LIBROS: El genio
militar de Franco
Semprún,
José: El genio militar de Franco, ed. Actas, Madrid
2001, 180 págs.
Coincidiendo con el XXV aniversario del fallecimiento de
Franco, apareció una serie de libros sobre su figura, en
la mayoría de los cuales predominaba el oportunismo
mercantil y partidista sobre las preocupaciones
propiamente históricas. Entre ellos el del coronel
Blanco Escolá que, desde su mismo título y la persona
de su prologuista, anunciaba una literatura
pseudo-histórica para lectores incautos. Uno más de los
libros-basura que se vienen arrojando sobre Franco. La
única novedad es la condición de coronel de Caballería
de su autor.
Ahora, la editorial Actas, conocida por la seriedad de
los textos que publica, acaba de dar a la imprenta un
libro de José Semprún dedicado, como reza el
subtítulo, a formular algunas «Precisiones a la obra
del coronel Blanco Escolá». La misma idea aparece en la
contraportada del volumen. El libro va mucho más allá
del subtítulo puesto que no se trata de «algunas
observaciones» a la obra del «coronel profesor», como
repetidamente le llama Semprún con evidente sorna, sino
de una refutación absoluta de los postulados y
afirmaciones contenidos en el trabajo del citado coronel.
Blanco se lo había puesto muy fácil a su crítico, ya
que las inexactitudes, errores groseros y desconocimiento
de cuestiones básicas, no ya del arte militar sino de
sentido común, y la ignorancia de los datos puestos a la
luz por la numerosa y solvente investigación histórica
que existe sobre la guerra civil, son tan enormes y
repetidos que es poco el esfuerzo necesario para ponerlos
de manifiesto.
El estudio de Semprún tiene un indiscutible mérito
inicial, que es el valor necesario para, en estos tiempos
de censura poco encubierta, salir al paso de bodrios como
el de Blanco tan «políticamente correcto» y tan en
línea con las dictadas consignas, demonizadoras de la
brillante era de Franco. Pero es que, además, lo hace
utilizando un recurso poco frecuente entre nosotros como
la fina ironía en la que resulta un maestro. A veces, la
ironía se convierte en un sarcasmo que recuerda el
estilo quevedesco que pasa de la ironía a la burla y de
ésta a la diatriba, ahora muy merecida.
Semprún pone en evidencia la pobreza intelectiva de
Blanco, su deficientísima formación histórica, y las
inmensas contradicciones en que incurre a cada paso. A
todo ello se añade la paradoja -bien vista por nuestro
autor- de que las fuentes a las que recurre
preferentemente Blanco, y que maneja muy mal, resultan
ser en su mayoría procedentes del sector dinástico que
apoyó a Franco inicialmente en la esperanza de una
restauracióin en la persona del conde de barcelona. Es
decir, que para trazar un retrato denigrante de Franco
utiliza los escritos de quienes le apoyaron inicialmente
como instrumento para sus propósitos monárquicos a los
que Franco no sirvió entonces, provocando una inquina
que dura hasta hoy. Así, Semprún penetra en la propia
personalidad de Blanco, al parecer heredero de aquella
frustración ya tan lejana.
No es necesario entrar en el detalle de los tremendos
dislates que revela Semprún, pero son tan de bulto que
se extienden a la mayor parte de las cifras que aporta,
incluidos datos tan fáciles de averiguar como fechas
señaladas y distancias entre ciudades. Por citar una:
Blanco estudia los itinerarios para llegar de Sevilla a
Madrid distinguiendo entre «ruta corta» (por Córdoba)
y «ruta larga» (por Mérida) y denuncia el «grave
error de Franco» al elegir la supuesta ruta larga. Pues
bien, Semprún señala que la diferencia de recorrido
entre ambas es de ¡tres kilómetros! Sin comentarios.
Semprún cree encontrar en la raíz de las actitudes de
Blanco una postura atávica en el militar de carrera, y
más si pertenece a alguna supuesta élite que practica
un desprecio hacia quienes no pertenecen a ella. De ahí
se deduce, siempre según Semprún, la actitud desdeñosa
con que trata al Ejercito republicano, su desprecio hacia
los soldados de reemplazo y, en general, hacia el bando
perdedor de la guerra al que sólo considera capaz de
huidas, pánico generalizado y desbandadas continuas. Es
posible que en Blanco perviva ese atavismo, pero lo que
se deduce directamente de su libro y de las precisiones
que hace Semprún es la poca preparación con que está
escrito, su evidente sectarismo y, además, su falta de
respeto a la historia y a los vencidos cuyos actuales
simpatizantes así lo han visto, a juzgar por comentarios
recientes. El propio Franco manifestó en muchas
ocasiones su admiración por le heroísmo de quienes
tenía enfrente a los que calificó como la segunda
Infantería del mundo, después de la nacional, que fue
la victoriosa.
El libro de Semprún es interesante y valioso, y resulta
demoledor para la obra del coronel cuyo paso por la
Academia General Militar como profesor, no supone su
pertenencia a ninguna élite, sino que revela una de las
mayores deficiencias de nuestro actual sistema edutativo.
Armando Marchante Gil
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