Franco frente a
Hitler
1.
HENDAYA
El momento histórico más importante y controvertido de
España en la segunda guerra mundial es la entrevista de
Hendaya entre Franco y Hitler. Para los historiadores y
propagandistas del antifranquismo éste es un caballo de
batalla; para ellos Franco quiso entrar en la guerra y
fue Hitler quien le despreció. Sinceramente creo que
esta tesis no se tiene de pie ni ante los documentos que
pudiéramos llamar clásicos ni sobre todo ante los que
hemos conocido recientemente.
Hitler, el conquistador y dueño de casi toda Europa, el
hombre que había obligado a un premier británico y a
otros líderes europeos a visitarle en su propio terreno,
había emprendido el viaje más largo de su vida para
entrevistarse en Hendaya, el 23 de octubre de 1940, con
el Caudillo de España Francisco Franco. Pero Hitler no
viaja sólo para hablar con Franco. La víspera convoca
al jefe del gobierno francés, Pierre Laval, a una
conversación con él y el ministro von Ribbentrop en la
pequeña estación francesa de Montoire-sur-Loire. Allí
se concierta una entrevista del Führer para el día 24
con el mariscal Pétain. La conversación de Hitler con
Franco está enmarcada en dos contactos del máximo nivel
con Francia, a la que Hitler pretende captar como pieza
fundamental para su Orden Nuevo y, por tanto, no hará
nada que pueda herir a Francia cuando hable con Franco;
con lo cual el fracaso de la entrevista con Franco estaba
cantado según la perspectiva de Franco. Mientras el tren
de Hitler, Erika se va aproximando al sur de Francia,
Franco y Serrano Suñer descansan en el palacio de Ayete,
cerca de San Sebastián, donde han llegado aquella tarde.
A Franco le cuesta conciliar el sueño, pero al fin lo
consigue.
Para la reconstrucción de la entrevista de Hendaya voy a
transcribir como principal documento, el que nos ha
legado el barón de las Torres, don Luis Alvarez de
Estrada, introductor de embajadores e intérprete de
Franco, que dominaba perfectamente el alemán y fue el
único testigo entre los presentes que tomó notas
durante el encuentro y tres días después las paso a
limpio. Utilizo la versión que se ha publicado
recientemente en la revista Razón Española 1. Me apoyo
también en la exposición del profesor Luis Suárez,
quien recoge el testimonio del intérprete alemán
Schmidt, que no actuó como tal, pero pudo observar la
escena, recopilar testimonios directos y resulta
fidedigno. He aquí fragmentos del testimonio del barón
de las Torres:
«En el coche salón y en una mesa rectangular para seis
personas, toman asiento Su Excelencia el jefe del Estado,
el Führer, el Sr. Serrano Suñer, el Sr. Ribbentrop, un
intérprete aleman (Gross, n. de A.) y el barón de las
Torres que actúa como intérprete por parte española,
prohibiéndose el acceso al salón de ninguna otra
persona, ya que los Embajadores de Alemania en Madrid Sr.
Von Stohrer y de España en Berlín, General Espinosa de
los Monteros, han permanecido con el resto del séquito.
«El Führer está sentado en una cabecera, teniendo a su
derecha al Caudillo y a su izquierda al Sr. Serrano
Suñer, a la derecha del Caudillo está el Sr.
Ribbentrop.
«Empieza el Führer por hacer una relación bastante
minuciosa de todos los acontecimientos ocurridos hace
trece meses y que han dado origen a la guerra mundial,
insistiendo en que él no quería la guerra, pero que se
ha visto obligado a aceptarla con todas sus
consecuencias. Pinta la situación de Europa como
completamente favorable a las armas alemanas, diciendo
textualmente: Soy el dueño de Europa y como tengo
doscientas divisiones a mi disposición, no hay más que
obedecer. Comienza el Führer ponderando la eficacia y
dominio de las fuerzas alemanas, asegurando que será
cuestión de muy poco tiempo el aniquilamiento de
Inglaterra cuya invasión está preparando con gran
eficacia, y que le interesa tener prevenidos y sujetos
todos los puntos neurálgicos que puedan ser de interés
para sus enemigos y por ello es por lo que le ha
interesado tener esta conversación con el Caudillo, pues
hay varios puntos en los que España está llamada a
desempeñar un papel muy importante, y que no duda que
velando por sus intereses políticos lo llevará a cabo,
ya que si deja pasar esta oportunidad no se podría
presentar nunca.
"En este respecto dice que le interesan y preocupan
tres puntos que son, Gibraltar, Marruecos e islas
Canarias.
"Continúa diciendo el Führer al pasar a tratar de
Gibraltar, que ésta es una cuestión de honor para el
pueblo español el volver a reintegrar a la patria ese
pedazo de suelo que está todavía en manos extranjeras,
y que por su posición privilegiada en el Estrecho sea el
punto de apoyo más importante que para la navegación en
el Mediterráneo tienen los aliados, y que parece por
tanto que hay que ir tomando en consideración la
necesidad de que se cierre el Estrecho, ya que entre
Ceuta y Gibraltar, en manos españolas, sería imposible
la navegación.
"Por lo que se refiere a las islas Canarias, dice
que, aunque está convencido de que los Estados Unidos no
han de entrar en la guerra, pues no tienen intereses de
gran envergadura en ella, no así los ingleses, que
aunque sufren una situación precaria actualmente, en
cualquier golpe de mano podrán hacerse con ellas y
sería desde luego un golpe muy fuerte contra la campaña
submarina que con toda eficacia se está llevando a cabo.
"Su Excelencia el Jefe del Estado contesta a los
puntos que acaba de mencionar el Führer diciendo que
aunque es exacto que Gibraltar es un pedazo de tierra
española que hace muchos años está en manos ajenas, y
que sería gran satisfacción para el pueblo español que
volviera a formar parte de la Patria, hay que comprender
que lo que al Führer le parece muy fácil, que es tomar
la ofensiva para Gibraltar, supone para un pueblo que
acaba de pasar por una de las más terribles guerras
civiles, un sacrificio excesivo ya que no tiene aún
cerradas las heridas de todo orden que ha sufrido y que
sería muy pequeña compensación para los estragos y
dificultades que la entrada en guerra con Inglaterra
supondrá.
"Por otro lado, continúa el Caudillo, por lo que se
refiere a Marruecos, debe tenerse muy en cuenta el
esfuerzo que para una España aún no rehecha de la
guerra civil, supone el mantenimiento de los efectivos
militares que tiene en su Zona y que obliga a las tropas
francesas a mantener ellas mismas unos efectivos
importantes inactivos que no pueden acudir a otros
sectores. Continua el Caudillo diciendo que agradece
mucho los ofrecimientos que para después de la guerra y
en el caso que entre España en ella, se le hacen de la
zona francesa y del Oranesado, que no se le ha ocurrido
pedir, pero que estima que para ofrecer las cosas es
necesario tenerlas en mano y que hasta ahora el Eje no
dispone de ellas. Añade el Caudillo que este problema de
Marruecos lo ha considerado él vital para España y
comprende que no se le ha hecho justicia a nuestro país
y que no se le ha reconocido la situación que por
derecho e historia le corresponde, pero que habiendo
sido, como prueba la Conferencia de Algeciras, problema
que siempre suscitó la intervención de todos los
países, aun de aquellos que más alejados se encontraban
de él, estima que no debe procederse a la ligera, sino
por el contrario, sin hacer dejación ninguna de los
dere- chos que le asisten, examinar el problema con toda
frialdad.
