Franco y las
clases medias
Se ha
escrito mucho sobre Franco. Para ensalzarle y para
rebajarle. Dentro de España se estilaba ensalzarle
cuando estaba en el poder, a todo lo largo de su vida.
Fuera de España se puso de moda rebajarle, tras la II
Guerra Mundial, hasta niveles irracionales. Muerto el
General, el número de los maledicentes ha aumentado en
España y se mantiene en el exterior. No es rara la
diversidad de opiniones sobre hombres importantes. Creo,
incluso, que lo que caracteriza a la verdadera calidad de
un personaje histórico, a su categoría, es precisamente
la diversidad apasionada de opiniones acerca del mismo.
Hace poco, en un periódico he leído un juicio crítico
del General acerca de sí mismo, que me parece sumamente
adecuado. Cuenta el General Vernon Walters, del Ejército
de los Estados Unidos, que su Presidente le encargó
preguntar a nuestro General qué pasaría, cuando él
-Franco- se muriera. ¿Quedaría todo igual? ¿Qué cree
que cambiaría? ¿Quedaba un Ejército poderoso para
mantener la situación? Muchas cosas cambiarían:
"España irá lejos en el camino que desean ustedes,
democracia, pornografía, drogas y qué sé yo. Habrá
grandes locuras pero ninguna de ellas será fatal para
España... porque yo voy a dejar algo que no encontré al
asumir el gobierno de este país, hace cuarenta años: la
clase media española. Diga a su Presidente que confíe
en el buen sentido del pueblo español, no habrá otra
guerra civil".
Efectivamente, éste es el gran triunfo de Franco y de su
gran equipo, de sus curas, de sus militares, de sus
falangistas, de sus requetés, de sus miles de asesinados
por creer en Jesucristo, de los pobres, que eran mayoría
y se unieron a él, porque estaban hartos de las
izquierdas exigentes con la estaca levantada y de las
derechas que predicaban la paciencia. Pero quizá, sobre
todo, de su clase media, que podría sacudirse la miseria
de los pueblos y emprender otros caminos vedados hasta
entonces, caminos de verdadera libertad.
Porque lo difícil no es soñar con lo que se quiere, con
crear esa inmensa clase media, sino poner los medios para
que el sueño se haga posible. Hacer, primero, que todos
coman; hacer que muchos aprendan a trabajar con provecho;
y, finalmente, que los más valiosos, los mejores, ocupen
los puestos directivos, sin enjuagues, con justicia. Y
él, don Francisco Franco, supo crear todo esto y ponerlo
en marcha.
Porque él supo crear, primero, con la generosa ayuda de
muchos de los que iban con él, lo que llamó
"Auxilio Social", que era pan para los pobres,
y mantuvo, como Dios le dio a entender, un precio
razonable para los artículos de consumo obligado, de
forma que fueran asequibles para los desheredados de la
fortuna. Y todo ello, a pesar de la prohibición
británica de utilizar nuestros puertos con regularidad,
a lo largo de la II Guerra Mundial.
Y, algo más adelante, con prisas, creó las Escuelas de
Trabajo, en las que se enseñaban las técnicas de
variados oficios y que cristalizaron en la Formación
Profesional, en la que se practicaba con el mejor
material docente -sierras eléctricas, tornos,
fresadoras- para obtener obreros de primera categoría.
Y, más tarde aún, cuando se pudo, en las Universidades
Laborales, donde los hijos de los obreros manuales y de
los campesinos sin tierra se podían convertir, si
estudiaban, si valían, en ingenieros y en peritos.
Y además de esto, ofreció casas baratas. Hizo y miles
en Madrid, en Barcelona, en Sevilla, a precio muy
asequible, y la gente desposeída por la guerra se fue
colocando. Los dueños de casas de alquiler no están
nada conformes; pero ser casero suponía también otras
conveniencias que la paz franquista facilitaba. Y así se
fueron haciendo con casa más gente en España que en
ninguno de los otros países europeos. Parece mentira,
pero es verdad. Todavía sigue siéndolo, después de 25
años transcurridos desde su muerte.
Y se inventó lo del turismo y nos llenó España de
guiris, sobre todo en las playas y, en especial, en
Levante y en las Islas. ¿Suerte? No. Ideas claras de sus
fieles, dirigidas por él. Como en Auxilio Social o en la
Formación Profesional. Como en que cada español fuera
dueño de la casa en que vive.
Y, por no alargar, lo de los coches de gasolina. Antes de
la guerra, de nuestra guerra, tener coche era ser rico.
Después de mediado el siglo empezaron las carreteras
españolas a verse surcadas por los modestos "Cuatro
Cuatro" y "Seiscientos", fabricados en
España. Y en una decena de años, el coche, modesto,
pero capaz de ir a cualquier capital en pocas horas, era
del dominio de la mayoría de los componentes de la
abundante clase media española.
