LIBROS: Atando
cabos
Morodo,
Raúl: Atando cabos, ed. Taurus, Madrid, 2001, 656 págs.
Como el que más y el que menos ha escrito alguna vez un
diario, parecería que redactar unas memorias está al
alcance de cualquiera, y ahora abundan en España. Sin
embargo, es uno de los géneros más difíciles porque
sólo admite tres formas de excelencia, ser una obra de
arte, ser el autorretrato de una personalidad fascinante,
o ser el testimonio de un protagonista de sucesos
memorables. Las dos primeras posibilidades son
extremadamente raras; la última lo es menos, pero la
mayoría de los sujetos de la Historia -políticos,
artistas o científicos- han muerto sin narrar sus
recuerdos. Por ejemplo, sólo un jefe de Estado español
desde Pelayo a Franco ha legado unas memorias cabales. A
pesar de esta dificultad inicial, Morodo, que no ha sido
actor de sucesos destacados, nos presenta este grueso
tomo como primero, puesto que se extiende al período
1935-1966, es decir, hasta que el autor cumple treinta y
un años. Es de suponer que el segundo tomo, ahora sólo
anunciado, abarcará desde 1967 hasta la actualidad.
Los acontecimientos en que participó Morodo durante su
juventud son de relevancia limitada. Por eso su
narración es más bien una crónica crítica de una
década española, y un tejido de anécdotas en las que
intervienen centenares de amigos y conocidos; en total,
los citados son más de dos mil.
El propósito central de estas glosas y evocaciones es
demostrar que Morodo fue un «partisano progresista»,
que es como el autor se autodefine (Stalin desprestigió
lo de «progresista»). Otras aportaciones secundarias se
refieren a la formación del efímero partido socialista
de E. Tierno Galván, a precisar las memorias de éste, y
algunos ajustes de cuentas con líderes de la izquierda
política. Además, al cabo de veinticinco años, aparece
el todavía consabido «palo a Franco» a quien Morodo
identifica con el «terror», seguramente como un
atavismo o como una broma (en la centuria recién
transcurrida, frente a la paz desarrollista de Franco,
España sólo ha conocido dos terrores, el del trienio
socialista en la zona roja, y el etarra del último
cuarto de siglo).
La alusión a tantísimas gentes conlleva elogios,
ciertos desdenes y, sobre todo, reservas y objeciones.
Por eso, el balance del período resulta, en conjunto,
adverso. Lo más logrado del volumen son las primeras
setenta páginas, evocadoras de la niñez y la
adolescencia ferrolanas porque son las más emotivas y
las menos beligerantes. Algunos capítulos sobre
conspiraciones de tertulia, que no logran captar el
interés del lector, son mínimas y lejanas. El autor ha
querido ser exhaustivo en la reconstrucción de sus
recuerdos, no ha querido seleccionar sólo en función de
la brillantez o del impacto histórico. Acumula una gran
masa de noticias.Con frecuencia se limita a exponer una
valoración personal de hechos conocidos. Al final, la
categoría dominante es el talante antifranquista, más
declarativo que argumentado.
Aunque Morodo no aporte en esta ocasión novedades
factuales para uso de los historiadores, ha salvado del
olvido lances puntuales y tramas secundarias de la
pequeña política en el ámbito estudiantil
oposicionista. Y, probablemente, deja para el segundo
tomo el desarrollo doctrinario de su modelo de sociedad
A. Maestro
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