"Por lo que se refiere a las islas Canarias, no cree
el Caudillo que puedan ser objeto de un ataque, pero
desde luego reconoce que, aun cuando existen en las islas
los efectivos necesarios, los medios de defensa de que
disponen las islas no están a la altura de las
circunstancias, pues el armamento no es eficiente.
"A esto contestó el Führer diciendo que se
enviarían por Alemania las baterías de costa de gran
calibre que fueran necesarias, así como los técnicos
encargados de montarlas y enseñar su manejo.
"Señala el Caudillo, con referencia al cierre del
Estrecho de Gibraltar, que considera de mucha más
urgencia e importancia el cierre del canal de Suez, pues
el corte de éste traería aparejada la inutilidad del
Estrecho de Gibraltar y pasaría a ser un mar muerto el
Mediterráneo.
"El Führer se mantiene en su postura de que
considera más importante cerrar por Gibraltar que por
Suez.
"Insiste el Führer en señalar los grandes
beneficios que reportaría a España una intervención al
lado del Eje, manifestando que cree llegado el momento en
que España tome una determinación, pues no puede
permanecer indiferente a la realidad de los hechos y de
que las tropas alemanas se encuentran en los Pirineos. Y
añade que como mañana o pasado tiene concertada una
entrevista con el mariscal Pétain y el Sr. Laval en
Montoire, quiere saber a qué atenerse respecto a la
actitud de España para obrar en consecuencia con
respecto a Francia.
"Contesta a esto el Caudillo que no cree que tenga
nada que ver la actitud de España en las conversaciones
de una Potencia que acaba de ser derrotada por Alemania,
y a costa de la cual se le acaban de hacer ofrecimientos
pues una de dos, o estos ofrecimientos no son más que el
cebo para una posible entrada de España en la guerra o
no se piensa llevar a cabo, si la actitud de Alemania con
el gobierno de Francia no es excesivamente dura.
"Esta contestación del Caudillo no parece agradar
mucho al Führer (seguramente porque es verdad) y recalca
de una manera un poco vehemente y sin recoger lo dicho
por el Generalísimo que él no puede ir a Montoire a
entrevistarse con Pétain sin conocer una actitud
definitiva por parte de España.
"El Caudillo vuelve a insistir en lo antes
manifestado, y además reitera que España, que acaba de
sufrir una gravísima guerra civil, que ha tenido cerca
de un millón de muertos por todos conceptos, que está
falta de víveres y de armamento, no puede ser llevada
sin más a una guerra cuyo alcance no se puede medir y en
la cual no iba a sacar nada".
"En la segunda parte de la conferencia se nota desde
el principio el afán del Führer de hacer ver al
Caudillo la conveniencia de entrar al lado de Alemania en
la guerra, por estar ésta, como quien dice, virtualmente
ganada y asegurando que tendría España cuanta ayuda
pudiera necesitar, tanto en provisiones como en
armamentos.
"Vuelve el Caudillo a insistir en lo que tantas
veces ha repetido durante el curso de la conversación,
que España no está preparada para entrar en ninguna
guerra, y que no se le pueden pedir sacrificios inútiles
para no obtener nada por ellos y que considera que ya es
buena ayuda la neutralidad española que le permite no
tener efectivos en los Pirineos y la distracción de
fuertes contingentes franceses por nuestras fuerzas
militares en la Zona de Marruecos, aparte de lo que
representa el haberse adueñado España de Tánger,
evitando que lo hicieran otros.
"El Führer a esta contestación, y visiblemente
contrariado, manifestó que aunque eso sea verdad, no es
lo suficiente ni lo que necesita Alemania.
"El Caudillo le vuelve a contestar que él no puede
llevar al pueblo español a una guerra que, desde luego,
sería impopular, ya que en ella no se podría alegar que
iba envuelto el prestigio ni la conveniencia de España.
"Después de un forcejeo insistiendo ambos jefes de
Estado en sus puntos de vista y teniendo en cuenta que
quiere llegarse a una solución por parte de Alemania,
propone el Führer, de acuerdo con su ministro de Asuntos
Exteriores Ribbentrop, que se firme por parte de España
un compromiso en el que se comprometa a entrar en la
guerra al lado de Alemania cuando ésta estime necesario
que lo haga más adelante.
"El Caudillo vuelve a insistir en los repetidos
puntos de vista respecto a la imposibilidad de España de
entrar en una guerra que no le habría de reportar
ningún beneficio y que, por tanto, aunque fuera un
compromiso aplazado, él no lo puede aceptar.
"Se siguen manteniendo durante más de tres cuartos
de hora los respectivos puntos de vista y, pasadas las
doce y media, el Führer, que ha ido cada vez más
perdiendo su control, se dirige en alemán a Ribbentrop y
le dice: Ya tengo bastante. Como no hay nada que hacer,
nos entenderemos en Montoire.
"El Führer, dando muestras de su soberbia o de su
mala educación, se levanta de la mesa y de forma
completamente militar y agria se despide de los
presentes, acompañado de su ministro de Asuntos
Exteriores.
"La actitud del Caudillo no ha podido ser más
viril, ni más patriota, ni más realista, pues se ha
mantenido firme ante las presiones, justificadas o no,
del Führer y ha pasado por alto con la mayor dignidad
los malos modos al no ver satisfechos sus deseos, del
Führer-Canciller.
Luis Alvarez de Estrada
Barón de las Torres."
Este
testimonio cabal, comunicado por el único asistente que
comprendió directamente todo lo tratado (el intérprete
alemán no entendía bien el español, y el otro
intérprete, Schmidt, no estuvo sentado en la mesa) es,
dada además la personalidad y profesionalidad del barón
de las Torres, el único que hace fe de lo tratado en
Hendaya. ¿Qué harán ahora Paul Preston, y otros
obcecados comentaristas de lo que nunca fue? Cierto que
existen otros testimonios, forzosamente secundarios,
aunque puedan ser más o menos fidedignos, sobre posibles
conversaciones marginales, observaciones durante la cena
etc., que conservan su interés en un segundo plano.
Existe por ejemplo un "acta" incompleta en los
documentos alemanes, transcrita por Detwiler, que se
refiere sólo a la intervención de Hitler, con más
detalles (ninguno esencial) y sin registrar las
respuestas de Franco. Las demás fuentes y estudios
(Detwiler, Proctor, Schmidt) confirman de plano la
versión directa del barón de las Torres. Ante el autor
de este libro, el almirante Carrero insistió mucho en
1972 en que Franco había expuesto ante Hitler que la
estrategia a emplear en el desierto africano contra
Inglaterra, así como la defensa de Inglaterra, se
asemejarían más a una guerra naval que a la terrestre,
y Schmidt confirma esa concepción. Otra réplica
importante de Franco es que Inglaterra no estaba vencida,
como pretendía el Führer; Alemania no había ganado la
batalla del espacio aéreo como Hitler pretendía y,
además, aun perdidas las islas, Inglaterra continuaría
la guerra en el Imperio con el apoyo de los Estados
Unidos, que Hitler negaba cerradamente; a fines de 1941,
algo más de un año después, los hechos darían la
razón a Franco en este punto vital.
