Mi gratitud a
Franco
No tuve
el honor de tratar personalmente a Franco y, por lo
demás, nunca he sentido la noble vocación de la
política, a veces tan profanada. Mi gratitud a Franco
responde exclusivamente a lo que entiendo que es un puro
y simple deber de elemental justicia, independientemente
de toda clase de prejuicios ideológicos, aunque no de
unas básicas y esenciales ideas acerca del bien común.
La victoria capitaneada por Franco en nuestra guerra de
1936-39 nos salvó a todos los españoles de las
aberraciones del socialismo incivil y de la monstruosidad
del comunismo. Todos los españoles debemos también a
Franco el habernos ahorrado las pavorosas consecuencias
que nos hubiese traído la participación en la guerra
mundial, subsiguiente a la nuestra. Y mientras Franco
vivió, los españoles estuvimos libres de la bochornosa
legislación que hoy nos permite algunas de las peores
depravaciones morales y hasta consiente que se las
subvencione con el dinero del erario público. ¿Puede
alguien imaginar que con Franco hubiera sido posible algo
semejante, ni aun de lejos, a estos frutos del
libertinaje político?
A lo que llevo dicho debo añadir que Franco supo
hacernos imposible, a lo largo de todo su mandato, esa
especie de permanente guerra civil fría -a veces
recalentada- que es la pura "partitocracia" con
su apriorística y sistemática oposición a cuanto haga
el Gobierno de turno y con el fuego cruzado de groserías
y difamaciones a cargo de los portavoces y representantes
de los distintos bandos.
Hasta cierto punto, me parece explicable el rencor a
Franco en quienes lucharon contra él y en quienes fueron
sentimentalmente los herederos de ellos. Perdonar al
vencedor es más difícil que perdonar al vencido. Lo que
no logro, en cambio, es encontrar una relativa disculpa a
quienes habiendo sido admiradores y hasta colaboradores
de Franco, guardan un silencio sepulcral ante las
injurias que se le vienen haciendo tras su muerte, cuando
no es que se suman a ellas con cobardes ambigüedades y
plebeyos oportunismos.
Pero estoy convencido de que una sensibilidad normal y
una información no adulterada bastarán para que la
imagen de Franco quede libre de las manchas y sombras que
el resentimiento y la manipulación siguen proyectando
sobre ella. "Franco merece un recuerdo lleno de
gratitud". Son palabras de S.S. Pablo VI.
Antonio Millán-Puelles
|