Razón Española, nº 105; La economía de guerra

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La economía de guerra

Por J. Velarde

Franco y la Instauración indice Franco y orden de Derecho

La economía de guerra

Los acontecimientos de la Guerra Civil se produjeron hace ya sesenta años. Sin embargo, nunca es ocioso el echar la vista atrás. Cuando va a comenzar La República, Platón pone en boca de Sócrates, en conversación con Céfalo, algo que justifica plenamente las indagaciones históricas: «Ciertamente, Céfalo, me complace mucho conversar con personas de edad avanzada, pues me parece necesario que sean ellas quienes nos hablen de un camino ya recorrido y que, posiblemente, también tengamos que recorrer. Conviene que me digas cuál es este camino, si es penoso y difícil, o fácil y accesible». Asimismo, si quien lo recorrió lo hizo entre equivocaciones o con aciertos.

Dos cuestiones previas. La primera que la Guerra Civil tiene un preámbulo -un golpe de Estado larguísimo, que dura del 18 de julio de 1936 a comienzos de noviembre de ese año-, y debido a ello, como sucede siempre en esos planteamientos, la cuestión se centró en apoderarse de la capital de la nación. La auténtica guerra civil se inicia, pues, en España en noviembre de 1936. La segunda, que la economía española tardaría mucho en reponerse del choque de la guerra civil. El motivo esencial es el largo periodo de economía de guerra que, apoyado en la 11 Guerra Mundial, transcurre de 1939 a 1947. La ruptura de los lazos del comercio internacional significó para España golpe tan duro como el que originó la propia contienda en su territorio. Acaban de publicarse los datos macroeconómicos fundamentales del periodo según la estimación de Julio Alcaide Inchausti1. En pesetas constantes en el cuadro 1 se observa la evolución en el periodo 1935-1947 de tres magnitudes macroeconómicas.

Años PIB a precios de mercado PIB a precios de mercado por habitante Indice de precios implícitos
1935 100'00 100'00 100'00
1936 88'84 89'01 107'04
1937 84'29 84'02 114'15
1938 81'78 80'88 138'77
1939 79'44 77'90 168'35
1940 79'08 76'53 204'11
1941 81'98 78'86 241'61
1942 83'37 79'67 276'58
1943 88'39 81'84 290'98
1944 89'97 84'41 324'68
1945 89'15 82'85 342'72
1946 88'35 81'34 430'06

Cuadro 1



No conviene, científicamente, derivar de ahí que el esfuerzo bélico y el de reconstrucción estuvieron equivocados. En el cuadro 2 se incluyen las evoluciones, desde 1939 a 1948, del PIB por habitante de diversos países importantes, europeos occidentales y Japón protagonistas de la II Guerra Mundial, y a pesar de que en 1948 ya se desarrolla para muchos de ellos la Ayuda Marshall y de que no tienen ningún bloqueo respecto al tráfico, se observan caídas importantes, e incluso muy persistentes en su bienestar material2.

PIB por habitante

Años Austria (1) Bélgica (2) Francia (3) Alemania (4) Italia (5) Holanda (6) Noruega Reino Unido Japón (7)
1939 100,00 100,00 100,00 100,00 100,00 100,00 100,00 100,00 100,00
1940 96,65 88,59 84,33 99,93 99,56 87,15 90,51 109,48 102,07
1941 102,96 84,64 69,04 105,64 97,47 81,73 92,16 119,47 102,03
1942 97,24 77,62 62,19 106,18 95,67 74,08 88,02 121,24 100,07
1943 99,25 75,87 59,67 108,96 86,32 71,81 85,61 123,67 100,18
1944 101,38 79,86 48,3 122,61 69,95 47,79 80,40 118,26 94,43
1945 42,11 88,83 53,69 77,96 54,59 48,46 89,22 112,68 47,80
1946 47,76 94,64 80,43 45,11 71,08 80,38 97,61 107,71 51,27
1947 52,90 92,23 86,33 49,74 82,93 91,05 107,50 105,47 54,71

Cuadro 2

 


(1) Hasta 1953 Austria no recupera el nivel de 1939.