Me parecen de suma importancia los recuerdos del propio
Franco en sus conversaciones intimas, años después. El
20 de diciembre de 1955 afirmaba: "Hice todo lo
posible para convencerle de que la guerra no estaba
ganada ni mucho menos, pues al continuarla Inglaterra
como lo estaba haciendo, ello hacía suponer que esta
nación tenía la seguridad de que los Estados Unidos
entrarían en la contienda. "¿Usted cree que la
guerra va a ser larga?" me preguntó Hitler.
"Ello sería una gran complicación para
nosotros". "No le quepa la menor duda. Y por
ello, aunque crea en el triunfo de Alemania, España no
está en condiciones de entrar en la contienda sin
resolver antes muchos problemas, el principal de ellos el
abastecimiento del pueblo". El Führer, como si
fuera un iluminado, afirmaba constantemente que la guerra
estaba ganada y que el triunfo sería rápido".
El 5 de julio de 1965 y ante un artículo de Georges
Roux, volvió sobre el tema de Hendaya. Dijo Franco que
entonces no le pidió Hitler la entrada de España en la
guerra porque le repetía que la guerra estaba ganada; en
esto le falló a Franco la memoria porque como acabamos
de ver consta documentalmente que sí se lo pidió y con
suma insistencia. El resto del testimonio es importante:
"Deseaba Hitler para mantener la paz una estrecha
alianza con España antes que lo hiciera Francia. Me
ponderó el brillante papel que la Historia había
reservado a nuestra Patria en el nuevo orden que se iba a
organizar en Europa. Me negué diplomáticamente a ello
diciéndole que lo que España necesitaba era su
reconstrucción, pues había queda- do muy quebrantada
después de nuestra guerra. Le manifesté además mi
absoluta convicción de que Inglaterra no estaba vencida
y de que seguiría la lucha en Francia, en la metrópoli
o en un sitio cualquiera de su gran imperio. Que no
creyera que el pueblo francés estaba a su lado, pues
ahora siente más que nunca antipatía por las potencias
del Eje. En aquellos difíciles momentos, como en todo el
tiempo que duró el conflicto mundial, no tuve otro afán
que salvar la neutralidad de España. Estaba decidido a
ello costase lo que costase y me hubiera defendido contra
cualquier agresor, fuese Alemania o los aliados.
Hubiésemos repetido la gesta de España contra
Napoleón. Creo que Hitler se dio cuenta de mi manera de
pensar y por ello nos respetó, lo mismo que Inglaterra o
Norteamérica".
Al terminar la primera sesión de la conferencia, von
Ribbentrop entregó a Serrano Suñer un protocolo con las
exigencias alemanas que Hitler había concretado en la
entrevista. Era el compromiso de que España entrase en
la guerra cuando Alemania lo considerase oportuno. Vuelvo
ahora al testimonio de Serrano Suñer, porque para este
punto está dictado por la serenidad sin asomos de
resentimientos posteriores. "Franco -dice- se
mostró con toda razón indignado ante aquel documento
que los alemanes traían preparado con la pretensión de
empujarnos a la guerra sin darnos ninguna compensación.
Es intolerable esta gente -me decía- quieren que
entremos en la guerra a cambio de nada, no nos podemos
fiar de ellos si no contraen, en lo que firmemos, el
compromiso formal terminante de defendernos desde ahora
los territorios que como les he explicado son nuestro
derecho, de otra manera ahora no entraremos en la guerra.
Este nuevo sacrificio nuestro -decía Franco- sólo
tendría la justificación con la contrapartida de lo que
ha de ser la base de nuestro imperio. Después de la
victoria, contra lo que dicen, si ahora no se comprometen
formalmente no nos darían nada". Pero Serrano
Suñer no dice que Franco, al comenzar la entrevista,
sabía ya por sus contactos secretos con Francia que
Hitler no pensaba acceder a las pretensiones
territoriales de España para no malquistarse con
Francia, lo que quedaba claro en el acta del barón de
las Torres. Por tanto en Hendaya lo único que Franco
hizo fue defender eficazmente la neutralidad española,
sin ceder un ápice en este objetivo primordial.
Entre las dos sesiones de la conferencia Serrano Suñer
habló con Ribbentrop -hacia las siete de la tarde- y le
expuso las razones por las que España no podía firmar
el protocolo. Al término de la segunda sesión los dos
ministros vuelven a reunirse para tratar de revisar el
primer protocolo. El ministro español, que acababa de
recibir nuevas instrucciones expresas de Franco, se
muestra inflexible en la necesidad de concretar las
reivindicaciones españolas. Ribbentrop le pidió que le
enviase una contrapropuesta de España antes de las ocho
de la manana siguiente. Serrano Suñer, al cabo de los
años, revela que cuando Franco saludaba militarmente
desde la plataforma del tren español ya en marcha,
trastabilló y estuvo a punto de caerse, aunque le
sostuvo el general Moscardó. Los comentarios, en el tren
de Franco y en el de Hitler, echaban humo. "Son unos
perturbados y unos mal educados" decía, en el mayor
exabrupto de su vida, el muy diplomático barón de las
Torres. Lo que dijo Hitler puede deducirse de los
testimonios posteriores. Cuando explicó lo sucedido al
conde Ciano, éste anotó en su diario: "Las
demandas de España para entrar en la guerra son
demasiado altas. Nueve horas duraron las conversaciones y
Hitler, antes de sufrir la experiencia otra vez,
preferiría que le sacasen tres o cuatro muelas".
Testigos del séquito alemán contaron luego a Juan
Antonio Ansaldo que Hitler, acreditado histrión, imitaba
furibundo los gestos de Franco muchos meses después del
encuentro. En una conversación florentina con el Duce
pocas semanas después, Hitler insultaba de nuevo a
Franco: pero reconocía que "es un hombre de
temple". Se indignaba allí de que los españoles
"tan engreidos y vanidosos, se inclinaban a realizar
cosas de que eran incapaces, pedían sin cesar
exorbitantes concesiones a Alemania, pero no se
comprometían jamás a nada, se habían reservado
enteramente la importante cuestión de decidir la fecha
de su entrada en guerra".
A las dos de la mañana Franco y Serrano Suñér llegan
al palacio de Ayete y durante una hora redactan una
versión atenuada del protocolo -la llamaremos segunda
versión- "que recogiera nuestras condiciones
dilatorias y nuestras reivindicaciones concretas",
según el ministro. Enrique Giménez Arnau2, director
general de prensa, actuó de mecanógrafo y muchos años
después, en 1998, nos ha ofrecido un importante
testimonio sobre el asunto. Había conocido a Franco en
Zaragoza, desde 1925; registrador y notario, fue capitán
del Cuerpo jurídico en la guerra civil, destinado en la
secretaría de Serrano Suñer en Burgos y director
general de Prensa en 1940. Estuvo en el séquito de
Franco en Hendaya. Recuerda que el conductor del tren de
Franco fue el teniente coronel Martínez Maza, antiguo
profesor de la Academia General Militar. Recuerda el sol
radiante de Hendaya el día de la entrevista. Asistió a
la cena en el vagón de Hitler. Muchos años después le
llamó Serrano Suñer y al recordar Hendaya, el ex
ministro se empeñaba en que Franco salió de la
conferencia apesadumbrado y preocupado, pero Giménez
Arnau insiste en que parecía muy tranquilo y distendido.
