LIBROS: Proceso
contradictorio a la Inquisición española
Dumont,
Jean: Proceso contradictorio a la Inquisición Española,
ed. Encuentro, Madrid 2000, 280 págs.
Dumont es un historiador francés que ha centrado sus
estudios en España. Es autor, entre otros libros, de una
investigación sobre la controversia de Valladolid acerca
de la evangelización de América, El amanecer de los
derechos del hombre (trad. esp. 1997), y de una
monografía sobre la defensa española de la Cristiandad
y la traición de Francia que se alió con el turco,
Lepanto la historia oculta (trad. esp. 1999). Ambos
libros fueron reseñados en esta revista (núm. 91,
septiembre 1998, págs. 249-250, y núm. 103, septiembre
2000, págs. 244-245). Ahora se enfrenta con un tema
clásico, el de la Inquisición española. La primera
mitad del libro está consagrada a reproducir
literalmente los tópicos de la leyenda negra y su eco en
nombres recientes como H. Kamen y los autores españoles
de una Historia de la Inquisición (ed. BAC, Madrid
1984), que en parte considera lamentable. Entre la
bibliografía moderna sobre el tema, el libro predilecto
del autor es el de T. Azcona, Isabel la Católica (1964).
J. A. Llorente, en su tristemente famosa Histoire
critique de l'Inquisition (París 1817-18), llegó a la
cifra de tres millones para los judíos y moriscos
perseguidos, Y Kamen estima entre 165.000 y 400.000 los
judíos expulsados. Ahora bien, según las estadísticas
fiscales, el número de judíos instalados en España era
de unos 150.000, de los cuales se convirtió una tercera
parte, y de los cien mil que se exiliaron, retornó un
tercio; luego los que abandonaron España fueron menos de
65.000, siete veces menos de lo que calcula Kamen.
Francia había expulsado a los judíos en 1394, e
Inglaterra, en 1290.
La posterior expulsión de los moriscos no fue por la
Inquisición, sino por el poder civil a causa de las
rebeliones que pusieron en peligro la seguridad general.
Frente a lo que el autor califica de «delirio
estadístico», Dumont da las cifras reales: de los
cincuenta mil procesados por la Inquisición entre 1560 y
1700, el número de condenados a la última pena no
llegó al 1 por 100, cifra inferior a la de las
persecuciones contra católicos por Enrique VIII y María
Tudor en Inglaterra.
Una a una, el autor va desmontando las fabulaciones y
exageraciones, reduciéndolas a su dimensión real. Por
ejemplo, se atribuye a Cisneros la quema de «más de un
millón de libros islámicos en Granada el año 1500».
Pero en esa fecha la imprenta aún desconocía los
caracteres árabes. Si fueran manuscritos,
corresponderían a cien por cada casa, es decir, cien
veces más de lo máximo previsible en la sociedad
musulmana del siglo XV.
Analiza, entre otras, la acusación de racismo
antisemita. Pero la sociedad española, sobre todo las
clases más elevadas y los intelectuales, tenían sangre
de judíos conversos. La resistencia racista a casar con
cristiano era de los judíos, no de los hispanos a
matrimoniar con conversos.
A finales del siglo XX, son indefendibles la
obligatoriedad confesional y el delito de heterodoxia;
pero en los siglos XV y XVI eran una convicción
universal. En este contexto, el autor entiende que la
Inquisición española no fue ni cruel ni oscurantista, y
actuó con garantías procesales superiores a la media
civil de la época.
Libro muy documentado y polémico, de estilo rotundo y
demoledor en su refutación de la propaganda
antiespañola de entonces, y de sus recuelos en la
historiografía posterior.
A. Landa
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