LIBROS: El evolucionismo en apuros nº 108 Razón Española

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LIBROS: El evolucionismo en apuros. nº 108

Comentarios de A. Landa al libro de Silvano Borruso .

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LIBROS: El evolucionismo en apuros

Borruso, Silvano: El evolucionismo en apuros, ed. Criterio, Madrid 2000, 214 págs.



Con antecedentes como el de J. B. Lamarck, en 1859, formuló C. Darwin su tesis de que las especies vivientes proceden de otras anteriores por selección natural. H. Spencer dio al evolucionismo rango filosófico, y E. Haeckel ofreció en 1899 una interpretación evolucionista no sólo de la vida, sino del Universo. Desde entonces, la cuestión se ha convertido en una de las fundamentales de la filosofía, la cosmología y la biología. Uno de los puntos más polémicos es el de la supuesta incompatibilidad del evolucionismo con el creacionismo, postulado por religiones como la cristiana.

En este pequeño libro, el ingeniero italiano Borruso presenta, en términos vulgarizadores, las objeciones que desde diferentes campos, sobre todo el de la biología, se han formulado contra el evolucionismo. Con razón, comienza destacando que lo que se opone al creacionismo no es el evolucionismo, sino la afirmación de la eternidad de la materia. Y reconoce que algunas formulaciones de la tesis evolucionista son compatibles con la teología cristiana, como parece deducirse de cierta declaración pontificia. No obstante, el autor considera científicamente inaceptable la hipótesis de que a partir de las partículas elementales se ha formado azarosamente el Universo que conocemos, incluido el hombre, es decir, sin intervención de una superior mente ordenadora.

El argumento principal es el del cálculo estadístico. Un virus, el organismo más simple conocido, tiene 124 proteínas, cada una de las cuales se compone de un número medio de 400 aminoácidos. La posibilidad de que por azar se forme tal virus es de una sobre 10-14184, o sea, prácticamente nula. Además, ciertas agrupaciones de aminoácidos tendrían que realizarse simultáneamente para no anularse recíprocamente, lo que hace aún más improbable su formacióin. La improbabilidad aumenta si se tiene en cuenta que el número de bases para constituir el ADN de un virus es de 148, con lo que habría una probabilidad sobre 10-89190.

Otra objeción es que los elementos que constituyen, por ejemplo, el ojo o el oído, carecen de sentido funcional cuando están separados unos de otros, por lo que hay que descartar su formación aislada por etapas. No hay una evolución de la invidencia o la videncia, sino brusca y conjunta de la totalidad de las partes del órgano.

Lo mismo ocurre con las funciones respiratoria, digestiva o escretoria: unos órganos separados de otros carecen de sentido operativo; su formación ha de ser simultánea, no progresiva a lo largo de los millones de años que se suponen en las teorías evolutivas.

Libro de iniciación muy diáfano, aunque sus argumentos no hayan hecho mella en la convicción evolucionista tan generalizada entre cosmólogos y biólogos. Una conclusión es muy clara: la interpretación evolucionista de la realidad es una hipótesis aún no comprobada experimentalmente en los laboratorios. Y es compatible con la idea de un Dios creador y mediatamente ordenador, quizá por un acto único y desde el momento inicial de la gran explosión primigenia.



A. Landa



 

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