En Ayete, Franco entregó al director general el segundo
protocolo para que lo pusiera en limpio y así lo hizo.
Se lo devolvió a Franco y se despidió; eran las cuatro
de la madrugada. "En el documento, fechado pero sin
firma ni antefirma se consignaban las peticiones de
España, con mínimas condiciones previas muy generales,
para una eventual intervención en el conflicto:
suministros de material bélico (era el único punto
relativamente detallado) ayuda económica y garantía de
abastecimientos de artículos básicos, entre ellos
combustibles. Además se reivindicaba Gibraltar y se
formulaban reclamaciones territoriales en el norte de
Africa. No era un proyecto de tratado ni tampoco incluia
compromisos. Parecía un resumen de lo expuesto por
Franco a los alemanes. El memorando apenas tenía puntos
de contacto con un borrador alemán del Convenio de
Hendaya, supuesta adhesión de España al pacto
tripartito de 27 de septiembre de 1940, publicado sin
firma alguna por los norteamericanos en 1960 e
inexistente en el registro de tratados del Ministerio de
Asuntos Exteriores. Supe después que el documento fue
muy mal acogido por los alemanes y que se trabajó en
otro". Giménez Arnau coincide con el barón de las
Torres en que Franco fue a Hendaya con el decidido
propósito de que España no entrase en la guerra y cree
que el memorando transcrito por él constituye una clara
prueba de ello.
De madrugada se presentó en Ayete el embajador de
España en Berlín, general Eugenio Espinosa de los
Monteros, con la petición, por parte alemana, de que se
firme el protocolo entregado por Ribbentrop la noche
anterior. "De otra manera -transmitía el embajador-
puede ocurrir cualquier cosa". Franco ordenó que se
cntregase al embajador el segundo protocolo.
"Nuestras enmiendas -dice Serrano Suñer-
desvirtuaban el grave texto propuesto por los alemanes en
Hendaya". Sobre todo porque dejaba la decisión y la
fecha para la entrada en la guerra "cuando la
situación general lo exigiese, la de España lo
permitiera y se diera cumplimiento a las exigencias
puestas por nosotros para dar aquel paso". Serrano
Suñer afirma que este protocolo (al que hemos llamado
segundo) lo entregó a Ribbentrop a primeras horas de la
mañana el embajador de España en Berlín. No dice más.
Pero hay más.
Ribbentrop rechazó el segundo protocolo, el redactado en
Ayete entre Franco y Serrano Suñer. El acta secreta de
Hendaya -el tercer protocolo- publicada por los
norteamericanos en 1960 coincide con el texto español
publicado por Serrano Suñer en sus memorias y mantiene
las reservas expresas que se suprimían en la propuesta
enviada por Ribbentrop antes de partir. Consta, por los
documentos alemanes, que Serrano Suñer firmó con fecha
11 de noviembre el último protocolo -que sería el
cuarto- diferente de los dos anteriores al menos en un
punto; la nueva redacción del artículo quinto que
rebaja, sin concretar, las reivindicaciones españolas en
Africa. Franco se lo había adelantado ya a Hitler en una
carta que le escribió el 30 de octubre y que Serrano
reproduce. "En ella Franco dice que ante la
insistencia de Hitler en llegar a un acuerdo con Pétain,
"me pareció admisible vuestra propuesta de que en
nuestro pacto no figurase concretamente lo que es nuestra
aspiración territorial". Sin embargo Franco, por
esa carta, concreta de nuevo sus reivindicaciones al
Oranesado "y a la parte de Marruecos que está en
manos de Francia y que enlaza nuestra zona del norte con
las posesiones españolas Ifni y Sahara". Sin
embargo esta redacción final del protocolo no contradice
las posiciones fundamentales de Franco y Serrano Suñer
sobre la decision de entrar en la guerra, que en todo
caso quedaba reservada a España.
Ribbentrop se había marchado de Hendaya camino de
Montoire "bufando de rabia... y se pasó todo el
trayecto echando pestes del jesuita Serrano Suñer y el
cobarde desagradecido de Franco, que nos lo debe todo y
ahora no quiere cooperar". El segundo de Stohrer,
Eberlein, declaró a Detwiler en carta del 10 de enero de
1960: "Quizá hayan existido en España algunas
personas que hubieran visto con gusto la participación
activa de España en la guerra. Pero según mi opinión
personal, ni el jefe del Estado Franco ni sus
colaboradores inmediatos ni especialmente Serrano Suñer
tuvieron nunca la intención de meter a España en guerra
al lado de los países del Eje. Tenían motivos muy
fundados para esta posición que usted cita...no eran en
absoluto pretextos, sino hechos reales. También creo que
Franco, muy bien informado sobre la situación general y
militar de Alemania nunca consideró con mucho optimismo
las perspectivas de una victoria final de Alemania".
Detwiler acumula en el mismo sentido otros testimonios
alemanes directos, como el del propio Schmidt, según el
cual la actuación de Franco en Hendaya fue la de un
cunctator profesional". Con el rechazo por Alemania
de un acta adicional enviada por España sobre la
liquidación de la deuda de la guerra civil y el
aprovechamiento futuro de materias primas en Marruecos,
terminaron las negociaciones de Hendaya con el fracaso
completo del principal objetivo que había hecho
emprender a Hitler el viaje más largo y más frustrante
de su vida 3.
2. Operación Felix
No es difícil imaginar los comentarios de Hitler en la
tarde del 24 de octubre y en otra estación, la de
Montoire, cuando Ribbentrop, antes de la entrevista con
el mariscal Pétain, le informa sobre el asunto de los
protocolos de Hendaya empantanados. Montoire fue, en
frase de Schmidtt, otro "monólogo en un tren"
y el Führer tampoco logró resultados concretos, pero
aunque el veterano mariscal jugó a dos barajas y
tranquilizó simultáneamente a los ingleses, tuvo que
conceder algo vital en el terreno de los símbolos; en la
declaración oficial francesa del día 26 suena por
primera vez la palabra que los años y los hechos harían
fatídica, "El principio de la colaboración".
El día 28, con preaviso de sólo tres días a Hitler,
Mussolini ordena a su ejército de Albania que ataque a
Grecia. Es un disparate estratégico que a la larga
favorece a Franco, ya que va a forzar la intervención
alemana en los Balcanes; pero de momento Hitler apremia
con mayor energía a los españoles para el cierre del
Mediterráneo. El testimonio del general Guderian es
importante: "El primer resultado del arbitrario
gesto de Mussolini -según Hitler me dijo- fue que Franco
decidiese evitar la colaboración con las potencias del
Eje ya que no deseaba comprometerse con personas que
actuaban tan imprevisiblemente". En mayo de 1943
Hitler confiaba a Doenitz: "El ataque italiano a
Grecia disgustó a España". El ataque, además de
inoportuno, acabó en ridículo. Grecia no sólo
resistió, sino que avanzó sobre Albania. El chiste de
más éxito en España durante ese invierno fue el cartel
ateniense: "Si quieres visitar Italia, alístate en
el ejército griego". El 28 de octubre, en
Florencia, Hitler se había desahogado con Mussolini al
referirle sus frustraciones en la entrevista de Hendaya.
