La Hacienda en
la era de Franco
Los
economistas clásicos coinciden en exigir paridad entre
los gastos y los ingresos del Estado, o sea, el
equilibrio presupuestario. Y justifican los déficits,
con la consiguiente emisión de deuda pública, en
circunstancias extraordinarias como guerras o
catástrofes naturales. También se admite la emisión de
deuda para inversiones cuando su rentabilidad permita el
pago de intereses y amortizaciones en plazos razonables.
La emisión de deuda pública para hacer frente a los
gastos consuntivos del Estado es, en primer lugar, un
intento de que paguen las generaciones venideras. Esto es
inicuo, porque «si nosotros los vivos queremos hacer un
gasto, debemos pagar nosotros» (L. Einaudi: Principios
de Hacienda pública, trad. esp. Madrid, 1965. págs.
293). En segundo lugar, es inicuo que, con las
devaluaciones y la constante inflación, el Estado acabe
confiscando los ahorros de los compradores de deuda
pública.
Este principio fue enmendado por los hacendistas
socialistas y por sus herederos los keynesianos; pero el
espectacular fracaso del socialismo real en todas sus
formas ha restablecido el valor del principio de
equilibrio presupuestario, hasta el punto de que para
ingresar en la Unión Monetaria Europea se exigió un
tope de deuda pública y se recomendó a los miembros la
total supresión del déficit. El premio Nobel J.
Buchanan ha reclamado que las Constituciones impidan el
laxo endeudamiento estatal.
El grado de equilibrio presupuestario es, pues, un dato
capital para medir la bondad de la gestión hacendística
de un gobierno. ¿Qué calificación merecen los de la
era de Franco?
En 1939, el nuevo Estado se encuentra con que la zona
republicana ha liquidado todas las reservas metálicas
del Banco de España y con que la zona nacional ha
contraído deudas de guerra con acreedores, como los
Estados Unidos por suministro de petróleo. Además, las
infraestructuras de la zona republicana estaban
profundamente deterioradas cuando no totalmente
inservibles.
Según los datos oficiales facilitados por el Banco de
España, que se remontan a 1964, entre dicho año y 1975,
fecha de la muerte de Franco, todos los Presupuestos del
Estado se liquidan con superávit, expcepto los de 1971 y
1974, que arrojaron un pequeño déficit de 0,9 y 0,2 por
100 sobre el PIB o producto interior bruto.
Estos datos, excepcionalmente exitosos en sí mismos,
cobran excepcional relieve, no sólo por el bajo punto de
partida después de la guerra civil y porque superan el
duro choque petrolífero a partir de 1972, sino por
comparación con lo acontecido después, reflejado en el
siguiente cuadro (datos presentados a la Academia de
Ciencias Morales y Políticas por E. Fuentes Quintana el
27 de noviembre de 2000).
| Años |
Porcentaje
de déficit sobre PIB |
Porcentaje
de deuda sobre PIB |
Años |
Porcentaje
de déficit sobre PIB |
Porcentaje
de deuda sobre PIB |
| 1975 |
0,4 |
13,2 |
1988 |
13,3 |
41,9 |
| 1976
|
0,7 |
13,6 |
1989 |
2,8
|
43,7 |
| 1977
|
1,1
|
14,7 |
1990
|
4,1
|
45,0 |
| 1978
|
2,2
|
14,4 |
1991 |
4,9
|
45,8 |
| 1979
|
2,2
|
16,5 |
1992 |
4,1
|
48,2 |
| 1980
|
3,2
|
18,7 |
1993
|
7,4 |
59,9 |
| 1981
|
4,6
|
25,2 |
1994
|
6,9
|
63,5 |
| 1982
|
6,4
|
31,4 |
1995
|
6,6 |
63,8 |
| 1983
|
5,6 |
40,0 |
1996
|
5,0
|
68,0 |
| 1984
|
6,1
|
38,5 |
1997
|
3,2
|
66,7 |
| 1985
|
6,9 |
45,1 |
1998
|
2,6
|
64,9 |
| 1986
|
6,0
|
45,3 |
1999
|
1,1
|
63,5 |
| 1987
|
3,1
|
45,7 |
2000
|
0,6
|
64,0 |
De este cuadro se deduce el fracaso de
los Gobiernos de Ucd, que, en el último año de su
mandato, producen un déficit del 6,4 por 100 del PIB y
una elevación de la deuda de hasta el 31 por 100 del
PIB. Pero el balance de los gobiernos del Psoe es aún
más negativo. El desencadenamiento de los déficits y
consiguientemente de la deuda pública dieron lugar a
varias devaluaciones de la peseta y a poner al Estado al
borde de la quiebra técnica. Ese deterioro se acusa
principalemtne en los años 1982-1986 y 1993-1996, en que
los incrementos del porcentaje del déficit y de deuda
superan todos los precedentes europeos, salvo el de la
Italia de la constante inestabilidad política, y marcan
los peores momentos de la Hacienda pública en la España
contemporánea.
