- La soberanía nacional reside en el pueblo español (art º 1, 2 de la Constitución)

- La Constitución se fundamenta en la unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles (artº 2)

- Las Fuerzas Armadas, constituidas por el Ejército del Aire, tienen como misión garantizar la soberanía e independencia de España y defender su integridad territorial (artº 8)

- Una ley orgánica regulará los estados de alarme, de excepción y de sitio (artº 116.1)

- La suspensión de derechos y libertades cuando se acuerde la declaración de estado de excepción (Capítulo V del Título I de la Constitución)

- En ningún caso se admitirá la federación de Comunidades Autónomas (artº 146.1)

- El Estado tiene competencia exclusiva sobre la regulación de las condiciones básicas que garanticen la igualdad de todos los españoles en el ejercicio de los derechos y en el cumplimiento de los deberes constitucionales (artº 149.1º)



Los partidos constitucionalistas que pensaron y dijeron aquello de «fuera de la Constitución todo es caos», ni pensaron ni practicaron -y así continúan- el consejo de Sófocles en una de sus clásicas tragedias: «!No des órdenes que no puedas hacer cumplir». Aún más, ni siquiera pretenden, Constitución en mano, cumplir lo que ésta previene ni hacer efectivos sus mandatos. Hacen real el pensamiento de Quevedo en su Política de Dios y Gobierno de Cristo: «Quien ordena lo que no hace, deshace lo que ordena».

Este abandono -¿no poder o no querer?- en la defensa de España en su unidad de siglos, lleva a la tolerancia, teórica y práctica, hacia los separatismos. La independencia, pretendida por algunas autonomías, no se controla permitiendo su predicación, sino prohibiéndola mediante la aplicación de los principios básicos de la Constitución en manos del Gobierno nacional. De esos principios que prohíben cualquier soberanismo independentista, incluso el pretendido «a plazos»



Javier Nagore Yárnoz



 

Las autonomías reinventan el Ini indice Las represiones

Cartas a Razón Española

Buzon Pulse aquí para enviar correo


La obra de Razón Española es propiedad registrada
Prohibida la reproducción total o parcial de estos documentos sin previa autorización y acuerdo.