Noviembre y diciembre de 1940: los meses de máximo
peligro para España en la fase alemana de la guerra.
Hitler va a endurecer su decisión, convirtiéndola en
seca instrucción operativa para sus divisiones. España
debe acentuar, ante ello, sus concesiones verbales y
marginales. Serrano Suñer, al dejar Gobernación,
perdió el control directo de la prensa, pero mantenía
sus contactos personales y los órganos oficiosos se
inclinaban cada vez más parcialmente hacia la
intervención. El 1 de noviembre llega a Inglaterra la
misión dirigida por el teniente coronel Juan Antonio
Ansaldo, con los capitanes Larios y Avial, que pueden
comprobar la tremenda voluntad británica de resistencia.
El Estado Mayor alemán, reunido con Hitler, decide
respaldar a Italia tras su mal paso contra Grecia, pero
también acelerar la operación Félix contra Gibraltar.
Cincuenta expertos alemanes estudian en Madrid los
detalles de la operación y de la posible invasión
alemana a Portugal a través de España, para lo que
necesitan el acuerdo de España que nunca obtuvieron.
Intenta Franco mantener en forma a su ejército con unas
intensas maniobras militares en las vaguadas de Colmenar
Viejo. Los aviones torpederos de la escuadra británica,
que despegan del portaaviones Invencible hunden material
y moralmente a la escuadra italiana en su base de Tarento
el 11 de noviembre. Esa fecha es la que llevaba la
versión formal (que hemos llamado "cuarta")
del protocolo de Hendaya, firmada por Serrano Suñer, en
la que España se reservaba la decisión sobre la entrada
en la guerra y la fecha de esa entrada.
El 12 de noviembre Hitler firma su XVIII Instrucción
general para la ejecución de la Operación Félix sobre
la toma de Gibraltar. Pero Gibraltar no es el único
objetivo por que el fin general de la operación es
"englobar toda la Península en el teatro de
operaciones de los países del Eje y expulsar a la flota
inglesa del Mediterráneo occidental". El primer
paso era la toma de Gibraltar; el segundo, invadir
Portugal a través de España si Inglaterra viola la
neutralidad portuguesa; tercero, trasladar al norte de
Africa dos divisiones (una de ellas acorazada) para
asegurar esa zona. El mando nominal de la operación se
reconocerá al jefe del Estado español. Si los
españoles aceptan, podrán participar en el asalto a la
Roca, pero su misión será asegurar el Campo de
Gibraltar hasta la llegada de las tropas alemanas. La
fecha para la entrada terrestre y aérea en España se
fija en el 10 de enero de 1941 . La entrada en España se
hará por Irún. El asalto masivo al Peñón comenzará
unos 25 días tras el cruce de la frontera española. Se
debe considerar a España como país aliado y aparentar
que son los españoles quienes defienden las dos orillas
del Estrecho una vez realizada la operación. Se
entregará a España artillería para la defensa de
Canarias. Los generales en jefe de tierra, mar y aire
enviarán al Cuartel General del Führer sus informes
sobre preparación de estas operaciones el 16 de
diciembre de 1940.
Es evidente su menosprecio por la cooperación española
que parece dar por supuesta; no prevé que España pueda
oponerse. Según Canaris el Führer confirmó ese
menosprecio con esta expresión: "Con Franco o sin
Franco tomaré Gibraltar".
Unos días antes de esta Instrucción von Ribbentrop
invita a Serrano Suñer a un encuentro con Hitler en su
nido de águilas de Berchtesgaden. El ministro inicia su
segundo viaje a Alemania el 14 de diciembre. Antes de
partir asiste a una importante reunión en el Pardo con
los tres ministros militares, Varela, del Ejército,
Vigón, del Aire y el almirante Salvador Moreno, de
Marina. El almirante presentó un informe de gran
importancia.
Debo dar la razón a don Ignacio Espinosa de los
Monteros, que nos ofrece su descubrimiento del informe de
la Marina. El ministro se limitó a transcribir casi
exactamente el informe que le había entregado el 8 de
noviembre el jefe de operaciones del Estado Mayor de la
Armada, capitán de fragata Luis Carrero Blanco, del que
nos ofrece un facsímil en su libro El silencio es
Historia. Luis Suárez ha visto el mismo informe en un
coleccionable posterior de ABC sobre la segunda guerra
mundial. Naturalmente que acepto la autenticidad del
informe Carrero y su identidad con el de don Salvador
Moreno. En el informe Carrero se apunta que las fuerzas
alemanas se disponen a cerrar la tenaza sobre Suez, que
Alemania ha desistido o al menos aplazado la operación
de desembarco en Inglaterra y que tiene decidido el
cierre del Mediterráneo por Gibraltar y por Suez. La
ocupación de Gibraltar requiere cooperación de España,
que, al producirse, provocaría el corte de las
comunicaciones atlánticas de España con pérdida de las
aportaciones de combustibles y cereales que son
imprescindibles para la vida de la nación. Mientras los
ingleses estén en Alejandría la única vía para el
aprovisionarniento de España será la pinenaica,
totalmente insuficiente "Parece claro que por una
razón de imposibilidad material España no intervenga en
la guerra en tanto que el canal (de Suez) esté en poder
de los ingleses". En cambio, si el canal de Suez cae
en poder del Eje, sería preciso inutilizar la base de
Gibraltar", lo que exigiría la entrada de España
en la guerra". Entonces, dice Carrero, "España
tendrá que intervenir". Este es el punto en que el
informe del ministro suaviza al de Carrero; hay algunas
otras modificaciones menores. Luego Carrero se extiende
en consideraciones sobre la situación después de la
caída de Suez; que interesan menos ahora porque la
operación del Eje sobre Suez estaba ya muy comprometida
cuando Serrano Suñer viajaba a Alemania, por el desastre
naval italiano de Tarento y por las cada vez peores
perspectivas que ofrecía la actuación militar de Italia
en Grecia y en el norte de Africa. La condición sine qua
non que habia incluido Carrero en su informe de 8 de
noviembre (y Moreno en el del 11) para que España
interviniese en la guerra -es decir el dominio previo por
el Eje del canal de Suez- se perdía en el mundo de los
futuribles. Lo importante del informe Carrero-Moreno fue
la tajante negativa a que España interviniese en el
conflicto antes de que se cumpliera esa condición. A
Serrano Suñer le impresionó el informe de la Marina,
aceptado por Franco.
Llega Serrano Suñer a la estación de Berchtesgaden el
18 de noviembre. No lleva más mandato que el que se le
ha confiado en la reunión militar del Pardo:
"España no podía ni debía tomar parte en la
guerra". Almuerza al día siguiente con Ciano y
Ribbentrop; por la tarde le recibe Hitler, junto al
ministro de Exteriores alemán en el Berghof. Hitler no
quiere que se repitan las frustraciones de Hendaya.