El gobierno del Pp acometió una política de reducción
del déficit a fin de reunir las condiciones exigidas
para el ingreso en la Unión Monetaria Europea. Más que
reducción del déficit, logró detener el enorme
crecimiento que protagonizó el Psoe. Los datos del
cuadro hay que corregirlos a favor del Gobierno porque su
reducción del déficit se realiza sobre todo a costa del
Estado, ya que las comunidades autónomas todavía no han
interrumpido su carrera de gasto deficitario. Pero
también han de ser corregidos restrictivamente porque
ese relativo equilibrio presupuestario desde 1996 se
logra en parte por la enajenación de bienes
patrimoniales del Estado como la Campsa, que se debió a
la gestión de la Dictadura de Primo de Rivera, a la
venta de Telefónica (redimida por Franco de la
titularidad extranjera) o como Argentaria y Endesa,
constituidas como joyas del patrimonio estatal durante la
era de Franco. Si de las cifras del cuadro anterior se
deducen los ingresos extraordinarios por venta de bienes
estatales, no hay efectiva reducción del déficit hasta
el año 2000. Si, además, se tiene en cuenta que algunas
de dichas ventas se realizaron a bajo precio y no al
actual de la Bolsa, la conclusión es que el despilfarro
no se detuvo hasta 1999 y que hasta entonces la
administración de la Hacienda pública durante la II
Restauración ha sido o deficiente o pésima.
Entre 1996 y 1999 el valor de los ingresos de capital
obtenidos por privatizaciones de empresas estables fue de
3,75 billones. Por tanto, para el conjunto de las
Administraciones la posición financiera neta no ha
mejorado cinco puntos del PIB (como se derivaría de la
disminución del cociente deuda/PIB) sino solo un punto
del PIB. Es decir, menos que el aumento de la presión
fiscal, que era de 36% en 1996 y ha sido de 37,6% en
1999. Si nos centramos sólo en el Estado (y no en las
demás Administraciones), que es el que ha obtenido esos
ingresos de capital, la mejora en la posición financiera
neta es prácticamente cero, en términos del PIB. El
valor actual de mercado de los activos financieros
vendidos es (a 15/12/00) de 4, 89 billones. Si valoramos
las privatizaciones a esos precios, la posición
financiera neta de las Administraciones en términos del
PIB habría empeorado en dos décimas, y la del Estado en
1,1 puntos del PIB.
En este capítulo, como en casi todos, quedan, por encima
de los improperios y las retóricas demonizadoras, los
datos reales, que demuestran el extraordinario acierto y
la gran prudencia política con que actuaron los
gobiernos durante la era de Franco. En comparación con
su sucesores. habría que levantar un monumento de
reconocimiento y admiración a los responsables de la
Hacienda pública de aquel período.
Hoy se exalta a los Presupuestos del año 2001, como los
del «déficit cero». Ese ahora encomiado inexistente
déficit es el que caracterizó a la era de Franco, tan
demonizada. Es otro ejemplo del sectarismo actual.
I. Flores
|