LIBROS:
Pluralism against the demand for consensus
Rescher,
Nicolás: Pluralism against the demand for consensus, ed.
Clarendon, Oxford 1995, 208 págs.
El autor, profesor de Filosofía en la Universidad de
Pittsburg, dedica esta monografía a refutar uno de los
postulados de Habermas, destacado miembro de la llamada
Escuela de Francfort, exiliado en Estados Unidos durante
el III Reich por sus connotaciones judías y
neomarxistas. Según Habermas, el consenso es el
fundamento de la verdad, del deber y de la convivencia
justa.
El consenso es la aquiesciencia de dos o más personas
acerca de un juicio de hecho o de valor. Pero la
experiencia demuestra que sobre tal consenso, por amplio
que sea, no se puede fundar ni la verdad ni el bien.
Durante largo tiempo hubo consenso acerca de la eficacia
terapéutica de las sangrías y sobre la esclavitud sin
que tal consenso sirva para legitimarlas.
Según Rescher, el consenso es imposible por las
diferencias entre las circunstancias de las personas y
porque la ciencia es constituitivamente revisionista y
dialéctica. Los consensos políticos conducen al
monolitismo de los consensuados y a la marginación de
los disidentes.
La realidad presenta variedad de personas y de opiniones,
es decir, pluralismo. Para el autor, esta diversidad
explica parte del dinamismo social y del progreso. El
pluralismo no es una situación patológica, sino normal.
El consenso y la unanimidad son deseables, pero
utópicos. Otra cosa es el necesario respeto a la
autonomía de los demás, a la diferencia y a la
discrepancia.
El autor niega que el pluralismo sea una forma de
escepticismo; es más bien una concurrencia de posiciones
asertóricas no coincidentes. Niega que sea un
sincretismo de varias nociones contrapuestas porque la
incoherencia es inadmisible lógicamente. Niega, en fin,
que el pluralismo sea indiferentismo hacia la verdad y el
bien, puesto que cada discrepante se interesa por ambos.
En su frontal y demoledora oposición a Habermas, el
autor concluye que el consenso no es un criterio de
verdad, tampoco de moralidad, que no es un requisito para
la cooperación social, no es un imperativo ético y ni
siquiera es un ideal fecundo.
Rescher es un pensador sistemático, claro y rotundo; su
erudición es la necesaria, no la exhibicionista. Y su
argumentación es impecable. Una excelente aportación a
un tema polémico y central.
A. Landa
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