Durante cuatro horas opresivas trata de imponerse sin
apelación. En su primer alegato, de una hora
ininterrumpida, comenta el error de Italia en Grecia.
Estima esencial el cierre del Mediterráneo por uno y
otro extremo. Amenaza sin ambages: de sus 230 divisiones
pueden actuar inmediatamente: 186 sobre los Pirineos.
Exagera ese número pero Serrano no puede saberlo.
Concreta bruscamente: "He decidido tomar
Gibraltar".
Serrano Suñer se defiende con la espalda contra la
pared. Dice que llega sin mandato alguno, con carácter
estrictamente personal. Ha observado una elevación de
moral entre los partidarios de Inglaterra por el retraso
alemán en el ataque a las islas. Considera como esencial
y previo el cierre del canal de Suez. La caída de
Gibraltar cerraría el camino para el trigo de América,
cuya necesidad cifra España en tonelajes mucho más
elevados que en la conferencia de Hendaya; responde a la
velada amenaza de Hitler con la evocación napoleónica:
"El pueblo español se opondría a cualquier
invasión". Invoca a la opinión pública española,
hostil a la entrada en guerra. Exige garantías escritas
sobre las reivindicaciones de España y se extiende al
expresar su amargura por la redacción final del
protocolo de Hendaya.
Hitler, que ha intervenido varias veces, no puede más y
estalla. "Los caballeros españoles tendrán que
creer en mi palabra y no insistir en una declaración
escrita precisa". Continúa abruptamente la
entrevista con la magnánima concesión de "algún
mes más" para la entrada en guerra de España.
Después Hitler recibe a Ciano y le advierte su firme
decisión de avanzar por España, tomar Gibraltar y
ocupar el norte de Africa. Ribbentrop vuelve a reunirse
con Serrano Suñer y sin esperar su aquiescencia le
advierte que España debe entrar en la guerra, a favor o
en contra de Alemania, hacia Navidad.
Serrano Suñer, sin ceder en lo esencial, replica que
comunicará la exigencia a Franco y concreta algo más
que de costumbre las buenas palabras sobre la
reanudación de los suministros a los submarinos alemanes
desde las costas españolas. A esta conversación
asistió el embajador español en Berlín, general
Eugenio Espinosa de los Monteros, informado por los
alemanes sin que Serrano le hubiera invitado. Espinosa
envió luego un informe a Franco en que se reflejan las
malas relaciones que mantenía con el ministro, pero
también la firmeza de Serrano en su conversación con
Ribbentrop. El día 20 emprende Serrano el camino de
regreso, con la muerte en el alma, pero en el más
difícil de los terrenos, y por encima de todos sus
errores y desenfoques políticos, se había ganado un
puesto de honor en la historia de España.
Es evidente que Serrano Suñer logró regresar de su
segundo viaje a Alemania sin agravar lo que Franco había
defendido en la entrevista de Hendaya y sin comprometer a
España para su entrada en la guerra. Esta es también la
opinión del máximo especialista en las relaciones entre
España y Alemania en este período, D.S. Detwiler. Pero
Serrano Suñer, que volvía sin haber firmado compromiso
alguno, era también portador de un ultimátum de Hitler
a Franco. Está en Madrid el 22 de noviembre;
inmediatamente acude a una reunión en el palacio del
Pardo con Franco y los ministros militares. Seguramente
había advertido, antes de volver, lo fundamental de su
entrevista alemana, porque esa misma mañana del 22 el
general Dávila, jefe del Alto Estado Mayor, había
convocado una reunión previa con los jefes de
operaciones en el Estado Mayor del Ejército (Cuesta),
Marina (Carrero) y Aire (Lacalle).
Poco antes de su muerte el almirante Carrero me llamó a
su despacho en la Presidencia del gobierno situado en
Castellana 3, el mismo edificio donde estaba el Alto
Estado Mayor cuando se celebró esa reunión. Le pedí
permiso para tomar notas y me comunicó casi exactamente
lo siguiente:
"Carrero me insiste en que recuerde bien la fecha,
(noviembre 1940). Da los nombres de los jefes de
operaciones y cita también como asistentes a los jefes
de sección del Alto Estado Mayor. Serrano Suñer -me
decía- regresaba de Berlín (sic) con el virtual
compromiso de entrar en guerra pro-Eje hacia Navidad.
Dávila preguntó por la preparación de España. Cuesta
le dice que ante todo habría que invadir Portugal.
Lacalle dice que aviones y bombas son insuficientes, lo
que queda de nuestra guerra. Carrero pregunta al jefe de
Intendencia del Alto Estado Mayor cuánto tiempo
resistiría España sin la línea del trigo (Plata) y la
línea del petróleo (USA-Caribe). Es decir, no plantea
el problema en plan táctico o logístico, sino de corte
estratégico total. Por otra parte Moreno (el ministro)
había entregado a Franco un informe de Carrero en este
sentido". Mi amigo Ignacio Espinosa se enfada mucho
de que Carrero me dijera eso pero, con enfados o no, esto
es lo que me dijo.Y además creo que decía la verdad y
que en el informe previo de Carrero fechado el 8 de
noviembre y entregado por el ministro a Franco el día 11
se aconseja lo mismo en lo esencial: no entrar en la
guerra hasta que se cerrase el canal de Suez. Ahora, al
regresar Serrano Suñer, el panorama había empeorado
mucho por las dificultades italianas en Tarento, en
Grecia y en el norte de Africa. También se enfadó
conmigo don Ramón Serrano Suñer en 1974 cuando me
refería a esta conversación en uno de mis libros, que
me hizo don Ramón el honor de presentar; pero debió
enfadarse con Carrero, no conmigo, porque en ese libro yo
no aceptaba la expresión de Carrero sobre el compromiso
que traía Serrano de Alemania; no era un compromiso
(aunque Carrero le llamó así) sino un ultimátum, con
lo que mi conclusión era favorable, como ahora, a
Serrano Suñer. Carrero me sugirió también que lo
esencial de su informe estaba reproducido en su libro
posterior España y el mar, y también tenía razón,
decía la verdad. En mi Franco de 1982 admití
expresamente que en el informe Carrero hubieron de
influir, necesariamente, las informaciones y opiniones de
don Alvaro Espinosa de los Monteros, agregado naval en
Roma, padre de don Ignacio Espinosa, aunque no se hayan
encontrado aún los documentos que puedan probarlo. Pero
no cabe negar el informe Carrero, ni su acierto
fundamental para evitar la entrada de España en la
guerra en 1940, sin que la cuestión de Suez tuviera en
la práctica la menor importancia porque Inglaterra
permaneció en el canal de Suez durante la guerra,
después de haber frenado en Egipto a los italianos en
1940 y, luego, al Afrika Korps el general Erwin Rommel.
