LIBROS:Historia de las derechas españolas nº 105 Razón Española

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LIBROS: Historia de las derechas españolas. nº 105

Comentarios de G. Fernández de la Mora al libro de P.C. González Cuevas.

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LIBROS: Historia de las derechas españolas

González Cuevas, Pedro Carlos: Historia de las derechas españolas. De la Ilustración a nuestros días, ed. Biblioteca Nueva, Madrid 2000, 524 págs.



La lista de publicaciones del autor le acreditaba ya como un riguroso estudioso de las ideas políticas en la España contemporánea, lo que abría un crédito de confianza a esta obra panorámica que abarca desde la revolución francesa hasta hoy.

Con voluntad no esencial sino instrumental, el autor apunta un concepto de la "derecha" política española como "compleja síntesis de tradiciones diversas", la legitimista, la conservadora, la revolucionaria, la demoliberal y la tecnocrática, con un denominador casi común, el catolicismo. A esta derecha plural el autor le reconoce "una importante obra política y social como sentar las bases del Estado moderno". Sus caracteres serían "antirrevolucionarismo, pesimismo antropológico, elitismo, antiigualitarismo y una eventual práctica social reformista"; no el fascismo, "que apenas tuvo repercusión ideológica".

Como derechistas ilustrados aparecen Jovellanos, Zeballos, Forner, Hervás o Godoy. Cuando las Cortes de Cádiz destacan Inguanzo, Alvarado, Vélez. Con Fernando VII aparecen Mozo de Rosales, López-Ballesteros, Gómez Hermosilla, y tres corrientes organizadas: los carlistas, los moderados y los conservadores (Donoso, Alcalá-Galiano, Pacheco, Borrego, etc.). Aunque el general Narváez es el caudillo del moderantismo, el autor no ignora que el golpismo militar es liberal y que "el Ejército no se hace conservador hasta la Restauración". Acusa al centrismo o Unión Liberal de "inanidad ideológica".

Cánovas, "ecléctico y pragmático que careció de originalidad teórica". La monarquía restaurada capta aliados concediendo títulos nobiliarios (casi 500). Su fórmula fue el "sufragio universal retórico y el despotismo ilustrado del caciquismo". El juicio del período es negativo: "La Restauración fue incapaz de dar impulso al desarrollo de la sociedad española en un momento de clara expansión del resto de las naciones capitalistas". La crisis del 98, en parte, la deslegitimó.

La subsiguiente experiencia fue un Maura "regeneracionista que no pudo llevar a cabo la mayoría de sus proyectos". La derecha nacionalista aporta figuras como Cambó y D'Ors. El programa del vasco Arana era "absoluto imperio de la fe católica, condena del liberalismo como pecado y separación rigurosa de razas".

A partir de la I Guerra Mundial aparece "un profundo cuestionamiento de las bases del Estado liberal". Del maurismo se segrega un conservatismo autoritario: Goicoechea, Calvo-Sotelo, Silió. Brilla una nueva intelectualidad derechista (Ortega aparece como "conservador") que culminaría en Acción Española y que antes apoyó a Primo de Rivera: "El conjunto de la sociedad no se manifestó en contra del Dictador". Fue "una amalgama de espíritu militar, arbitrismo regeneracionista, nacionalismo conservador y tradicionalismo aristocratizante". El autor es muy crítico con la Dictadura, a la que apenas reconoce una "notable mejora de la situación económica". Doctrinalmente débil, la Dictadura se disolvió y abrió el camino a la II República, que el autor considera "el más serio intento de transformación de la sociedad y del Estado españoles proporcionado hasta entonces en nuestro país". Pero brilló por su ausencia una derecha republicana, el régimen se radicalizó, y fracasó Azaña.

El democristianismo de Gil-Robles, el revolucionarismo de Ledesma, y la Falange. Pero el conjunto de las derechas rechazó el fascismo, "ajeno en gran medida a las características y contenidos de su cultura política". Es la hora de Herrera, Pradera, e incluso de los corporativistas Madariaga y D'Ors.