(2) Hasta 1950 Bélgica no recupera el nivel de 1939.

(3) Hasta 1949 Francia no recupera el nivel de 1939.

(4) Hasta 1954 Alemania no recupera el nivel de 1939.

(5) Hasta 1951 Italia no recupera el nivel de 1939.

(6) Hasta 1949 Holanda no recupera el nivel de 1939.

(7) Hasta 1956 Japón no recupera el nivel de 1939.



A poco que contemplemos con serenidad estas series, llegaremos a la conclusión de que no hemos sido diferentes en la recuperación del choque bélico. En España, según las cifras de Julio Alcaide, esto se va a producir en relación con el PIB a precios de mercado por habitante, en 1952. Es evidente cómo en PIB por habitante, no se alcanzan siquiera los niveles de la guerra civil en la etapa histórica que concluye en 1947, mientras reina en derredor el lobo carnicero de la inflación, que contribuye y mucho, a frenar la expansión.

Este destacar que el motivo esencial de este fracaso es la carencia de lazos con el exterior, también debe ponerse en contacto con la estrategia vinculada con la economía de guerra del bando nacional, sobre la que pesó, con mucha fuerza, la figura de Franco. Las grandes líneas de las compañías y de las ofensivas, a partir de finales de septiembre de 1936, a él se deben pero, en el periodo que precede a su designación como Generalisimo, desde el mismo 18 de julio, sus puntos de vista fueron fundamentales para explicar lo que entonces aconteció.

Hasta esos momentos se consideraba que la economía española tenía poco que ver con el exterior. Algunos economistas -Flores de Lemus, Olariaga, Fernández Baños- tanteaban en torno al error de este punto de vista, pero muy poco de esto pasaba a la opinión pública. Esta opinaba con Cambó3 que «en la economía española los factores exteriores tienen una débil influencia. Es mucho más importante la del sol y la de la lluvia». Por eso se opinaba que era al interior a donde se debía mirar, no al exterior, para cualquier acción de política económica, fuese bélica o no.

Pero en enero de 1935, Perpiñá Grau publicó un ensayo en la revista del Instituto de Economía Mundial de la Universidad de Kiel, «Weltwirtschaftliches Archiv», que fue editado en castellano en 1936 con el título De Economia Hispana4. En ella demostraba Perpiñá para siempre que «el desarrollo de la economia española no ha sido efecto de las medidas de autarquia, sino a pesar de las medidas de autarquia. Ha sido efecto de sucesivos nuevos equilibrios positivos conseguidos por substanciales demandas del mercado extranjero, que a su vez han permitido el desarrollo y ampliación del mercado periférico de la industria española». Por eso agrega que el resultado habian sido las recientes, entonces, «capitalizaciones derivadas de las rentas de minas de hierro en el Norte de España desde fines del siglo pasado hasta la postguerra inclusive, y las rentas agrícolas de la exportación del Levante mediterráneo español, desde después de la postguerra hasta la actualidad». Por tanto, un economista español, ante la guerra, sabe desde 1936 que todo aquello que corte los lazos del enemigo con el exterior y afiance los propios, le ofrece ventajas importantísimas. Del mismo modo, una economía exclusivamente agraria, como fue la constituida en la zona nacional a finales de julio de 1936, tenía que buscar un complemento industrial, si no quería tener serios problemas. Igualmente, quien poseyese en su territorio lo fundamental de la industria, si no lograba controlar zonas cerealistas y olivareras, pasaría a experimentar serios problemas alimenticios, con una inmediata repercusión inflacionista y, de modo derivado, con una seria repercusión negativa en el esfuerzo bélico.

