Razón Española, nº 107; El coste de las autonomías

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El coste de las autonomías

Por I. Flores

La Liga y la democracia orgánica indice Lenín y el terror

El coste de las autonomías

Desde que los Reyes Católicos recuperaron, hace medio milenio, la unidad de España, la decisión política más grave ha sido la adoptada personalmente por Juan Carlos I y su presidente Suárez de fragmentar el Estado en autonomías. Esa decisión la tomaron por simple Decreto-Ley, el primero de los cuales, el de Cataluña, lleva la fecha de 29 de noviembre de 1977, es decir, un año antes de que se promulgara la Constitución de diciembre de 1978, cuyo título V configuraba el Estado de las Autonomías en términos muy ambiguos. Esta ambigüedad convirtió a los sucesivos Gobiernos y al Tribunal Constitucional en auténticos poderes constituyentes porque desarrollaron y ampliaron de modo laxo los imprecisos preceptos constitucionales sobre el modelo autonómico.

Al cabo de casi un cuarto de siglo, es obvio que el Estado de las autonomías ha sido un inmenso error. No ha resuelto la cuestión catalana ni la vasca, sino que las ha agravado. Y ha creado y potenciado el centrifuguismo cultural e institucional en el resto de España. En el País Vasco, las ikastolas y la unilateral propaganda no cesan de lanzar nuevas promociones de separatistas, imbuidos de violento odio a España, y se ha creado un clima de terror y ausencia de libertades reales. Y en regiones donde el separatismo era inexistente, la subasta autonómica ha creado corrientes de fragmentación y enfrentamiento interregional (el trasvase del Ebro y el tren de alta velocidasd a Levante son dos ejemplos entre muchos).

La creación de 17 miniestados autonómicos ha tenido, además, un altísimo coste presupuestario. En vez de reducir la burocracia, la ha aumentado para satisfacer a las clientelas regionales. Sólo en la última década, las autonomías han incrementado en 275.000 personas el número de em-pleados públicos, casi el 30 por 100 de toda la burocracia pública existente en 1975. Y la presión fiscal no ha cesado de aumentar hasta casi duplicarse desde que se implantaron las autonomías. Al contribuyente la operación presuntamente descentralizadora le ha salido muy costosa.

Pero la multiplicación de la presión fiscal no ha sido suficiente para colmar la voracidad autonómica, y todas las regiones se han lanzado a la carrera de pedir dinero prestado. En 1977 la deuda de las autonomías era inexistente, es decir, cero; pero en septiembre del año 2000 se elevaba a más de seis billones de pesetas. Estos eran los datos, según el Banco de España:



DEUDA AUTONOMICA EN MILES DE MILLONES
1991  1995  2000*

Andalucía 282   711 1.170
Aragón  22   109    58
Asturias  32    66    86
Baleares  22    46    38
Canarias  47   121   118
Cantabria  48    37    38
Castilla-La Mancha  16    70   100
Castilla y León  33   131   164
Cataluña 314 1.040 1.596
Extremadura   7    77    97
Galicia 127   345   423
La Rioja  16    22    19
Madrid 196   431   773
Murcia  60    91   102
Navarra  5   131   121
País Vasco 116   294   293
Valencia C. 162   434   901
TOTAL 1.503 4.156 6.196

* Hasta septiembre


De este impresionante cuadro se deduce que entre Cataluña y Andalucía, que van a la cabeza del endeudamiento con aval del Estado, asumen el 43 por 100, o sea, casi la mitad del total, cuando su población suma el 33,5 por 100. La Rioja, con una población del 0,66 por 100, es la menos endeudada, con 19.000 millones.

El año 2000 se ha cerrado con una deuda económica de 6,5 billones; ha crecido un 5% desde 1999.

La continuidad del incontrolado endeudamiento autonómico es insostenible, pues contrarresta el esfuerzo estatal por reducir el déficit en los términos exigidos por la Unión Monetaria. Aunque tarde, el Gobierno del Pp ha resuelto someter a lasCortes dos proyectos de ley de estabilidad que frenen el desbocado endeudamiento de las autonomías. Es de esperar que la mayoría parlamentaria del Pp permita la aprobación de esas normas -bastante minimalistas- sin enmiendas que las desvirtúen.

A la muerte de Franco, en 1975, España era el país menos endeudado de Europa: en 1977 sólo 1.315 millones de pesetas. El gobierno socialista dejó a España como la nación europea más endeudada -el 65 por 100 del PIB-, después de Bélgica, Italia y Grecia. En 1997 la deuda pública ascendía a 53.644 millones, o lo que es lo mismo, en las dos décadas subsiguientes a la muerte de Franco en cuarenta veces superior En 1970 el gasto público representaba el 22% del Pib y era inferior en quince puntos a la media comunitaria, mientras que en 1996 llegó al 48% del Pib, osea, se duplicó y sólo era menor en dos puntos a la media comunitaria.

Las nuevas generaciones, cada vez menos numerosas por la baja natalidad, tendrán que pagar el dispendio anterior. Hasta el año 2000, los balances hacendísticos de la II Restauración han sido lamentables.



I. Flores



 

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