LIBROS: Que los
buenos no hagan nada
Suárez,
Federico: Que los buenos no hagan nada, ed. Rialp,
Madrid, 2000, 232 págs.
Federico Suárez es uno de los más eminentes
historiadores de la contemporaneidad nacional; pero,
además, es un escritor espiritual. En este volumen
reúne veintinueve artículos (sólo tres son anteriores
a 1975) y en ellos aborda, sobre todo, temas de moral. El
tomo refleja, pues, la respuesta del autor a la anomia
ética y al permisivismo que caracterizan a la sociedad
española de la II Restauración.
Las tres ideas motoras de este intento sucesorio de
recuperación de valores son el realismo, la veracidad y
el coraje. Escribe el autor: «No se puede inventar la
realidad. O nos acomodamos a ella o tendremos que pagar
un gran precio por nuestra arrogancia intelectual». Este
principio se manifiesta en una defensa del método
histórico positivo, en un rechazo de los ensayismos de
aficionados, y en una condena de la politizacióin de la
Historia. Aduce, como ejemplos de tergiversación, las
satanizaciones de Felipe II o de Franco.
Consecuencia del realismo es el deber intelectual de
veracidad. Cita a San Agustín: «Los que aman cosa
distinta de la verdad quisieran que eso que aman fuera la
verdad. Sin embargo, como no quieren engañarse, pero a
la vez tampoco quieren reconocer que están equivocados,
odian la verdad». Este razonamiento agustiniano se
aplica a las consignas de la llamada «corrección
política» -tema no abordado directamente por el autor-
que impone silencios, condenas y adhesiones al margen de
la verdad. Suárez exige la «honradez intelectual», o
sea, no suscribir una palabra que no se corresponda con
los hechos.
Pero ni el realismo ni la veracidad son viables sin el
coraje de enfrentarse con las modas y las falsificaciones
consensuadas. Escribe el autor: «quizá lo que nos falta
para ser intelectualmente honrados es tan sólo el valor
moral». No hay que colaborar con la mentira, aunque eso
cueste la marginación.
Condena el aborto porque un hijo no es un tumor. Defiende
la unidad familiar, que es la clave social. Denuncia la
agonía de la Universidad, y refuta tópicos sobre la
censura y las libertades. Se echa de menos alguna página
sobre los medios de comunicación de masas como
inductores de hedonismo e inversión de valores en la
España actual.
Textos claros, valientes y realistas que resultan
«políticamente incorrectos», es decir, auténticos y
no recogidos del arroyo cultural. Muchas voces como ésta
serían necesarias para empezar a liberar a la sociedad
española del amoralismo en que la sumergen quienes, ante
la impasibilidad soberana, dictan contravalores en la
prensa y, sobre todo, en la televisión. El título es
muy sugestivo: diríase que los que deberían ser buenos
no hacen nada.
A. Maestro
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