Al analizar, desde esta perspectiva, las campañas de la Guerra Civil, en primer lugar, y por lo que se refiere a la primera etapa, la Junta de Defensa Nacional, que habia asumido todos los poderes políticos en el verano de 1936, percibió, desde el inicio que el enlace internacional le era vital para recibir ciertos pertrechos sofisticados -sobre todo, aviones- que había de adquirir en mercados a veces muy alejados. Para eso tenía que disponer de divisas, ordenar mínimamente la exportación, solicitar créditos que no resultasen altamente onerosos al llegar la paz y, al mismo tiempo, que todo eso no lo consiguiese el enemigo.

La reacción de la España republicana también se orientó, de forma obligada, hacia la búsqueda de pertrechos del exterior con la venta de oro en Francia en los momentos iniciales. Gracias a la lectura del Libro de Actas del Consejo General del Banco de España correspondiente a las sesiones que van desde la del 10 de enero de 1936 a la del 7 de septiembre del mismo, y que ha estado traspapelado hasta la primavera del año 2000, vemos que, por el Gobierno Giral se comunicó al Consejo del Banco ya el 24 de julio de 1936 que era preciso enviar oro al exterior a cambio de pertrechos. Inmediatamente, y en remesas sucesivas, cada una de 18 cajas por vía aérea, comenzaron estas salidas de oro. Por tanto, antes de transcurrir una semana desde el Alzamiento, se observó la mucha urgencia.

En el bando nacional las cosas fueron diferentes. Por una parte, el ejército de Queipo de Llano logra dos éxitos muy rápidos. Por el Oeste ocupa Huelva y, con ello, pasa a controlar, entre otras, las minas de Riotinto, un activo inglés importantísimo en todos los sentidos, que pasó asi a utilizarse para lograr ventajas -lo que se consiguió- en el Reino Unido. Por el Este ocupa todo el Campo de Gibraltar, y con una hábil devaluación de la peseta logra un flujo muy importante de muy necesarias libras esterlinas por la aduana de La Línea de la Concepción. Mola, por su parte, tras la conversación con Franco del 13 de agosto de 1936, comenzó una ofensiva en la que el impulso de Beorlegui y la acción de la Armada hicieron posible que, en los primeros días de septiembre, el norte republicano quedase separado de Francia tras la ocupación de Irún. Esto se facilitó porque la Flota republicana, tras la batalla naval de Alborán no iba a poder salir del Mediterráneo, con lo que el aislamiento respecto del exterior del norte republicano fue completo.

Como sabemos, la mayor parte del comercio internacional de España se efectúa por vía marítima. Para aquel tiempo sirve perfectamente la estimación de Tamames6 de que «aproximadamente el 97 por 100 del peso de nuestras importaciones totales entra por vía portuaria y que el 91por 100 de nuestras exportaciones sale por mar». Por tanto el bloqueo marítimo de la España republicana obligó a reforzar el tráfico terrestre por Francia, que ni de lejos podía sustituir lo que suponía el transporte marítimo. Por eso tengo entre manos, buscando en esa monumental obra de Fernando y Salvador Moreno de Alborán y de Reyna, La guerra silenciosa v silenciada7, a más de otras aportaciones sobre la cuestión8 una interpretación, desde la economía, de lo mucho que supuso la acción de la Armada nacional en la guerra civil. A partir del comienzo de la misma, su papel resultó esencial.

