Razón Española, nº 107; Juan Pablo II y nuestra América

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Juan Pablo II y nuestra América

Por A. Buela

La Reconquista de España indice Martínez Esteruelas

Juan Pablo II y nuestra América

Lo visible. Desde su asunción a la silla de Pedro en 1978, Karol Woytila, el Papa polaco, mostró una dedicación preferencial por «Nuestra América», en la expresión del prócer cubano José Martí.

Así recorrió todos nuestros países en tiempos de guerra como sucedió con motivo del conflicto de Malvinas entre Argentina e Inglaterra (1982). Fue él quien puso paños fríos por la denominada guerra del fútbol entre Honduras y El Salvador, y quien evitó una guerra ya comenzada, aunque pocos lo saben, entre Argentina y Chile por el canal de Beagle en 1978.

Su histórico primer viaje al Brasil, país continente que recorrió de sur a norte y de este a oeste, fue el más largo de su pontificado. Y no se cansó de reclamar en toda ocasión al gobierno brasileño de turno, mayor justicia con los pobres, los marginados, los desposeídos, los enfermos. Conmovió y fue conmovido por la extrema pobreza del gigante lusitano.

Sus múltiples viajes a Méjico vinieron a restañar las heridas aún sangrantes de la guerra de los cristeros (1925/26) entre el pueblo católico y el gobierno masón del Méjico de los años veinte.

Sus viajes a Centroamérica consagrando la hazaña colombina en Santo Domingo ante la oposición internacional del pensamiento «políticamente correcto» que atribuye todos nuestros males a España. Amonestando al marxismo en el poder en Nicaragua. ¿Quién puede olvidar la reprimenda pública y notoria al poeta y sacerdote Ernesto Cardenal por desatender sus funciones sacerdotales en favor de la política de los hermanos Ortega? Y la defensa del cristianismo católico ante el presidente Ríos Montt, jefe de una secta en Guatemala. Y su reclamo estentóreo ante la cruenta invasión norteamericana a Panamá el 20-12-89.

Lo invisible. Lo que acabamos de enumerar muy someramente es lo visible, lo que apareció en los mass media. Lo que cualquiera con un poco de tiempo puede recortar de los diarios de la época. Pero, ¿y lo otro? Lo que no apareció. Lo invisible.

Fue la soterrada tarea de desarmar pieza por pieza el proyecto moderno-mundialista de corte socialista que Paulo VI, quien apostó a favor del imperialismo geográficamente activo, asignó a la Iglesia como tarea en cuanto derivación lógica del Vaticano II.

Para América «Latina» como erróneamente la denominan los funcionarios vaticanos, la voz cantante la llevaba la teología de la liberación que las autoridades eclesiásticas del Celam (Conferencia episcopal latinoamericana) apoyaban sin chistar, esto es, sin juicio crítico. Es sabido que dentro de la denominación genérica de teología de la liberación hay varios matices y variantes, pero básicamente puede definirse como el maridaje entre socialismo y teología.

Esto llevó no sólo al extrañamiento del mundo católico americano con sus tradiciones seculares -vr. la simbiosis cultural indiano-católica de cinco siglos-, sino que marchitó sus vocaciones. Cuando Juan Pablo II viajó por primera vez a Nuestra América los seminarios estaban vacíos dado que la tarea de la Iglesia era libresca. Había dejado de misionar, reduciéndose al libro y a las distinciones sociológicas. Obvio, la teología de la liberacioin era una polémica elaborada exclusivamente con categorías centroeuropeas durante el diálogo de católicos y marxistas que había sido transplantada a estos lares. Las consecuencias fueron ruinosas tanto para la vida de los fieles, muchísimos de los cuales perdieron la vida en una guerrilla desmadrada, como para la Iglesia americana misma que quedó desmantelada. La tension estaba dada entre episcopados anodinos y curas inquietos, mientras que la enorme masa de fieles eran convidados de piedra.

La tarea del Pontífice no se limita a la restauración del espíritu católico dentro de la Iglesia. No es simplemente clerical. Como su nombre lo indica -pont-facere- hace puentes entre las necesidades espirituales y materiales de nuestros pueblos.