En el consejo celebrado por Franco en El Pardo cuando
regresó Serrano Suñer, en el que se tuvieron presentes
las conclusiones del Alto Estado Mayor, se decidió
mantener a todo trance la neutralidad, no provocar a
Alemania con ostensibles preparativos de defensa y
confiar en la Providencia; como insiste Luis Suárez,
Franco era creyente de toda la vida y cuando recomendaba
"ponerse a rezar" lo hacía de veras, como
volvería a suceder ante el peligro de invasión aliada
en noviembre de 1942. El 28 y 29 de noviembe de 1940 el
embajador von Stohrer telegrafiaba a Berlín: "El
ministro de Exteriores acaba de decirme que el
Generalísimo está de acuerdo en comenzar los
preparativos propuestos, pero no podía determinar la
fecha exacta de la declaración de guerra". Franco,
con perfecta información del desastre italiano, se
mantiene en la exigencia de dominar el canal de Suez y
trata de ganar tiempo solicitando el envío de nuevas
comisiones técnicas alemanas.
Entonces Hitler decide pasar a la acción, aun sin contar
con España. El 5 de diciembre fija el arranque
definitivo de la operación Félix para el 10 de enero de
1941 En relación con el envío de expertos solicitado
por Franco, el almirante Canaris llega el 7 de diciembre
por la tarde a Madrid y a las diecinueve treinta Franco
le recibe en El Pardo en presencia de Juan Vigón. D.S.
Detwiler reproduce el acta de la reunión Canaris-Franco,
que he transcrito en mi Franco de 1982. Canaris comunica
la fecha señalada por Hitler para la entrada de las
divisiones alemanas en España; el 10 de enero siguiente.
Franco le contesta que es imposible la entrada de España
en la guerra en esa fecha, porque España perdería
inmediatamente Guinea y poco después las Canarias, amén
de la ocupación inmediata por los aliados (en los que ya
incluye a los Estados Unidos) de las islas portuguesas
del Atlántico. Los preparativos de España han
progresado pero no de forma suficiente. Hay un déficit
de un millón de toneladas de cereales. El transporte es
deficiente. La situación de muchas provincias se haría
insostenible. España no puede comprometerse a fijar
fecha alguna del futuro para su intervención. Por los
comentarios del propio Franco y de los marinos que
gozaban de la confianza de Franco, me consta que Canaris
transmitió el ultimátum de Hitler, pero comprendió
perfectamente la posición de Franco; el acta de Vigón
no transmite los gestos ni los tonos. Cinco años
después, poco antes de su ejecución, el mariscal
Keitel, que estuvo en contacto telegráfico con Canaris
durante esta misión del almirante, escribió:
"Ahora dudo de que fuera Canaris la persona adecuada
para esta misión, pero parece haber disimulado muy bien
durante años; supongo que no se esforzó en serio para
convencer a España, sino que previno en contra nuestra a
sus amigos de ese país".
El informe de Canaris sobre la actitud negativa de Franco
se transmitió inmediatamente a Hitler. La situación,
como venimos diciendo, había cambiado dramáticamente en
el Mediterráneo oriental. El 7 de diciembre, día de la
entrevista de Canaris y Franco, se había comunicado la
noticia sobre la catástrofe de las tropas italianas en
su posición avanzada de Egipto, Marsa Matruk, ante las
divisiones británicas del general Wavell; el ejército
italiano de Egipto y Cirenaica se había hundido tras
dejar treinta y ocho mil prisioneros en manos inglesas.
Estos hechos desviaron inmediatamente la atención de
Hitler hacia el Mediterráneo oriental y le forzaron a
cancelar, un mes antes de su ejecución, la operación
Félix. El diario del mando supremo del Ejército (OKW)
de 10 de diciembre confirmaba: "Habido el telegrama
del almirante Canaris (10 de diciembre) el Fuhrer decide
que no se realice la operación Félix pues ya no existen
los requisitos políticos necesarios". Es decir que
Hitler, a quien Serrano Suñer acababa de recordar la
resistencia española contra Napoleón, no quiso acometer
su empresa de Gibraltar contra la oposición de España.
El mariscal Keitel confirmaría en Nüremberg:
"Hitler anunció que abandonaba la idea; no le
gustaba verse obligado a transportar sus tropas a la
fuerza, contra la cólera de Franco" La nueva
instrucción de Hitler no se dirige contra Gibraltar sino
a los Balcanes. Aun así Hitler se resistía a abandonar
su proyecto de Gibraltar. Luis Suárez ha descrito el
intento de Ribbentrop el 26 de diciembre de 1940 para que
el embajador en Berlín, general Espinosa de los
Monteros, preguntase a Franco cuándo pensaba entrar en
la guerra; Serrano Suñer se negó a recibir oficialmente
la petición alemana, cerró el paso al embajador, que
hubo de dimitir ante Franco a fines de enero de 1941.
Hitler se concentró en otros proyectos, sin abandonar
del todo a Félix. Al acabar el año 1940 las divisiones
alemanas seguían en los Pirineos, pero España se había
librado de la guerra mundial y de la operación Félix4.
Aunque faltaba el coletazo final de Hitler.
3. EL ULTIMATUM ALEMAN
El nuevo año 1941, con media España sumida en el hambre
y la penuria, nace bajo un temporal de nieve y frío que
entonces solía llamarse "siberiano"
El 21 de diciembre, Hitler había celebrado una reunión
con sus altos consejeros militares Keitel, Jodl y Raeder.
El enemigo --les dice- avanza por doquier: Grecia,
Albania, Libia, Africa oriental. El almirante Raeder, que
es el militar alemán con mayor visión estratégica,
insiste en que la solución para los problemas del sur es
el cierre del Mediterráneo en Gibraltar. Hitler decide
presionar de nuevo a Franco en ese sentido y en carta de
31 de diciembre de 1940 se lo comunica así a Mussolini.
El 9 de enero dice el Führer a sus generales: "La
actitud de España se ha vuelto vacilante, pero aunque
parezca muy difícil conseguirlo, intentaremos otra vez
que entre en la guerra". En la carta a Mussolini
censura duramente a Franco a quien llama "vendido al
enemigo por la promesa de alimentos".
¿Cómo historiadores profesionales como Preston se
obstinan en atribuir a Franco en 1940 y 1941 propósitos
belicistas a favor de Alemania después de conocer los
documentos y testimonios que estamos aduciendo? ¿Cómo
pueden existir españoles que acepten las tesis de estos
señalados autores antifranquistas a la hora de valorar
momentos capitales de la historia española?
El 18 de enero y tras un sorprendente telegrama del
encargado de negocios en Madrid (von Stohrer iba de viaje
a Berlín) el general Halder anota que quizá pueda
resucitarse la operación Félix. En ese telegrama se
subrayan las supuestas disensiones en el seno del
gobierno español, se atribuye a Franco la idea,
contradicha por Serrano, de intentar el equilibrio de
todas las tendencias políticas viables. Esto era verdad;
así había hecho Franco desde su designación el 1 de
octubre de 1936 y el supuesto monopolio político de
Falange estaba sólo en la mente de los falangistas, que
tardarían aún muchos años en renunciar a algo que
nunca habían poseído. Es probable que Hitler
pretendiera ahora aprovechar las supuestas dificultades
políticas en las alturas del régimen, entre las que
destacaba una: la oposición permanente de los ministros
militares contra Serrano Suñer. Mientras tanto, el
diario oficioso emprende una vigorosa campaña contra la
injusticia en la distribución de los racionamientos.