Simultáneamente, para el avance rápido hacia Madrid -en menos de una semana Yagae avanzó 300 kilómetros-, no se siguió la ruta tradicional jalonada por los nombres bélicos de Alcolea, Navas de Tolosa y Bailén, sino que en vez del desfiladero de Despeñaperros se prefirió ocupar la frontera portuguesa. Mientras Irún caía en manos de Beorlegui, Yague conquistaba Talavera de la Reina. Toda la frontera hispanoportuguesa, desde Tuy a Ayamonte quedaba con firmeza en las manos de las tropas de la Junta de Defensa. La política absurda de Azaña respecto a Portugal, pues soñó no se sabe bien qué extrañas uniones derivadas de sus relaciones con exiliados lusitanos, había provocado una tensión suma con Lisboa. Oliveira Salazar, públicamente, había señalado que si era preciso habría nuevas Aljubarrotas. El hermanamiento, con espléndidas consecuencias, entre Carmona y Primo de Rivera, se había venido al suelo y, ante el Frente Popular español, surgió una clara beligerancia del Gobierno de Lisboa, que se tradujo en una importante ayuda al Gobierno de la España nacional. La frontera hispano lusa se convirtió en un respaldo importante para Franco.

Al no conseguirse la rápida conquista de Madrid, Franco, que ya no actuaba a través de la Junta, sino como Generalísimo, se aprestó a una larga contienda. Como economista, observo algunas cosas más.

Parece evidente que la primera preocupación de Franco, al comprender que la guerra iba a ser larga, fue buscar una zona industrial que completase la estructura económica del territorio que dominaba. En noviembre de 1936, éste incluía regiones agricolas tan ricas como gran parte del valle del Guadalquivir, un grandísimo trozo de Extremadura, todo el cerealista valle del Duero, Galicia, a más del valle del Ebro en su parte alta y media, con toda Navarra y las ricas huertas de La Rioja. Pero, salvo algunas posibilidades de Zaragoza, muy amenazada además por un enemigo que ya había lanzado desde Cataluña una importante ofensiva para conquistarla en los meses de julio y agosto de 1936, detenida con esfuerzo en Pina-Belchite, demasiado cerca de la ciudad, nada importante industrial poseía.

Los núcleos esenciales de la España industrial estaban en dos regiones periféricas y en el centro geográfico y de comunicaciones, Madrid, ciudad contra la que se había estrellado Varela y a la que se sometería a un cerco que iba a durar hasta el final de la contienda. La zona periférica industrial de Cataluña estaba demasiado lejos para cualquier operación imaginable. Quedaba la región industrial cantábrica, desde Guipúzcoa a Asturias, ambas ya parcialmente conquistadas. Era evidente hacia dónde se iba a dirigir la ofensiva inmediata. Si tenía éxito, no sólo iba a acortar Franco sus líneas, sino que crearía en la España nacional una estructura agroindustrial muy equilibrada.

A través de los documentos existentes, parece claro que quien percibió la magnitud del riesgo fue el ministro de Defensa de la España republicana, Indalecio Prieto. Desde luego impulsó acción tras acción con el fin de distraer al ejército nacional de la tarea de liquidar el Norte republicano. Todo lo demás casi es adjetivo, desde la conquista de Málaga por Queipo de Llano, hasta las violentas batallas del Jarama y Guadalajara, que demostraron al mando nacional las extremas dificultades de la conquista de la capital, por lo que sirvieron, simplemente, para mantener las posiciones del cerco de Madrid.

En Asturias, las columnas gallegas se habían situado, tras ocupar toda la parte occidental, sobre el Nalón, con lo que consiguieron liberar a la guarnición de Oviedo. Se estableció así un difícil pasillo con esta ciudad por El Escamplero, por el que pudo enviarse a La Coruña gran parte del equipo industrial relacionado con la fabricación de armamento que existía en la capital del Principado. Pero la gran mayoría de la Asturias industrial -sobre todo, Avilés, Gijón, Langreo y Mieres-, permanecía con solidez en manos de la República. Incluso desde ella se lanzó, en febrero de 1937, una fuerte ofensiva para liquidar la punta de lanza que llegaba a Oviedo. Se contuvo esta presión con muchas dificultades.

El 31 de marzo de 1937 se inició la liquidación, por el ejército de Mola, de esta zona Norte republicana. El 20 de octubre de 1937 la Quinta Columna controlaba Gijón y el 21, las fuerzas combinadas de Aranda y Solchaga liquidaron los últimos focos de resistencia republicanos. El control de la minería del carbón, de la industria siderometalúrgica y buena parte de la metalmecánica, y de una grandísima porción de la química y de la cementera de España, habia cambiado de mano.