El largo pontificado del Papa venido de lejos es para América un bálsamo espiritual para sobrellevar este valle de lágrimas que significa vivir en medio de la escasez más insultante. De 400 millones de iberoamericanos, datos recientes del BID (Banco Interamericano de Desarrollo), 290 millones están debajo de la línea de pobreza.

Así, su última lucha a favor de Nuestra América ha sido el jubileo del año 2000 con la exigencia de condonación de la parte espuria e ilegítima de la fabulosa deuda externa que pesa sobre las espaldas de todos nuestros pueblos. Así, vgr. la deuda externa argentina es en septiembre de 2000, de 200.000 millones de dólares, de los cuales, según el estudioso y patriota Alejandro Olmos en su libro La deuda externa, el 88 por 100 es ilegítimo. Esto mismo, mutatis mutandis, se aplica al resto de las naciones del continente.

Esta imbricación entre necesidades materiales y espirituales que durante casi un cuarto de siglo intentó solucionar Juan Pablo II, lo llevó a enfrentarse en Centroamérica, en un primer momento, al marxismo internacional -vg. Nicaragua- y años después al poder hegemónico de los Estados Unidos. Esto último es reconocido explícitamente por Noam Chomsky, uno de los intelectuales más renombrados de la segunda mitad de este siglo. Norteamericano de origen judío, que representa al típico intelectual «progresista de izquierda» del establishment internacional de la cultura. Quien en uno de sus últimos libros Política y cultura a finales del siglo XX (1994) afirma que: «La Iglesia con el Papa a la cabeza viene librando una guerra sorda en Centroamérica contra la intromisión norteamericana a través de las sectas».

Este mismo enfrentamiento se prolongó hasta el último viaje a Méjico cuando afirmó que «la caída del comunismo no implica la aceptación lisa y llana del capitalismo salvaje como solución adecuada a los problemas de la humanidad».

Esta defensa de la índole de nuestra ecúmene cultural se vio claramente expresada en su última visita a tierras americanas cuando viajó a Cuba en donde no sólo reconvino a Fidel Castro en orden a facilitar la vida religiosa del pueblo cubano, sino que también solicitó a los Estados Unidos la anulación del embargo contra la perla de las Antillas. Fracasado el marxismo internacional con su experiencia de cien millones de muertos -Cfr. Courtoise: El libro negro del comunismo-, Castro depositó emblemáticamente su poder en manos de Juan Pablo antes que entregarlo a USA.



Conclusión. El pontificado del Papa polaco, aun cuando no tenemos perspectiva histórica para valorarlo, significa un marcado viraje en la política general de la Iglesia. Arrumbó los proyectos de la democracia cristiana de los Jaime Maritain nacidos en la inmediata postguerra y del socialismo católico surgido a la luz del Concilio, porque desideologizó la actividad pastoral. Otorga mayor firmeza y, al mismo tiempo, mayor plasticidad a la doctrina católica en el terreno de la aplicación con su idea de inculturación del Evangelio, que viene a respetar las particularidades culturales de cada nación.

Cambia la política de preparación de las élites -vgr. la Acción Católica; la Dirigencia de Base- por la búsqueda de un mayor protagonismo de los pueblos, con lo cual logra romper el divorcio que existía entre los grandes movimientos populares y la Iglesia. Y recupera la Iglesia, al mismo tiempo, capacidad de movilización de las grandes masas.

Hoy, en el atardecer de su pontificado, está tratando de modificar los episcopados nacionales. Pues la mayoría es resistente a su política de eliminar la falsa pugna de la Iglesia iberoamericana entre progresistas y conservadores, para encaminarla a un sano tradicionalismo que se manifieste en la recuperación de la función redentora y misionera. Tradicionalismo entendido como la transmisión de cosas valiosas de una generación a otra, y no simplemente de recuerdos y cosas viejas por ser viejas. Esta última distinción es liminar para comprender en profundidad la política eclesiástica del Papa venido de lejos.



Alberto Buela



 

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