LIBROS: McCarthy
o la historia ignorada del cine
Alonso
Barahona, Fernando: McCarthy o la historia ignorada del
cine, ed. Criterio, Madrid 2001, 216 págs.
Alonso Barahona es autor de más de una docena de libros
de historia del cine, pero, escritor de amplio espectro,
también ha ofrecido ensayos doctrinales como La derecha
del siglo XX (1994), aquí reseñado («Razón
Española» núm. 67, septiembre 1994, págs. 244-246).
Su último título, centrado en el senador J. R.
MacCarthy (1908-1957), es una crónia de la política y
del cine estadounidenses en la segunda postguerra
mundial.
Según el autor, fue «tal vez el senador más popular de
América durante el siglo XX». Duro trabajador en la
granja de su padre, obtuvo las máximas calificaciones
universitarias, joven abogado, juez de distrito en 1941,
ejemplar aviador voluntario en la guerra, senador
republicano por Wiscounsin a los 38 años, muy activo en
la cámara, declaró en 1947 que su principal objetivo
era luchar contra la expansión del comunismo. Animado
por el jesuita E. A. Walsh, una de las figuras más
eminentes del catolicismo norteamericano de la época,
McCarthy hizo público en 1950 que poseía una lista de
espías al servicio de la URSS en los EE.UU., todos
funcionarios gubernamentales. La denuncia cayó como una
bomba en la opinión pública y provocó una virulenta
reacción entre los sectores más izquierdistas del
partido demócrata, los allí llamados «liberales», que
llegaron incluso a inmiscuirse en la vida privada de
McCarthy.
La campaña desenmascaradora de filocomunistas tuvo un
eco en la Meca del cine. Allí las máximas figuras como
J. Wayne, C. B. de Mille, C. Gable, R. Taylor o G.
Cooper, crearon en 1944 la Alianza para la Defensa de los
Valores Americanos, como respuesta a la infiltracióin
comunista en Holywood. El resultado fue una «lista
negra» de directores y actores, hoy desconocidos salvo
Chaplin. Es lo que los filocomunistas calificaron de
«caza de brujas»; pero los acontecimientos demostraron
que, como denunció McCarthy, la administración estaba
minada por espías al servicio del comunismo soviético.
Además de los casos famosos de J. Rosenbertg, K. Fuchs,
D. McLean, A. Giss, la apertura de los archivos
soviéticos ha revelado una lista de unos trescientos
espías soviéticos infiltrados en la Administración
americana. Es el ya famoso caso Venona. Alonso Barahona
cita una decena de sensacionales investigaciones sobre el
tema. La operación McCarthy no era una caza de brujas,
sino de espías comunistas. Hoy es evidente que esos
espías permitieron prolongar la agonía del socialismo
real.
Sin embargo, la izquierda política, autodenominada
«progresista», como Stalin, que bate records de rencor
y encastillamiento, todavía se define en EE.UU. y en
otros países con el burdo «palo a McCarthy», como
signo de autoidentificación. En España, es el «palo a
Franco», aunque la dimensión histórica del
Generalísimo no es comparable a la del senador
estadounidense.
Esta investigación documentadísima y apoyada en una
vasta bibliografía de todos los signos, desmonta uno de
los tópicos marxistas, el antimacarthysmo, y sitúa al
personaje en su justa dimensión de patriota impetuoso y
rotundo, muerto a los cuarenta y nueve años en olor de
multitud. Su entierro fue acompañado por decenas de
miles de admiradores y por los más distinguidos
políticos americanos de la época.
«Miente que algo queda», solía decir Lenin. A los
seguidores de tal consejo poco les afecta la verdad.
J. L. Núñez
|