Razón Española, nº 108; Las represiones

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Las represiones

Por Eduardo Palomar Baró

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Las represiones

Los hijos y nietos de socialistas, comunistas, separatistas que perdieron la guerra civil española, ahora «demócratas de toda la vida», se asoman a los diferentes medios de comunicación «independientes y liberales» par denostar y fustigar a Franco y a su régimen, aduciendo falacias y manipulaciones. Uno de sus temas preferidos es el de la represión en la posguerra. Un pseudo historiador se atreve a emborronar un libelo diciendo, que a las personas de izquierdas «les negó la consideración de personas» y que la «tortura sistemática era otro de los ejes fundamentales de la represión franquista». Ya sólo falta que adjudiquen a Franco la creación y funcionamiento de las checas. Sostiene que «los tribunales militares estaban compuestos por personas emparentadas con víctimas de derechas, con lo que la pasión vengativa estaba asegurada» y que los consejos de guerra eran «farsas jurídicas que encubrían represalias políticas» Sin duda se olvidó en insigne «historiador» de relatar las «garantías» que recibieron millares de españoles que fueron asesinados por los amigos rojos del autor del panfleto, garantías que empezaban y terminaban con un tiro en la nuca, o delante de un pelón de fusilamiento a cargo de milicianos, la pared de un cementerio, o en un paseo, o en una cuneta.

Ricardo de la Cierva, historiador serio y documentado, al que siempre le ha preocupado el problema de la represión, tras un completo y minucioso estudio establece el número de veinte mil las sentencias de muerte dictadas por los consejos de guerra en la mayoría contra crímenes vulgares, a partir del 1 de abril de 1939. Ahora bien, esta cifra fue bastante menor que las ejecuciones dictadas por los sistemas democráticos nacientes en Francia e Italia desde 1944 en adelante.

Vamos al caso italiano. Con la creación de la República fascista de Saló y el alzamiento de la resistencia vertebrada por los comunistas, suscitó y enconó en el norte y centro de Italia una auténtica guerra civil que duró veinte meses a partir de la primavera de 1944. Las fuerzas armadas de Saló estaban próximas a los cuatrocientos mil hombres y las fuerzas comunistas, según cifras de Togliatti, llegarían a los doscientos cincuenta mil combatientes. Fue una guerra cruel, en la que rara vez se hacían prisioneros (bien lo demostró el ex miembro de las Brigadas Internacionales Walter Audisio al liquidar a Benito Mussolini y a sus acompañantes) y cuyo balance de víctimas ascendió a doscientos mil muertos, de los que la inmensa mayoría de produjeron en actividades de represión. Así pues, la represión italiana de posguerra es unas diez veces superior al española de posguerra y seguramente también supera la conjunto de la víctimas por represión que sumaron los dos bandos de la guerra civil española a lo largo de todo el conflicto.

Veamos ahora la represión francesa. El problema principal al investigar la represión desencadenada en Francia por la resistencia y las fuerzas francesas del Interior contra los colaboracionistas es el enorme silencio con que la propaganda comunista envolvió atrocidades disfrazadas de «lucha por la liberación». Pero se dispone del libro francés titulado Le livre noir de l'épuration, París, KS Reproservice, 1994. Un caso curioso es el de la prolongación en tierras galas de las persecuciones, ya que aún en 1997 se celebró el proceso Papon, después de cincuenta y tres años de los crimenes que se le imputaron. Por contra Franco decretó la prescripción absoluta de los delitos de cualquier clase cometidos durante la guerra civil en la primavera de 1969, cuando había transcurrido treinta años del final de la cruzada. Muchos crímenes de guerra cometidos en Francia y en otros puntos de Europa fueron, por decisión de los antiguos aliados y por presión de los judíos, imprescriptibles.

En Francia el régimen de Vichy se desfondó y apenas estableció centros de resistencia a la venganza «democrática» como hizo, en cambio, en Italia la República de Saló. La cifra de represión "democrática" más fiable es la incluida en el testimonio del ex ministro del Interior Adrien Tixier para el período comprendido entre el 6 de junio de 1944 (fecha del desembarco aliado en Normandía y comienzo real de la resistencia) y el mes de febrero de 1945; es decir, unas ciento cinco mil, equivalente la cinco veces la que corresponde a las ejecuciones de la posguerra española. Vale la pena citar el lema expuesto por el ministro cumunista de Justicia: «no será la balanza sino la metralleta».

Eduardo Palomar Baró



 

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