La revolución frentepopulista de Asturias "adquirió todas las características de una guerra civil localizada". Las derechas llaman al soldado. Es el Alzamiento del 18 de julio de 1936, que inaugura un período que el autor califica de "la edad de oro antiliberal". Entonces "el conjunto de las derechas dio su apoyo a la sublevación", incluso Lerroux. Fue una coalición: "Lo que ha venido en llamarse «franquismo» resultó ser el recipiente en el que confluyeron todas las corrientes políticas de la derecha española". La Iglesia pretendió convertirse "en la definidora monopolística del ser ético-social de España", para lo cual ejerció del control de la enseñanza y "la censura de obras literarias y artísticas". Califica al Cardenal Primado de "insaciable" en sus peticiones de poder. Superada la tentación totalitaria que protagonizó Laín, el régimen inició un largo proceso de liberalización con los democristianos, los monárquicos tradicionales y los llamados tecnócratas. Pero el Concilio Vaticano desencadenó una "crisis del catolicismo que fue una crisis nacional". Franco nunca llegó a comprender el paso de la Iglesia a la oposición política, lo que él calificó de "puñalada por la espalda". Hubo una oposición conservadora calificada de "no heroica" y minoritaria.

La muerte de Franco fracciona a la derecha. El Rey, apoyado por la Iglesia y el Ejército, nombra a Suárez para reformar el Estado con su partido UCD, calificado de "entelequia". El golpe del 23 de febrero de 1981 cree el autor que "no contó con el apoyo del Rey". Tras el fracaso de Fraga, aparece Aznar, que "no es un hombre de pensamiento" y que "apenas insiste en los factores religiosos". La corrupción socialista le lleva al poder; es "un pragmatismo de muy cortos vuelos" que abre un proceso incierto para las derechas españolas, ahora paradójicamente "centristas" y admiradoras de Azaña (también apóstatas de su pasado).

Este libro de Cuevas ha de ser valorado en el contexto ideológico de la España actual, caracterizado por la consigna de demonizar a Franco, a su obra y a sus precedentes. Esa consigna mediática, a la que con entusiasmo se ha sumado incluso el antes franquista ABC, se debe al resentimiento de los vencidos, al oportunismo de los arribistas y a la presión de la izquierda internacional, inicialmente dominada por el marxismo. Al cabo de un cuarto de siglo de "damnatio memoriae" de Franco, el autor, que procede de la izquierda, trata de ser objetivo no sólo con el próximo pasado, sino con sus antecedentes desde Jovellanos. Este despegue de la consigna y esta libre apelación a los datos es un gran mérito del autor, aunque se trate del primer mandamiento historiográfico, ahora tan conculcado que su respeto resulta excepcional y valeroso. El autor no se libra siempre de la presión ambiental, pero generalmente lo consigue. Puede ser un síntoma de que la tiranía de la parcialidad sectaria declina entre nosotros. En tal caso, el libro de Cuevas se situaría en la vanguardia del retorno a una historiografía digna de tal nombre, la despolitizada y realista.

El segundo gran mérito de este libro es que tiende a examinar, en paralelo, las ideas y los acontecimientos políticos con especial consideración de los textos doctrinarios. No es ni un relato externo de los desplazamientos del poder, ni una crónica interna del pensamiento sobre la cosa pública. Estamos ante una inteligente reconstrucción que permite apreciar la Historia en dos dimensiones, la de los acontecimientos y la de las ideas. No es la metodología marxista, sino la de Fichte: el decurso de la Humanidad depende principalmente del pensamiento. Este bifronte análisis es posible gracias a un riguroso conocimiento del entramado teórico de los debates, algo poco frecuente entre los historiadores.

El autor se apoya en un extenso aparato documental sin exclusiones sectarias. Y los datos no proceden, como es habitual para el período, de las hemerotecas, sino del estudio directo de los escritos doctrinarios. Así se logra ofrecer un panorama con profundidad, y explicativo de los sucesos. No se trata simplemente de contar una historia, sino que se da razón de ella.

¿Discrepancias en ciertas valoraciones? Desde luego; pero no es ésta la ocasión de entrar en detalles.

Libro importante que anuncia una obra historiográfica en progresiva madurez.



G. Fernández de la Mora



 

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