LIBROS: Manuel Azaña y la guerra de 1936. nº 106 Razón Española

pag. principal Razón Española

LIBROS: Manuel Azaña y la guerra de 1936. nº 106

Comentarios de A. Landa al libro de F. Suárez Verdeguer.

LIBROS: José Antonio. La Phalange Espagnole indice LIBROS: El ágora y la pirámide

LIBROS: Manuel Azaña y la guerra de 1936


Suárez Verdeguer, Federico: Manuel Azaña y la guerra de 1936, ed. Rialp, Madrid 2000, 280 págs.



El profesor Suárez Verdeguer es uno de los más eminentes especialistas actuales en la historia de España contemporánea. Su método, que expuso en un libro teórico, es respeto a los hechos probados y renuncia a la politización, es decir, a la crónica sectaria, ahora dominante. Por eso, en sus trabajos de investigación no se encuentran ni epítetos altisonantes, ni descalificaciones, ni panegíricos. En este su último libro presenta un perfil de Azaña y un análisis de las causas inmediatas de la guerra civil.

Azaña (1880-1940), oscuro funcionario que se consagra a la política cuando cuenta 45 años, se escondió después del fracaso de la rebelión de Jaca y, como escribió Alcalá Zamora, "reapareció el 13 de abril a recoger su parte del botín de la victoria por la cual nada o casi nada había hecho o arriesgado". Era un hombre sin coraje y con una vanidad que le llevaba a despreciar a todo el mundo: en sus memorias raro es el nombre que no aparece entre desdeñosas invectivas. Ultimamente ha tenido panegiristas como el excomunista Santos Juliá y tambien el actual presidente del Gobierno, mal informado, pasó por un corto periodo de culto azañista. Suárez divide la trayectoria de Azaña en varios periodos y se propone estudiarlo no por sus palabras, sino por sus hechos.

Azaña en el poder (14-IV-31 a IX-33). Según el autor, esta etapa se caracteriza por un "clima de desorden y falta de autoridad" con la persecución religiosa, los muertos de Casas Viejas, y la despótica ley de Defensa de la República. Según el balance efectuado por el diputado Díaz del Moral este periodo es de "fracaso". Según Suárez, la concepción de Azaña sobre la República era "una abstracción que nada tenía que ver con la realidad".

Azaña en la oposición (IX-33 a II-36). Derrotado en Madrid, Prieto le dió un acta de diputado en Bilbao. Republicanos y socialistas no supieron perder y, como confiesa Alcalá Zamora, le fueron propuestos tres golpes de Estado, el último apoyado por Azaña. Revoluciones de Asturias y de Cataluña en octubre de 1934, esta última con la complicidad de Azaña, quien, además, favoreció una rebelión en Portugal. Suárez analiza los tan elogiados discursos en 1935 que califica de "endebles". Como proclamó el íntimo amigo y cuñado de Azaña, C. Rivas Cherif, "el mitin de Comillas fue señal grandiosa del Frente Popular".

Azaña crea el Frente Popular (II-36 a VII-36). Todos los esfuerzos políticos de Azaña se concentran en aliarse con socialistas y comunistas para configurar un frente de izquierdas, incluidos los sindicatos UGT y CNT. Aunque el manifiesto, suavizado por su principal redactor, el moderado F. Sánchez Román, no era muy radical, los programas y proclamas de comunistas y socialistas eran revolucionarios: creación de una milicia civil, nacionalización de la tierra y la Banca, anulación de todas las leyes votadas por el anterior Parlamento, depuración del ejército, clausura de centros de la oposición, etc. El periódico oficial,del Psoe,escribía: "estamos decididos a hacer en España lo mismo que se ha hecho en Rusia". Los comicios de 1936 presididos por Azaña, fueron según J. Plá "pucherazos de una envergadura nunca vista" y, según el autor, "descarada falsificación de las elecciones". El 17 de marzo escribe cínicamente Azana: "van más de 200 muertos desde que se formó el Gobierno y he perdido la cuenta de las poblaciones en que han quemado iglesias", "vamos cuesta abajo". Según Suárez, "la autoridad había desaparecido en todas partes". Alcalá Zamora describiría "el estado de terror en que vivía el país". Finalmente, la maniobra azañista para destituir a Alcalá Zamora y nombrarse Presidente de la República.

Azaña durante la guerra civil (VII-36 a V-39). Por primera vez en Europa occidental Azaña incorpora al Gobierno dos comunistas (J. Hernández y V. Uribe) y los sovietófilos F. Largo Caballero como Presidente, y J. Alvarez del Vayo. En diez mil cajas se traslada el oro del Banco de España a Rusia, aunque Azaña dice que no se enteró. Huye a Barcelona y escribe: "Cataluña está en plena disolución" (20-V-37). Nombra presidente del Gobierno a J. Negrín en quien pone grandes esperanzas, pero pronto las pierde. Escribe que protesta contra 45 condena a muerte cuyas sentencias firma, y se lamenta: "desde noviembre de 1936 soy un presidente desposeido" (15-IV-38). Finalmente, reconoce: "ha desaparecido el Ejército" (l5-I-39); pero la inútil resistencia roja prosigue seis semanas más.

En el último capítulo el autor estudia la conversión de Azaña al catolicismo en su lecho de muerte, y entiende que los documentos disponibles son probatorios de esta reacción postrera del antes perseguidor de la Iglesia. Es la misma conclusión a la que llegó en "Razón Española".

Respecto a las causas de la guerra civil (el capítulo se publicó parcialmente en esta revista). Suárez demuestra que el alzamiento fue inicialmente republicano para sacar a España del caos en que estaba sumida (la relación de violencias ocupa 13 páginas). Escribe Suárez: "El desorden y la falta de autoridad son hechos indiscutibles; en este punto los sublevados dijeron la verdad". Además, había un proyecto comunista de revolución en junio de 1936. Largo Caballero había dicho: "si ganan las derechas, tendremos que ir a la guerra civil". El alzamiento se convirtió en cruzada como consecuencia de la persecución religiosa en la zona republicana. Cita la declaración de A. Nin: "la clase obrera ha resuelto el problema de la Iglesia sencillamente no dejando en pié ni una siquiera". Y el periódico "Solidaridad Obrera" añadía: "hay que arrancar la Iglesia de cuajo".

Los testimonios que aporta Suárez, la mayoría de republicanos, son abrumadores. Y, de pasada, el autor demuestra la falsedad de la historiografía desinformadora que ahora florece, como la de C. Rojas, P. Preston, J. Tusell y otros.

Investigación sólida y críticamente documentada, sistemáticamente construida, honesta, independiente, objetiva y, en las circunstancias actuales, valerosa, que, en unión de otras como las de los profesores Luis Suárez o Ricardo de la Cierva, salvan a la historiografía española sobre la era de Franco del ludibrio en que tratan de sumirla los pseudohistoriadores sesgados o mitinescos. Libro, pues, imprescindible para quien aspire a no ser desinformado.

Azaña, hombre personalmente desagradable y hasta repulsivo, fue un político despótico, el principal responsable del fracaso de la II República, e hizo inevitable la guerra civil.



A. Landa



 

LIBROS: José Antonio. La Phalange Espagnole indice LIBROS: El ágora y la pirámide


Cartas a Razón Española

Buzon Pulse aquí para enviar correo


La obra de Razón Española es propiedad registrada
Prohibida la reproducción total o parcial de estos documentos sin previa autorización y acuerdo.