El gobierno Negrín, que había sustituido al de Largo Caballero -el polémico Plan Extremadura de Largo Caballero se enmarca también en la finalidad de impedir la pérdida del Cantábrico- intentó igualmente aliviar esta presión con otras ofensivas, que fueron desbaratadas sucesivamente. Destacan entre éstas la emprendida por el general Walter con la 14 Brigada Internacional sobre La Granja de San Ildefonso -la recogida en el final de la novela de Hemingway, Por quién doblan las campanas-; la de Huesca, del general republicano Pozas, en la que fallece el general Lukacs; la sangrienta batalla de Brunete, con la que se pretendió, en vano, aliviar el cerco de Madrid; finalmente, la ofensiva de Aragón, a lo largo de los meses de agosto-octubre de 1937, con su centro en la batalla de Belchite. Este fracaso también aclaró hasta qué punto el éxito económico de Franco pasaba a ser notable.

Esta situación, además, consolidaba políticamente al Gobierno de Burgos, apoyado, como ha demostrado Malefakis, en un ejército en buena medida campesino, en gran parte mentalizado contra la República, a causa de los innumerables errores que ésta había cometido en su política agraria, aparte de las consecuencias de un anticlericalismo que, como atinó a ver Cánovas del Castillo cuando presenció el alzamiento carlista contra la I República, tuvo una dura réplica en muchas regiones rurales españolas. Por eso no existió la menor actividad guerrillera en las regiones campesinas. Sólo en Asturias, permaneció combatiente algún minúsculo grupo guerrillero.

La economía de la zona republicana presentaba una potente zona industrial, sobre todo en Barcelona, así como una agricultura de exportación de bastante importancia. Aquí es donde vemos de qué manera la acción de la marina de guerra nacional liquidó buena parte de las posibilidades de que esta agricultura sirviese para financiar adquisiciones exteriores. La región industrial de Cataluña tenía, además, el respaldo de una larga extensión fronteriza con Francia, desde el Pirineo de Huesca hasta Port Bou.

Tras el interregno provocado por la dura e invernal batalla de Teruel -se inició el 15 de diciembre de 1937 y concluyó el 20 de febrero de 1938, cuando el general republicano Hernández Sanabria ordenó la retirada ante el movimiento envolvente de Yagüe y Aranda-, Franco comenzó una importantísima ofensiva en relación con la industria catalana. Con un despliegue por el flanco pirenaico estudiado por el propio Franco durante su estancia como director de la Academia General Militar de Zaragoza, el 7 de marzo de 1938 el Ejército Nacional rompió el frente de Aragón, y el 29 de julio había logrado tres objetivos. El más importante, aparentemente fue el dividir en dos -Cataluña y la zona Levante-Centro- la zona republicana. Con ello, su eficacia económica se desplomaba. El segundo objetivo fue dominar la huerta costera que se extiende desde la desembocadura del Ebro hasta Nules. Asi empeoraron, aunque no de modo decisivo, las posibilidades exportadoras de la España republicana. Pero el tercer objetivo logrado era tan importante, o más, que el primero. Se consiguió como resultado de la ofensiva de Lérida. Mientras se desplomaba la resistencia del Ejército popular en Cataluña, y Francia estudiaba el envío de un cuerpo motorizado que frenase esta ofensiva, Franco se limitó a ocupar el 8 de abril de 1938 Balaguer, Tremp y Camarasa. Para mi, como economista, fue una decisión genial. Sin embargo, el no continuar la ofensiva, ha sido calificado con dureza. Hugh Thomas dice: «Probablemente, fue un error estratégico».