Pero todo esto, que debería haber sido hecho antes, se
hizo, precisamente, cuando Franco fue nombrado Jefe del
Estado y a lo largo de todo su mandato. Y venciendo tres
pruebas de hierro que le fueron impuestas, tres problemas
graves.
El primero fue que Franco ganó una guerra contra el
comunismo y la masonería, juntos, en los años treinta,
cuando ambos estaban de moda.
Por entonces resultó que el fascismo italiano1 y el
nacional socialismo alemán ayudaron al Alzamiento,
mientras que el comunismo ruso ayudó a sus adversarios,
y los masones de varios países (en especial de Francia,
de Inglaterra y de los Estados Unidos) se limitaron a
favorecer a éstos.
Acabada nuestra guerra, los que ayudaron a Franco se
enfrentaron a los que habían ayudado a sus enemigos. Y
aquí aparece el segundo problema grave resuelto. El
Ejército alemán venció a los aliados en la campaña de
Francia, ocupó este país y llegó a nuestros Pirineos.
Hubo entonces indicios claros del deseo alemán de
atravesar nuestra frontera y llegar a Gibraltar. El
peligro fue grave, pero Franco supo sortearlo. Mandó una
División a combatir contra los rusos y lo hizo bien, y
los poderosos alemanes no se atrevieron a cruzar España
para ir a Gibraltar.
El tercer gran problema se produjo cuando acabó la II
Guerra Mundial. Hubo entonces intentos comunistas de
invadir España, pero sólo lograron introducir algunas
partidas de guerrilleros que fueron obligadas a retirarse
vencidas.
Y tras la tempestad llegó la calma. Y la calma fue que,
en los años cincuenta, los poderosos Estados Unidos se
dieron cuenta de que el comunismo ruso era un peligroso
aliado, un posible enemigo. Y establecieron buenas
relaciones con España, llegaron a un acuerdo con el
mismísimo Franco y nos echaron una mano, en lo
económico, que nos vino bien, y a ellos, quizá, mejor.
Fue un respiro ver por Madrid a sus presidentes, y montar
en sus "jeeps", en sus "M 47",
navegar en sus buques y volar en sus aviones. Y, con
ellos de amigos, Franco no tuvo que cambiar nada de su
sistema de gobierno, seguimos siendo nacional
sindicalistas, con nuestros falangistas y nuestros
requetés y nuestro clero y nuestra creciente clase
media.
Y, como prueba de la calma, una victoria en Ifni y en el
Sáhara. Los americanos no nos dejaron llevar el
armamento que nos habían vendido o prestado; pero no
hizo falta. Nuestra enseñanza militar había logrado
crear una larga serie de oficiales que, unidos a los
jefes que vencieron en la guerra del treinta y seis,
supieron vencer en los dos conflictos coloniales de
entonces. «Rara avis», porque los poderosos ejércitos
de Francia e Inglaterra no habían tenido éxito y la
formidable fuerza americana tuvo que dejar el Vietnam con
prisa. Nuestro don Francisco ganó sus crisis coloniales
cuando otros, más poderosos, perdieron las suyas.
En los años sesenta yo estuve allí, en paz, en el
Guelta, en Mahbes Escaiquima, en Cabo Bojador... Y me
hice amigo de familias saharauis y comí en sus jaimas y
pensé con ellos en su independencia. ¿Por qué no?
Y, "vencida de la edad", como diría nuestro
Quevedo, sintió su espada el buen General español, y
murió de dolor de que un mal Gobierno español
abandonara el Sáhara a Marruecos. Porque él había
dispuesto lo necesario para que, en los setenta, el
Sáhara pudiera ser defendido.
Y, como le dijo mi General a Vernon Walters, España se
salvaría de otra guerra civil gracias a la clase media
que había contribuido a crear.
Lo que ya no estaba en sus manos era impedir otras
circunstancias ni otras influencias. Lo había temido:
"España irá lejos en el camino que desean ustedes,
democracia, pornografía, drogas y qué se yo".
Y aquí estamos, en la España de hoy, con mejores
coches, con partidos... pero con pornografía, con drogas
y un "qué se yo" que nos llena de amargura, a
la vista de los rebaños de pobres mujeres en arriendo,
de jóvenes destrozados por la droga, de intentos de
rompernos la nación española, de asesinatos cobardes,
de coacciones de grupúsculos enanos.
Y, con todo ello, parece que ya estamos palpando una de
"las grandes locuras..." de que habló nuestro
viejo Jefe del Estado... Pero, "gracias a la clase
media española -como dijo él mismo- no habrá otra
guerra civil". La Historia le da la razón.
Rafael Casas de la Vega
1 Se llamó «fascismo» porque, siendo
italiano y amante de su historia, adoptó como emblema
las fasces del Lictor, símbolo de mando del Cónsul,
mando ejecutivo romano. Fuera de Roma, con hacha; dentro,
sin ella.
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