"No llega a las clases humildes -apunta el 18 de
enero Arriba- la cantidad asignada". Ante la
desastrosa actuación italiana en Grecia y Libia, Hitler
convoca a Mussolini para el 19 de enero. Pero no insulta
a Mussolini sino a Franco, a quien llama "incapaz y
esclavo de la Iglesia católica" además de
atribuirle poca fe en sí mismo; evidentemente no le
conocía. Pide a Mussolini una gestión personal para
convencer a Franco de que entre en la guerra. Ciano
comenta en su diario: "Nos ha correspondido la dura
misión de hacer regresar al hijo pródigo
español". No le bastaba a Hitler con la
intercesión italiana y demuestra su desesperación
enviando a Franco un nuevo ultimátum después de los que
le había transmitido poco antes por boca de Serrano
Suñer y del almirante Canaris. No otra cosa es el
memorándum que ha recogido el embajador von Stohrer en
Berlín y entrega a Franco en su audiencia, solicitada
con suma urgencia, el 20 de enero de 1941. "Para
España acaba de sonar la hora histórica. Ha de tomarse
una decisión inmediatamente, sin embargo el ministro
(Ribbentrop) ha concedido para esto cuarenta y ocho
horas". Franco no acepta el ultimátum ni el plazo,
responde que necesita tiempo para contestar y así lo
transmite el embajador de Alemania a Berlín.
Al recibir el telegrama, Hitler y von Ribbentrop saltan.
El ministro dicta un nuevo ultimátum de seis puntos,
abiertamente insultante. "Sin ayuda de Hitler y
Mussolini hoy no habría ni España nacional ni
Caudillo". El quinto punto era éste: "El
Führer y el gobierno alemán están profundamente
disgustados por la equivoca y vacilante actitud de
España". El sexto: "El gobierno alemán actúa
de esta manera a fin de evitar que España emprenda a
última hora un camino que, según su firme convicción,
sólo puede terminar en catástrofe; pues a menos que el
Caudillo decida inmediatamente unirse a la guerra de las
potencias del Eje, el gobierno alemán no puede sino
prever el fin de la España nacional".
Von Stohrer, que conoce el terreno, consigue que
Ribbentrop dulcifique algo la redacción del punto sexto
antes de entregar a Franco el ultimátum en presencia de
Serrano. Aun así Franco estalla fríamente: "Estas
afirmaciones son muy graves y no son ciertas",
recusa, en la audiencia más breve y seca que recuerda el
embajador. A continuación centra el problema en el
único terreno apto para un gobernante español:
"Independientemente de los favores pasados y de la
gratitud por ellos, todo espíritu honrado se permite una
sola cosa: seguir el camino que más interesa a la
nación". Franco, con la huella de Africa siempre
candente en su espíritu, tenía un nuevo dato para fijar
ese camino: desde diciembre, el general Wavell arrollaba
a los italianos en Egipto y luego en Libia y en la fecha
del ultimátum alemán, 21 de enero, los británicos
reconquistaban Tobruk.
Berlín no aprende nada. El 24 de enero Ribbentrop exige
una nueva audiencia de Stohrer con Franco para entregar
un nuevo ultimatum,: "El Reich pide, una vez más,
al general Franco una respuesta clara". Pero Franco
no recibe al embajador hasta el 27 de enero, junto a
Serrano; entona una vez más la lista de exigencias, con
una variante: la dureza del invierno español influiría
negativamente en la penetración alemana. Ahora, de forma
bien preparada, Franco se indigna de nuevo y acaba de
forma no muy original, pidiendo una nueva misión de
consejeros militares. Von Ribbentrop no se lo cree y pide
a su embajador "una declaración precisa de si usted
ha leído al general Franco palabra por palabra los
mensajes del gobierno alemán". Y exige una vez más
a von Stohrer que fuerce a Franco para obtener una
sencilla respuesta a la petición de que España entre en
la guerra; sí o no, nada menos.
Ante el callejón sin salida, Stohrer decidió muy
prudentemente abandonar la gestión, y la operación
Félix volvió al archivo. Pero Hitler y sus consejeros
intentarán resucitarla más de una vez a lo largo del
año 1941 5.
Ricardo de la Cierva
* Vid. R. de la Cierva: Franco, Madridejos 2000,
págs. 448 y ss.
1 «Razon Española», núm. 90, julio 1998, págs.
56-60.
2 Giménez Arnau E.: La entrevista de Hendaya en
«Razón Española» num. 88, marzo 1998 pags. 133 y ss.
3 El documento fundamental sobre Hendaya es el
testimonio del barón de las Torres, que hemos transcrito
de Razón Española 90 (julio-agosto 1998) págs. 56y ss.
Esencial además la reconstrucción y documentación de
Detwiler, Hitler, Franco
, op. cit., capítulo V. p.
51-67. Con las limitaciones indicadas, son fundamentales
las Memorias de Serrano Suñer, op. cit., p. 283s
Testimonios de Franco en Mis conversaciones
op.
cit., 154, 454. Ver mi Franco de 1982, capítulo final
del tomo IV y Luis Suárez, Franco, España
, op.
cit., p. 249s.
4 Sobre la entrevista en Montoire cfr. Detwiler,
Hitler, Franco
, op. cit. p., 82s. y Robert S Paxton
La Francia de Vichy, Barcelona, Noguer, 1974 p. 70s.
Reacciones españolas y alemanas a la entrevista de
Hendaya cfr. Proctor, La agonía
, op. cit., 100s.
La carta de Franco a Hitler de 30 de octubre en Serrano
Suñer, Memorias op. cit. p. 301, fuente para todo este
período con las salvedades indicadas. Misión aérea a
Inglaterra en J.A. Ansaldo ¿Para qué? Buenos Aires,
Ekin, 1951, p. 256. Para la entrevista en Berchtesgaden,
cfr. Detwiler, ibd. y Serrano Suñer, Entre Hendaya
,
op. cit., p. 323s. Informes Carrero y almirante Moreno en
Ignacio Espinosa, El silencio de la Historia ms. Muy bien
ilustrado. Mi entrevista con Carrero en mi Franco de
1982, IV, p. 292. La cita de Carrero en mi entrevista
pertenece a su libro España y el mar, Madrid, Inst. de
Estudios Políticos 1964 II p. 59s. Para la conversación
Franco-Canaris v. el acta de Vigón en el apéndice de mi
Franco de 1982, tomo IV. Estoy por lo general de acuedo
con la documentación y valoraciones de L. Suárez en
Franco, España
, op. cit., p. 257s. Sobre la muerte
cristiana de Azaña, cfr. mi libro Misterios de la
Historia, segunda serie, Barcelona, Planeta, 1992, p.
311s.
5 Ver Proctor, R.: La agonía
op. cit. p.
112s; D.S. Detwiler, Hitler, Franco
op. cit. y C.
Burdick, Germanys
, op. cit., p. 113s. Los
datos sobre la reconstrucción en F. Vizcaíno Casas, La
España de la posguerra, Barcelona, Planeta, 1975, que no
es sólo un ameno anecdotario sino un riguroso repertorio
de datos comprobados. El discurso de Serrano Suñer en
Entre Hendaya
, op. cit., p. 330, recuadro.
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