No hubo nada de eso. Veamos algunas cifras, porque con la base de los datos del profesor Bricall es posible estudiar la evolución del índice de producción industrial de Cataluña, con la base junio de 1936=100. El cuadro 3 muestra cómo se comporta este índice desde junio de 1936 a septiembre de 1938. Al contemplarlo queda claro que el mes de abril de 1938 significó la ruina de la economía industrial catalana, al perder el abastecimiento eléctrico por la citada ocupación de los embalses pirenaicos de la región de Balaguer, Tremp y Camarasa. No había necesidad de ocupar Cataluña y quizá provocar entonces una reacción francesa, para hacerle perder toda su importancia. Sin el Norte, con un Madrid prácticamente cercado y, por ello, liquidado fabrilmente, y con estos índices catalanes, el enemigo, en lo industrial, había dejado de existir para Franco.

Producción industrial de Cataluña según Bricall

Meses

1936

1937

1938

Enero

-

71

61

Febrero

-

59

61

Marzo

-

67

61

Abril

-

70

42

Mayo

-

66

31

Junio

100

69

33

Julio

84

72

38

Agosto

65

69

32

Septiembre

74

67

34

Octubre

70

61

-

Noviembre

64

54

-

Diciembre

70

59

-

Cuadro 3

 

Sólo dos activos quedaban intactos para, a pesar de lo dicho, poder aún desarrollar en la zona republicana una cierta actividad de tipo económico que hiciese posible tener alguna esperanza: las minas de Almadén y la huerta de Valencia-Murcia. Como en ésta se encontraban unos hornos altos en Sagunto, a más de la importancia del puerto de Valencia -el último significativo, en lo económico, en manos de la República-, fue lógico que Franco escogiese para su siguiente ofensiva, precisamente a Valencia. Del 13 al 23 de julio de 1938 se desarrolla ésta precisamente en búsqueda de la huerta. El que la ofensiva del Ejército nacional quedase detenida en la llamada Línea XYZ, a las puertas de Valencia, pertenece a la historia militar. Pero había sido una decisión muy correcta en lo económico.

Para aliviar la presión, la noche del 24 al 25 de julio comenzó la batalla del Ebro. Efectivamente, se detuvo el avance sobre Valencia, pero cuando se concluyó el combate en torno al citado río, el 16 de noviembre de 1938, el Ejército republicano de maniobra había quedado liquidado. La ocupación total de Cataluña fue un corolario inmediato. Cuando, el 10 de febrero de 1939, Moscardó pasa a controlar toda la frontera francesa, resultó nítido para todos que eliminar lo que quedaba de zona republicana iba a ser cuestión de muy poco tiempo.

Finalmente, Franco tiene la responsabilidad de haber mantenido, al contrario que la España republicana, un bastante alto grado de ortodoxia financiera. Tuvo un colaborador impagable en Larraz. También recibió ayuda, en todos los sentidos, del mundo financiero español y del internacional. Las Memorias de Félix Gordón Ordás son muy claras en este último sentido. Presupuestariamente acentuó, dentro de un planteamiento muy clásico, la presión impositiva sobre el consumo, restringió muchísimo el gasto público no bélico y aumentó la carga de la deuda, pero consiguiendo dilatar el pago de los intereses. En la lucha entre la peseta nacional y la peseta republicana, resulta clarísimo el triunfo de la primera9. Simultáneamente mantuvo, como una organización muy conservadora, a toda la estructura bancaria privada tradicional española
encuadrada en el llamado Comité Central de la Banca Española- y, desde luego se pusieron en marcha instrumentos de normalización crediticia y de lucha contra la inflación, que se logró fuese bastante moderada. Todo esto culminó con la Ley de Desbloqueo que unificó el sistema monetario y crediticio español en 1939, momento en el que se pagó la eliminación de una crisis financiera con un fuerte repunte inflacionista. Sintetizo: un economista no parece que hubiera podido aconsejar otra cosa diferente. Repásese, por ejemplo, el How to pay for the war? De Keynes.

