LIBROS: La
persecución religiosa en España 1931-1939
Cárcel
Orti , Vicente: La persecución religiosa en España
1931-1939, ed. Planeta, Barcelona 2000, 370 págs.
El autor contribuyó con un capítulo sobre análogo tema
a la Historia de la Iglesia en España (ed. BAC, Madrid
1979, vol. V). Luego amplió su texto en el libro de 1990
La persecución religiosa en España durante la II
República (Vid. recensión en "Razón
Española", núm. 48, julio 1991, pág. 115) en el
que hacía ciertas concesiones al progresismo entonces en
boga. Ahora insiste en el dramático relato con más
reciente apoyo bibliográfico y menos imprudencia.
Recién proclamada la II República se inició la
persecución con la quema de conventos, la expulsión de
los jesuitas, y una legislación anticatólica. Pero lo
que el autor denomina el "holocausto" se llevó
a cabo en la zona roja durante los primeros meses de la
guerra civil. En aquel supuesto paraíso democrático se
llevó a cabo la persecución religiosa más terrible de
la Historia, superior a la del Imperio romano. Fue
«cruelísima» inhumana y bárbara" y además
instigada por los centros de poder. El diario "El
Socialista" en su número de 15 de agosto de 1936,
incitaba a sus correligionarios: "Hay que extirpar a
esa gente. La Iglesia ha de ser arrancada de cuajo".
La situación dió lugar a la Carta colectiva del
Episcopado Español (1-VIII-1937) que convirtió la
guerra en una cruzada a los ojos de la Cristiandad.
Entonces el ministro de la República y separatista
vasco, Manuel de Irujo, protestó en enero de 1937 ante
su gobierno calificándolo de "sistema
verdaderamente fascista", expresión paradójica
puesto que el Gobierno de Madrid se presentaba como
antifascista y con ese lema movilizó a las Brigadas
Internacionales.
Según el autor fueron "casi diez mil
mártires" los asesinatos en la zona republicana y,
a lo largo de su relato, evoca sucesos de suma crueldad:
torturas, ultrajes y profanaciones.
El autor entra en la acusación marxistizante de la
colaboración eclesiástica con el Estado durante la era
de Franco y presenta excusas nacidas de un complejo de
inferioridad histórica. Esta faceta de su libro pone de
manifiesto la profunda crisis interna de la Iglesia
española a la que Juan Pablo II no ha podido poner coto
a pesar de haber tramitado tantos procesos de
beatificación de mártires de nuestra guerra. Tambien de
esta decisión pontificia cree el autor que debe dar
explicaciones a los herederos espirituales de aquellos
asesinos. Su talante irenista resulta penoso, sobre todo
si se tiene en cuenta que es el de un sacerdote español
que trabaja en el Vaticano.
A Nerón todavía no se le ha pedido perdón. ¿Por
qué?.
J. L. Núñez
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