Las represiones
Los
hijos y nietos de socialistas, comunistas, separatistas
que perdieron la guerra civil española, ahora
«demócratas de toda la vida», se asoman a los
diferentes medios de comunicación «independientes y
liberales» par denostar y fustigar a Franco y a su
régimen, aduciendo falacias y manipulaciones. Uno de sus
temas preferidos es el de la represión en la posguerra.
Un pseudo historiador se atreve a emborronar un libelo
diciendo, que a las personas de izquierdas «les negó la
consideración de personas» y que la «tortura
sistemática era otro de los ejes fundamentales de la
represión franquista». Ya sólo falta que adjudiquen a
Franco la creación y funcionamiento de las checas.
Sostiene que «los tribunales militares estaban
compuestos por personas emparentadas con víctimas de
derechas, con lo que la pasión vengativa estaba
asegurada» y que los consejos de guerra eran «farsas
jurídicas que encubrían represalias políticas» Sin
duda se olvidó en insigne «historiador» de relatar las
«garantías» que recibieron millares de españoles que
fueron asesinados por los amigos rojos del autor del
panfleto, garantías que empezaban y terminaban con un
tiro en la nuca, o delante de un pelón de fusilamiento a
cargo de milicianos, la pared de un cementerio, o en un
paseo, o en una cuneta.
Ricardo de la Cierva, historiador serio y documentado, al
que siempre le ha preocupado el problema de la
represión, tras un completo y minucioso estudio
establece el número de veinte mil las sentencias de
muerte dictadas por los consejos de guerra en la mayoría
contra crímenes vulgares, a partir del 1 de abril de
1939. Ahora bien, esta cifra fue bastante menor que las
ejecuciones dictadas por los sistemas democráticos
nacientes en Francia e Italia desde 1944 en adelante.
Vamos al caso italiano. Con la creación de la República
fascista de Saló y el alzamiento de la resistencia
vertebrada por los comunistas, suscitó y enconó en el
norte y centro de Italia una auténtica guerra civil que
duró veinte meses a partir de la primavera de 1944. Las
fuerzas armadas de Saló estaban próximas a los
cuatrocientos mil hombres y las fuerzas comunistas,
según cifras de Togliatti, llegarían a los doscientos
cincuenta mil combatientes. Fue una guerra cruel, en la
que rara vez se hacían prisioneros (bien lo demostró el
ex miembro de las Brigadas Internacionales Walter Audisio
al liquidar a Benito Mussolini y a sus acompañantes) y
cuyo balance de víctimas ascendió a doscientos mil
muertos, de los que la inmensa mayoría de produjeron en
actividades de represión. Así pues, la represión
italiana de posguerra es unas diez veces superior al
española de posguerra y seguramente también supera la
conjunto de la víctimas por represión que sumaron los
dos bandos de la guerra civil española a lo largo de
todo el conflicto.
Veamos ahora la represión francesa. El problema
principal al investigar la represión desencadenada en
Francia por la resistencia y las fuerzas francesas del
Interior contra los colaboracionistas es el enorme
silencio con que la propaganda comunista envolvió
atrocidades disfrazadas de «lucha por la liberación».
Pero se dispone del libro francés titulado Le livre noir
de l'épuration, París, KS Reproservice, 1994. Un caso
curioso es el de la prolongación en tierras galas de las
persecuciones, ya que aún en 1997 se celebró el proceso
Papon, después de cincuenta y tres años de los crimenes
que se le imputaron. Por contra Franco decretó la
prescripción absoluta de los delitos de cualquier clase
cometidos durante la guerra civil en la primavera de
1969, cuando había transcurrido treinta años del final
de la cruzada. Muchos crímenes de guerra cometidos en
Francia y en otros puntos de Europa fueron, por decisión
de los antiguos aliados y por presión de los judíos,
imprescriptibles.
En Francia el régimen de Vichy se desfondó y apenas
estableció centros de resistencia a la venganza
«democrática» como hizo, en cambio, en Italia la
República de Saló. La cifra de represión
"democrática" más fiable es la incluida en el
testimonio del ex ministro del Interior Adrien Tixier
para el período comprendido entre el 6 de junio de 1944
(fecha del desembarco aliado en Normandía y comienzo
real de la resistencia) y el mes de febrero de 1945; es
decir, unas ciento cinco mil, equivalente la cinco veces
la que corresponde a las ejecuciones de la posguerra
española. Vale la pena citar el lema expuesto por el
ministro cumunista de Justicia: «no será la balanza
sino la metralleta».
Eduardo Palomar Baró
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