Angel Ganivet, en el Idearium español, señala que la gran equivocación de considerar que no dependemos del exterior se debe a que los españoles «nos hemos creído que somos insulares, -esto es, inmunes a las influencias foráneas- y quizás este error explique muchas anomalías de nuestra historia», porque precisamente esto nos hizo depender económicamente muchísimo de lo que sucedía allende las fronteras.

Franco maniobró muy bien, aparte de eliminar cualquier veleidad utopista que le malquistase con el poderoso mundo financiero internacional. Desde el punto de vista de la economía no pensó que fuésemos «insulares», sino muy enlazados con el resto de las economías. Como, además, acertó a recomponer una economía industrial propia y a destruir la del enemigo, era casi imposible que no ganase la guerra civil.



Juan Velarde Fuertes

1 Véase en la pág. 407 del tomo 11 del libro coordinado por mi, 1900-2000. Historia de un esfuerzo colectivo. Cómo España superó el pesimismo y la pobreza, Fundación BSCH. Planeta, Madrid, 2000.

2 Véase en Angus Maddison, La economía mundial 1820-1992. Análisis v estadísticas. Centro de Desarrollo. Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos, París, 1997, pág. 271 274.

3 Véase su artículo Algunos rasgos característicos de la economía española, aparecido en el «Bulletin de la Societé Belge d’Etudes et d’Expansion», diciembre 1931.

4 Labor, Barcelona.

5 Las circunstancias y un amplio empleo de los datos que ofrece, los expuse en Nacimiento. vida y muerte de la peseta. La historia desde un sueño a otro (1868-2002), intervención con motivo de mi doctorado “honoris causa”, editada por la Universidad de Valladolid, Valladolid, 20 octubre 2000.

6 Véase Tamames, R.: Estructura económica de España, Sociedad de Estudios y Publicaciones, Madrid, 1960, pág. 429; también Carlos de Inza y Tudanca, capítulo Transportes, en Estudios sobre la unidad económica de Europa, tomo viii, Madrid, 1959, pág. 759.

7 Cfs. Vicealmirante (H, G) Fernando Moreno de Alborán y de Reyna y Vicealmirante (A, G) Salvador Moreno de Alborán y de Reyna, La guerra silenciosa v silenciada. Historia de la campaña naval durante la guerra de 1936-39. El relato riguroso y exhaustivo de la campaña naval durante la guerra de España de 1936 a 1939 basado en las memorias completas del almirante D. Francisco Moreno y Fernández marqués de Alborán. en documentos oficiales de ambos bandos contendientes y en testimonios v declaraciones —a menudo apasionantes y en su mayor parte inéditas— de sus más destacados protagonistas, Gráficas Lormo, Madrid, 1998, en cuatro volúmenes, el IV dividido en dos tomos.

8 Hasta ahora, la parte fundamental, de complemento de la colosal aportación de los vicealmirantes Moreno de Alborán, está constituida por Juan Cervera Valderrama, Memorias de guerra, Editora Nacional, Madrid, 1968; Ricardo Cerezo, Armada española. Siglo XX, Ediciones Poniente, Madrid, 1983; Rafael González Echegaray, La marina mercante v el tráfico marítimo en la guerra civil española, Editorial San Martín, Madrid, 1977; Alcofar Nasaes, La marina italiana en la guerra de España, Editorial Euros, Barcelona, 1979; Peter Gretton, El factor olvidado, Editorial San Martín, Madrid, 1984; Michael Alpert, La guerra civil española en el mar, Siglo XXI de España, Madrid, 1987 y Franco Bargoni, La Participación naval italiana en la guerra civil española, Ministerio de Defensa. Secretaría Técnica, Madrid, 1994.


9 Sobre esto véase SÁnchez AsiaÍn, J. A.: Economía v finanzas en la guerra civil española (1936-1939), Real Academia de la Historia, Madrid, 1999.



 

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